Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Página 2 – Espiritualidad digital

Las dos luces de junio

El mes de junio brilla con dos luces: la Eucaristía, cuyo esplendor celebramos el día del Corpus, y el Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta también disfrutamos este mes. No permitas que ambas luces resplandezcan sólo un día; deja que iluminen tu oración durante todo el mes. Por ejemplo:

Todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado… Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano.

Sólo mirando el corazón traspasado de nuestro Salvador podemos entender sus palabras acerca de la mansedumbre hacia los enemigos. No nos pidió nada que, en la Cruz, no hiciera Él. Y esa misma mansedumbre con que perdonó a sus verdugos mana de la fuente de su costado para que la bebamos y la vivamos también nosotros.

No podemos acercarnos al altar de Dios y comulgar el cuerpo de Cristo si nuestros corazones no están llenos de esos sentimientos de perdón. ¡Cómo introducir el Señor en la casa del odio! Reza bien el Padrenuestro antes de comulgar: «Como también nosotros perdonamos».

(TOI10J)

Abrir y escuchar en varios idiomas

Brocha gorda, piedad flaca

Un pintor de brocha gorda puede pintar una pared. Pero, con semejante instrumental, no podría pintar un retrato… O sí. Atiza cuatro brochazos de cuatro colores: uno para la cara, otro para el pelo, otro para el fondo y otro para la ropa. ¡Ya está! ¡En tres minutos! Y, si le preguntas dónde están los ojos, y dónde la sonrisa, te dice que eso no importa, que ya se nota dónde está la cara.

Dios no quiere que pintemos una pared; quiere un retrato de su Hijo. Un cristiano no puede ser pintor de brocha gorda: la media hora de oración le dura veinte minutos (¡ya está!), pide perdón a su hermano levantando una ceja (¡él ya entiende!), si llega al Credo le vale la Misa (vale, ¿verdad, padre?), hace la genuflexión como quien recoge un euro del suelo (¡Dios ya me entiende!), y sus rosarios se componen de «ssalvemaríallenasdegracia» (¡que hay prisa!).

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Cuida lo pequeño, por favor. Suelta la brocha y toma el pincel. Que es para Dios el retrato.

(TOI10X)

Abrir y escuchar en varios idiomas

Sal y luz, pero de Dios

Sal de la tierra y luz del mundo quisieran ser muchos, aunque cada uno a su manera.

Hay quien quisiera ser siempre el más «salado», el simpático del grupo, el chistoso de la fiesta, la sal de todos los platos. Y los hay, también, empeñados en brillar a toda costa, en lucir y lucirse, en deslumbrar a cuantos se acerquen. A todos ellos los une el que necesitan, para vivir, del aplauso y la aprobación de los demás. Sin la mirada ajena, pobrecitos, dejarían de existir.

Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo. Pero nuestro público es Dios. En la tierra, somos sal y luz porque somos Cristo, aunque nos desprecien y persigan como a Él.

La sal no sólo da sabor; también escuece cuando se vierte en una herida. Y son muchas las heridas de este mundo. Por eso le regalamos al mundo la verdad, aunque le escueza.

La luz no sólo ilumina; también pone al descubierto la suciedad. Y hay mucha suciedad en este mundo. Por eso llamamos «pecado» a lo que es pecado.

No estamos en el mundo para cosechar aplausos. Estamos en el mundo para ser Cristo. Sal y luz.

(TOI10M)

Abrir y escuchar en varios idiomas

Beatus ille homo…

Bienaventurados los pobres, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre, los misericordiosos, los limpios, los que trabajan, los perseguidos

Al final, y como resumen, echemos mano de un antiguo dicho latino: «Beatus ille homo qui sedet in sua domo», bienaventurado el hombre que se queda en casa.

Bienaventurado aquél que encuentra su casa en la bendita gruta del costado abierto de Jesús en la Cruz, y allí tiene sus delicias. Su alma está saciada con el agua que brota a raudales de esa fuente, y su corazón se alimenta de los sentimientos de Cristo. Día y noche, el pensamiento del Señor lo colma de paz, y el nombre de Jesús, paladeado sin cesar en el alma, lo embriaga con su dulzura. Y, todo ello, en medio de los mil afanes de esta vida. Conduce por la autopista, y saborea el Amor divino. Compra en el supermercado, y se deleita interiormente con la compañía del Salvador.

Un alma así no necesita nada más; Dios le basta. Y en medio de la pobreza, de la persecución, de las lágrimas o de la incomprensión, su corazón rebosa de alegría y de paz, porque está en Casa. El Cielo en la tierra.

(TOI10L)

Abrir y escuchar en varios idiomas

Si tú y yo fuéramos santos…

viuda pobreContra todas las expectativas que se habían generado en torno al Mesías, Jesús nunca hizo una condena del Imperio Romano, ni de su dominación sobre Israel. Las palabras más duras del Señor, curiosamente, no fueron para los gentiles, sino para las personas más religiosas de su época, los escribas y fariseos.

¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes. Esos recibirán una condenación más rigurosa.

El motivo de que el Señor fuera más duro con los judíos que con los gentiles me parece claro: Si Israel fuera santo, el mundo cambiaría. Pero si el pueblo elegido, bajo la dirección de unos líderes hipócritas, caía en la tibieza, atraería sobre sí todos los males.

San Pablo hizo lo mismo. Sus mayores ataques no fueron contra los paganos, sino contra los pecados de los cristianos. Él sabía que una Iglesia santa cambiaría el mundo.

¿Qué provecho sacas bramando contra políticos y periodistas? ¿No acabarás llenando de odio tu corazón? Emplea esa furia, más bien, en erradicar tu tibieza. Si tú y yo fuéramos santos, el mundo cambiaría.

(TOI09S)

Abrir y escuchar en varios idiomas

La trampa definitiva

Primero los fariseos, después los saduceos y, a continuación, los escribas… ¿Queda alguien ahí? Las tres trampas habían fallado. Y nadie más parecía querer intentarlo de nuevo. Era el turno de Jesús. ¿Os gustan las trampas? Pues, atentos.

¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: «Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies». Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?

Impresionante. Son los hijos quienes llaman «Señor» a los padres, no al revés. Si el Mesías es hijo de David, ¿por qué David lo llama «Señor»? ¿Acaso es más el hijo que el padre? ¿O será que el Mesías, además de ser hijo de David, es superior a él?

Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto. Fariseos, saduceos y escribas tumbados en la lona con un solo golpe. ¿Cómo no iban a pasárselo bien?

Nosotros nos quedamos hoy con el salmo: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies. Porque hay batallas que se ganan sentados. ¡Cuántas victorias, en media hora de oración ante el sagrario!

(TOI09V)

Abrir y escuchar en varios idiomas

El primer mandamiento son dos

Después de la trampa de los fariseos vino la de los saduceos. Y, fracasadas ambas intentonas, los escribas se acercaron al Señor para tenderle también la suya.

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» ¡Cuántas discusiones, en la sinagoga y en el Templo, sobre la dichosa pregunta! Quizá el escriba esperaba que Jesús diese la razón a unos o a otros. Pero la respuesta del Señor rompió el nudo gordiano de aquellas disputas académicas con un tajo sorprendente: El primer mandamiento son dos. El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». El segundo es este: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No hay mandamiento mayor que estos.

El escriba quedó sorprendido: Muy bien, Maestro. Sin duda tienes razón. Asunto zanjado…

¿O no? ¿Lo tienes claro tú? Si tu oración no te lleva a entregarte más al prójimo, a perdonar más, y a ser más paciente con los tuyos, no creas que, por rezar mucho, estás amando a Dios. Tan sólo te estás escondiendo.

(TOI09J)

Abrir y escuchar en varios idiomas
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de sus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad