Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Adviento – Espiritualidad digital

Día de guerra, noche de paz

El cántico con que Zacarías rompió a hablar tras nueve meses de silencio es el canto de un guerrero, lleno de épica y batallas: Suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo… Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos odian. Escuchamos hoy este canto de guerra, y cantaremos, esta noche, el «Noche de paz».

Y es que esta noche nacerá el guerrero que trae la victoria. No hablamos de la guerra que entablan los hombres entre sí. Esa guerra es odiosa, y no debería librarse. La guerra santa, en la que el propio Dios toma parte, es la guerra entre el bien y el mal que tiene lugar en el corazón de cada hombre. Quienes no la luchan es porque se rindieron. La batalla por levantarse del sueño a la hora en punto, el combate por sonreír cuando apetece llorar, la lucha interior por perdonar a quien nos ha ofendido, el esfuerzo por resistir a la sensualidad… He ahí la guerra santa.

Viene el guerrero que nos dará la victoria. Hoy, 24 de diciembre, es día de guerra, y esta noche será noche de paz.

(2412)

Evangelio 2017

Los que se dejan hacer

El bueno de Zacarías, que había realizado un retiro de nueve meses en absoluto silencio, de tal forma se había recogido en Dios que supo ir un paso más allá de su mujer. Cuando Isabel dice que su hijo se va a llamar Juan, Zacarías toma una tablilla y escribe: Juan es su nombre. Es decir: «no se va a llamar; ya se llama Juan, porque Dios ya lo ha llamado desde el seno materno. ¿Quién somos nosotros para enmendar la obra de Dios?».

Es delicioso. Los frutos del silencio son tan eficaces como letales los efectos del ruido. Zacarías se ha dado cuenta de que ni a la hora de engendrar a su hijo es él el actor principal. Dios es quien llama, Dios es quien vivifica, Dios es, en suma, quien hace. Y el hombre que quiera ver las obras de Dios no tiene más que obedecer, es decir, dejarse hacer.

Ahí tienes una tercera clave de la verdadera Navidad. Si hasta hoy hemos visto los frutos de dejarse visitar y dejarse mirar, hoy Zacarías nos desvela que la Navidad verdadera es la de quienes se dejan hacer, quienes, como él, como Isabel, como José y María, obedecen.

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Evangelio 2017

Los que se dejan mirar

Ayer decía Isabel: «Dios me ha visitado». Hoy, María resume su Navidad, que es la única Navidad: Dios ha mirado la humildad de su esclava. Es decir: «Dios me ha mirado». No debemos entender aquí «humildad» como concepto moral. En estas líneas, «humildad» significa «pequeñez». Como Isabel, María se siente indigna de que Dios haya posado sus ojos en ella con Amor.

Ahí tienes otra clave de la verdadera Navidad: es la quienes se dejan mirar por Dios. Y no vayas a creer que dejarse mirar es sencillo. Porque una mirada amorosa no se conforma con el reflejo pasivo de la luz en los ojos de quien mira. Así se dejaría mirar una piedra. Pero el hombre, cuando es mirado con amor, debe acoger la mirada, dejarla entrar y posarse en lo profundo del corazón hasta que se convierte en caricia. No todos saben dejarse mirar con amor. Y, si quien mira es Dios, son pocos quienes se dejan mirar por Él.

María lo hizo. Acogió en su alma la mirada de Dios, y el Verbo se encarnó en sus entrañas.

Hoy, cuando mires el belén de tu hogar, fíjate en cómo eres mirado más que en lo que miras.

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Evangelio 2017

Navidades compradas y visitas a destiempo

El gran peligro de estas navidades –ya casi paganas– que tienen como escenario los centros comerciales y las mesas repletas de comida es que se trata de unas fiestas compradas. Y a gran precio. Como es lógico, lo que uno compra le pertenece. Y, así, nos hemos convertido en los dueños de una navidad que no es la de Dios, porque es la nuestra. Uno se sitúa ante la mesa, y ante un árbol lleno de paquetes, y piensa: «lo mío me ha costado». Lo peor es que tiene razón.

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Isabel no gastó un céntimo; probablemente, no lo tenía. Pero Dios y su madre llegaron por sorpresa a su casa de visita, y ella se sintió indigna y muy favorecida. Pregunta ¿Quién soy yo? porque se siente alcanzada por la gracia. Otros responden: «Yo soy el que he comprado todo esto, el dueño».

La verdadera Navidad es la de quienes son visitados por Dios, la de aquellos que abren sus puertas al paso de la gracia y reciben con asombro a María y al Redentor. En una palabra: la de quienes rezan y viven en gracia de Dios.

(2112)

Evangelio 2017

Para María, Gabriel; para ti, el sacerdote

La irrupción de Dios en la Historia de los hombres no podía ser violenta, si el deseo del Creador era redimir amorosamente a sus criaturas. Era preciso respetar su libertad, llamar suavemente a las puertas y arriesgarse a que el hombre las mantuviera cerradas y todo el plan redentor se echase a perder.

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. El nombre de la Virgen era María.

Si Dios se hubiese mostrado en el esplendor de su gloria a la Virgen, ella, abrumada por la visión, no hubiera tenido otra opción que decir que sí. Por eso decidió enviar a un ser de menor rango para que hiciera las veces de mensajero. Fue Gabriel quien quedó abrumado ante la llena de gracia. Y, así, Fra Angélico nos lo pinta de rodillas. María expresó su sí con entera libertad.

En cuanto a ti, un ángel te vendría grande; no podrías decirle que no. Pero tienes al confesor. Un hombre pecador como tú que, sin embargo, te muestra el plan de Dios. ¿Le obedeces? Porque en ello te juegas la Navidad.

(2012)

Evangelio 2017

De una mujer estéril nació Juan

¿Por qué, precisamente, de una mujer estéril se sirvió Dios para alumbrar a Juan? A primera vista, no era necesario. Muchos hombres y mujeres temerosos del Señor concebían niños cada día. ¿No puedo elegir a cualquiera de ellos?

No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer, Isabel, te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Yo no sé si era necesario o no. Sé que es sumamente elocuente, y la elocuencia, en Dios, es sabiduría.

Zacarías pidió a Dios aquello que él era incapaz de conseguir. Y, cuando Dios se lo otorgó, no pudo dudar de que la mano del Altísimo estaba con él. Muchas personas piden a Dios lo que pueden conseguir ellos con su esfuerzo. Y, cuando Dios se lo concede, acaban por atribuirse el mérito a sí mismos. Si un estudiante, por ejemplo, le pide a Dios aprobar un examen, cuando aprueba es fácil que acabe por pensar que estudió bien y que lo merece. Pero cuando Marta y María vieron resucitar a Lázaro, no pudieron dudar.

Hay quien, ante los imposibles, deja de rezar. Y hay quien pide con más fuerza. Zacarías e Isabel eran de éstos. Y Dios los escuchó.

(1912)

Evangelio 2017

Los dos primeros rayos de luz

Los ojos del cristiano están ya abiertos, pendientes del Belén, como miran al horizonte cuando la luz está a punto de abrirse paso.

Dos primeros rayos de luz. En este último domingo de Adviento, la liturgia nos presenta al Dios que viene:

Le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados. Tú puedes salvarte de un aprieto económico. Puedes salvarte de una crisis emocional. Con ayuda de un buen médico, puedes salvarte de una conjuntivitis. Pero no puedes salvarte del pecado, que se ha apoderado de ti y te lleva a la muerte eterna. Ésa es tu peor desgracia. ¡Alégrate! Llega el que puede obtenerte el perdón, y el puede, en tu desgracia, obtenerte la gracia para vencer la tentación. No dejes de mirar, y pronto estará contigo.

Le pondrá por nombre Enmanuel, que significa Dios-con-nosotros. El Dios que te creó te ama, y viene a estar contigo, a compartir tu vida, tu alegría y tu pena. Ya no estarás solo. ¡Alégrate! Dios estará tan cerca, que apenas lo verás, porque morará dentro de ti si has preparado el alma dignamente.

Mantén los ojos en el pesebre. Está a punto de amanecer. ¿Has confesado ya?

(TAA04)

Evangelio 2017

Él como tú, y tú como Él

En ocasiones, cuando, para animar a una persona, le muestro el ejemplo del Señor, escucho una protesta desairada: «¡Es que Él era Dios! Pero yo soy un pobre hombre; no puede pedirme que actúe como Él». Se sienten como si hubiera dejado a sus pies un balón de fútbol, y les hubiese dicho: «¡Juega como Messi!» Pero se equivocan.

Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob… Y veinte líneas más de llenas de hombres; hombres y mujeres pecadores, como tú y como yo. Es cierto; Jesús era Dios. Pero quiso hacerse hombre, y volverse uno como nosotros, para darnos su gracia y que, con ella, nosotros pudiéramos hacernos como Él.

No lo olvides, porque apenas queda una semana para que lo celebres. Cuando mires al pesebre del belén de tu hogar (ya debería estar allí), recuerda que Él se hizo como tú para que tú puedas hacerte como Él. Él tomó tu carne, para tomes tú su Espíritu. Y así, cuando el sacerdote te pida que actúes, pienses y vivas como el Señor, piensa que no te pide nada imposible; tan sólo te invita a recibir esa gracia.

(1712)

Evangelio 2017

La lámpara que ardía y brillaba

¿Quién mejor que el propio Jesús, a quien Juan anunciaba, para describir a su heraldo? Juan era la lámpara que ardía y brillaba.

En una lámpara, parece fácil, aunque ya existen lámparas de luz fría (tecnología led). Hombres de luz fría, que brillan sin arder, han existido siempre. Hablo de personas cuya única ambición es aparentar, brillar entre sus semejantes para ser ensalzados por ellos. Sus corazones están fríos, no hay verdadero amor en sus almas. Pero, cuando se muestran en público, interpretan, gesticulan, alzan la voz, y son tenidos por santos a pesar de llevar en su pecho un corazón de hielo, frío y calculador.

También hay quien arde sin brillar. Porque el fuego que abrasa su corazón no es el del amor, sino el de la ira. Se queman y queman a los demás. Pero todo lo cubren de tinieblas; les consume una pasión oscura y destructiva, que arrasa todo lo que encuentra.

El santo, sin embargo, arde y brilla. Arde en amor de Dios, se abrasa por dentro. Y nada tiene que hacer de especial para dar luz, porque ese amor resplandece en su mirada, en sus palabras y en sus obras. Así era Juan.

¿Y nosotros?

(TA03V)

Evangelio 2017

Nosotros y el plan de Dios

Hay frases del evangelio que me hacen temblar: Los fariseos y maestros de la ley, que no habían aceptado el bautismo de Juan, frustraron el designio de Dios para con ellos.

¿Cómo no temblar ante la posibilidad de que un hombre, por su dureza de corazón, eche por tierra el plan de Dios? Significa eso que tenemos un poder terrible: el de evitar que los planes de Dios sobre nosotros se cumplan. Muy fuerte se la ha jugado el Señor con nosotros al dotarnos de libertad.

Lo peor de todo es que sucede: Dios puede llamar a una persona, por ejemplo, al celibato o a la virginidad. Y esa persona, al escuchar la llamada, puede decir «no» por tibieza, por cobardía, por egoísmo o por cualquier otro motivo. Después contrae matrimonio, y descubre que su familia no le hace feliz. La culpa no es del cónyuge; es que su corazón no estaba creado para eso, porque el plan de Dios sobre esa persona era distinto. Pero ese plan no se cumplió. Desde luego, puede salvarse, y será feliz en el cielo eternamente. Pero la felicidad terrena que disfruta quien vive según su vocación la habrá perdido, y no podrá recuperarla.

(TA03J)

Evangelio 2017