Evangelio 2022

Fiestas del Señor – Espiritualidad digital

¡Qué gracia!

Estamos ante una de las páginas más luminosas de toda la Escritura. Ese diálogo entre Gabriel y la santísima Virgen alumbra en el alma resplandores de Cielo:

Alégrate, llena de gracia… No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.

¿No se resume en gracia, al fin y al cabo, todo el misterio de la salvación humana? Está ante la Inmaculada, y Gabriel no dice: «Lo has hecho todo bien», aun cuando sería verdad. Pero su mensaje es: «A Dios le haces gracia, eres graciosa a sus ojos. Te mira, y sonríe». Todo el beneficio que la gracia divina derrama en el alma de una criatura comienza así: «Le has hecho gracia a Dios».

Me consuela, porque no soy, precisamente, inmaculado. Pero Dios ha derramado su gracia en mí, y sé que le hago gracia. No puedo dejar de pensarlo; en mi pecado y en mi imperfección, soy un agraciado, Dios me mira y sonríe. Y Él irá santificando su nombre en mí, con tal que yo diga, de corazón, lo que respondió la Inmaculada:

Hágase en mí según tu palabra.

Sólo el miedo a rendirme en sus manos podría truncar esta historia de amor. No lo permitas, Dios mío.

(2503)

Y el templo se llenó de gozo

Aquella mañana, el templo se llenó de alegría. La mayoría de quienes allí estaban no notaron nada, iban a lo suyo y no prestaban atención; tenían ojos y no veían; tenían oídos y no oían; honraban a Dios con los labios, pero su corazón no estaba en el templo, sino en otro lugar. Sin embargo, algunas almas escogidas, cuyos corazones estaban elevados al cielo esperando el consuelo de Dios, se llenaron de ese júbilo y lo hicieron resplandecer en sus rostros.

Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos. Los labios de Simeón manaron una alegría serena y sobrenatural. Y Ana, la vieja profetisa, alababa a Yahweh, viendo compensados sus ayunos con aquel banquete de Amor divino. Y el silencio embelesado de la Virgen, y el gozo contenido de José…

Pido al cielo esa misma alegría para ti y para mí; para nuestras almas en gracia, que son templos donde habita el Espíritu de Cristo. Nuestros ojos no han visto al Salvador, como lo vieron los de Simeón; pero mora en nosotros, como moró en las entrañas de la Virgen, y nos llena por dentro, como llenó el Templo de Jerusalén aquella mañana.

(0202)

Sólo Cristo importa

Con la excepción del día en que los hebreos, junto al Monte Sinaí, tuvieron que taparse los oídos porque les reventaban los tímpanos, y pidieron que Yahweh no les hablase más, nunca se había vuelto a oír la voz de Dios públicamente. Hasta la mañana en que Jesús fue bautizado por Juan.

Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco.

En esta ocasión, Dios rompió su silencio, y no fue con un ruido, sino con palabras que señalaban a un hombre. Y ese hombre era su Hijo. Así quiso el Padre que todos los ojos de todos los hombres se fijaran en Cristo.

En Él está la salvación del mundo. No hay otro. Él es escándalo para los judíos, que buscan la salvación en la Ley. Pero la Ley quería preparar al hombre para la venida del Mesías. Ahora, la salvación no está en letras escritas sobre piedra, sino en una persona: Cristo. Quien lo busca, lo encuentra, y lo ama desesperadamente ya está salvado, por muchas y graves que sean sus culpas.

Recuérdalo: sólo Cristo importa. No temas dejarlo todo por Él. No temas decir, con el Apóstol: Para mí la vida es Cristo (Flp 1, 21).

(BAUTSRC)

“Misterios de Navidad

“Evangelio 2022

Su reino no tendrá fin

Ahí tenéis dos reinos, frente a frente: El procurador del Imperio, con el poder obtenido del César, y el Unigénito del Rey de reyes.

– Mi reino no es de este mundo. – Entonces, ¿tú eres rey? – Tú lo dices: soy rey.

Horas más tarde, Jesús yacía muerto en una cruz. Pilato y Caifás parecían haber ganado la partida. Dos mil años después, ¿quién venera a Pilato y a Caifás? Jesús, sin embargo, es adorado en toda la tierra.

Después de aquello, durante tres siglos, los discípulos de Cristo fueron torturados y martirizados por emperadores. Con cada cristiano muerto, creyeron obtener una victoria. Perecieron cientos de miles de cristianos. ¿Quién venera hoy a Nerón, o a Diocleciano? Jesús, sin embargo, es adorado en toda la tierra.

A lo largo de la Historia, nunca han faltado reyes y emperadores obsesionados con apagar la llama de la fe cristiana. Y no sólo ellos. Hace más de un siglo que Nietzsche proclamó que Dios había muerto. Después murió él. En 1951, Wittgenstein anunció que la era de la religión había pasado. También él murió, y yo he celebrado misa esta mañana. Jesús sigue siendo adorado en toda la tierra.

¿Quién es, entonces, el verdadero Rey?

(XTOREYB)

Esa mirada que sana

Se nos cuenta en el libro de los Números que, cuando Dios castigó a su pueblo con serpientes venenosas, mandó a Moisés hacer una serpiente de bronce. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida (Núm 21, 9). Siglos después, el Hijo de Dios explicó a Nicodemo: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. La mirada a la serpiente es reemplazada por la fe en el Crucificado. Así sabemos que creer es mirar.

No es una mirada cualquiera. La fe es una mirada que se origina en lo profundo del alma, en ese silencio que permite ver lo invisible. Desde ese «hondón», el cristiano mira con amor profundo a quien pende del Leño santo, y ve en Él al Dios entregado en Amor. Queda el alma embelesada, y se postra, sin pensarlo, a los pies del Redentor. Entonces la sangre del Cordero es recogida en un corazón convertido en cáliz. Sanan las heridas y son perdonados los pecados.

Mucho he escrito. Ante la Cruz, mejor calla y mira.

(1409)

Sobre cómo escuchar a Jesucristo

soledad¿Qué piensas cuando lees que, en el Tabor, la voz del Padre dijo a los apóstoles: Éste es mi Hijo, el amado; escuchadlo?

Probablemente, al leerlo, te propongas beberte todas y cada una de las palabras de Cristo que figuran en los evangelios. Pero ya sabes que ésas no fueron las únicas palabras que Jesús pronunció, sino tan sólo las que los evangelistas recogieron. Y también sabes que, antes de subir al cielo, el Señor dijo a los suyos: Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora (Jn 16,12). Por tanto, aunque te bebas todas las palabras del Evangelio, aún te quedará mucho por escuchar.

Podrías leer la advertencia del Padre de otra manera. «Escuchar a Jesucristo» no significa, solamente, escuchar sus palabras. Significa, sobre todo, escucharlo a Él, porque Él es la Palabra en la que Dios nos lo ha dicho todo.

Dios te está invitando a acoger a su Hijo en el silencio de tu corazón, en lo profundo de tu alma, con el amor con que se acogen las palabras del ser amado, con la ternura con que acoge la esposa al esposo. Y guardarlo dentro, y no dejarlo escapar jamás…

(0608)

En Vos confío

La muerte de Jesús de Nazaret fue el asesinato más injusto y cruel de la Historia. Y, sin embargo, al contemplar el Cristo de Velázquez, rendido y abierto como una fuente serena… ¡qué gozo inunda el alma, ante el dulce abismo de un Dios reventado de Amor por el hombre!

Le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. Lo cierto es que estamos más necesitados de ser amados que de amar. Bien lo sabía nuestro Creador, y por ello quiso alumbrarnos esa fuente. ¡Cómo no beber, hasta saciarnos! ¡Cómo no decir: «Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío»!

No decimos: «Brazo poderoso y fuerte de Jesús, en Vos confío», como si nos sintiéramos protegidos por un guerrero invencible. Más bien, miramos a un Soldado a quien lo venció el Amor, rendido ante nuestros pies, y le gritamos: «Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío».

¿Qué queremos decir con esas palabras? «Oh, Jesús, sé que eres Dios, y que toda la omnipotencia de tu Padre está en tus manos. Pero ese poder podría destruirme si me hicieras justicia de mis culpas. Sin embargo, confío ciegamente en que me amas. Amándome Tú así, nada malo me podrá suceder jamás».

(SCJB)

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