El Mar de Jesús de Nazaret

Fiestas del Señor – Espiritualidad digital

Reyes tratados como idiotas, e idiotas tratados como reyes

Poncio Pilato es un personaje fascinante. Aunque ha pasado a la Historia como cobarde y prevaricador, estoy convencido de que sus encuentros con Cristo lo removieron por dentro más que a muchos fariseos. Pilato, cuya cobardía e injusticia son innegables, me parece un personaje perplejo y sorprendido. Quisiera saber qué fue de él a partir del Viernes Santo. Experiencias como la que vivió no dejan a nadie indiferente.

– ¿Eres tú el rey de los judíos?

– Mi reino no es de este mundo.

– Entonces, ¿tú eres rey?

– Tú lo dices: soy rey.

En las palabras y la mirada de Jesús, Pilato vio un misterioso señorío, que lo movió a escribir, en la Cruz, el título de Rey. Parecía un despojo, y, sin embargo, era rey. Pilato, al contrario, parecía un gobernante, pero era un despojo, y lo sabía.

Un día, la verdad saldrá a la luz. El único Rey, Cristo, vendrá sobre las nubes. Y muchos, que lo aman locamente y son tratados como idiotas, reinarán con él. Ese día, también muchos idiotas, que son tenidos por poderosos, comparecerán ante Él desnudos y temblando.

Pero, hasta que ese día llegue, y para que nadie te engañe, ten siempre cerca un crucifijo.

(XTOREYB)

El conocimiento de la Cruz

El misterio de la Cruz es el centro de la vida del cristiano. En el camino hacia el Cielo, es la Cruz como esa brújula de la que no deben apartarse nuestros ojos, pues, cuando los retiramos de ella, perdemos el camino y se apodera de nosotros el desconcierto.

Es preciso mirar y mirar al Crucifijo, hasta que uno se transforma en aquello que mira. La oración Colecta de la misa de hoy se refiere a los cristianos como «quienes hemos conocido en la tierra este misterio». Hagámoslo verdad. Ese «conocer» es un contemplar embelesados, con fe y amor, a Jesús crucificado.

El que cree en él, no es juzgado.

Cuando, de esta forma, te has unido a Él, ya no puedes ser juzgado, porque tú mismo eres otro Cristo. Claro que, a partir de entonces, tu vida se transforma. La Cruz es ya tu hogar. Por eso, te dejas herir por la vida presente, y, ante el dolor, más respondes con mansedumbre que con rebeldía. Te dejas herir, también, por el Amor de Dios, que es, en esta tierra, Amor llagado, y en esas llagas te unes interiormente al Crucificado. Entonces gozas, en medio del dolor, de vida eterna.

(1409)

Descansos y tentaciones

Para un cristiano, la vida es travesía. Y, aunque el propio Cristo es el camino, no es camino fácil, porque asciende a lo alto del Calvario para alcanzar la puerta de la Cruz y entrar, a través de ella, en el reino de Dios. Nos da fuerzas el Amor que nos acompaña, pero atravesamos dolores, cansancios, enfermedades, tinieblas, persecución…

En su infinita bondad, también quiere el Señor darnos, de cuando en cuando, un descanso, un tramo del sendero en el que todo está en calma: los niños, bien; la salud, bien; los afectos, apaciguados… Lo necesitamos para seguir adelante.

No culpemos mucho a Pedro. Es comprensible que, en esos momentos de descanso, aparezca también la tentación:

Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

El bueno de Simón hubiera estado dispuesto a dormir en el suelo, con tal de quedarse en el Tabor.

Cuando bajaban del monte… Pero no puede ser, Simón. Aún no hemos llegado a casa; debemos seguir caminando.

Agradece los momentos de descanso que Dios te dé durante la vida. Disfrútalos dando gracias… pero no te apegues a ellos. Aún estamos de camino.

(0608)

La lanza que se clavó en Dios

corazón de jesúsNi por asomo podía sospechar aquel soldado la verdadera hondura del golpe que asestaba con su lanza. ¿Cómo saber que aquel corazón humano guardaba dentro todos los tesoros del Amor divino?

Y al punto salió sangre y agua. Esa sangre y esa agua derramaban sobre la tierra toda la misericordia que Dios almacenaba en tan precioso odre para entregársela a la Iglesia, y para que la Iglesia la entregase generosamente a los hombres.

Decimos, cuando en alguien percibimos sentimientos nobles, que tiene «un gran corazón». Incluso añadimos que «no le cabe en el pecho». Pero hay algo mejor, mucho mejor que un gran corazón, y es un corazón roto, un pecho abierto, y un amor derramado.

¡Oh, Jesús! Miro tu cuerpo como un odre que se vacía, y todos los amores de este mundo me parecen nada, y menos que nada. Sólo Tú me has amado, y las criaturas que me quieren no hacen sino señalarme tímidamente el Crucifijo. Y cuando bebo del Cáliz precioso que pusiste en mis manos, me parece que aplico los labios al caño de tu costado y me sacio sin saciarme de esa fuente que jamás se agota.

No hay más amor que el Amor.

(SCJB)

Un buen día para salir

Cuando Jesús entró en Jerusalén, lo hizo montado en un borrico. Aquella aparición tan humilde sacó de sus casas a los vecinos, y las calles se llenaron de aclamaciones. Jesús se dejó aclamar, y recibió aquellas alabanzas que honraban a su Padre y lo honraban a Él.

Tomad, esto es mi cuerpo. Hoy, ese mismo Jesús recorrerá las calles de tu barrio, de tu pueblo, o de tu ciudad. No es un borrico su trono, sino la pobre apariencia de un trozo de pan. Pero, bajo esa apariencia tan humilde, es su Cuerpo el que recorre tus calles.

No es buen día para que te quedes en casa. Tienes que mostrarle al Señor cuánto lo amas, y tienes, también, que hacer profesión pública de tu fe.

Fíjate cómo llenan la estatua de La Cibeles los seguidores del Real Madrid cuando su equipo gana un trofeo. No parece que les dé vergüenza, ¿verdad? Ni tampoco parece que les pueda la pereza cuando están jubilosos por el triunfo.

¿Vas a avergonzarte tú del triunfo de Cristo? ¿Va a retenerte en casa la pereza cuando el Amor de Dios invade las calles?

No. No es buen día para que te quedes en casa.

(CXTIB)