Evangelio 2022

Tiempo Ordinario (ciclo par) – Espiritualidad digital

Pidiendo a lo grande

panesCuando el Hijo de Dios nos invita a pedir, quiere que lo hagamos, también nosotros, como hijos de Dios, y pidamos a lo grande. Porque un hijo de Dios, a la hora de elevar sus súplicas, no se conforma con cualquier cosa.

Amigo, préstame tres panes… ¿De verdad creéis que el Señor nos está invitando a pedir una chapata, una baguette y un pan de picos? Esos tres panes son imagen de la Eucaristía, en la que, misteriosamente, están presentes las tres personas de la Trinidad: el Hijo, porque es su cuerpo; el Padre, porque de Él procede ese alimento; y el Espíritu, porque esa Hostia va bañada en Amor. Por eso, al final, dice el Señor que el Padre del Cielo dará el Espíritu a los que le piden. Ahí tenéis a los tres.

No me molestes, la puerta ya está cerrada… Se niega el amigo, y aumenta el hambre. Así recibimos los panes y el Espíritu con mayor avidez. En ocasiones, Dios nos hace esperar. Cuando, en 2020, abrimos la iglesia después de dos meses de confinamiento provocados por la pandemia, se nos llenó el templo de almas hambrientas. Tenemos más gente en misa a diario desde entonces.

(TOP27J)

Lo único necesario

esa vozA Marta le revela Jesús un secreto al que deberíamos sacarle más partido. Cuando pone ante sus ojos lo esencial, no dice: «Esto es muy importante», sino una sola cosa es necesaria. Si hay verdad en sus palabras –y el Hijo de Dios no puede engañarnos–, eso quiere decir que todo lo demás es prescindible. En cuanto a qué es lo único necesario, conocemos cuál fue la parte mejor escogida por María: Sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

No debería sonarnos a nuevo. Hemos hablado de esto aquí muchas veces. Es el eco de aquel «Shemá, Israel» –Escucha, Israel–, las primeras palabras de la Ley de Dios. ¿Basta, entonces, con escuchar para salvarse? Sí, siempre y cuando la escucha sea tan profunda que llegue al alma y despierte la fe. Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna (Jn 5, 24). Porque esa palabra, cuando se escucha así, da fruto en el alma y se cumple en la vida.

Todo lo demás es prescindible. Ojalá nos acostumbrásemos a decir muchas veces al día, a tantas cosas que, como a Marta, nos preocupan: «No es necesario, no lo necesito».

(TOP27M)

Sé agradecido

Una cosa es leer la parábola, y otra muy distinta entrar en ella, tocar respetuosamente a sus puertas y dejarse envolver por esas dulces palabras de Cristo. Cuando lo haces así, surgen cientos de brillos, miles de matices que al mero lector se le escapan.

Un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.

Imaginas a aquel hombre que, tras haber sido apaleado, fue recogido por el buen samaritano, y lo imaginas agradecido a quien le salvó la vida. No puedes imaginarlo diciéndole a su benefactor, mientras aún yacía en tierra: «Déjame, estoy bien, no necesito nada de ti. No me toques, no quiero subir a tu caballo». Tampoco lo imaginas diciendo en la posada: «No me gusta la sopa, me marcho».

Pero lo que no produce la imaginación te lo ofrece la vida, cuando ves personas hundidas en su pecado que rechazan la mano que quisiera salvarlos. «Déjame en paz, que no me quiero salvar», cantaba Víctor Manuel.

Sé agradecido. Déjate curar. Haz caso a quien quiere que vivas.

(TOP27L)

Almas pequeñas y verdades inefables

¿Quiénes son los sabios y entendidos a quienes, en palabras del Señor les han sido escondidas estas cosas? Y ¿qué son estas cosas?

La primera pregunta es fácil de responder: Sabios y entendidos son quienes saben y entienden. Como saben y entienden, no necesitan que nadie los instruya. Comienza el sacerdote a proclamar el evangelio y, en cuanto pronuncia: «En aquel tiempo…», piensan: «¡Ah, lo de “en aquel tiempo” ya lo he oído mil veces, ya me lo sé!», y desconectan. Reprograman el pensamiento, y se entretienen pensando en qué harán cuando la misa termine mientras el sacerdote predica.

En cuanto a qué son estas cosas, no es fácil de responder. Porque estas cosas son inefables, y las palabras más las ocultan que las desvelan. Estas cosas sólo están al alcance de los pequeños.

«Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes», dice san Juan de la Cruz. Antes de que el sacerdote diga: «En aquel tiempo», recuerda tú: «No sé nada». Escucha lo que no sabes, y verás que te habla de lo que no sabes. Contempla lo que no sabes. Y enamórate como un niño que se queda con la boca abierta.

(TOP26S)

Corozaín, Betsaida, Cafarnaún, tú y yo

Hoy es viernes. Buen día para prepararnos, desde la mañana, con actos de penitencia y sincera contrición, y contemplar, por la tarde, la Pasión de Cristo.

Y no nos vendrá mal, para lograr un sincero arrepentimiento de nuestras culpas, sustituir los nombres de Corozaín, Betsaida y Cafarnaún por los nuestros.

¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Pues si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido… Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.

Para que no te sientas señalado, pero te des por aludido, escribo mi oración:

Miro atrás, Señor, y recuerdo los milagros que has obrado en mí. Algunos no necesito ni recordarlos, pues los has hecho hace dos horas. ¡Lo que has hecho conmigo, Dios mío! ¡Cuántas heridas sanadas, cuántas cadenas rotas, cuántas tormentas calmadas! Debería tener los ojos fijos en Ti día y noche y, sin embargo… ¡Cuánta ingratitud! ¡Cuántas veces se vuelve mi mirada a las criaturas y te doy la espalda! ¡Cuánta deslealtad! Clava hoy mis ojos en tu Cruz, Jesús, báñalos en santas lágrimas, y no dejes que se aparten jamás de tu cuerpo entregado por mi amor.

(TOP26V)

Un corazón del que puedes fiarte

El arte ha encontrado siempre, en el amor de los hombres, su musa preferida. Lo ha idealizado hasta tal punto que parece que todo lo que se haga en nombre del amor debe ser bueno. Pero lo cierto es que el corazón humano está enfermo de egoísmo. Calixto y Melibea eran idólatras. El amor de madre ha destrozado multitud de matrimonios y encanijado a multitud de hijos. Y, en nombre del amor, se han cometido fornicaciones, adulterios y crímenes. Hay amores que esclavizan, y celos que aprisionan. Quien obedece sin resistencia al corazón se arriesga a terminar esclavo o carcelero. Ojalá tengas por norma bruñir todos tus amores en la Cruz.

– Déjame primero ir a enterrar a mi padre. – Deja que los muertos entierren a sus muertos. – Déjame primero despedirme de mi familia. – Nadie que pone la mano en el arado y mira atrás vale para el reino de Dios.

El amor más grande no consiste en aferrarse al ser amado, sino en entregar la vida por él. Por eso, si quieres seguir los dictados del corazón, y amar a los tuyos con un amor limpio, sigue siempre los dictados del corazón de Cristo. El tuyo clávalo en la cruz.

(TOP26X)

San Lucas y el Cristo de Velázquez

Dicen que san Lucas era artista, incluso se le adjudica un retrato de la Virgen. Y, como todos los artistas, se esmera en extraer la belleza del lugar donde se oculta, como hizo Velázquez con su maravilloso Cristo crucificado. La primera frase del evangelio de hoy es un Cristo de Velázquez: Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo… Es todo verdad. Pero es la parte hermosa de la verdad. Hay otra forma de contarlo: «Cuando se acercaba el momento en que Jesús sería brutalmente torturado y crucificado»… Leído así, la conclusión de la frase es sobrecogedora:

Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Nadie hace esto. Cuando te acercas al precipicio, lo que se impone es dar marcha atrás, volver sobre tus pasos y buscar otro camino. En Getsemaní, todas las células de Cristo temblaron, querían alejarse y huir de allí. Pero su voluntad divina, poseída de un Amor irrefrenable, dio el paso adelante. En ese precipicio habían caído sus ovejas, y a él se lanzaría para rescatarlas.

Nosotros tenemos el Cristo de Velázquez. Y cuando, en la Cruz, lo vemos a Él, nos sentimos llamados por ese mismo Amor y lo abrazamos.

(TOP26M)

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