Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Espiritualidad digital

¿Qué es el apostolado?

No entenderás el apostolado hasta que no dejes de pensar en «hacer apostolado». No se hace apostolado como se hace calceta, dedicándole un tiempo a la semana. Lo tuyo no es hacer nada, sino ser apóstol, que es lo mismo que ser feliz, lo mismo que ser santo. Veinticuatro horas al día.

Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes. ¡Qué gran apostolado, que hermosa misión, la de vivir con alegría! Y que tu presencia deje a los hombres desconcertados, preguntándose y preguntándote de dónde te viene tanta dicha. Y que puedas decirles que te viene de Dios, que en tu oración te enamoras y te sabes amado como eres.

¡Qué caridad tan valiosa y necesaria, la de quien, con una sonrisa y una palabra de afecto, cura las heridas de quienes viven tristes! ¿Recuerdas cuando te llamaron de casa de aquel enfermo, y te pidieron que fueses a verlo «porque le alegrabas el día»? No habías hecho nada especial. Pero habías rezado, y habías pedido por él, y esa oración te alegró a ti y le alegró a él.

Vivir en cristiano: así de sencillo es el apostolado.

(TOI25X)

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¡Qué justicia tan misteriosa!

Se puso de moda, allá por los años 70 y 80 del siglo pasado, decir que Jesús había sido el primer comunista de la Historia. Yo pasé por esa época; otros se quedaron allí. Pero, sin entrar en arenas políticas, quiero que me muestren a un comunista que proclame su deseo de hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres (que lo proclame; porque habrá quien en silencio lo desee).

Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener. ¡Qué misteriosa, esa justicia distributiva de Jesús! Ninguno de nuestros políticos, del signo que sean, se atrevería a llevar semejante proclama como bandera. Y, si fuera referida a los bienes materiales, provocaría más de una revolución. Pero Jesús hablaba del reino de Dios.

Contra todo pronóstico, Dios hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Si te dejas enriquecer por Dios, Él derramará sobre ti su gracia y, día a día, la irá incrementando hasta llenarte de Cielo. Pero si te empeñas en enriquecerte a ti mismo, te llenarás de nada, y hasta esa nada –lo poco que tienes– la perderás cuando mueras.

(TOI25L)

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Sobre el activismo

agobioDesde siempre, uno de los peores enemigos de la vida espiritual ha sido el activismo. Es enemigo malo, especialmente, cuando lleva al hombre a desplegar una actividad febril bajo pretexto de ofrenda a Dios. Trataré de explicarlo:

Hay quienes parecen empeñados en pintarle a Dios un cuadro; un cuadro tan bonito, tan bonito, que Dios se conmoverá al contemplarlo. Y pasan el día con el pincel en la mano, tratando de pintar el cuadro perfecto. Pero no se dan cuenta de que Dios no quiere que le pintemos ningún cuadro; quiere que seamos lienzo en blanco donde Él pueda pintar. Eso se llama obediencia.

Quieren darle cosas a Dios, quieren hacer cosas por Dios, se apuntan a cualquier iniciativa piadosa y se desviven intentando realizar trabajos, como si Dios necesitara hijos en perpetuo movimiento, de acá para allá…

Salió el sembrador a sembrar… La semilla es la palabra de Dios. ¿Por qué nos engañamos? Dios no nos pide un movimiento perpetuo. Dios quiere sembrar algo en nosotros, y necesita que lo acojamos; que nos detengamos y nos callemos para que la semilla arraigue en el silencio y la contemplación. Después, nuestro movimiento estará bañado en esa paz sembrada en nosotros.

(TOI24S)

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Corazón de mujer

Lo siento por los más jóvenes, que quizá no sepan de qué hablo (lo siento en varios sentidos), pero en el musical «La bella de Moscú» (Rouben Mamoulian, 1957), Cyd Charisse cantaba: «A woman to a man is just a woman, but a man to a woman is her life» (Para un hombre, una mujer es sólo una mujer. Pero, para una mujer, un hombre es su vida). Podrían encarcelarte por cantar eso hoy, pero seguiría siendo verdad.

Y lo era también en el Evangelio: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas. Estas mujeres caminaron, junto a los apóstoles, en pos de Jesús. Pero sólo ellas llegaron al Calvario. El motivo nos lo ha revelado Cyd Charisse: Los apóstoles amaban al Señor, y amaban también sus propias vidas, sus trabajos, su casa de Emaús y su integridad física. Pero, para estas mujeres, Cristo era su vida. Sin Él, la existencia carecía por completo de sentido. Los hombres tenemos mucho que aprender del corazón de la mujer. Juan lo aprendió, y alcanzó también la cima del Gólgota. Por eso allí recibió a la Mujer, a María.

(TOI24V)

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Cuerpos santos

Te voy a pedir un favor que, a lo peor, puede traerte algún disgustillo: cuando veas a un sacerdote mal vestido o desaseado, díselo. A solas, y con cariño. Pero díselo: «Padre, esa camisa no está planchada»; «Padre, ¿se ha afeitado hoy?»… En ocasiones, como muchos sacerdotes vivimos solos, podemos descuidarnos, y olvidar la dignidad de nuestros cuerpos. Y son cuerpos ungidos, merecen una apariencia digna. Sin alardes ni vanidades, pero digna. Sencillamente digna.

¿Ves a esta mujer? Me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Me ha ungido los pies con perfume. Fíjate cómo valora el Señor los detalles de respeto y veneración que las almas santas tienen con su cuerpo. Como la Magdalena, esta mujer es una adoradora de la Eucaristía. Le gusta mucho al Señor que los corporales de la Misa estén limpios, las patenas brillantes, los cálices relucientes… También deberías decírselo al sacerdote, a solas y con cariño, si ves que no se conservan así.

He hablado del cuerpo del sacerdote y del cuerpo de Cristo. Pero también tu cuerpo es santo, templo de Dios. Cuídalo con respeto.

(TOI24J)

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Cuando Jesús se derrite

Hay escenas en las que vemos a Jesús «derretirse». Por ejemplo, cuando aquella mujer cananea, a quien el Señor probó comparándola a un perrillo, respondió que también los perros comen las migajas caídas de la mesa de los amos. Lo mismo sucede hoy. Jesús se derrite ante las palabras de un pagano: Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo. Dilo de palabra y mi criado quedará sano. Admirado, Jesús exclama: Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.

No hay nada como la humildad para vencer a Dios. Pienso que, si tuviéramos nosotros esa humildad, no habría nada que no obtuviésemos del Señor.

Dios nos ha redimido, nos ha convertido en hijos suyos y en templos de su gloria. Pero ha sido pura gracia. No olvidemos quién somos, y dónde estaríamos si Él no nos hubiera salido al encuentro. ¿Qué hubiese sido nuestra vida sin Dios? ¿De cuántos pecados seríamos esclavos ahora mismo sin su gracia?

Le pido al Señor, para ti y para mí, que jamás nos engriamos por lo que ha sido pura gracia, para que así no nos sirva de perdición lo que se nos dio para salvación.

(TOI24L)

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No busques setas en una mina de oro

Propósitos, propósitos… ojalá hagas buenos propósitos. No hagas muchos, porque no los cumplirás. Haz pocos, y sé firme a la hora de cumplirlos. Pero, por favor, no dediques todo el tiempo de tu oración a hacer propósitos o a buscarlos. Eso sería como buscar setas en una mina de oro.

Los propósitos son necesarios para asegurarnos de que nos movemos. Pero, si toda la vida espiritual se fundara en ellos, convertiríamos la aventura de la santidad en una especie de olimpiada moral para campeones de la virtud. Y no, no es eso.

El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal. No seas tan «práctico». El tiempo que dedicas a la oración debe ser, principalmente, tiempo de contemplación gozosa. Al contemplar las escenas del Evangelio, o al considerar, embelesado, las palabras de Jesús, vas atesorando joyas en el corazón, y lo vas llenando de luz. Conforme lo llenas de luz, las tinieblas se dispersan. Y, al terminar la oración, más importante que salir resuelto es salir enamorado.

En el último minuto, formula tu propósito. Y entonces será deseo de amor, no desafío de virtud.

(TOI23S)

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