Evangelio 2022

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Página 2 – Espiritualidad digital

Desalojando bandidos

temploEntra en el templo con Jesús, e imagina el alboroto de los vendedores, los mugidos de vacas y bueyes, las exclamaciones de quienes regateaban y el trasiego de hombres y animales. ¿Entiendes el dolor del Unigénito, al ver la casa de su Padre convertida en tugurio de mercaderes?

Escrito está: «Mi casa será casa de oración»; pero vosotros la habéis hecho una «cueva de bandidos».

Dime si hay menos ruido en tu alma: asuntos que te preocupan, placeres que te distraen, caprichos que te reclaman… ¡Menudo jaleo! Preferiría no estar en tu cabeza. Aunque, francamente, la mía tampoco es, precisamente, un oasis de silencio.

Por eso conviene que los viernes hagamos un pequeño ayuno para purificar el alma y convertirla, de nuevo, en casa de oración. Igual que empleó Jesús una santa violencia en el templo, empleémosla nosotros en el santuario interior, y expulsemos de allí consuelos que alborotan y ahogan el silencio. Un poco menos de comida, o de bebida, o de ruido… y mucha presencia de Dios.

Y después, por la tarde, con el alma más calmada: la Cruz, en el centro. Medita la Pasión de Cristo. Y será tu alma casa de oración, como Dios la quiere.

(TOI33V)

Conoce a quien te visita

Entre lágrimas, Jesús reprochó a Jerusalén: No reconociste el tiempo de tu visita.

Sorprende la expresión. ¿Acaso el Hijo de Dios vino a la tierra de visita? Las visitas vienen, y después se marchan. Pero nos gustaría pensar que Jesús vino a la tierra para quedarse.

Cristo, en carne mortal, estuvo en la tierra apenas treinta y tres años. Para quienes no lo acogieron como Hijo de Dios, aquello fue una visita bastante perturbadora. Pero quienes lo acogieron como Hijo de Dios recibieron su Espíritu, y ese Espíritu mora en las almas de los cristianos hasta la consumación de los tiempos. Con ellos, en verdad, se quedó.

Lo mismo sucede cuando comulgas. Viene Jesús a tu cuerpo de visita. Apenas tardan diez minutos en disolverse las sagradas especies. Pero si, en ese tiempo, abres de par en par las puertas del alma, el Visitante se convierte en Huésped: El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él (Jn 6, 56).

Por eso, cuida que no se diga de ti: No reconociste el tiempo de tu visita. Conoce a quien viene a Ti, y acoge a quien te visita, para que no se marche.

(TOI33J)

El mejor negocio

Para un cristiano, la vida es negocio. Y buen negocio. Por eso el rey de aquella parábola dijo a sus siervos: Negociad mientras vuelvo. También te lo han pedido a ti.

El mandato de Cristo no supone, simplemente, hablar de Dios o empeñarse en actividades apostólicas. «Negocio» significa «Nec-otium»; es decir, que negociar supone no estar ocioso, aprovechar el tiempo.

Negocias cuando te levantas a tu hora de la cama cada mañana, venciendo a la pereza; cuando llegas puntual a tu trabajo y lo realizas con perfección, como ofrenda a Dios; cuando llega la hora de rezar e interrumpes la lectura del periódico; cuando entras en la iglesia antes de que comience la Misa; cuando descansas a tu hora. Y también negocias cuando hablas de Dios en el momento adecuado y a la persona que lo necesita, tras haber rezado por ella. No es menos negocio cocer bien un huevo que impartir una catequesis, si ambas tareas las llenas de amor de Dios y las realizas en su momento.

Minuto a minuto, entregas la vida en obediencia, y ese sacrificio da fruto de almas. Incluso morir a su hora es negocio. Y salario, bendito salario, escuchar: ¡Muy bien, siervo bueno!

(TOI33X)

Un evangelio escrito por un loco

zaqueoTe contaré una historia increíble, pero cierta:

Cuando Jesús vio a Zaqueo subido al árbol, le dijo: Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa. Zaqueo bajó, abrió las puertas de su morada a Jesús, y le dijo: «Ponte cómodo». Después se marchó al bar para beber con sus amigos, y al Señor lo dejó solo en la casa durante toda la noche. Cuando, al amanecer, volvió borracho, Jesús ya se había marchado.

Parece un evangelio escrito por un loco. Y, sin embargo…

¿No se hace realidad este evangelio escrito por un loco cuando te acercas a comulgar, introduces en tu cuerpo al Señor, y te dedicas a pensar en cualquier cosa menos en Aquél a quien recibiste? ¿No se hace realidad cuando, finalizada la misa, sales corriendo de la iglesia, con el Señor aún en tu cuerpo, y te dedicas a charlar con el primero que encuentras sin prestar atención a tu Huésped? ¿O cuando al Espíritu Santo, que mora en tu alma en gracia, lo dejas solo, porque vives fuera del alma, volcado en las cosas del mundo?

Pido a Dios que no seamos los locos que escribieron tan disparatado evangelio.

(TOI33M)

Señor, que recobre la vista

Dime cuál es peor ceguera: la de quien nada ve, o la de quien ve demasiado.

Señor, que recobre la vista. Lo pedía un pobre hombre que no veía nada. Pero conozco yo a personas que nada ven y, en medio de esas sombras, contemplan abismos de Amor y belleza.

Señor, que recobre la vista. Te lo pido yo también, Señor, porque veo demasiadas cosas, y todas ellas son tinieblas que me ciegan y me impiden verte a Ti. Si me concedes la dicha de tu rostro, ya no fijaré mis ojos en nada ni en nadie más que en Ti, y tu claridad alumbrará mi alma. Entonces, esas cosas que ahora me ciegan, esclarecidas por tu resplandor, también me hablarán de Ti.

Tú eres la luz. Y quien no te ve camina en la peor de las cegueras: la de las pantallas de los teléfonos móviles, la de los rostros sin brillo, la de los cuerpos sin alma, la de calles y edificios sin vida. Dime si no es ceguera mirar a un sagrario y ver una caja, mirar a un altar y ver una piedra, mirar a un hombre y ver sólo carne.

Señor, que recobre la vista.

(TOI33L)

¿Sigue llorando la viuda?

Aquella viuda de la parábola, que insistía ante el juez implorando justicia, muestra una imagen sorprendente de la Iglesia. Ella es la esposa de Cristo, y Cristo vive, pero se siente viuda porque su Esposo murió, y ya no puede ver su rostro.

Hazme justicia frente a mi adversario. La viuda quiere un juicio, y lo quiere ya, porque, mientras el juicio se dilata, su adversario la sigue ultrajando.

«Marana Tah!», «Ven, Señor Jesús». Así gritaban los primeros cristianos, aquella Iglesia que se sentía viuda, azotada y perseguida por el Maligno.

¿Y si hiciéramos nuestra esa santa melancolía? ¿Y si acogiéramos la herencia que aquellos apóstoles y mártires nos dejaron, y volviéramos a mirar al cielo, bañados los ojos en lágrimas, gritando: «Marana Tah»?

Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? No sé… Me pregunto si la viuda habrá dejado de llorar. No quisiera pensar que esa mujer, al final, ha llegado a un acuerdo de convivencia con el adversario: «Tú me molestas menos, y yo dejo de llorar». La mera idea de una Iglesia que se siente «en casa» en este mundo me aterra. Porque, si la viuda no llora, ¿qué justicia podrá esperar?

(TOI32S)

Mientras todo se cae…

Me fascina ese lema de los cartujos: «Stat Crux dum volvitur Orbis». La Cruz permanece en pie, mientras el mundo da vueltas. Todo pasa, mientras ella se yergue, majestuosa, sobre el Cosmos y la Historia. Quien en ella clava su mirada, tendrá el corazón anclado en lo eterno.

Comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre.

Cada época tiene sus profetas del fin del mundo. Son mentecatos que creen que el Apocalipsis comienza con ellos. Los últimos días comenzaron cuando Cristo trazó una Cruz en la frontera entre la Historia y la eternidad.

¿No ves que todo se desmorona? Eras joven, y eres viejo. Los que vivían murieron. Los que reían lloraron, y quienes se alzaron como dioses de barro cayeron devorados por gusanos. Vivimos en el epicentro de un seísmo.

Sólo la Cruz permanece en pie. Y permanecerá hasta el fin, cuando una luz la traspase desde el otro lado, y veamos regresar, a través de esa misma puerta, al Amor.

Jamás apartes tu mirada de esa Cruz. Abrazado a ella, permanecerás.

(TOI32V)

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