El Mar de Jesús de Nazaret

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Espiritualidad digital

El cepo

San Pablo soñaba, lleno de alegría, poder contarse entre quienes vieran volver a Cristo entre las nubes antes de morir. Según él, quienes tengan ese privilegio no pasarán por la muerte. Verán resucitar a quienes murieron, y, después, nosotros, los que vivamos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor por los aires (1Tes 4, 17). No os extrañe el que el Apóstol se imagine volando; no tiene nada de extraño. Al fin y al cabo, los cuerpos de los santos serán transformados a semejanza del cuerpo glorioso de Jesús. Por tanto, serán gráciles, y obedecerán dócilmente al espíritu.

Aunque no todos podrán alzarse. Algunos lo intentarán, y no podrán, porque tienen los pies atrapados en un cepo: las criaturas y los bienes de este mundo los han encadenado a tierra, y les impedirán alzar el vuelo.

Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día.

¿No te sucede lo mismo cuando intentas rezar, y el pensamiento no se eleva hacia Dios porque está atrapado en tus problemas?

En cuanto a juergas y borracheras… En fin, ten cuidado.

(TOI34S)

Películas con final feliz

Signos de los tiempos: Hace años que las películas dejaron de tener final feliz. No siempre lo tuvieron, es cierto; pero ahora no lo tienen casi nunca. Son frecuentes los finales de silencio, es decir, de muerte.

Pero es que las películas son el reflejo —y, a veces, las fabricantes— de la visión de la vida de quienes las hacen y las ven. Si, para muchos, el silencio es el final de la vida, ¿qué hay de extraño en que sea el final de las películas?

De muerte nos ha hablado el Señor en estos días: guerras, hambres, pestes, revoluciones… ¿Algo nuevo? ¿Algo que no estemos viendo cada vez que encendemos el televisor o abrimos la prensa?

Sí. Algo enteramente nuevo: Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Por eso el cristiano es capaz de sonreír en medio de las peores adversidades: sabe que la verdadera película, la película de Dios, termina bien. Y, cuando conoces el final, los sustos asustan menos.

A Dios, como a mí, le gustan las películas con final feliz. Y Él es el director definitivo. No habrá «The End» hasta que Él no lo firme con una victoria.

(TOI34V)