Libros

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Espiritualidad digital

Se hizo sábado en la barca

duermeEs sábado, y el Señor duerme. Es el día del descanso de Dios.

Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Así descansa Cristo en el sepulcro, mientras las tinieblas y el mal cubren la tierra. Parece que venciera la muerte, que Dios hubiera sido derrotado y el Enemigo hubiera dicho la última palabra. Realmente, aquel sueño de Jesús en medio de la tempestad fue profecía del Sábado Santo.

He escuchado, o leído, que vivimos en el Sábado Santo de la Historia. Lo creo así. Basta encender la televisión, asomarse a las series de las plataformas, o escuchar los gritos que, como olas en una tormenta, se alzan desde Internet y las redes sociales cubriendo las vidas de los hombres, para tener la percepción de que el mal y la mentira han triunfado mientras Dios se ha quedado dormido. ¿Por qué Dios no hace nada?

Míralo en el sagrario: ¿no ves que duerme? Y búscalo en lo profundo de tu alma, bajo las olas de tu angustia y tu dolor. Cuando lo encuentres, duerme a su lado. Ya despertarás cuando despierte Él.

(TOI03S)

Esa palabra pequeña y humilde

Nace un niño, y toda la atención de mamá se vuelca en él. El hermano mayor se siente «príncipe destronado», y el marido echa de menos esos cariñitos de su esposa que ahora se lleva el bebé. Pero ella piensa: «Vosotros sois grandes y podéis cuidaros. Él es pequeño y necesita mi atención».

Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas. Como sucede con los niños, sucede con todo: lo pequeño requiere más atención que lo grande. Lo grande se nos impone; lo pequeño, si nos descuidamos, se nos pierde. Dejad un grano de mostaza en un cajón lleno de cachivaches, y a ver si lográis encontrarlo después.

Así es la palabra de Dios. Escuchas la radio, y es tal el énfasis de periodistas y tertulianos que no te cuesta trabajo recordar los asuntos de actualidad. Pero la palabra de Dios la proclama el lector durante la misa y, como no estés atento, se te escapa. Sin embargo, si le prestas atención, crecerá dentro de ti, se hará mayor que cualquier noticia, y podrás apoyar tu vida sobre ella. Escucha.

(TOP03V)

Por ti

Quiero meterme en la piel de aquéllos que estaban allí cuando Jesús, ante la visita de su madre, se negó a retirarse para saludarla, diciendo: Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Quiero pensar que, al menos, muchos se dieron cuenta de que Jesús había dejado a su santísima madre para estar con ellos. Y lo valoraron, y fueron conscientes del Amor con que el Señor los amaba, y se sintieron privilegiados. «Ha venido su madre a verlo» –debieron pensar– «y él prefiere estar conmigo».

Y, si ellos no se dieron cuenta, al menos tú sé consciente de cómo te ama el Señor. Dejó a su Padre y a los ángeles en el cielo para venir a rescatarte a ti. Aunque sólo tú hubieses pecado, Él se habría encarnado y habría padecido sólo por ti, porque su rebaño tiene una sola oveja, y esa oveja eres tú.

Míralo en el sagrario. Y recuerda que está allí por ti, porque quiere acompañarte y quiere tu compañía. Ojalá tú puedas decirle: «Señor, lo has dejado todo por mí. También quiero yo dejarlo todo por Ti».

(TOI03M)

Primero mataron su nombre

La Pasión de Cristo no fue un crimen improvisado. Aunque hubo, por parte de los hombres, mucha improvisación durante aquellas horas, el grito demoníaco de «Crucifícalo», proferido por la multitud de Jerusalén, había sido preparado, al menos, durante meses. Igual que, en las guerras, las detonaciones de la artillería preceden al paso de la infantería, en la Pasión de Cristo la difamación precedió a la violencia física. Era preciso desprestigiar primero a Jesús, matar su nombre antes de aniquilar su cuerpo. Había que predisponer al pueblo contra Él y después lanzarlo en tromba contra Pilato para pedir su muerte.

Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». Estas calumnias, poco a poco, fueron calando entre las gentes, sembrando la desconfianza hacia el Hijo de Dios. Lo más terrible es que fueron sembradas, no por gentiles, sino por escribas y fariseos.

Jamás hables mal de un sacerdote. Si ves en él algo que corregir, díselo con cariño o, si fuera necesario, comunícaselo con delicadeza a su superior. Pero nunca difames el nombre de un sacerdote, porque el sacerdote, sea quien sea, es otro Cristo.

(TOI03L)

Dos pinceladas para un cuadro maravilloso

El evangelio de hoy contiene sólo dos frases. ¡Pero qué dos frases! Bastan dos trazos de pincel para mostrar el cuadro de un Mesías completamente entregado en manos de los hombres.

Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.

Unos le «roban» el tiempo hasta dejarlo sin comer. Y otros quieren apartarlo de la circulación alegando que está loco. Es como si Cristo no fuese dueño de su vida, como si fuese una pelota por la que todos se pelean para ver quién se la lleva.

Pero, detrás de esas dos pinceladas maestras, como música de fondo, resuenan aquellas palabras del Señor: Nadie me quita la vida; yo la entrego libremente (Jn 10, 18). Lo grande de su entrega es que no se trata de un robo, sino de un regalo. Como cuando, en cada misa, se pone en manos del sacerdote y es entregado a los fieles para ser devorado.

Que ni la enfermedad ni los hombres te roben la vida. Entrégala tú libremente y prolonga en ella el regalo de Cristo.

(TOI02S)

Eres el beso de Dios

Tan pequeño eres ante Dios, que apenas podrías compararte con una partícula que flota en el aire. Pero en esa partícula insignificante se ha fijado Cristo y la ha llamado junto a Él, como aspirándola en su respiración.

Llamó a los que quiso. E instituyó doce para que estuvieran con él. Así, intencionadamente, con Amor de enamorado, respiró Cristo, te atrajo y te introdujo dentro de Sí. Tú notaste esa atracción, te dejaste seducir y, llevado por el Espíritu, aire de Dios, te adentraste en su sagrado Corazón. ¡Qué bien se está allí! ¡Qué calor de hogar, el que te abriga dentro del pecho del Salvador! Allí conociste los tesoros de su Amor. Y eso que no eras sino una partícula en el aire. Pero llegaste a ser estirpe divina.

Entonces, el mismo que te atrajo en un suspiro te envió en una exhalación. Y para enviarlos a predicar. Eres parte de su aliento, palabra salida de su boca. Eres beso con que Jesús quiere besar a los leprosos. Si no te resististe cuando fuiste atraído, no te resistas ahora a ese soplo de vida sobre el mundo. Sal, y lleva el calor de Cristo a quienes mueren de frío.

(TOP02V)

Las colas del hambre

La imagen es conmovedora, como un retablo de la pobre condición humana y la bondad de un Dios compasivo: Todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Imagina a un ejército de ciegos, sordos, tullidos, leprosos y endemoniados abalanzándose sobre el Hijo de Dios para obtener la salud. Acércate a tu parroquia en el momento en que los voluntarios de Cáritas reparten alimentos o atienden, uno por uno, a los necesitados. Lo llaman las «colas del hambre». Pero son algo más. Son la representación viva de esos desterrados hijos de Eva que gimen y lloran en este valle de lágrimas, como rezamos en la Salve.

Pero Dios ofrece algo más, mucho más, al hombre. Tras sanar las enfermedades, Cristo mostró el camino del cielo, y ese camino pasa a través de la Cruz. Quien curó a miles de enfermos eligió para Sí la enfermedad, la soledad, el hambre, la sed, los ultrajes y la misma muerte para abrirnos una puerta que nos llevara, de este destierro, al Hogar. Y entonces se quedó solo.

Quisiera yo ver más colas en los confesonarios que en los locales de Cáritas. La mayor pobreza no es la de los cuerpos.

(TOI02J)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad