Libros de José Fernando Rey Ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Página 2 – Espiritualidad digital

Un regalo inmerecido

¿Cuántas veces al día rezas el Padrenuestro? ¿Eres consciente de lo que dices? ¿Te das cuenta de que esa oración es un regalo inmerecido?

El hombre no es hijo de Dios por naturaleza. Naturalmente, somos criaturas de Dios, no hijos. Llamar «Padre» a Dios es privilegio de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Pero tanto nos ha amado quien nos creó, que, aun a precio de la sangre de su Unigénito, ha derramado en nuestras almas, por el bautismo, el Espíritu de su Hijo, y así nos ha convertido en hijos de Dios. Jamás merecimos tanta predilección.

No lo olvides. Cuando digas «Padre», saborea la gracia divina en tu alma y agradécela. Cuando «estás en los cielos», recuerda que el Cielo está en ti. Cuando «santificado sea tu nombre», piensa que puedes ser santo. Cuando «venga tu reino», no olvides que el Rey es tu padre. Cuando «hágase tu voluntad», obedece como hijo. Cuando «danos hoy nuestro pan», asómbrate de que puedas comulgar. Cuando «perdona nuestras ofensas», maravíllate de que tanto nos haya perdonado. Cuando «no nos dejes caer», agradece lo mucho que has sido elevado. Cuando «líbranos del mal», abrázate fuerte a Dios. Y cuando «amén»… Un beso.

(TOI11J)

Ratos de oración «calientes»

«Lo primero que hago, cada mañana, es mi rato de oración»… Mientras lo escuchaba, yo asentía con la cabeza. Es cierto que comenzar el día rezando es muy saludable. Pero, poco después, quien me hablaba añadió una coletilla: «No sabe usted lo bien que se levanta uno de la cama después de ese tiempo de recogimiento». Casi me abro las venas. De modo que mi piadoso interlocutor hacía la oración ¡en la cama! ¡Claro! ¡Por eso tantos días me decía que se quedaba dormido rezando!

Entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Es muy hermosa la oración que se hace en el cuarto. Pero, por favor, ¡decoro! Preséntate ante Dios como un enamorado ante el amor de su alma: te aseas, te vistes, te peinas… y te arrodillas, o te sientas. Si así lo haces, podrás decir que te has aseado y vestido para Dios. Y que esa postura corporal tan digna y hermosa sólo Dios la aprecia.

No digo que no reces mientras estás en la cama; digo que no te quedes en cama mientras haces la oración. ¡Gandul!

(TOI11X)

A oferta infinita, precio cero

Se acerca el verano, y muchos se disponen a abandonar sus casas para buscar el bronceado perfecto. Pagarán el viaje, pagarán el hotel, pagarán la paella, y pagarán hasta la toalla. Pero el sol no lo pagarán, porque el sol, cuando brilla, es gratis.

Amad a vuestros enemigos, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos.

¿Por qué es gratis el sol, y no vende su luz a tanto el rayo? Porque a Dios le sobra poder, y al sol le sobra luz. Ambos andan sobrados, y nada pierden al repartir sus dones. A oferta infinita, precio cero. Economía de mercado.

Por eso, sólo quien anda sobrado de amor puede amar incluso al enemigo. Cuando tienes poco amor, le pones precio, y sólo tus amigos, que pagan con amor tu amor, lo disfrutan. Pero cuando te sabes tan amado de Dios que te sobra amor, como al sol le sobra luz, puedes amar incluso a quien te odia.

Ayer decíamos que hay que ser muy feliz para cumplir el Sermón de la Montaña. Hoy te digo lo mismo, con diferentes palabras: hay que saberse muy amado para amar al enemigo. Reza.

(TOI11M)

Sólo para personas felices

Sermón de la montañaEl Sermón de la Montaña, como su nombre indica, fue pronunciado en lo alto de un monte, y sólo quienes se encontraban allí, con Jesús, lo escucharon. No se trata, por tanto, de una «guía para escaladores», sino del aire limpio que se respira en esa cima.

Si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos.

Es preciso ser muy feliz para cumplir estas palabras. Quien no ha encontrado la felicidad en Dios a través de la oración, creerá que lo importante es tener salud, no pasar frío, y no cansarse demasiado. Y defenderá sus mejillas, su túnica y sus fuerzas a toda costa.

Sin embargo, quien se encuentra unido a Dios sabe que lo único que importa es no soltarse de ese abrazo. Y estará dispuesto a perder sus mejillas, su manto, su túnica, y sus fuerzas con tal de no separarse del Amor divino.

No creas que serás feliz cuando cumplas el Sermón de la Montaña. Pero cuando, por la gracia y la vida de oración, encuentres tu felicidad en Dios, lo cumplirás.

(TOI11L)

Gente de fiar

Algún día, espero que pronto, tendremos que desandar el camino andado para recoger los grandes valores que arrojamos a la cuneta como si fueran despojos.

Una de las grandes pérdidas de esta generación loca es la veracidad. Dejamos de apreciar lo que supone ser «hombres de palabra» cuando creímos, insensatamente, que la mentira nos hacía libres. Así entregamos las almas de nuestros hijos al padre de la mentira. Hoy día, si una persona afirma ser «hombre de palabra», será tomado por tonto o por ingenuo. Nuestras palabras, en la actualidad, valen lo que valen nuestras mentiras.

Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Es decir: «que tu “sí” signifique “sí”, y tu “no” signifique “no”». Que quien te oiga decir sí o no pueda fiarse de ti, porque le has demostrado que jamás mientes. Esa condición, por pasada de moda que se encuentre, te convierte en un «hombre de fiar».

Somos discípulos de la Verdad, no lo olvides. Ojalá, cuando nuestra sociedad sea consciente de sus errores y quiera recuperar el amor por la verdad, se dé cuenta de que ese amor lo hemos guardado los cristianos, y acuda a nosotros para que se lo devolvamos. No mientas jamás.

(TOI10S)