Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Semana Santa – Espiritualidad digital

Sábado Santo 2020

(HOMILÍA DE 30 MINS. PARA REZAR EN CASA) (Pulsar en el enlace con el botón derecho para descargarla)

 

Venid al Paraíso

Se nos muere Dios.

Cierro los ojos, y pienso que todo debería haber sido distinto, que este crimen no se debería haber cometido jamás. La llegada del Verbo Divino, revestido de nuestra misma carne, a este mundo maldito, debería habernos sobrecogido. Sueño con un universo distinto: uno en el que los hombres, ante la visita del Ungido, nos convertimos, lo adoramos, y nos unimos a su obediencia para ser redimidos sólo por el Amor, sin sangre, ni muerte, ni vergüenza. Pero estoy soñando.

Abro los ojos, y veo que un árbol ha crecido en el Monte Calvario. De ese árbol cuelga un fruto divino… Sus ramas nos ofrecen la vida del Hijo de Dios, entregada por nosotros. Lo injuriamos, le escupimos, lo azotamos, lo coronamos de espinas y lo clavamos a una cruz. Todos nuestros pecados recayeron sobre Él. Y Él, desde ese árbol, nos entregó su vida.

Hay, de nuevo, Paraíso en la tierra. Nos acercamos al Gólgota para recuperar el fruto del árbol de la vida. Bebemos de su costado abierto, comemos su cuerpo entregado, y se nos llena el alma de Cielo.

¡Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo! ¡Venid, adoradlo!

(VSTO)

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Los ojos de Cristo iluminando la muerte

No podemos entrar en el Triduo Pascual si no lo hacemos desde el corazón de propio Cristo. Vamos a sumergirnos, con Él, en la muerte, y la muerte es muy oscura. ¿Cómo nos desenvolveremos, si no captamos una luz? Al conocer cómo miraba Jesús su propia muerte, sus ojos nos iluminarán.

Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre… Cristo no pensaba en que le había llegado la hora de «morir», sino la de «pasar», la de abandonar este mundo y entrar en la casa de su Padre. Para un cristiano, la muerte no es pozo oscuro, sino puerta estrecha que se cruza para llegar al Cielo.

Sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía… No pensaba Jesús en apagarse, sino en completar una misión de la que dependía la redención de los hombres. Había salido de Dios con un mandato, y ahora volvía a Él con la misión cumplida. Se te ha dado la vida para que la entregues; y la muerte debe ser consumación de esa entrega y vuelta a un Dios que, al recoger tu vida entregada, la convertirá en eterna.

(JSTO)

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Judas: su última lección

Sabemos muy bien cómo terminó Judas su vida: Fue y se ahorcó (Mt 27, 5). Desde luego, no era ese fin el que él tenía previsto cuando consumó su traición.

«¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?» Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Cuando conoció a Jesús, Judas buscaba, por la violencia, la liberación de Israel. Jesús quiso moverlo a buscar, más bien, la salvación de su alma. Pero Judas, tan empeñado en liberar a Israel, no parecía igual de empeñado en librarse de su pecado. Por eso detestó al Señor en su interior.

Cuando decidió entregarle, ya no quiso volver a buscar la liberación del pueblo. Su nuevo propósito era liberarse a sí mismo de la pobreza, y las treinta monedas le parecieron un seguro de vida. Se olvidaría de todo, y cambiaría sueños por riquezas. Pero, cuando, tras haber perpetrado su crimen, obtuvo aquel dinero, el asco que sentía en su alma perfumó también la plata que tenía en las manos.

Quizá, la última lección de su existencia fue que el pecado promete vida y paga muerte. Cristo, en cambio, promete Cruz y paga Vida. No esperes tú tanto tiempo para aprenderla.

(XSTO)

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No puedes

Jesús dijo a los judíos: Me buscaréis y no me encontraréis, y donde yo estoy vosotros no podéis venir (Jn 7, 34). Poco después, les repitió: Donde yo voy no podéis venir vosotros (Jn 8, 22). Hoy dice a los apóstoles: Lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”». Y a Pedro: Adonde yo voy no me puedes seguir ahora. A ti te dice lo mismo: no puedes seguirle.

Quisieras responder: Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? El jueves por la noche, tres negaciones te darán la respuesta.

No puedes seguirle porque crees que le puedes seguir. Amas a Jesús con todas tus fuerzas. Pero, precisamente, esas fuerzas te pierden, porque te fías de ellas y te crees capaz de llegar, movido por tu amor, hasta el final del camino.

Quizá hubiera cambiado la vida de Pedro si, en aquel momento, en lugar de jurar que daría la vida por Cristo, se hubiese arrodillado: «¡Señor, no puedo! Concédeme la gracia de seguirte». Y quizá cambie tu vida si, en lugar de formular propósitos que nunca cumples, te postras ante el Crucifijo, te vuelves dócil, y te dejas levantar.

(MSTO)

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Adoración nocturna

«Ave, verum Corpus natus de Maria Virgine!» ¡Salve, verdadero cuerpo, nacido de María Virgen!

Toda la Pasión tiene su centro en ese cuerpo, formado en las purísimas entrañas de María, donde Dios y el hombre fueron unidos en la misma carne.

Ese cuerpo será maltratado por sus enemigos, ultrajado, escupido, azotado y crucificado. Pero ese mismo cuerpo, durante su Pasión, también será venerado por sus amigos.

María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. El cariño con que esta mujer unge los pies del Salvador será el adelanto del homenaje rendido por los verdaderos adoradores. El siguiente turno lo cubrirá la Verónica, cuando enjugue el rostro del Señor camino del Calvario. Después, Nicodemo desprenderá manos y pies del madero. La Virgen, recogiendo el cuerpo exánime de su hijo, lo cubrirá de besos y lágrimas. Y María Magdalena lo ungirá con perfumes. José de Arimatea, último adorador del Viernes Santo, guardará en el sagrario de su sepulcro esa misteriosa reserva del cuerpo muerto del Salvador.

¿Dónde estás, en ese grupo elegido de adoradores? Pregúntate como has tratado a la Eucaristía hasta el día de hoy.

(LSTO)

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Fíjate en el burro

Cuando Jesús multiplicó los panes y los peces, los judíos quisieron hacerle rey. ¡Quién no desea tener un rey capaz de alimentar al pueblo sin hacerles pagar la barra de pan! Jesús huyó.

Mira a tu rey que viene a ti humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila. Su reinado no es sobre los vientres, sino sobre las almas. Por eso quiso cumplir el oráculo de Zacarías, y entró en Jerusalén montado sobre un pollino. A quien viaja así no le pides que te pague la hipoteca.

Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡”Hosanna” al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Los habitantes de Jerusalén no se fijaron en el burro. De haberlo hecho, hubieran acompañado al Señor cuando cambió el trono del pollino por el de la Cruz. Pero aquellos hombres sólo vieron al que había multiplicado los panes, y soñaron con un rey que les asegurase prosperidad terrena. Por eso, cuando lo vieron coronado de espinas, lo mandaron crucificar. ¿Qué bono social puedes pedirle a un condenado?

Tú no seas ciego. Mira que comienza hoy la Semana Santa. Fíjate en el burro. Así no le traicionarás.

(DRAMOSA)

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