Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Fiestas del Señor – Espiritualidad digital

En Vos confío

La muerte de Jesús de Nazaret fue el asesinato más injusto y cruel de la Historia. Y, sin embargo, al contemplar el Cristo de Velázquez, rendido y abierto como una fuente serena… ¡qué gozo inunda el alma, ante el dulce abismo de un Dios reventado de Amor por el hombre!

Le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. Lo cierto es que estamos más necesitados de ser amados que de amar. Bien lo sabía nuestro Creador, y por ello quiso alumbrarnos esa fuente. ¡Cómo no beber, hasta saciarnos! ¡Cómo no decir: «Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío»!

No decimos: «Brazo poderoso y fuerte de Jesús, en Vos confío», como si nos sintiéramos protegidos por un guerrero invencible. Más bien, miramos a un Soldado a quien lo venció el Amor, rendido ante nuestros pies, y le gritamos: «Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío».

¿Qué queremos decir con esas palabras? «Oh, Jesús, sé que eres Dios, y que toda la omnipotencia de tu Padre está en tus manos. Pero ese poder podría destruirme si me hicieras justicia de mis culpas. Sin embargo, confío ciegamente en que me amas. Amándome Tú así, nada malo me podrá suceder jamás».

(SCJB)

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Lo que nadie hubiera podido imaginar

Cuando los discípulos preguntaron a Jesús: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?no sospechaban que el alimento de esa cena sería el propio Jesús.

Tomad, esto es mi cuerpo.

Nadie hubiera podido imaginar a un Dios entregado en alimento a sus criaturas. Muchos pueblos ofrecían a sus dioses sacrificios de comunión, en los que la víctima era devorada por el pueblo. Eso no era nuevo. Pero hoy sabemos que era la intuición poderosa de lo insospechado: un Dios ofrecido en sacrificio y devorado por sus criaturas para transformar en santos a los pecadores.

Por eso creo en la Biblia; no existe otro libro como ése. La armonía que reina entre sus páginas hace su escritura comparable a la creación de Cielo y Tierra. Pero más fascinante aún resulta cuando esa armonía, repentinamente, alumbra sorpresas que jamás mortal alguno hubiera podido esperar.

Por eso creo en la Eucaristía; porque nadie hubiese podido inventarla en un millón de años. Pero, una vez inventada, y recuperada el alma de la sorpresa, resulta sumamente creíble y armónica con la Historia de la Salvación. ¡Cómo no creer, si un sabio como Tomás de Aquino cayó postrado! Adoro te devote, latens Deitas!

(CXTIB)

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La hermosura infinita de tu gloria

SantisimaTrinidad– Padre, ¿en qué consiste el Cielo? – En la contemplación de Dios. – ¿Y me van a tener sentado en una butaca, contemplando a Dios, durante trillones de años? ¿No me aburriré?

Confundes a Dios con una musaraña. Contemplar las musarañas es aburridísimo. Media hora contemplando las musarañas dura tres meses. Pero, a mí, las casi cuatro horas de «El Padrino», me duran diez minutos. ¿Por qué? Porque, conforme va desvelando su misterio, me envuelve en la acción, y no me entero del paso del tiempo.

A dos enamorados, una tarde mirándose a los ojos y contándose sus vidas les dura un momento. Cada secreto les fascina, cada sonrisa los captura, y quisieran detener el tiempo. «Reloj, no marques las horas…»

No imaginas la hermosura de Dios, no puedes imaginarla. Pero si oras con fe, si contemplas en lugar de pensar tanto, Dios te irá descubriendo su secreto, y media hora de oración dura tres minutos. Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo… Y el alma queda como embobada, porque Dios ha descorrido el velo: Padre, Hijo, Espíritu… ¡Qué no será el Cielo! Mil años, en tu presencia, son un ayer que pasó (Sal 90, 4).

(SSTRB)

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Los sacerdotes

sacerdoteHoy celebramos, en España, la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. Es jornada de oración por los presbíteros. Gracias a ellos, se perpetúa cada día, en el altar, el sacrificio de Cristo: Tomad, esto es mi cuerpo… Esta es mi sangre de la alianza

Sé que amáis a los sacerdotes. Pero dejadme deciros, a los laicos, que no sabéis realmente lo que tenéis con ellos. Es preciso ser sacerdote, y tratar a los hermanos sacerdotes, para enamorarse locamente de este ministerio. Hay detalles heroicos de su entrega que no se perciben desde donde vosotros estáis, sólo los percibimos los hermanos. ¡Cuántas renuncias, cuántas soledades, cuántos desvelos por atender a la grey!

Desde que soy sacerdote, amo mucho más a los sacerdotes. Muchas veces, ante gestos de abnegación que no se ven el mundo, y que los sacerdotes realizan con enorme alegría, me digo: «De esto no se entera nadie, sólo se lo pagarán en el Cielo».

¿Le habéis dado alguna vez las gracias a vuestro párroco por haber entregado su vida para que vosotros podáis comulgar, confesar, y bautizar a vuestros hijos? De lo que estoy seguro es de que él nunca os ha pedido que se las deis.

(XTOSESB)

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Navidad en plena Cuaresma

llena de graciaTiene gracia esta irrupción premonitoria de la Navidad en plena Cuaresma. Camina el pueblo de Dios hacia el Calvario y, de repente, se planta ante nosotros Gabriel y nos recuerda que faltan nueve meses para Navidad. Abrimos los ojos, cansados del camino, y nos maravillan la Virgen joven, el anuncio gozoso, el Cristo chiquitín encerrado en el vientre de Mamá. Nos restregamos, esperábamos un Jesús crucificado y una Virgen traspasada de dolor. ¿Dónde estamos, realmente?

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. En el mismo lugar, una luz distinta sobre el mismo misterio: el de la Redención. Comprenderás mejor en el Calvario si sabes que la Cruz no fue sino consumación de un sacrificio comenzado en Nazaret.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios; entonces yo digo: «Aquí estoy —como está escrito en mi libro— para hacer tu voluntad (Sal 39, 7-9). El sacrificio del Calvario no es ofrenda de dolor, sino de obediencia. Y esa obediencia comenzó en el vientre de una Virgen que también obedeció. Festeja hoy. Ya sabes cómo unirte al sacrificio. ¿Eres dócil a los consejos del director espiritual?

(2503)

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Tu cuerpo

Durante la misa de hoy escucharás el salmo 23, con toda su solemnidad: ¡Portones, alzad los dinteles! Que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria.

Y es que hoy celebramos cómo el Rey de la gloria, cuarenta días después de nacer, hizo su entrada en el Templo de Yahweh. Fue una entrada solemne, majestuosa, triunfal; pero esa majestad, ese triunfo y esa solemnidad sólo fueron vistas desde el cielo. En la tierra, apenas cuatro personas vislumbraron la gloria de aquel momento.

¿Y tú? ¿Te das cuenta, de verdad te das cuenta, de que lo que entonces sucedió sucede cada vez que comulgas? Cuando recibes a Jesús Eucaristía, el Rey de la gloria hace su entrada en un templo mucho más digno que aquel templo de piedra construido por Herodes. ¿Se alzan, de par en par, las puertas de tu corazón para recibir al Señor? ¿Preparas cada comunión con comuniones espirituales que aumenten tu hambre, tu deseo de recibir a Cristo? ¿Procuras llegar pronto a misa para hacer honor a ese momento? ¿Tiemblas de amor al acoger a Jesús en ti?

Una última pregunta: ¿Sabes que tu cuerpo es templo de Dios? ¿Lo conservas casto?

(0202)

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El reinado silencioso del que espera

Que Cristo esté callado no significa que no reine. Vivimos en el ojo de un huracán. Este silencio aparente de Dios debería mantenernos en vela.

Vino el Hijo de Dios a la Tierra, hizo de una cruz su trono y conquistó un reino entregado hasta entonces a los demonios. Cuarenta días después de resucitar, ocupó su lugar a la derecha del Padre, y dejó a la Tierra sumida en el silencio de un prolongado y misterioso Sábado Santo.

Los hombres mienten, y el Cielo guarda silencio. Matan, y el Cielo guarda silencio. Blasfeman, y el Cielo guarda silencio. Roban, y el Cielo guarda silencio. El mal se extiende, y el Cielo guarda silencio. ¿Dónde está hoy su reinado? ¿Qué está sucediendo?

Sucede que aún no ha llegado el día en que vuelva sobre las nubes.  Entonces se sentará en el trono de su gloria y se separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

El Señor no calla; espera. Espera que extendamos su reino, que se le rindan los corazones, y que los hombres obedezcan por amor y no por miedo. Aún sueña con encontrar, a su llegada, un rebaño donde solamente haya ovejas.

(XTOREYA)

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