Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Espiritualidad digital

Déjate mirar, déjate guiar

vigaQuizá sea una de las enseñanzas evangélicas más aceptadas y menos obedecidas:

No juzguéis, para que no seáis juzgados… ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo?

No conozco a nadie que no esté de acuerdo. Y tampoco conozco a nadie que lo cumpla. Yo mismo lo estoy incumpliendo, al presumir que vosotros tampoco lo cumplís. Qué lío.

Juzgamos con una facilidad espantosa. ¿Nunca has salido a la calle por la mañana y te ha parecido que todo el mundo era idiota? Tu marido es un xxx, tu mujer es xxx, este hijo tuyo es xxx, los políticos son todos unos $$$@@… En fin, que vemos todas las motas en todos los ojos, y apenas vemos la viga en el nuestro. ¿Cómo vamos a verla, si está tan cerca? A veces nos flagelamos con rabia, y otras (las más) nos justificamos sin merecerlo.

¿Qué haremos? Dejar de mirar, nuestros ojos no funcionan. Y dejarnos mirar; dejarnos mirar por Dios con esa misericordia con que siempre nos mira quien tanto nos ama.

Y pedirle al Señor que retire la viga de nuestros ojos. Pero, mientras la tengamos… dejarnos guiar.

(TOI12L)

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Los dos señores

Cuando Jesús dice a sus discípulos: no podéis servir a Dios y al dinero, en la palabra «dinero» están incluidos todos los bienes terrenos. Por eso, acto seguido, el Señor exhorta a los suyos a no preocuparse por el alimento, ni por el vestido. Los «dos señores», por tanto, no son Dios y un puñado de monedas, sino Dios y los afanes de este mundo.

Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. Sabiendo quienes son esos «señores», las palabras de Jesús nos resultan más fáciles de entender.

El santo desprecia los bienes de este mundo, tiene en nada todo aquello por lo que los hombres se afanan y trabajan, y, así, su corazón es libre para amar a Dios. San Pablo decía que lo daba todo por perdido y lo tenía por basura con tal de ganar a Cristo.

El hombre de este mundo, en cambio, se dedica a los afanes terrenos: su pensamiento está lleno de problemas, de planes, de urgencias, de agobios… Tan lleno de tierra está su pensamiento, que no hace caso de Dios.

¿Dónde estás tú?

(TOI11S)

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Chispazos de sabiduría

Mi ordenador se cuelga. Los datos de mi teléfono móvil se atascan. El otro día me saltó un cristal de las gafas mientras leía el periódico. Mis digestiones son horribles. Tu marido ronca. Tu mujer se enfada. Tus hijos no estudian. En el supermercado pagué 5 euros de más y todavía no me los han devuelto. Los envíos de paquetes llegan tarde. Tu cuñado te sigue debiendo dinero…

Aquí todo falla. No hay nada, ni nadie, que funcione bien durante todo el tiempo. Y no hay nada, ni nadie, que no se gaste, se estropee, o se muera. La salud se deteriora. La honra se pierde. O lo aceptas desde el principio, o pasarás la vida enfadado. Tú eliges.

No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen. Te lo dice la propia Sabiduría encarnada: si intentas tener tus tesoros en este mundo, lo perderás todo, hasta el buen humor.

Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen. Pero si tu tesoro es Cristo, bienaventurado tú. Cristo jamás te fallará. Y, aunque puedan quitarte todo en esta vida, nada ni nadie podrá separarte del Amor de Cristo.

(TOI11V)

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Santificado sea tu nombre

La mayor parte de las peticiones del Padrenuestro requieren poca explicación. Sabemos lo que pedimos cuando rogamos que se haga su voluntad, que nos dé el pan de cada día, que nos perdone, que nos proteja en la tentación y que nos libre del Maligno. Pero ¿qué significa santificado sea tu nombre?

Lo primero que debes saber, para entender esta petición, es que el nombre de Dios era impronunciable para los judíos. Y así fue, hasta que Dios se encarnó. Desde que Dios se hizo carne, el nombre de Dios es Jesús.

Y ahora me preguntarás: «Entonces, ¿santificado sea tu nombre significa que sea santo el propio Jesús? ¿No es Él el santo de los santos?

Sí… y todavía no. Cristo es ahora Cabeza y cuerpo. Desde el día de tu bautismo, tú eres miembro del cuerpo de Cristo. ¿Eres santo tú? ¿No? Bueno, pues, mientras no lo seas, el nombre de Dios –Jesús– aún tiene que ser santificado en ti. Esa petición se habrá cumplido cuando seas, realmente, otro Jesús, otro Cristo.

Por eso, cuando, en el Padrenuestro, pedimos santificado sea tu nombre, lo que realmente estamos pidiendo es que la vida de Jesús brille en nuestras propias vidas.

(TOI11J)

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Quien te mira con ojos de Padre

Creo que era Jean Paul Sartre quien decía que la mirada del otro te convierte en objeto. Fuera él o no, la frase tiene su miga. Y mucha relación con lo que dice hoy Jesús en el Evangelio:

Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos. Cuando actúas para ser visto por la gente, como los fariseos, podrás lograr caer muy bien a la mayoría (jamás a todo el mundo). Pero, por muy bien que caigas, por mucho que te alaben, o incluso aunque te veneren, no dejarás de ser un saltimbanqui, un muñeco, un pelele movido por las expectativas de los hombres.

Cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Quizá Sartre olvidó algo: hay una mirada que no te convierte en objeto, y es la de Dios. Esa mirada te convierte en hijo, porque es mirada amorosa de Padre. Tu Señor, que ve en lo escondido, te mira siempre con cariño; no tienes que ganarte su Amor haciendo méritos. Bendita mirada, y dichoso quien vive sólo para esos ojos.

(TOI11X)

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Para amar como Dios

Piensa en alguien con quien tengas especial afinidad: un buen amigo, alguien en quien confías.

Piensa en alguien que te ha hecho daño o que, simplemente, te resulta especialmente antipático.

¿Tratas por igual a los dos? ¿Los amas por igual? ¿Te entregas de igual modo a ambos?

Lo cierto es que, normalmente, comerciamos con el amor. Amamos más a quien más nos ama, y tratamos mejor a quien mejor nos trata. Es duro reconocerlo, pero apenas regalamos nada: nuestro corazón siempre busca una contraprestación por los servicios. No le culpes. El pobre está sediento de cariño.

Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos.

Sólo el Espíritu puede otorgarnos la gracia de amar como Dios. Porque Él es el mismo Amor divino y, al alcanzar el alma, llena el corazón y sacia toda su sed de afecto. Quien se sabe tan amado por Dios puede amar por igual a amigos y enemigos, porque no necesita paga; ya está pagado por el mejor Pagador.

Pero, para recibir ese Amor, y recibirlo de esa manera, sólo conozco una receta: oración y sacramentos.

(TOI11M)

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En resumen: déjate comer

Sagrada HostiaQuizá nos guste leerlo, pero nos cuesta aceptarlo: Si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto. Si lo llevamos a la vida, tal como suena, creemos que nos tomarán por idiotas, se nos echarán encima, y seremos el felpudo de la Humanidad. ¿De verdad Dios nos pide «eso»?

Habría que realizar la pregunta mirando a un crucifijo, y recordando a quién estamos siguiendo. Desde luego, nadie tomó a Cristo por idiota. Pero en verdad se le echaron encima y lo pisaron hasta aplastarlo. La Pasión fue una comunión sacrílega: el sacratísimo cuerpo del Salvador fue devorado por chacales. Y Él, como hace en la Eucaristía, se dejó comer. Se sigue dejando comer hoy, en cada Hostia, tanto por quienes se lo comen a besos como por quienes lo profanan.

Por tanto, no te engañes, ni busques interpretaciones «tranquilizadoras» el Evangelio. A ti, que comulgas, el Señor te pide que te dejes comer; que seas, también Eucaristía. Y que, si alguien viene a darle un mordisco a tu tiempo, a tu honra, o a tu amor propio, te quejes tanto como se quejó Él: nada.

(TOI11L)

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