“Evangelio

Tiempo Ordinario (ciclo par) – Espiritualidad digital

Orando en todo tiempo

presencia de DiosEstad, pues, despiertos en todo tiempo… Son palabras del leccionario español oficial. Pero la versión latina dice: Vigilate omni tempore orantes. Me gusta más. Porque no se trata, simplemente, de estar despiertos. Hay quienes permanecen en vela durante toda la noche pegados al monitor de un ordenador. Se trata de permanecer en oración, con los ojos vueltos hacia el cielo, para que, cuando Jesús vuelva, nos encuentre mirándole a Él.

Desde luego, debemos prestar atención a los quehaceres de esta vida. Y mucha, porque, por amor a Dios, debemos procurar hacerlos bien. Pero no permitiremos que esos quehaceres se apoderen de nosotros y nos absorban hasta tal punto que nos hagan perder la presencia de Dios.

El seglar cristiano dedica todos los días un tiempo a la soledad con Dios. Después se mueve, conduce, compra, trabaja, y todo ello lo hace en oración. Mientras los ojos del cuerpo se fijan en la carretera, en los estantes del supermercado, o en el ordenador, los ojos del alma están permanentemente vueltos a Dios, en actitud de ofrenda y de acción de gracias.

Así, cuando el Señor vuelva, lo encontrará despierto y esperándolo. ¡Qué buena preparación para el Adviento que esta tarde comienza!

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La Santa Misa y el Divino Protocolo

¿Qué salvarías en un incendio?

elquijote_portada_libroEs todo un clásico en lo relativo a preguntas estúpidas: «¿Qué salvarías en un incendio?». Los cursis dicen que, por supuesto, El Quijote. Yo creo que, en un incendio, trataría de salvar la vida. Y la de los míos, por supuesto. Lo siento por El Quijote.

Lo sepa o no, quien te pregunta esa estupidez te está diciendo que, menos las dos o tres cosas que salves, vas a perder todo lo demás. Es más sensato lo que te dice el Señor: El cielo y la tierra pasarán. No necesitas ningún incendio; vas a perderlo todo igualmente.

Mis palabras no pasarán. Si crees en su palabra, si la haces tuya cada día, tienes lo que no pasa, lo que es eterno. Deja que te roben lo demás. Mejor, entrégalo generosamente, sin esperar a que se incendie la casa. Entrega tu tiempo, entrega tus fuerzas, entrega sin miramientos tu cariño y tu perdón a quienes te rodean. Si quieren El Quijote, se lo das y hasta se lo dedicas. ¿Qué más da, si no podrás conservarlo?

Tú abrázate fuertemente a Él. Y no quieras conservar nada más. No seas como ésos, que, por salvar sus planes, dejan de hacer la oración.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo

La forma de reinar más arriesgada

inriNo es fácil, para quien no esté familiarizado con el Evangelio, entender la forma de reinar de Cristo. En este mundo, quienes gobiernan lo hacen desde la cima de una pirámide de poder, y ejercen su autoridad a través de la coacción. Tiene que ser así; nada que objetar. ¿Os imagináis lo que sucedería si un gobernante prescindiera de las fuerzas de seguridad y pidiera a sus ciudadanos que cumplieran la ley por puro amor? El caos sería terrible.

Exactamente eso es lo que le ha sucedido a Cristo: y es que Él decidió reinar desde la Cruz. «Regnavit a Ligno Deus».

Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción. Otros son los que aportan la violencia; Él aporta el dolor. Antes de que su reino se instaure, el mal se extenderá, y Él lo permitirá y lo sufrirá. Después verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.

Pero, hasta que ese momento llegue, no te escandalices si ves que las tinieblas ganan terreno. Recuerda que esa aparente victoria es efímera, y, entre tanto, no sufras solo. Mira a la Cruz y abrázate a Él. Será más fácil.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo

Una pregunta molesta

preguntaSi un anuncio realizado por el mismo Dios en palabras humanas no se cumple, ¿de quién es la culpa? ¿Será culpa de Dios, y diremos, por tanto, que se equivocó al proclamarlo? ¿O será, más bien, culpa del hombre, que no cumplió su parte en el plan de Dios, y así desbarató la profecía?

Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Todo ello está anunciado por Cristo, Hijo de Dios vivo. Sin embargo, muchos cristianos, en Occidente, pasan su vida sin sufrir persecución alguna a causa de su fe.

Debería hacernos pensar. Y, quizás, también avergonzarnos. ¿No estaremos arriesgando demasiado poco? ¿No habremos convertido la religión en un artículo de consumo individual y familiar que facilita nuestro paso por la tierra haciéndolo más «espiritual»? ¿No habrá cundido en nosotros la idea de que la fe es asunto de conciencia, y de que no debe importarnos el que nuestros vecinos no crean más allá de lo que nos importaría que usaran un champú de otra marca o no se lavaran el pelo?

¿Por qué a Jesucristo lo persiguieron y a ti no? Responde.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo

Profetillas de medio pelo

homerNo deja de sorprenderme el hecho de que nunca hayan faltado en la Iglesia, ni nos falten hoy, profetillas de medio pelo que nos anuncien el fin del mundo a fecha fija. Ven a un descerebrado ocupar una poltrona y dan por sentada la llegada del anticristo. Ven la luna de color rojo, y te aseguran que estamos en la página 14 del Apocalipsis.

Desde Montano hasta los locos egregios contemporáneos, pasando por Savonarola y toda su patulea de imitadores, esas voces no han faltado nunca. Y tampoco han faltado quienes les hicieran caso. Ese gusto nuestro por la pirotecnia tiene algo de peligroso.

Muchos vendrán en mi nombre diciendo: «Yo soy», o bien: «Está llegando el tiempo»; no vayáis tras ellos. ¿Por qué estos profetillas de medio pelo son más creídos que el propio Hijo de Dios? Si Él mismo dice que el final no lo conocen ni los ángeles, ni el Hijo, sino sólo el Padre, ¿vamos a creer que ha sido revelado a un mortal?

Yo sé cuándo vendrá el final: El día que menos penséis (Mt 24, 44). Pero estos bobos, con tanto adivinarlo, yo creo que están consiguiendo retrasarlo. ¡Que alguien los calle, por favor!

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La Santa Misa y el Divino Protocolo

Con permiso de mi ángel…

angelNunca he querido ser un ángel. Alguna vez quizá se me haya ocurrido, pero rápidamente he desechado la idea, en cuanto he reparado en que los ángeles no tienen labios, y yo me muero por darle un beso a la Virgen; no tienen boca, y mi mayor deleite es comulgar. Quiero y venero a mi ángel custodio, pero ya le he dicho que, al menos en eso, no deseo ser como él.

¿Debería entristecerme, por tanto, la noticia de que los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección (…) son como ángeles? En absoluto. Al contrario, me llena de esperanza. Porque, si bien estoy encantado con mi cuerpo serrano, a lo que se refiere el Señor no es a la falta de un cuerpo.

Son como ángeles significa no pueden morir. Y cuanto conlleva: no estar atado a las necesidades de subsistencia personales ni a las de la especie –no se casarán–, y gozar de una carne transfigurada, libre de las ataduras de la carne pesada y pecadora.

¿Comer y no engordar? Quizá sea lo menos importante. Besar y no sufrir, conocer y no cansarse, amar y ser amado sin saciarse.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo

Tu casa ya no es tu casa

temploLo que hizo Zaqueo no fue un mero gesto de hospitalidad. Lo mismo les sucedió a Marta y María y, en grado superlativo, a la santísima Virgen. Cuando dejas a Jesús entrar en tu casa, tu casa deja de ser tuya, y Él se convierte en el Amo y Señor. A muchos invitados les decimos: «estás en tu casa», pero es mera fórmula de cortesía. No les dejaríamos llevarse el televisor. Sin embargo, si entra Jesús, se apodera del mando a distancia, de los fogones, de la caja fuerte y hasta del dormitorio. Tu vida es suya.

Mi casa será casa de oración. Ya no puedes más que rezar. Te has convertido en templo, y hasta mientras te calzas por la mañana le estás dando gloria. ¿No llevas más limpios los zapatos desde que lo conoces? Pues deberías, porque todo lo tuyo le pertenece.

Pero ten cuidado: cualquier pecado, ahora, tiene algo de profanación. Ojalá no tengas que escuchar: Vosotros la habéis hecho una «cueva de bandidos». Si así fuera, si el pecado volviese por sus fueros a esa casa que ya es santuario, usa el látigo. Haz penitencia y confiesa tus culpas para mantener limpio el templo de Dios.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo

Unos lloran; otros se afeitan

jesus-lloraEl llanto de Cristo sobre Jerusalén es sobrecogedor. Un Dios que se desmorona hasta las lágrimas ante la deslealtad de sus criaturas es la estampa más terrible del pecado. Vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita.

¿Por qué Nínive, la ciudad podrida, se convirtió ante la predicación de un hombre pequeño y cobarde como Jonás, mientras Jerusalén, la ciudad elegida desde siempre, la niña de los ojos de Dios, no quiso convertirse ni siquiera ante las lágrimas de su Señor?

La respuesta, por desgracia, la recibimos cada día. Acuden al confesonario personas que, ante su pecado, sienten asco de sí mismos y buscan auténtica conversión. Están llenos de barro hasta las cejas, y lo saben. ¡Con qué alegría vuelven a sus casas después de recibir la absolución!

Otros hay, sin embargo, que se creen ya convertidos. A ésos no hay quien los convierta. Si acuden al confesonario, lo hacen como quien va al peluquero. Es, para ellos, cuestión de higiene espiritual. Pero jamás se darán por aludidos ante las lágrimas de Dios. Que se convierta Nínive; ellos sólo tienen que afeitarse.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo

El banco

bancoAl siervo que, por miedo, había escondido la mina confiada por su amo en lugar de negociar con ella para obtener beneficios, le reprendió el amo diciendo: Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.

A muchos –la mayoría– Dios les pide que hablen de Él a quienes no creen. No es preciso predicar; basta con tener amigos, y abrir el corazón ante ellos –como se abre cuando hay verdadera amistad– para darles lo mejor que llevamos dentro: Dios.

Pero hay quienes, por su situación particular, no pueden realizar este apostolado. Pienso en enfermos, en ancianos que apenas salen de casa, o en quienes han sido llamados a la vida contemplativa. Para ellos es esta palabra: ¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?

El banco es la Cruz. Y rinde un gran interés. Las almas que puede redimir un enfermo ofreciendo sus dolores, un anciano ofreciendo la vida desde una silla de ruedas, o un alma contemplativa desde la penitencia y la soledad del claustro son multitud.

Lo único que no cabe en los planes de Dios es que un cristiano se conforme con conservar la fe.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo

Las ventajas de no ser Pau Gasol

bajitoMe voy a alegrar de que Zaqueo no fuera Pau Gasol. Y no es por hacer de menos a una gloria nacional. Es que, si mides dos metros, te quedas quieto en medio de la multitud, y desde la torre de vigía que llevas encima del cuello miras hacia abajo y lo ves todo. Aunque sea el Hijo de Dios quien pase a tu lado, lo miras por encima del hombro. ¿Podrás salvarte entonces?

Sin embargo, si eres un taponcete, tienes dos opciones: o te pones a saltar y haces el ridículo, o te subes encima de un árbol como un mono y también haces el ridículo, pero te ve menos gente. En todo caso, es toda una cura de humildad: reconoces que eres poquita cosa para ver a Jesús, y que, si quieres contemplar su rostro, debes subir a un árbol. Entonces Él te mira con simpatía, te dice: es necesario que hoy me quede en tu casa, y te llenas de alegría.

¡Bendita humildad! Sin ella, nadie podrá ver al Señor. Anda, reconoce que eres poca cosa, sube al árbol de la Cruz, y desde allí abre bien los ojos, porque el Señor va a llenarte por completo.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo