Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Domingos del Tiempo Ordinario (Ciclo B) – Espiritualidad digital

Ángeles de carne y hueso

ángeles   Cuando vuelva el Señor sobre las nubes, enviará a sus ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos. Leemos estas palabras, y pensamos en criaturas celestiales llamando a los que han sido sellados con el sello del Cordero, mientras los astros se disuelven. Y, sin duda, será así. Pero, antes…

   … Antes de enviar a sus ángeles, ha enviado el Señor a sus apóstoles con la misma misión: reunir a los hombres en su Iglesia, congregarlos de extremo a extremo del mundo en torno a su altar, para que ninguno se pierda. Y esos apóstoles somos tú y yo.

   ¿Estamos realizando nuestra tarea, o esperamos a que la realicen los ángeles por nosotros? Porque, cuando ellos vengan, tan sólo recogerán a aquéllos a quienes hayamos congregado nosotros. Si muchos quedan fuera, será culpa nuestra.

   Ya sé que rezamos. Y frecuentamos los sacramentos. Pero no basta. Todo eso es un consuelo para nosotros, mientras millones de almas se pierden para siempre. ¿No te importa? ¿No te hace sangrar?

   ¡Corre! Sal de tu casa, sal del templo, y recoge con cariño a los hombres. Hay muchos elegidos, a quienes nadie les ha dicho que lo son. ¿A qué estás esperando?

(TOB33)

“Evangelio

Elige cuándo quieres ser juzgado

juzgado   Ante el Juicio de Dios compareceremos todos. Sin embargo, no todos seremos tratados por igual. Unos serán tratados con misericordia y absueltos de sus culpas, mientras otros serán justamente condenados. La diferencia entre ambos, por extraño que pueda parecer, no residirá en la gravedad o el número de sus pecados, sino en el tiempo: en el momento en que se hayan presentado ante el Tribunal.

   Ahora es tiempo de misericordia. Ahora, el Tribunal divino imparte, desde todos los confesonarios de la Tierra, sentencias de absolución y de ternura. Cualquier pecador que allí se acerque arrepentido de sus culpas, por muchas y graves que sean, recibirá el abrazo de Dios Padre y la regeneración interior.

   Sin embargo… ¡Cuidado con los escribas! Buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa. Sucede que quien a sí mismo se tiene por justo, y exige ser tenido por tal entre los hombres, jamás se arrodillará ante un confesonario. Y, si lo hace, será para decir: «No tengo pecados». El pobre necio tendrá que esperar a ser juzgado de sus crímenes después de la muerte. Y, entonces, ya no habrá confesonarios. Sólo justicia.

(TOB32)

“Evangelio

¿De qué te sirve ver si no te mueves?

ver   Cuando leemos el milagro de la curación del ciego Bartimeo, quizá nos parezca que el beneficio recibido por aquel hombre consistió en poder leer El Quijote prescindiendo de la versión en braille. Pero habrá que decir que, en ese caso, los verdaderos ciegos somos nosotros. Los ojos de aquel hombre, al cabo de un tiempo, se cerraron de nuevo para no abrirse más. Si en eso consiste todo el milagro, habría que haberle puesto fecha de caducidad.

   Estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Así viven muchos: ven pasar a los santos, y les piden dádivas. Pero ellos siguen allí, al borde del camino, sin mover un pie, no vayan a cansarse. Aplauden, ríen, lloran, protestan… Pero no hacen nada. Y así vivía Bartimeo, hasta que sus ojos vieron al Señor.

   Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino. ¡Ésa es la verdadera gracia! Tras ver a Cristo, no quiso perderlo de vista. Y se movió, y caminó, y dejó de pedir a los demás para entregarse él. Y, una vez cerrados sus ojos por la muerte, siguió adelante por su camino y alcanzó la vida. ¿De qué te sirve ver si no te mueves?

(TOB30)

“Evangelio

Por encima de todo, servir

servir   La Última Cena fue todo un resumen de la misión del Hijo de Dios. Lavó los pies de sus apóstoles, partió para ellos el Pan, se lo dio a comer, y, por si fuera poco, Él mismo se sirvió en alimento para vida eterna.

   El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos. Jesús ha sido –y es– el gran Camarero de la Humanidad. Pone cada día la mesa del altar, distribuye el Alimento en las manos de sus sacerdotes, se deja devorar, limpia los pecados de los fieles en la Penitencia…

   ¿A dónde vamos nosotros? ¿De quién somos discípulos? El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Cuando pretendemos llevar siempre la razón, cuando aspiramos a que los demás nos obedezcan, cuando deseamos ser bien vistos por todos, cuando nos esforzamos por decir la última palabra… Deberíamos plantearnos a quién seguimos.

   Si somos discípulos de Cristo, debemos gozarnos en ser los últimos. Y ofrecer nuestra opinión sin imponerla, y postrarnos a los pies de nuestro prójimo. Y, por encima de todo, servir. A eso hemos venido.

(TOB29)

“Evangelio

El joven rico y sus dos misterios

joven rico   Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Siempre he imaginado a Jesús pronunciando estas palabras con los ojos empapados en lágrimas. Mientras habla, su mirada está fija en ese joven que se marcha. Podía haber sido apóstol; podía haber sido santo; podía haber sido mártir; podía haber sido sacerdote y obispo… Pero prefirió ser, para sí mismo y para todos los hombres de todos los tiempos, el «joven rico»… ¿Y qué? ¿Alguien guarda una sola moneda suya?

   Queda el alma, mientras lee, sobrecogida entre dos vértigos: el primero es el «no» de joven. Y el que, en cuestión de segundos, con apenas veinte años pueda arruinarse una vida para siempre. Sé que, con Dios, siempre existe la posibilidad de enmienda y de confesión. Pero he visto muchas vidas arruinadas para siempre en cuestión de minutos con apenas veinte años. Y con menos.

   El segundo es la parálisis de Cristo. No mueve un músculo. No va detrás, ni lo persigue… Lo deja ir. Ese respeto de Dios por la libertad humana es un misterio inescrutable. Y, sin embargo… sin él, el hombre no sería libre, ni podría amar.

(TOB28)

“Evangelio

La verdadera revolución

Familia   La Iglesia celebrará este año un importante Sínodo sobre la familia. Sé que multitud de personas, relacionadas con diversos medios de comunicación, esperan la gran revolución: «Por fin –parecen decir–, después de veinte siglos, la Iglesia se amoldará a los tiempos, y cambiará su doctrina sobre el divorcio». Algunos han querido ver, incluso, en las últimas disposiciones del Papa sobre los procesos de nulidad matrimonial, un «divorcio católico». Nada mejor, contra la ignorancia, que acudir al Código de Derecho Canónico. Todo está escrito.

   Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro comete adulterio. El problema que tienen quienes esperan la «revolución» es que no son conscientes de que estas palabras están pronunciadas por el propio Cristo, Dios encarnado. Si la Iglesia renegara de esta doctrina, se desintegraría en el mismo instante en que la negase. Si no podemos fiarnos de Dios, y es preciso corregir sus palabras… ¿De qué papa, de qué obispo, de qué sacerdote nos íbamos a fiar?

   Les guste o no, la verdadera revolución consiste en decir que no todo pasa: hay verdades eternas.

(TOB27)

Las bondades del apetito irascible

apetito irascible   El apetito irascible es el impulso que nos mueve a eliminar los obstáculos interpuestos entre nosotros y aquello que deseamos. Desde cortar el lazo que ata un regalo hasta derribar a empujones la puerta atascada cuando hay un incendio, todo ello viene dictado por el apetito irascible.

   Si tu mano te hace caer, córtatela… Si tu pie te hace caer, córtatelo… Si tu ojo te hace caer, sácatelo… Pueden parecer palabras duras. Salvo que entendamos las bondades del apetito irascible.

   Una amistad, un ordenador, una afición, un deporte… Todo ello es bueno. Pero si, en un momento, cualquiera de estas realidades se convirtiese en fardo que me impidiese acercarme a Dios, bien haría en desprenderme de ella inmediatamente con tal de alcanzar a Dios lo antes posible. Si por un deporte dejo la misa, si por un ordenador no hago oración, si por una amistad queda el corazón atado a tierra… Más te vale entrar manco en la vida.

   Lo único que importa realmente es alcanzar a Cristo. Y, por alcanzarlo, lo que haya que quemar se quema, lo que haya que perder se pierde, y lo que haya que tirar se tira. Sea malo o bueno. Vale la pena.

(TOB26)

Palabras ociosas

palabras   Cuando alguien te pregunta de qué estás hablando, te da a entender que no estaba invitado a participar en la conversación. Por eso, una respuesta lícita es: «¿Y a ti qué te importa? No estoy hablando contigo»… Salvo que quien te pregunte de qué estás hablando sea el mismo Dios. A Él le importa todo, y ante Él debemos rendir cuentas de cada palabra.

   El mismo día en que Jesús resucitó, dos discípulos suyos se encaminaban a Emaús, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado (Lc 24, 14). Hablaban sin fe, como hablan los perdedores. En esto, Jesús se acercó y les preguntó: ¿De qué discutís entre vosotros? (v. 17). Cuando se lo contaron, Jesús les reprendió. Habían estado diciendo tonterías.

   Andaban los apóstoles discutiendo quién era el más importante. Y Jesús les dejó discutir, pero, al llegar, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? Se avergonzaron y callaron. Una vez más, Jesús les reprendió.

   Aprende la lección, y que no tenga Jesús que preguntarte, al final del día, de qué has estado hablando. No abras la boca sin invitarle a tomar parte en tus conversaciones. Quizá así hables menos, y lo que hables sea provechoso.

(TOB25)

Buda, Jesús, Superman…

Homer Simpson   Me pregunto qué sucedería hoy, en España, si realizásemos la encuesta que el Señor propone a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo?

   Pensar en las posibles respuestas me produce pánico. Ya son muchos, en nuestro país, quienes nada saben sobre Cristo. Algunos harían suya, en un momento de peligro, la plegaria que han escuchado en televisión a Homer Simpson: «¡Buda, Jesús, Superman! Si estás ahí… ¡Ayúdame!» Jesucristo es, para ellos, el fundador de una religión que les cae tan lejos como el budismo, salvo porque un día hicieron la primera comunión. Fuera de eso, nada saben de Él. ¿Cómo entonces van a amarlo?

   Es preciso hablar de Cristo. El apostolado no puede ser un discurso moral que responde a preguntas que la gente no se hace o que imparte consejos a diestro y siniestro cargando al prójimo con remordimientos. Semejante apostolado es insufrible. El verdadero apostolado pasa, necesariamente, por hablar de Cristo, como hicieron los primeros Doce. No puedes pedirle a una persona que se confiese si no conoce al Señor. Ni puedes hablarle de la Iglesia si no sabe quién la instituyó.

   Busca la forma de explicar a tus amigos quién es Jesucristo, y serás apóstol.

(TOB24)

El top en salvación digital: el dedo de Jesús

salvación digital   Los medios digitales tienen sus límites cuando se emplean para evangelizar. Llevo quince años escribiendo en Internet y no creo en Internet. Internet es una herramienta válida para difundir la Palabra y exponer la doctrina. Pero pretender que supla al contacto personal es una insensatez. Cuando alguien me escribe emails contándome problemas personales, le aconsejo que busque a un sacerdote y se acerque a él personalmente. Escribir intimidades en esta red fría y llena de espías es insano.

   Le piden que le imponga las manos (…) Le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua… Ni hacía Jesús milagros por email, ni sanaba corazones por whatsapp. Necesitaba tocar, palpar, hablar a corta distancia. La única salvación digital en la que creo es el dedo de Jesús dentro de los oídos del sordo.

   Internet tiene la función que un libro; un buen libro, si es una buena página. Pero los libros no redimen. Redimen las lágrimas, los sacramentos, y la presencia cercana del sacerdote que te entrega la comunión tan de cerca que a veces le has lamido los dedos. Eso redime. Lo demás… Un «me gusta» en Facebook no es un pasaporte al Cielo.

(TOB23)