Evangelio 2022

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Espiritualidad digital

Tu apocalipsis en miniatura

Dos mil años después, las palabras de Jesús suenan en la Iglesia como advertencia para que su pueblo siga en vela, y como aldabonazo que despierte a los dormidos:

Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.

¿Y qué es lo que está por suceder? Que te harás viejo. Que perderás todo: juventud, salud y belleza. Que padecerás disgustos. Que las criaturas te decepcionarán. Que morirás… y muchas más cosas.

A lo largo de estos últimos días, el Señor ha hablado a sus discípulos sobre el fin del mundo y su segunda venida. No sabemos cuándo llegará el día en que Él aparezca sobre las nubes mientras la Creación visible se desmorona. Pero todos tenemos nuestro «fin del mundo» particular, y ése llega conforme avanzan los años y la vida terrena va tocando su fin. Por tanto, estés o no estés en la Tierra el día en que vuelva el Señor, también tendrás tu apocalipsis en miniatura.

El Señor te tiende la mano. Tómala, apriétala con fuerza y no la sueltes. Mantente en vela, y escaparás de la muerte hacia la Vida.

(TOI34S)

Remedios para el mareo

Me sorprende que, cuando estamos por estos lares alcanzando temperaturas bajo cero, el Señor nos diga: Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.

Claro que, como va todo tan deprisa, seguro que, si me fijo en una higuera, a poco que me entretenga mirándola me doy cuenta de que me sobra el abrigo y las ramas se han llenado de brotes. Me miré una vez al espejo con quince años para comprobar que tenía pelillos en el bigote. Cerré los ojos. Los volví a abrir, y descubrí que donde ya apenas quedaban pelillos era en la cocorota. ¡Qué sabia es esa frase del salmo: Fui joven, ya soy viejo (Sal 37, 25)! En lo que tardas en pronunciarla se hace verdad.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Dicen que, mientras viajas, evitarás marearte si clavas la mirada en un punto fijo del horizonte. El único punto fijo que he encontrado en el viaje de la vida para clavar los ojos y no marearme es la palabra de Dios. No quisiera apartar de ella mi mirada jamás.

(TOI34V)

Salvando los muebles

«¿Qué es lo primero que salvarías de tu casa en un incendio?». ¡Qué pregunta tan típica! Y, para colmo, seguro que habrá quien responda: «¡El piano de cola!». No. Yo creo que la respuesta más popular debe ser «el teléfono móvil». Para muchos, salir de casa sin el móvil equivale a salir desnudos.

«¿Qué es lo primero que salvarías de tu casa en un incendio?». La mejor respuesta es «nada». Bastante tendrás con salvarte tú. Y, si el móvil está ardiendo, intentar salvarlo podría suponerte arder con él. Si es el piano de cola, ni te cuento.

Entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella. Volverá el Señor, y habrá algún idiota que vaya corriendo al garaje porque se le quema el coche. Arderá con tapicería y todo, pegado al asiento del conductor.

Cuando todo se incendie, lo único que quiero salvar lo llevo dentro: la gracia que ilumina mi alma. Y será ella la que me aleje del incendio y me lleve al encuentro de Cristo que viene. Alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

(TOI34J)

Quienes nos odian a causa de la verdad

He recordado, leyendo el evangelio de hoy, unas palabras que la serie «The Crown» atribuye a Margaret Thatcher: «Quien no tiene enemigos es un cobarde».

Os echarán mano, os perseguirán… y todos os odiarán a causa de mi nombre.

Cristo, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad (Jn 18, 37), fue perseguido a causa de la verdad. Y anunció que quienes lo siguiéramos también seríamos perseguidos.

No suena muy tranquilizador, pero quizá deberíamos preocuparnos si nadie nos odia. ¿Estamos siendo fieles a ese testimonio? Porque está claro que el apostolado cristiano es incompatible con caerle bien a todo el mundo.

No te estoy invitando a ir por la vida buscándote enemigos. Te estoy invitando a ir por la vida buscando amigos para Dios. Pero, si lo haces, encontrarás enemigos de la verdad que se volverán contra ti. Quien odia la verdad odia también a quien la proclama. Y, cuando encuentres a esas personas, y recibas desprecios de su mano, recuerda que deberás amarlos. Lo que tu palabra no ha logrado con ellos lo logrará tu sufrimiento, unido al de Cristo y ofrecido por sus almas.

No sé si es cobardía no tener enemigos. Sé que no deberíamos callar.

(TOI34X)

Gestos que iluminan las tinieblas

He visto a un padre de 35 años sonreír en su lecho de muerte, mientras prometía a su esposa y a su pequeña hija que los cuidaría desde el cielo. Un hombre me ha recibido con una sonrisa en el tanatorio, mientras velaba el cadáver de su hermano. He sabido que una mujer ha abrazado a la conductora que, por un error fatal, acababa de atropellar a su hija pequeña.

Para el mundo, estos gestos no tienen explicación posible. Cuando todo se desmorona, no es posible sonreír ni abrazar; sólo cabe llorar y tratar de ponerse a salvo a toda costa.

Llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida… habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

Cuando llegue ese día, y caigan las piedras mientras se desploman los astros y mueren los hombres, ¿habrá quienes sonrían?

Los habrá. Son los mismos que pudieron sonreír y abrazarse ante la muerte. Son quienes viven apoyados, no en las piedras, sino en la Roca, en quien no pasa, en Cristo. Son los discípulos de quien, sobre una cruz, ha vencido a la muerte para siempre.

(TOI34M)

Primero, la devoción

viuda pobreHay refranes, en nuestra lengua española, que deben haber sido inventados por el Diablo. Uno de ellos es ése tan manido que dice: «Primero la obligación; luego la devoción». Y, cuando echamos mano de él, englobamos en «la obligación» las diez mil tareas que tenemos a lo largo del día: trabajo, familia, compras, etc. Luego, cuando hayamos cumplido con todas esas «obligaciones», si queda tiempo y nos lo permiten las series de tv (con su correspondiente cuota mensual), dedicaremos tiempo y dinero a «la devoción», es decir, a los rezos y las limosnas.

Todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra. Y trataron a Dios como al perro. Porque al perro se le dan las sobras (tengo que corregir esta frase: algunos emplean más dinero en su mascota que en Dios). Reservan para la oración los últimos minutos del día, cuando ya están casi vencidos por el sueño. Y dejan en el cestillo de la iglesia las monedas que les han devuelto en el supermercado después de la compra.

No seas de ésos. Que no tienes más obligación en esta vida que la devoción, es decir, servir por entero a Dios. Primero, Dios. Después, nada más.

(TOI34L)

¡Dios mío!

No es lo mismo decir «mi bolígrafo» que decir «mi Dios». Al menos, no debería serlo. Hay quienes dicen «mi Dios» como dicen «mi bolígrafo». Se refieren a ese Dios de usar y guardar, al que recurren cuando necesitan ayuda del cielo. Luego lo devuelven a la capilla hasta que vuelvan a necesitarlo.

Pero, para un cristiano, decir «mi Dios» es como decir «mi amor». «Mi amor» no es mi posesión personal; al revés, cuando digo «mi amor» me entrego al ser amado. Y ese «mi», tan posesivo con el bolígrafo, se convierte en lazo que hace, de dos personas, una.

Que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos.

Es como una renovación de la Alianza: Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios (Jer 11,4). Y, en el Cantar: Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado (Ct 6, 3).

Dile, con emoción: «¡Dios mío!». Y esa preciosa jaculatoria os unirá a Él y a ti en amor eterno. Mientras Él sea tu Dios, vivirás para siempre.

(TOI33S)

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