Libros de José Fernando Rey Ballesteros

Fiestas del Señor – Página 2 – Espiritualidad digital

La Anunciación: detrás de las cámaras

Cuando san Lucas nos presenta a la Virgen, nos la muestra ya adolescente, sonrojada ante el saludo del arcángel Gabriel. Pero ese encuentro, decisivo en la vida de María, fue preparado por una infancia que apenas se vislumbra tras los relatos evangélicos.

Desde muy niña, la que fue concebida inmaculada experimentó en su alma el Amor de Dios como nadie hasta entonces. Dios la amaba con santos celos, con amor de Esposo; la quería toda suya. Y, así, en secreto, desde la más tierna infancia se consagró a Él. A sí misma se decía que ella era la esclava del Señor. Pero no podía decírselo a nadie más, porque hubiera sido tenida por blasfema.

Concertaron sus padres el matrimonio con José, y ella guardó silencio y celebró los desposorios. Pero, por dentro, se sumió en el desconcierto. ¿Cómo cumplir con su voto de virginidad, y obedecer también a sus padres?

Entonces llegó el ángel. Y desplegó ante ella el plan de Dios, que ponía fin a sus dudas. Sería esposa, sería madre, y sería virgen. Toda de Dios para siempre.

Se postró.

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Y el Verbo se hizo carne.

(2503)

Cuando la grandeza nos encuentra distraídos

Cuando Israel entró en la tierra prometida, Dios hizo un pacto con ellos: Ya no pertenecían al Faraón, sino a Dios. Y, en prueba de ello, le entregarían todos los primogénitos. A los animales los matarían; a los hombres los rescatarían, ofreciendo, en su lugar, un animal. Este rescate no suponía sino un aplazamiento del sacrificio, porque la muerte del primogénito, que llegaría más adelante, era sacrificial: Todos los primogénitos me pertenecen (Núm 8, 17).

Cuando se cumplieron los días de la purificación, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén.

Nunca presentó Israel a Dios un primogénito como el que ese día se ofrecía en el templo; ni se derramó en el templo una sangre tan elocuente como la de aquellas palomas. Era el primogénito de Dios el que se ofrecía, y era la sangre redentora la que aquellas palomas señalaban. El sacerdote de la antigua alianza nunca supo que, de modo misterioso, ofrecía la misma Eucaristía que ofrecemos los sacerdotes de Cristo. Toda la redención estaba allí, en aquel templo, el primer templo que albergó a la sagrada Hostia… Pero apenas nadie lo supo.

Cuida de que la grandeza, cuando pase ante tus ojos, no te encuentre distraído.

(0202)

Y Dios rezó en voz alta

Los cuadros que plasman la escena del bautismo de Cristo suelen mostrar al Espíritu Santo, en forma de paloma, sobre un Jesús que sale de las aguas. Pero, según el relato de san Lucas, las cosas no fueron exactamente así.

También Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos.

La epifanía del Jordán no sucedió en el instante en que Jesús salía del agua, sino poco después. Jesús, tras ser bautizado, se recogió en oración, probablemente cerca de la orilla. En esa oración, habló en voz baja con su Padre, como siempre hacía. Pero su Padre quiso elevar la voz, y hacer partícipes a todos los hombres del diálogo de Amor que mantenía con su Hijo.

Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco.

El Amor descendió visiblemente, y fuimos los mortales invitados al secreto de la Trinidad. La ruptura entre Dios y los hombres tocaba a su fin, las aguas de muerte del diluvio se secaban, y se nos ofrecía el agua viva del bautismo.

Todo esto sucedió para que nosotros sepamos que no hay salvación fuera de Cristo, y que Él es el único Salvador del hombre. Amarlo a Él ya es el Cielo.

(BAUTSRC)

“Evangelio

Reyes tratados como idiotas, e idiotas tratados como reyes

Poncio Pilato es un personaje fascinante. Aunque ha pasado a la Historia como cobarde y prevaricador, estoy convencido de que sus encuentros con Cristo lo removieron por dentro más que a muchos fariseos. Pilato, cuya cobardía e injusticia son innegables, me parece un personaje perplejo y sorprendido. Quisiera saber qué fue de él a partir del Viernes Santo. Experiencias como la que vivió no dejan a nadie indiferente.

– ¿Eres tú el rey de los judíos?

– Mi reino no es de este mundo.

– Entonces, ¿tú eres rey?

– Tú lo dices: soy rey.

En las palabras y la mirada de Jesús, Pilato vio un misterioso señorío, que lo movió a escribir, en la Cruz, el título de Rey. Parecía un despojo, y, sin embargo, era rey. Pilato, al contrario, parecía un gobernante, pero era un despojo, y lo sabía.

Un día, la verdad saldrá a la luz. El único Rey, Cristo, vendrá sobre las nubes. Y muchos, que lo aman locamente y son tratados como idiotas, reinarán con él. Ese día, también muchos idiotas, que son tenidos por poderosos, comparecerán ante Él desnudos y temblando.

Pero, hasta que ese día llegue, y para que nadie te engañe, ten siempre cerca un crucifijo.

(XTOREYB)

El conocimiento de la Cruz

El misterio de la Cruz es el centro de la vida del cristiano. En el camino hacia el Cielo, es la Cruz como esa brújula de la que no deben apartarse nuestros ojos, pues, cuando los retiramos de ella, perdemos el camino y se apodera de nosotros el desconcierto.

Es preciso mirar y mirar al Crucifijo, hasta que uno se transforma en aquello que mira. La oración Colecta de la misa de hoy se refiere a los cristianos como «quienes hemos conocido en la tierra este misterio». Hagámoslo verdad. Ese «conocer» es un contemplar embelesados, con fe y amor, a Jesús crucificado.

El que cree en él, no es juzgado.

Cuando, de esta forma, te has unido a Él, ya no puedes ser juzgado, porque tú mismo eres otro Cristo. Claro que, a partir de entonces, tu vida se transforma. La Cruz es ya tu hogar. Por eso, te dejas herir por la vida presente, y, ante el dolor, más respondes con mansedumbre que con rebeldía. Te dejas herir, también, por el Amor de Dios, que es, en esta tierra, Amor llagado, y en esas llagas te unes interiormente al Crucificado. Entonces gozas, en medio del dolor, de vida eterna.

(1409)