El Mar de Jesús de Nazaret

Domingos del Tiempo Ordinario (Ciclo B) – Espiritualidad digital

Ofrenda de amor

Todos los domingos, en misa, mientras el sacerdote ofrece a Dios el pan y el vino, se acerca al banco de la iglesia donde estás sentado esa señora -o ese monaguillo- que te planta delante de la cara el cestillo de la colecta. A ver si hoy llevas algo encima para… ¿para quién? ¿para el sacerdote? ¿para la parroquia?

Para Dios.

«¿Y qué necesidad tiene Dios de mi dinero?»

Se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas. «Los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Al depositar en el tesoro del templo cuanto tenía para vivir, aquella viuda entregaba a Dios su vida entera. Y esa ofrenda sólo puede ser ofrenda de amor.

No te pido que cuentes el dinero que dejas en el cestillo. Además, si me permites un consejo, lo mejor sería que tu aportación a la parroquia la hicieras mediante una suscripción bancaria, como pagas las cosas que te importan, y tu ofrenda en el cestillo fuera simbólica. Como una palabra. Como las arras de una boda. Como una señal de que le perteneces al Señor con cuanto eres y cuanto tienes.

(TOB32)

Dos historias para un milagro

BartimeoSegún como se cuente, la historia de Bartimeo es la de un héroe, o la del pordiosero más agraciado del mundo. Pero sólo una de las dos historias es cierta.

Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto, y se acercó a Jesús.

1.– Historia de un héroe: Había un pobre ciego que pedía limosna. No tenía, en este mundo, más patrimonio que un manto sucio con el que se resguardaba del frío. Al escuchar que pasaba Jesús, tanto quiso honrarlo que dejó su manto en el suelo para que otro pobre lo cogiese, y siguió a Jesús despojado incluso de su ropa, como san Francisco.

2.– Historia de un mendigo agraciado: Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí. Así imploraba el mendigo. Cuando le anunciaron que Jesús lo llamaba, y supo que recobraría la vista, fue tal su alegría que hasta su manto olvidó en el suelo. Lo que hasta entonces había sido su tesoro le parecía basura, ante la dicha de volver a ver. Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Anda, examina tu vida, y cuéntate a ti mismo tu propia historia. Sin mentir.

(TOB30)

Atrevimientos

ElíasLe debo a un sacerdote hermano mío el haberme hecho reparar en ese modo de pedir tan especial que tenían los apóstoles. Mientras multitudes de enfermos le suplicaban, postrados a sus pies, los apóstoles pedían con una familiaridad que podría parecer insolencia, si tenemos en cuenta que así hablaban a Dios encarnado:

Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir.

Eso no es pedir, es casi exigir. Y, en el colmo del atrevimiento, la petición no era, precisamente, un ejemplo de piedad.

Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

Pero así piden los niños. En su inocencia, creen que el amor que sus padres les profesan les da derecho a todo. Y piden como tiranos encantadores: «Quiero ese juguete», «quiero caramelos», «quiero la luna».

¿Y qué, si la luna no les cabe en el dormitorio? Lo suyo es pedir, y ya sus padres sabrán lo que conviene darles.

Por insolente que pueda parecerte, imita en esto a los apóstoles: pide con frescura, con naturalidad, pide lo que quieras sin reparar en teologías. Ya sabrá Dios lo que debe darte y lo que no. Tú sé niño. Y Dios será Padre.

(TOB29)

“Evangelio

Lo difícil

Habitamos el paraíso de lo «fácil». Podemos trasladarnos a cualquier lugar del mundo sin movernos de la butaca, las compras nos las traen a casa al día siguiente, no hay que levantarse para cambiar de canal, ni para hablar por teléfono, ni para abonar una multa de tráfico… Y, sin embargo:

Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios!

Como sigamos así, en este mundo sólo habrá dos tareas difíciles: la santidad, y la felicidad. Pero, realmente, son la misma tarea.

Son, también, tiempos de tentación. Muchos quisieran que la Iglesia se «modernizara», y pusiera tan fácil la santidad como una compra realizada en Amazon. Quisieran tener la salvación «a un clic», aunque ese clic, en lugar de digital, fuera sentimental. «No te preocupes por el pecado, ni por las normas, ni por las exigencias evangélicas. Siéntelo, y basta. No necesitas confesarte; si sientes que quieres comulgar, comulga. Si eso que haces no lo sientes como pecado, no haces nada malo. Si te sientes cerca de Dios, ya lo estás»…

Atractivo… pero falso. Entre nosotros y la salvación no media un clic, sino una Cruz. Para abrazarla, no tendremos todas las facilidades, sino toda la gracia de Dios.

(TOB28)

“Evangelio

Si Jesús es Dios, «eso» es adulterio

Una pareja me pedía consejo. Él estaba divorciado, y casado civilmente con la mujer que lo acompañaba. Les leí el evangelio:

Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera.

La mujer me dijo: «¿Y puede uno creer en Jesús, pero no creerse “eso”?».

Todo un problema, porque, si los evangelios nos engañan, no tenemos en qué creer. Y, si es Jesús quien nos engaña, entonces no es Dios, y nuestra fe carece de sentido.

Mejor, no nos engañemos a nosotros mismos.

Quienes estáis divorciados y casados civilmente con otra persona podéis amar mucho a Jesucristo, ser santos y salvaros. Pero, primero, es preciso que afrontéis vuestra situación de pecado. Después, pedid que os ayuden a encontrar el camino que conduce, desde vuestro pecado, al Cielo. ¡Lo hay! Es camino empinado, pero todos los caminos que llevan al Cielo lo son. Luego, con la ayuda de Dios, de un buen sacerdote, y la ayuda que os prestéis entre vosotros, recorred ese camino unidos a toda la Iglesia. Llegaréis, siempre que acertéis con el primer paso. Y ese primer paso es situaros en verdad. Desde la mentira no se llega más que al abismo.

(TOB27)

“Evangelio