Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Fiestas del Señor – Página 2 – Espiritualidad digital

Vuelto hacia Dios

La santa Misa celebrada «cara al pueblo» ha facilitado a muchos fieles la tarea de sumergirse en el misterio. El hecho ver el rostro del sacerdote, y de entablar, cara a cara, un diálogo sagrado con quien representa a Cristo, les ha ayudado a sentirse parte de la celebración. Sin embargo, hasta hace poco, el sacerdote celebraba la misa de espaldas al pueblo.

Dicho así, «de espaldas al pueblo», parece desprecio. Pero no lo era. Ni tampoco se decía así. Se decía «cara a Dios». Y tenía, también, mucho sentido. Porque el sacerdote es el hombre que está vuelto hacia Dios, ofreciendo sacrificios por el pueblo.

Adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba. Estamos en el comienzo de la única Misa, renovada cada día en nuestros altares. Cristo mira, con lágrimas, al Padre. Tras él, los tres apóstoles predilectos. Tras ellos, los otros ocho. Y, tras ellos, nosotros. El Sacerdote está «vuelto hacia Dios». No da la espalda al pueblo, aunque lo parezca, porque lleva los dolores del pueblo en sus lágrimas.

Pídele a Dios que los sacerdotes vivamos así: vueltos hacia Dios, orando por vosotros y entregando por vosotros la vida de Cristo, que es la nuestra.

(XTOSESA)

No estamos solos

ángelesNo es bueno que el hombre esté solo (Gén 2 18).

Tener a alguien al lado ayuda, pero, si estás solo por dentro, el consuelo es como una caricia en la piel, que no alcanza al corazón. Por eso, cuando aquel primer hombre y su compañera se apartaron de Dios, se condenaron a una «soledad acompañada». Así se mantuvo la Humanidad durante siglos.

El Espí­ritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. Redimir al hombre suponía paliar su soledad radical. No le bastaba a Dios con situarse a nuestro lado; quería estar dentro de nosotros. Y, así, se infiltró en la Humanidad llenando el vientre de la Virgen: ¡Alégrate, llena de gracia!

El Hijo de Dios se ha encarnado, para que mi carne sea suya, y la suya mía. Él es parte de mí, y yo soy parte de Él. Se palpaba María las entrañas, y sentía palpitar el cielo dentro de ella. Me palpo yo el pecho, y Cristo está en mí.

Te has hecho carne, Verbo Divino, para infiltrarte, a través de nuestra carne, en nuestras almas. Y, así, nos haces compañía desde dentro. Ya no estamos solos. Hemos sido redimidos.

(2503)

(HOMILÍA DE 30 MINS. PARA REZAR EN CASA) (Pulsar en el enlace con el botón derecho para descargarla)

 

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