Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Página 2 – Espiritualidad digital

Amor operativo

Resulta conmovedor leer cómo tantas personas, al saber que Jesús de Nazaret se encontraba en los alrededores, pensaban en sus familiares y amigos enfermos y los llevaban ante la presencia del Maestro:

Cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. ¿De qué hubiera servido decirle a un paralítico: «Jesús está cerca», si el pobre no podía moverse? Era preciso levantar la camilla y cargar con el enfermo hasta llevarlo a la presencia del Señor. Con toda seguridad, lo hicieron con una enorme alegría, que se vería consumada cuando el que llegaba hasta Jesús en camilla volvía a casa por su propio pie.

¿Crees que has hecho bastante por aconsejarle a un pecador que se confiese? Algo has hecho, desde luego; incluso más de lo que hacen muchos. Pero ¿no te das cuenta de que el pecado tiene al pecador paralizado? ¿De verdad esperas que, tras oír tu consejo, ese amigo tuyo va a salir de casa en busca del confesonario más próximo? ¡Si ni siquiera sabe dónde está!

Anda, ve con él. Preséntale al sacerdote, quédate rezando mientras confiesa y celébralo después con él.

¿Sabes cómo se llama eso? Amor operativo. El único posible.

(TOI05L)

Tiempo entregado, tiempo aprovechado

Cuando Jesús y sus apóstoles, fatigados, quisieron apartarse para reposar un poco y hablar tranquilamente, de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles.

Me gustaría deciros que aquellas gentes cambiaron sus vidas tras haber escuchado al Señor, y caminaron en pos de los silbidos del Pastor bueno. Pero, siendo realistas, decir eso sería demasiado atrevido. Muchos no entenderían las palabras de Jesús. Y, entre quienes las entendieran, la mayor parte saldría diciendo maravillas del sermón para, después, seguir haciendo lo que les viniera en gana. Si la predicación de Jesús hubiera tenido efecto inmediato sobre los hombres, Cristo no habría muerto despreciado en una cruz.

Sin embargo, aquella mañana Jesús había renunciado a su descanso por aquellos hombres; se había fatigado aún más con ellos; les había dado unas horas de su vida, y esa ofrenda terminaría de entregarla en la Cruz. Así los redimió. Así fue su Pastor. Así les obtuvo el Espíritu que les permitiera entender y cumplir sus palabras.

La predicación es necesaria… Pero las almas se redimen con sangre.

(TOI04S)

Cuando desatas a la bestia…

El día de autos: Cumpleaños de Herodes. Alcohol sin medida. Danza de los siete velos. Lujuria descontrolada. Y una petición: La cabeza de Juan el Bautista. Un rey borracho y encendido en lascivia no puede negar nada a la de los siete velos. Trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven.

Al día siguiente: No despierten al Rey hasta las doce. Enorme dolor de cabeza. ¡Menuda torrija, la de anoche! Creo que hice algo malo… Y, como un rayo, en su espeso pensamiento se ilumina la imagen del criado, la bandeja, y la cabeza del Bautista… Una losa aplasta su alma. Ya no tiene remedio.

Un año después: El rey Herodes oyó hablar de Jesús. Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado. El fantasma de Juan sigue persiguiendo a Herodes. Y lo perseguirá de por vida. Hay pecados que se cometen en diez minutos de una noche de pasión, y acosan al pecador durante años.

«Señor juez, estaba borracho». Haberlo pensado antes de empezar a beber. Quien desata a la bestia se hace responsable de los estragos.

Sed sobrios, por favor. Excepto en el amor a Dios, sed sobrios en todo lo demás.

(TOP04V)

Anacoretas de salón

Se me quejan algunos de que siempre hay alguien rezando en la iglesia; ellos quisieran estar solos junto al Santísimo. Y me parece un deseo muy romántico, pero también me parece una idiotez. Pocas veces he experimentado tanta intimidad con el Señor como en la Basílica del Salvador, en Jerusalén, subido a la roca del Calvario, y recogido en oración mientras decenas de personas pasaban, hacían fotos, hablaban e incluso discutían entre ellos. Salvo por las fotos, ¿no debió ser ése el ambiente que allí reinó mientras Jesús colgaba de la Cruz?

Los fue enviando de dos en dos. Podía haberlos enviado de uno en uno, y hubiese tenido doce misiones en lugar de seis. Pero los envió de dos en dos porque no es bueno que el hombre esté solo (Gén 2, 18). Hasta los antiguos anacoretas se acababan viendo rodeados de cristianos que les pedían consejo y auxilio espiritual.

No hay santidad sin hermanos. Dios quiere que tengamos siempre cerca a alguien a quien amar, es decir, a quien soportar. ¡Quién sabe si, al emparejar a los apóstoles, Jesús hizo caminar juntos a los menos afines!

Mira a tu prójimo; el camino hacia Cristo pasa siempre por él.

(TOI04J)

Quisiera reescribir el Evangelio

Hoy quisiera reescribir el Evangelio. Aunque parezca una osadía, quisiera darle la vuelta y hacerle decir lo contrario de lo que dice. Hoy visita el Señor a los suyos, a sus parientes y amigos, a los vecinos de su niñez y a sus antiguos compañeros de juegos. Hoy, llorando por dentro, exclama:

No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

Y, en mi osadía, que quizá es también la vuestra, quisiera yo hacerle decir a nuestro Redentor:

«Donde más me quieren es en mi casa. Allí me siento amado, adorado y obedecido. Mi delicia es estar en mi casa con los míos».

Nosotros somos los suyos. Quienes formamos la Iglesia peregrina somos su casa en la tierra. Y en nuestras manos está el darles la vuelta a los evangelios y hacer que Jesús cambie sus palabras por las que nosotros quisiéramos oír.

Tratémosle bien; recordemos que, en este mundo, Jesús sólo nos tiene a nosotros. Visitémosle todos los días en el sagrario; escuchemos su voz; comulguemos su Cuerpo con reverencia y adoración; hagamos que el Señor se sienta en casa con nosotros. Ojalá fuéramos Betania. Ojalá fuéramos el Hogar de Nazaret.

(TOI04X)

Antes de embarcar…

¡Qué bien comprendemos a aquel hombre, a quien Jesús había liberado de muchos demonios! Mientras Jesús se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él. También Eliseo, mientras Elías embarcaba hacia los aires, hubiera deseado seguir a su padre en el vuelo. Y los apóstoles, el día de la Ascensión, hubieran deseado ascender con Cristo. Y María Magdalena, cuando quiso retener al Señor junto a ella. Y nosotros… ¡Cómo nos gustaría estar con Él, en el cielo!

Pero no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo». Iremos con Él; pero todavía no. Antes debemos anunciar a los hombres lo que el Señor ha hecho con nosotros. Por eso nos hemos quedado en este mundo, con la misión de que todos los hombres conozcan el nombre de Cristo.

Hasta que llegue el día en que embarquemos, cometeríamos un gran pecado si nos quedásemos esperando en la playa, encerrados en los templos y agrupados entre nosotros para defendernos del mundo. Porque ese mundo es el que quiere el Señor introducir en su barca. Y, para ello, cuenta contigo.

(TOI04L)

Mientras Jesús duerme

Nuestros sábados huelen a sepulcro. Y huelen bien, porque en ese sepulcro reposó el cuerpo del Hijo de Dios de todo lo que había trabajado redimiendo al hombre, igual que en sábado reposó el Creador después de formar cielos y tierra.

Nos falta fe; deberíamos acercarnos más a la Virgen. Porque acudimos a ese sepulcro, donde duerme el Redentor, y estamos sobresaltados por el miedo. Supongo que a los apóstoles les sucedería lo mismo. Parece que las tinieblas cubren la tierra, parece que el mal ha vencido al bien, parece que Satanás ha ganado la batalla, parece que la muerte campa a sus anchas… Parece. Sólo parece.

Pero nos asustamos, como aquellos doce: Maestro, ¿no te importa que perezcamos?

¡Qué pregunta, para hacérsela a un Dios dormido que ha muerto para darnos vida!

La Virgen, dulcemente, nos reprende: No despertéis, no desveléis al Amor, hasta que le plazca (Ct 2, 7), hasta que Él mismo se ponga en pie, ordene silencio a la muerte, y nos lleve seguros a la otra orilla.

Es cierto; vivimos un largo sábado santo. Pero habrá un domingo. Por eso necesitamos a la Virgen. Ella lleva en su inmaculado corazón la luz de nuestra esperanza.

(TOI03S)

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