Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

23 mayo, 2026 – Espiritualidad digital

¡Me has robado!

Antes de que Cristo nos revelara al Espíritu Santo como tercera persona de la santísima Trinidad, el Antiguo Testamento hablaba, en numerosas ocasiones, del «Ruah Yahweh». Es una expresión ambigua. Puede significar «el aliento de Dios», «el soplo de Dios», «el viento de Dios»… «¡El beso de Dios!» (Ct 1, 2). Todo lleva a lo mismo: aire manado de la boca de Dios.

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo». Cuando dos enamorados se besan, se hacen entrega de lo más íntimo de su ser: su propio aliento, emanado de sus entrañas. Pero ahí queda todo.

¿Cómo sopla un resucitado que respira cielo? Su Aliento es su Espíritu, es el «Ruah Yahweh». Y, cuando me besa, ese Espíritu, si lo recibo con docilidad, se apodera de mí y me convierte en Él. Y por eso, convertido en Él, llamo a su Padre «Abbá», un derecho que sólo tiene el Unigénito de Dios.

No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí (Gál 2, 20). Debo dejar que ese beso, ese Aliento inunde mi corazón, mis pensamientos, mis palabras y hasta los miembros de mi cuerpo, que deben ser suyos.

¡Te pertenezco!

(PENTA)

Esas muchas otras cosas

Jesús de Nazaret es un personaje histórico, que ha nacido, vivido y muerto en un tiempo y lugar concretos de la Historia. Pero si Jesús es sólo eso, entonces nosotros somos unos nostálgicos dedicados a conservar su recuerdo como conservarían otros el recuerdo de Cervantes o de Shakespeare. Ni Cervantes ni Shakespeare han escrito una sola línea desde que murieron. Sin embargo…

Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribir. Jesús, tras su muerte, resurrección y ascensión, ha seguido y sigue obrando. No hay libros suficientes para narrar todas sus obras, presentes y futuras. Él murió en los mártires de las primeras persecuciones. Él nos ha iluminado con la sabiduría de Agustín, nos ha enseñado a orar con los escritos de Teresa e Ignacio, ha alcanzado los confines de la tierra en los viajes de Francisco Javier, ha derramado su gracia en el confesonario de Juan María Vianney, ha iluminado el Carmelo de Teresa de Lisieux…

… Y quiere seguir obrando a través de ti. Por eso mañana va a enviarte su Espíritu. Prepárate para recibirlo con gozo y dejarte conquistar por Él.

(TP07S)

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