El Mar de Jesús de Nazaret

Navidad – Espiritualidad digital

Tú eres mi hijo

Cuando san Marcos narra el bautismo del Señor, introduce una variación respecto a san Mateo. Mateo describe la voz del Dios como un anuncio: Éste es mi Hijo amado (Mt 3, 17). Marcos, sin embargo, nos sitúa ante una declaración de amor: Tú eres mi Hijo amado. Las palabras de Dios, en este relato, son muy íntimas, y sorprende que hayan sido escuchadas por las multitudes que acudían a bañarse en el Jordán.

Lucas sigue a Marcos, y no a Mateo. Porque en el salmo 2 estaba escrito así: Tú eres mi Hijo (Sal 2, 7). Era preciso que, a la voz del Padre, se sumara la autoridad de la Escritura para declarar que Jesús es Dios de Dios.

Con todo, yo prefiero quedarme con lo personal. Ya escuché la voz del trueno en el Jordán. Hace doce años de aquello. Pero, mucho antes de que sucediera, fui sumergido en Cristo por el bautismo, y, desde entonces, esa voz del Padre ha dejado su sonido en mi alma: Tú eres mi hijo amado. De cuando en cuando, me recojo dentro de mí, guardo silencio, y la escucho: Tú eres mi hijo amado. Podría morir de alegría en un momento así.

(BAUTSRB)

“Evangelio

Eres todo un rey mago

navidadVoy paseando, y un coche se detiene a mi lado. Bajan la ventanilla, y me preguntan: «¿Dónde está el Mercadona?». Yo respondo, y santas pascuas. Nada de particular.

Pero aquellos tres forasteros no preguntaron, precisamente, por el Mercadona: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella, y venimos a adorarlo. Aquello era mucha pregunta.

¿Por qué viajáis desde tan lejos buscando a un rey de un pueblo ajeno? ¿Por qué queréis adorarlo? A los reyes se los obedece, sólo a Dios se adora. ¿Acaso sabéis que ese rey es Dios, y, por tanto, es también Dios vuestro?

Y cayendo de rodillas, lo adoraron. Postrados a los pies del Niño, calladamente gritaron al mundo que tras esa apariencia humana todo un Dios se escondía. Dos mil años después, no hemos olvidado que aquellos sabios se postraron ante el Niño Jesús.

Un cristiano arrodillado ante un sagrario es epifanía. Con su silencio está gritando a las gentes que en esa caja dorada se oculta Dios. Recuérdalo: con tu genuflexión bien hecha, con tu fervor ante la Eucaristía, eres todo un rey mago. Trata a la sagrada Hostia como merece ser tratado todo un Dios.

(0601)

“Evangelio

Tú me ves, y yo te veo

Me has cautivado, Niño Dios, como cautivaste a Natanael: Cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

No hay higueras en mi casa, ni tampoco cerca de donde yo vivo. Pero, cada vez que me acerco a ti, llego con deseos de mirarte, y, antes de que pueda darme cuenta, me siento mirado yo. Siento cómo tus ojos de niño sondean los pliegues más profundos de mi alma y los rincones más escondidos de mi pensamiento. Tu mirada pasea por mi interior con tal cariño, que me sé comprendido y amado. Lo que nadie sabe de mí, lo sabes Tú. Lo que nadie comprende de mí, lo comprendes Tú. Y lo que yo mismo desconozco de mí, lo conoces Tú. Sólo a tu lado consigo llevarme bien conmigo mismo. Tus ojos me han enseñado a amarme.

Me has visto, Jesús, y ahora seré yo quien te vea. Me mostrarás tu intimidad, abrirás para mí tu corazón sacratísimo, y, como el discípulo amado, recostaré en él mi cabeza y conoceré tus sentimientos. Guiado por ti, llegaré hasta el altar, y allí veré el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

Nos amaremos.

(0501)

“Evangelio

Cireneos recién nacidos

En español, son apenas seis palabras: Este es el cordero de Dios. Pero el anuncio de Juan lleva un universo sobrecogedor en sus entrañas. Cualquier judío que lo oyese y lo creyera entendería:

«Vosotros sois pecadores, y no podéis salvaros a vosotros mismos. Cada año, en Pascua, sacrificáis un cordero, como hizo Moisés cuando salió de Egipto, intentando así obtener el perdón de vuestras culpas. Pero vuestros corderos se ofrecen, año tras año, y vosotros seguís en vuestro pecado. Hoy es Dios quien pone un cordero en vuestras manos: aquí lo tenéis, es ese hombre. Lo mataréis, como matáis cada Pascua el animal en vuestras casas, y su sangre bastará para limpiar todas las culpas de todos los hombres».

La Cruz está presente en cada Belén. El Niño que reposa en el pesebre es el mismo que se entregará en el Calvario; el mismo que se ofrece en la patena. Pero, este año, nosotros no seremos ya los mismos. En lugar de ser quienes fuimos cuando lo llevamos a la Cruz, seremos quienes hoy nos unamos a su vida, recién comenzada, y de su mano caminemos hasta ofrecernos en el Gólgota con Él. Hoy también nace Simón de Cirene… ¿Tú?

(0401)

“Evangelio

Se ha manchado el Niño Dios

Jesús se ha puesto perdido. Salió a jugar al cesar la lluvia, y el barro de las calles ha ensuciado sus sandalias y su ropa. María lo descalza, lo desnuda, le pone ropa limpia y le pide que no salga ya de casa, no vaya a ensuciarse de nuevo.

«Un día saldré de casa, Madre, y no será para jugar. Ese día, todo sucederá de manera distinta. Porque, si hoy me he mojado en el barro, entonces me sumergiré en una suciedad peor: los pecados de los hombres. Pero, en lugar de ensuciarme ellos a mí, seré Yo quien, al tocarlos, los limpie a ellos. Y no acudiré a ti para que me vistas ropa nueva; Yo te vestiré a ti con la gloria que mi Padre me dio. Serán ellos, los pecadores, quienes encuentren en ti refugio y te pidan que los revistas de Mí. Los acercarás a mi Cruz, y, al contacto con mi sangre, quedarán limpios. Por eso, no te importe que ahora me ensucie con el barro, porque Yo he querido vestir el barro de los hombres para que los hombres vistan mi gracia».

Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

(0301)

“Evangelio