El Mar de Jesús de Nazaret

Otras conmemoraciones – Espiritualidad digital

Templos con alma, y almas que son templo

LetránCelebra hoy la Iglesia universal la dedicación de la Basílica lateranense, mientras en Madrid celebramos a la Virgen de la Almudena, patrona de nuestra diócesis, venerada en nuestra catedral. Entre la basílica de San Juan de Letrán, erigida en el siglo IV, y nuestra catedral de la Almudena, concluida en el siglo XX, son cientos de miles la iglesias, basílicas y catedrales con que el pueblo cristiano ha querido honrar a su Señor. Gran parte de ellas son hermosísimas. Y, aunque sea motivo de muchos escándalos farisaicos, la riqueza empleada en edificarlas es homenaje de Amor al Dios escondido que en ellas habita.

Sin embargo, ante la hermosura de un alma en gracia, la riqueza y el esplendor de todos los templos edificados por la mano del hombre se queda en nada. El santuario más digno y hermoso que tiene Dios sobre la tierra es el alma en gracia… La tuya.

No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.

¿Te disgustaría ver tu catedral convertida en estercolero, o en casa de pecado? Más deberías horrorizarte si permites al pecado venial alojarse en tu alma, y no acudes con frecuencia a confesar para mantener limpio ese templo de Dios.

(0911)

Miedo a la muerte y deseo del cielo

Tengo miedo a la muerte. A la mía, y a la de mis seres queridos. No me parece falta de fe. Creo firmemente en la vida eterna, y, sin embargo, tengo miedo a mi muerte y a la de los míos. Cuando alguien me dice que no teme a la muerte, pienso que me miente, o que necesita con urgencia un psiquiatra. El propio Hijo de Dios tiritó y sudó sangre ante la muerte. ¿Cómo voy yo a avergonzarme de temerla?

No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí.

No diría eso Jesús si no supiera que nuestro corazón, creado para la vida, tiembla naturalmente ante la muerte. Pero, al mostrarnos la fe como respuesta a nuestro miedo, nos invita a ir más allá del temblor:

Voy a prepararos un lugar.

La mirada de fe cruza esa barrera de oscuridad que la muerte levanta en el horizonte, y descubre, tras ella, un caudal de luz y amor. Y, de tal manera se enciende el corazón en ansias de cielo, que el miedo a la muerte queda en nada, comparado a esos deseos. Mucho más de lo que temo a la muerte, deseo abrazar a Cristo.

(0211)

Estamos en marcha

Septiembre es caótico. El cambio brusco que supone el fin de las vacaciones y la vuelta a los trabajos, colegios y universidades tiene a media población aturdida. En parroquias como la mía, septiembre un auténtico seísmo «feligresil»: se marchan los feligreses que vinieron a pasar el verano huyendo de los calores de la ciudad, y vuelven los feligreses «habituales», que salieron en verano buscando escenarios nuevos.

Pero, después de septiembre, llega octubre. Los colegios marchan ya a ritmo normal, los trabajos están empezados, y las actividades parroquiales en marcha. Es entonces cuando, tal día como hoy, nos detenemos y nos arrodillamos.

No queremos olvidar que trabajamos para Dios. Ya sea impartiendo catequesis, o llevando las cuentas de una empresa, o limpiando cristales, o atendiendo a los clientes de un supermercado, nuestro trabajo es participación en el misterio de la Cruz. Redimimos almas, y por eso procuramos realizar nuestra labor con perfección.

Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá.

Pedimos que nuestro trabajo dé fruto apostólico. Buscamos a Dios en nuestra labor cotidiana. Y llamamos a las puertas del cielo con nuestro esfuerzo, esperando que se abran para nosotros y para quienes con nosotros trabajan.

(0510)

“Evangelio

El que nos cuida disfrutando

Uno imagina al ángel custodio como una especie de guardaespaldas, pendiente siempre de nosotros, sin perdernos de vista ni por un instante. Pero las cosas no son exactamente así. Si lo fueran, los pobres habrían muerto de un infarto de miocardio a causa del estrés.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.

Si el ángel viviera vuelto hacia nosotros, no sería un ángel, sino un demonio. Porque el pecado consiste, precisamente, en dar la espalda a Dios y vivir vueltos hacia las criaturas. Lo grande de la misión de los ángeles es que nos cuidan disfrutando. Viven vueltos hacia Dios, contemplando su rostro y gozando de su hermosura. Pero esa contemplación no los aparta de nosotros. Más bien, al contrario. Podría decirse que estos espíritus, mientras miran a Dios, nos ven reflejados en sus pupilas, empapados en el Amor con que Dios nos contempla. Y basta una indicación de esos ojos divinos para que el ángel nos cubra con sus alas.

Ojalá también nosotros nos diésemos cuenta de que lo mejor que podemos hacer por los demás es disfrutar de Dios.

(0210)

“Evangelio

Reina de los arcángeles

Hoy, mientras celebramos a los santos arcángeles, quisiera tener presente a su Reina, la Virgen santísima. Ella es mediadora de todas las gracias, y no es ajena, en la vida de la Iglesia, a la acción con que los ángeles protegen a los hombres. Todo viene del Padre a través de Cristo, y todo lo de Cristo pasa a nosotros a través de Ella. Ese fluir del Espíritu trae hasta nosotros también a los ángeles, como si descendieran por un tobogán de agua…

O por una escalera. Hace veintisiete años, en Gyor (Hungría), visité la Abadía de Pannonhalma, un antiguo convento de benedictinos. En ella encontré una imagen que me dejó sobrecogido. Representaba el sueño de Jacob, cuando vio una escalera por la que los ángeles descendían sobre la tierra. Alrededor del cuadro, estaba escrito: «Sponsa Dei electa, esto nobis via recta ad aeterna guadia». Pertenece a una antigua antífona mariana, y se refiere a la Virgen: «Elegida esposa de Dios, sé para nosotros el camino recto a los gozos eternos». Ella es la escalera.

Veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

Reina de los arcángeles, ¡ruega por nosotros!

(2909)

“Evangelio