“Evangelio

Otras conmemoraciones – Espiritualidad digital

«Piedra» significa «Pedro»

pedro en letránLa basílica de san Juan de Letrán, cuya dedicación conmemoramos hoy, es la catedral de Roma y, por tanto, la sede de Pedro. Y, aunque «Pedro» significa «piedra», no son las piedras las que celebramos. Al menos, no las piedras muertas. Paradójicamente, para nosotros la equivalencia funciona al revés, y son las piedras las que dicen «Pedro». Llenos de alegría damos gracias hoy a Dios por nuestra unión con el Sumo Pontífice, simbolizada en esa basílica sobre cuyo altar él ofrece el Santo Sacrificio.

Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Así es: la basílica de Letrán un día dejará de existir. Y también tu parroquia, por cierto. No quedará en ellas piedra sobre piedra. Eso sucederá el segundo día, mañana, cuando Cristo vuelva. Y, al tercer día, pasado mañana, cuando instaure su Reino, la Iglesia, el edificio espiritual instaurado por Cristo, brillará eternamente junto a Él en el Cielo.

Escribo esto para que no nos apeguemos en exceso a piedras, modas, costumbres, tradiciones o personas que vienen y van. Apeguémonos, más bien a Aquél que habita en los sagrarios, y vivamos unidos a Pedro. Así estaremos seguros de no ser destruidos también nosotros cuando las piedras caigan.

(0911)

La Santa Misa y el Divino Protocolo

La dulce y oscura puerta de casa

puertaLo malo de la muerte no es morirse. En ese sentido, ya hace muchos siglos que Epicuro dijo que no habría que temer a la muerte porque, mientras estamos aquí, ella no está; y, cuando ella llega, nosotros nos hemos ido.

Lo malo de la muerte son las tinieblas. Las ilusiones que se apagan, los amores que se truncan, los gozos que desaparecen, y el adentrarse en unas sombras empeñadas en no desvelar su secreto a quienes nos acercamos a ellas. Eso es lo malo de la muerte; por eso da miedo.

Que no tiemble vuestro corazón. En la casa de mi Padre

Nada hay más consolador que estas palabras. No aplacan el miedo. ¿Cómo iban a aplacarlo, si quien las pronunció, horas más tarde, se acercaría a la muerte con pavor y angustia? Sin embargo, el hecho de que Dios encarnado, al hablar de la muerte, diga: En la casa de mi Padre, perfuma de paz ese miedo e ilumina los ojos del alma. Tras el último aliento del cristiano está la casa de mi Padre.

El cuerpo sigue temblando. Esa tiritona no nos la van a ahorrar. Pero el corazón descansa. Vamos a casa. Por fin, a casa…

(0211)

La Santa Misa y el Divino Protocolo

Puesto que nos darán, ¿qué pediremos?

pedid-y-se-os-dara-1«El que no llora…». Bueno, ya sabéis. Y, si no lo sabéis, buscadlo en Google, que es un dicho bastante común y bastante cierto. ¿Acaso no dice hoy el Señor: Pedid y se os dará? También dice: Vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden.

¿Y los que no piden? Para ellos, el dicho: «El que no llora…». Porque las cosas buenas a las que se refiere Jesús son los bienes espirituales, y esos bienes es preciso buscarlos y pedirlos. Igual que una fuente, que sólo da agua a quien se acerca a ella y ante ella se arrodilla para beber, los tesoros de la gracia divina se derraman para todos, pero sólo aquéllos que los piden con humildad los reciben. Es preciso confesar para recibir el perdón, es preciso acercarse a misa para comulgar, es preciso pedir la santa unción cuando uno enferma, y también el bautismo de los hijos se debe pedir.

Por eso, en estas témporas de acción de gracias y petición, pedimos cosas buenas para el curso que comienza. Podríamos pedir el éxito profesional (pedidlo, si queréis). Pero hay algo mejor para pedir en este día: la gracia de trabajar para Dios.

(0510)

La Santa Misa y el Divino Protocolo

¿Quieres ver cosas mayores?

miguel-rafael-e-gabrielCuando Bartolomé muestra su asombro ante el conocimiento que Jesús tenía de su intimidad, el Señor le dice: Has de ver cosas mayores. Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

Pero, cuando Jesús pronunció estas palabras, alguien ya las había visto cumplidas. Treinta años antes, una joven contempló cómo ante ella se abrían los cielos, y cómo el arcángel Gabriel descendía para rondar su vientre en nombre del Altísimo. Cuando Gabriel subió de nuevo al cielo, el Hijo del hombre ya moraba en aquellas purísimas entrañas.

Si María vio treinta años antes que Bartolomé a los ángeles subir y descender del cielo, fue porque también lo había precedido en la fe. Esa fe la hizo vidente de lo invisible.

No te apresures a pedir ver cosas mayores; mira que eres pequeño. Más bien, pide fe. Y, cuando la recibas y la acojas, entonces verás. Y despertarás cada mañana rodeado de ángeles. Miguel será tu auxilio ante la tentación; Gabriel traerá hasta ti la palabra de Dios; y Rafael, como a Tobías, te acompañará en tus caminos.

Pero, más que todo eso, verás a Dios en cada sagrario. Pide fe.

(2909)

La Santa Misa y el Divino Protocolo

Es Pedro

llaves   Las llaves de casa no se entregan alegremente. Cuando se las das a alguien, le estás otorgando el poder sobre tus cosas, la facultad de entrar y salir, y el privilegio de no tener que llamar al timbre. Por eso, lo normal es reservar ese privilegio a los miembros de la familia.

   Te daré las llaves del reino de los cielos. Es mucho poder para un pecador. Sobre todo, teniendo en cuenta que Jesús no le dio a Pedro las llaves del cielo para su uso exclusivo, sino para que, como cabeza visible de una inmensa prole, abriera y cerrara las puertas de la casa de Dios a todos los miembros de la Iglesia.

   Hay quien dice: «Dios se ha fiado de los hombres». Yo creo que no; Él sabe que ninguno de nosotros somos de fiar. Creo que Dios ha amado a los hombres, y les ha dado, en Pedro, las llaves de su casa, porque se fía de su propio Amor. Por eso, cuando miramos al Papa, no deberíamos fijarnos tanto en sus cualidades humanas como en lo que le ha hecho merecedor del papado: es el hombre amado por Cristo y elegido por Él. Es, simplemente, Pedro.

(2202)

La Cruz en la puerta oscura

muerte   Epicuro, que no era ningún Padre de la Iglesia, decía que la muerte no debe preocuparnos; mientras estamos aquí, ella no está, y, cuando llega, somos nosotros quienes nos hemos ido. Como sofisma, o como ejercicio de ingenio, la frase puede pasar. Pero lo cierto es que lo malo de la muerte no es tanto la propia muerte como el temblor que produce. Antes de llegar, se deja sentir, porque el corazón tiembla a la vista de esa puerta oscura hacia… ¿Hacia qué? He ahí el temblor.

   Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos el camino?

   No conozco otro consuelo para el temblor que produce la muerte que estas palabras del Señor. Para el cristiano, Cristo no es sólo la Vida; Él es también la muerte. El Crucifijo se quedado en esa puerta oscura, y la ilumina con una claridad amorosa. Es su muerte, no la mía, la que cruzaré, si en vida me mantengo unido a Él. Y, a través de esa misma muerte suya, llevado sobre sus hombros entraré en la Vida.

(0211)

“Evangelio

Aunque tengamos naranjas en Mercadona

naranjas   Que yo sepa, es la única «feria mayor» de todo el calendario litúrgico. Como si hubieran inventado la categoría sólo para celebrar las témporas de acción de gracias y petición que hoy conmemoramos. Coincide con la recolección de las cosechas, pero, a quienes vivimos en ciudades y tenemos naranjas en Mercadona durante todo el año (aunque sean de Sudáfrica), eso de la recolección nos cae un poco lejos.

   Pero está bien traído. El curso ha comenzado apenas hace un mes en los colegios, y de las vacaciones ya no queda más que el recuerdo. Es buen momento para situarnos ante Dios, dar gracias por el nuevo curso, y pedir lo que importa: que hagamos la voluntad de Dios.

   Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Pedir lo que Dios quiere es garantía de que seremos escuchados. Pedimos ahora, al comienzo del curso, que trabajemos para Él; que lo hagamos con alegría; que nos desgastemos con gusto para servir a los hombres; que nuestro trabajo sea prolongación de la Eucaristía…

   … Y, sobre todo, que, durante este curso, no dejemos jamás la oración, ni el rosario, ni la misa, por muchas que sean nuestras tareas.

(0510)

Sólo los niños tienen ángeles

ángeles   No hay otra manera. Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos. Porque, en ese Reino, sólo hay un Padre, y nadie podrá cruzar las puertas del Paraíso si no las cruza como hijo.

   No me refiero sólo al «más allá», sino también, y muy especialmente, al «más acá». Vive en el Cielo quien vive en esta tierra como hijo pequeño de Dios.

   Sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre. La devoción al ángel custodio nos hace niños. El adulto prefiere custodiarse a sí mismo, se apropia de su vida y vela por ella. Si se siente indefenso, pagará una escolta, contratará una empresa de seguridad e instalará alarmas en las puertas de su casa. Pero todo lo pagará con su trabajo, porque su vida es suya y él se encarga… Hasta que no haya dinero en el mundo capaz de salvarlo de la muerte. Ese día perecen sus planes.

   El niño está indefenso, y su Padre lo cuida. Y, si su Padre es Dios, manda a los ángeles que protejan a su pequeño. Quien vive en el Cielo no se busca la vida; se deja cuidar. Bienaventurado él.

(0210)

Miguel y Satanás

Miguel   La enemistad entre Dios y el Demonio tiene un nombre: Miguel. Todo el odio que Satanás guarda hacia su Creador lo vuelca en el arcángel, porque de él se sirvió Dios para derrotarlo. También odia al hombre. Pero, con el hombre, su odio tiene salida, porque muchas veces logra engañarlo. Sin embargo, con Miguel, el odio de Satanás se vuelve espumarajos por la frustración; nada puede contra él.

   Satanás fue creado «luz bella», ángel repleto de hermosura. Al caer, esa hermosura devino en horror. Como novia despechada a quien el novio plantó junto al altar, aún se viste el traje blanco, ya raído, para tratar de recordar quién fue. Se disfraza de ángel de luz y se presenta a los hombres, para llevarlos a la oscuridad con piadosos argumentos. Y suplanta al propio arcángel, inspirando pecados bajo la excusa de un servicio al propio Dios. ¡Cuántos cismáticos han sido vistos por sus secuaces como ángeles de luz divina!

   Veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre. Mira a Cristo, y verás que los ángeles sólo le sirven a Él. Sabrás distinguir al falso ángel cuando veas que se sirve de Dios para sí mismo.

(2909)

El templo que llevas dentro

templo   En el mercado se compra y se vende. En la casa de Dios se ora y se ama. También se puede orar y amar en el mercado, pero no se puede comprar y vender en la casa de Dios, porque, entonces, se comete la más terrible profanación. No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.

   El Demonio es el gran mercader que se adentra en el alma, la casa de Dios. «Abre el joyero, entrégame las joyas de la gracia divina que Cristo te compró a precio de su sangre, y, a cambio, yo te daré placeres, afecto humano, éxito, prestigio, descanso y diversión». Si le haces caso, el templo divino de tu alma queda convertido en mercado de «baratillo», y acaba tu espíritu expoliado y repleto de inmundicia, mientras te sumes en la tristeza al comprobar que, una vez más, has sido engañado por «el de siempre».

   A ese mercader hay que expulsarlo con el látigo de la penitencia. No existe verdadera santidad sin expiación.

   Tu alma es templo, casa de oración, lugar de silencio y recogimiento. Ni siquiera permitas entrar allí a criatura alguna, salvo para orar. Tienes el Cielo dentro del pecho. No lo profanes.

(0911)

“Guía