Evangelio 2018

Domingos del Tiempo Ordinario (Ciclo B) – Espiritualidad digital

A la hora de la siesta

Las cuatro de la tarde no es el momento más despejado del día. El sopor que comienza a azotar al hombre a partir de la una, alimentado ya por la comida, se vuelve casi insoportable y cubre la mente como una pesada colcha de sueño. Los ojos se cierran, y se baja la guardia. Para muchos, la una es la hora del vermut, las dos la de la comida, y las cuatro la de la siesta. A las cinco (en el mejor de los casos) retornan a la vida. Pero vermut, comida y siesta ocupan esa franja del «demonio meridiano».

Cuando Juan y Andrés siguieron a Jesús y lo conocieron, era como la hora décima.  La hora décima son las cuatro de la tarde, la hora de la siesta. Mientras el mundo roncaba, después del vermut y la comida, dos hombres velaban y conocían a Dios.

No te asustes, que no te diré que destierres la siesta; ni tan siquiera el vermut. Pero no te dejes vencer fácilmente por la carne. Mira cómo acabó la siesta del rey David.

Lo único que te digo es que, a quien permanece en vela, en ocasiones, le suceden cosas maravillosas. Luego, tu verás.

(TOB02)

“Evangelio