Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Domingos de Tiempo Ordinario (ciclo C) – Espiritualidad digital

Un amigo incómodo

No estoy seguro de que la palabra «resignación» sea católica. Yo, desde luego, no la he bautizado. Me parece una palabra triste, propia de quien baja la cabeza, se encoge de hombros, y ahí me las den todas.

No. Los cristianos no nos resignamos con el dolor. Podemos, incluso, amar el dolor, porque nos acerca a Jesús crucificado. Convertido en Cruz, el dolor es amor para nosotros.

Pero nuestro amor al dolor no supone apego, porque sólo a Cristo estamos apegados. Por mucho que amemos el dolor, estamos deseando quitárnoslo de encima. Y no hay contradicción en lo que digo. En esta vida, el dolor nos acerca a Cristo; pero, en el cielo, no necesitaremos tan incómodo amigo. Lo mismo sucede con la muerte: la amamos, porque nos llevará al Paraíso, pero estamos deseando dejarla atrás definitivamente.

Con vuestra perseverancia, salvaréis vuestras almas. Las pruebas anunciadas en el evangelio (terremotos, hambres, pestes, persecuciones…) son «el lado de acá» de la puerta. Las cruzaremos llenos de esperanza, porque nuestros ojos se clavarán en «el lado de allá», en la salvación.

Por tanto… Bienvenido sea el dolor; bienvenida la muerte… Pero que pasen cuanto antes, por favor. Queremos ver a Cristo glorioso.

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Sudokus

Los sudokus con que los saduceos, en tiempos de Jesucristo, pasaban el rato, no se formaban con números, sino con dilemas morales. Tan entretenidos les resultaban, que quisieron comprometer al Señor con un sudoku de nivel 5:

Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer?

Jesús tomó el sudoku y lo rasgó. En este mundo los hombres se casan. Pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro no se casarán, pues ya no pueden morir.

No habéis entendido nada. El mundo futuro no es una prolongación infinita de esta vida. ¡Menudo aburrimiento, si así fuera! El matrimonio es vínculo que une a caminantes, pero, allí, el camino ya estará completado. Quedarán la verdad, la vida, el Amor, el gozo. la quietud… Y no habrá sudokus.

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¡Súbete a esa higuera!

«Siento envidia de ti, porque tienes fe. Yo quisiera tener fe, pero Dios no me la ha dado». Son palabras seductoras, que quizá algunos habéis escuchado de labios de un agnóstico. Dan ganas de responder: «¡Pobrecito! Voy a rezar por ti». Sin embargo, no siempre la respuesta que pide el corazón es la respuesta correcta. En este caso, más valdría responder: «Si quieres tener fe, búscala, y Dios no te la negará».

Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quien era Jesús, pero no lo lograba. Se subió a un sicomoro para verlo. Este pecador redomado no se lamentaba, diciendo a sus amigos: «Quisiera ver a Jesús, pero no puedo, porque soy bajito». En lugar de eso, echó mano de su ingenio y de sus fuerzas, y puso todos los medios para alcanzar lo que realmente deseaba. Y ¡vaya si lo alcanzó! Lo visitó Jesús, se convirtió, y cambió su vida.

Díselo a tu amigo: «Si realmente deseas tener fe, busca a un sacerdote. Plantéale tus dudas. Acude a un medio de formación cristiana, para que conozcas esa doctrina que quisieras creer. Súbete a esa higuera, y te aseguro que Jesús pasará, te mirará, y lo amarás desesperadamente».

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