Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Página 2 – Espiritualidad digital

El que a dos ciegos lleva de la mano

En cierta ocasión, los fariseos preguntaron a Jesús si ellos estaban ciegos. Jesús les respondió: Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís «vemos», vuestro pecado permanece (Jn 9, 40).

¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Al Señor le pido que nos dé, al menos, la luz suficiente para percibir nuestra ceguera. No vemos apenas nada, porque lo que ven los ojos del cuerpo es nada. Dios, los santos, los ángeles, el bien y el mal, el horror del pecado y la belleza de la gracia, las intenciones del corazón, las heridas profundas de nuestros hermanos, las nuestras… Todo eso, y mucho más, se nos escapa.

Si fuéramos conscientes de nuestra ceguera nos dejaríamos guiar, y no por otro tan ciego como nosotros, sino por el buen Pastor. Ése es el milagro que sucede en la dirección espiritual. El sacerdote con quien nos dirigimos, por sí mismo, es tan ciego como nosotros. No es sino un ciego que guía a otro ciego. Pero, cuando le abrimos el alma, el buen Pastor guía a ese ciego para que Él nos guíe a nosotros. Y el resultado es la salvación de ambos.

(TOP23V)

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¿De verdad quieres?

El Sermón de la Montaña es hermosísimo… visto desde lejos. Le sucede como al sol del amanecer. De cerca, quema.

Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica.

Lees esto de cerca, pensando, precisamente, en «esa» persona que te destrozó el corazón, o que te está haciendo la vida imposible, y te dices a ti mismo que no puedes amar así. No te ves capaz de presentarle la otra mejilla, ni de permitir que te despojen.

Sin embargo, créeme, el verdadero problema no consiste en que no seas capaz. El mismo Dios que te lo pide te hará capaz, si estás dispuesto a amar así. Pero ahora debes enfrentarte al verdadero escollo que te impide avanzar: ¿Realmente quieres amar así?

Mira al Crucifijo. Contempla al Señor humillado, escupido y ultrajado; manso como cordero, sin defensa; humilde y paciente, entregado. Y pregúntate: ¿Quiero ser yo un crucifijo? ¿Estoy dispuesto a serlo?

El paso que tienes que dar lo puedes dar sin moverte. Di: «Sí, Señor estoy dispuesto por tu Amor». Y, salvado ese escollo, Él te hará capaz. No dejes de rezar, y verás maravillas.

(TOI23J)

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En lo alto del monte

Jesús, como tantas veces, pasó la noche orando a Dios en lo alto del monte. Dejaba las multitudes abajo, y subía, a solas, para orar.

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce… Y la imaginación, que busca revivir la escena, se pregunta: ¿Cómo los llamó? No creo que sacara el teléfono móvil y pulsara en el contacto de Pedro. Y a gritos tampoco me parece probable. Quizá comenzó a bajar, encontró un pastor, y le pidió que llamara a los suyos.

El caso es que los apóstoles subieron, y sobre el monte fueron elegidos. No existe otro lugar, sólo en ese monte de la vida espiritual se escucha la llamada de Cristo. Cuando permanecemos abajo, sumergidos en asuntos y urgencias de la tierra, el ruido nos impide oír al buen Pastor, y nos entristecemos. Pero si nos recogemos en oración, y subimos de nuevo al monte, en el silencio escuchamos su voz y recuperamos la alegría.

Después de bajar, se paró en una llanura. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades. Abajo hay curaciones y gracias propias de quienes inician el camino, pero la voz que enamora sólo se escucha arriba.

(TOI23M)

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Oraciones vacías y sábados llenos

Sorprende la cantidad de milagros obrados en sábado por Jesús. Cualquiera diría que se trataba de una provocación dirigida a aquellos fariseos. Pero quizá fuese más que eso: quizá fuese un anuncio profético que pusiera al descubierto la hipocresía de aquellos hombres.

¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla? Jesús sabe bien lo que dice. Él conoce cuál será el sábado de aquellos fariseos. Mientras el Señor hace el bien en sábado, ellos pasarán el sábado festejando haber matado al Salvador. Mientras Jesús, en sábado, salva una vida, ellos celebrarán, en su sábado, haber destruido la vida del Mesías. ¿Qué está permitido?

Lo más terrible de todo es que se trataba de personas religiosas, respetadas y reconocidas por el pueblo. Créeme: nadie se salva sólo por rezar. La recitación de oraciones y la asistencia a actos litúrgicos es perfectamente compatible con la hipocresía y la maldad de corazón. Deberías estar alerta.

No te digo que no reces; al revés, ojalá rezaras más. Te pido que vigiles tu corazón para que esté limpio, y tu voluntad, para que esté entregada. De nada sirve rezar si no se entrega por amor la vida.

(TOI23L)

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Señora de nuestros sábados

Meditábamos ayer sobre un viernes y un domingo. Entre ambos, habita el sábado. Es el día del descanso de Dios, el día en que Cristo reposó en un sepulcro y, también, el día en que María amaneció madre de Juan y madre nuestra.

El Hijo del hombre es señor del sábado. Y la Virgen, señora de nuestros sábados.

Me gusta celebrar la misa votiva de la Virgen los sábados. Porque, si cada día nos alimentamos con el Pan de vida, este día y esta misa me recuerdan que es la Madre quien nos lo sirve. ¿No fue ella quien puso en la mesa del mundo el Alimento que devoramos? Por eso la recuerdo cada sábado mientras extiendo el corporal y dispongo el altar. Se me hacen pañales esos paños, porque sé que allí reposará el Hijo de Dios recién llegado. Y le pido a ella que se sirva de mis manos.

¿Por qué no pensar, cuando comulgo, que me entrega la Madre a su Hijo, puesto que lo entregó en Belén y en el Calvario?

Si aquellos apóstoles desgranaban en sábado espigas, nosotros, en sábado, comemos el Pan que nos sirve la Madre. Me gustan las misas de los sábados.

(TOI22S)

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Por fuera, viernes; por dentro, domingo

Hoy es viernes. Es el día al que se refiere el Señor cuando dice: Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días. Es el día en que, aparentemente, la muerte reinó en el mundo. Y el día en que el Justo hizo penitencia por nuestros pecados en la Cruz. Pasado mañana será domingo. Y la Vida, resucitada, vencerá a la muerte. Y comerá el Señor con los suyos, y comeremos nosotros celebrando su victoria.

Pero todo eso sucede en el calendario. En el hombre, la carne vive un viernes permanente. A causa del pecado, está entregada a la muerte, y por eso hace penitencia, unida a Cristo crucificado, implorando redención. Incluso cuando descansa y celebra, sigue entregada a la muerte, porque nunca le falta algún dolor.

El alma en gracia, sin embargo, vive en eterno domingo. Come y bebe cada día, unida a Cristo, el vino nuevo de la Eucaristía, porque ella es el odre nuevo del que habló Jesús: A vino nuevo, odres nuevos.

Y así es la vida del hijo de Dios sobre la tierra: por fuera, viernes; por dentro, domingo. La tribulación de la carne no puede apagar los gozos del alma.

(TOI22V)

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Cerveza y vida contemplativa

Existe un arte en el que, guiado por las inspiraciones del Espíritu y por los consejos del director espiritual, deberías ser experto: el de estar en el mundo sin mundanizarte. Un seglar encerrado en una «burbuja católica» no puede anunciar a Jesucristo. Pero un seglar mundanizado es el peor apóstol, porque su vida desmiente sus palabras.

Entonces, ¿cómo participar en una conversación sin criticar a nadie? ¿cómo asistir a una cena de trabajo sin abusar de la comida y la bebida? ¿cómo sentarse ante el televisor sin descuidar la vista?

Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Y, después: Rema mar adentro, y echad vuestras redes.

Aquí tienes el secreto: Mientras participas en todas esas actividades propias de quien está en el mundo, recógete en tu interior, retira el corazón (no los labios) del vaso de cerveza y guárdalo en el Dios que habita en lo profundo de tu alma. Se puede estar recogido en oración silenciosa mientras se conversa, se come o se bebe. Y, cuando se está así, todo se hace con alegría y sobriedad. En lugar de mundanizarte tú, cristianizarás el ambiente donde estés.

(TOI22J)

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