Evangelio 2022

Fiestas del Señor – Página 2 – Espiritualidad digital

Su reino no tendrá fin

Ahí tenéis dos reinos, frente a frente: El procurador del Imperio, con el poder obtenido del César, y el Unigénito del Rey de reyes.

– Mi reino no es de este mundo. – Entonces, ¿tú eres rey? – Tú lo dices: soy rey.

Horas más tarde, Jesús yacía muerto en una cruz. Pilato y Caifás parecían haber ganado la partida. Dos mil años después, ¿quién venera a Pilato y a Caifás? Jesús, sin embargo, es adorado en toda la tierra.

Después de aquello, durante tres siglos, los discípulos de Cristo fueron torturados y martirizados por emperadores. Con cada cristiano muerto, creyeron obtener una victoria. Perecieron cientos de miles de cristianos. ¿Quién venera hoy a Nerón, o a Diocleciano? Jesús, sin embargo, es adorado en toda la tierra.

A lo largo de la Historia, nunca han faltado reyes y emperadores obsesionados con apagar la llama de la fe cristiana. Y no sólo ellos. Hace más de un siglo que Nietzsche proclamó que Dios había muerto. Después murió él. En 1951, Wittgenstein anunció que la era de la religión había pasado. También él murió, y yo he celebrado misa esta mañana. Jesús sigue siendo adorado en toda la tierra.

¿Quién es, entonces, el verdadero Rey?

(XTOREYB)

Esa mirada que sana

Se nos cuenta en el libro de los Números que, cuando Dios castigó a su pueblo con serpientes venenosas, mandó a Moisés hacer una serpiente de bronce. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida (Núm 21, 9). Siglos después, el Hijo de Dios explicó a Nicodemo: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. La mirada a la serpiente es reemplazada por la fe en el Crucificado. Así sabemos que creer es mirar.

No es una mirada cualquiera. La fe es una mirada que se origina en lo profundo del alma, en ese silencio que permite ver lo invisible. Desde ese «hondón», el cristiano mira con amor profundo a quien pende del Leño santo, y ve en Él al Dios entregado en Amor. Queda el alma embelesada, y se postra, sin pensarlo, a los pies del Redentor. Entonces la sangre del Cordero es recogida en un corazón convertido en cáliz. Sanan las heridas y son perdonados los pecados.

Mucho he escrito. Ante la Cruz, mejor calla y mira.

(1409)

Sobre cómo escuchar a Jesucristo

soledad¿Qué piensas cuando lees que, en el Tabor, la voz del Padre dijo a los apóstoles: Éste es mi Hijo, el amado; escuchadlo?

Probablemente, al leerlo, te propongas beberte todas y cada una de las palabras de Cristo que figuran en los evangelios. Pero ya sabes que ésas no fueron las únicas palabras que Jesús pronunció, sino tan sólo las que los evangelistas recogieron. Y también sabes que, antes de subir al cielo, el Señor dijo a los suyos: Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora (Jn 16,12). Por tanto, aunque te bebas todas las palabras del Evangelio, aún te quedará mucho por escuchar.

Podrías leer la advertencia del Padre de otra manera. «Escuchar a Jesucristo» no significa, solamente, escuchar sus palabras. Significa, sobre todo, escucharlo a Él, porque Él es la Palabra en la que Dios nos lo ha dicho todo.

Dios te está invitando a acoger a su Hijo en el silencio de tu corazón, en lo profundo de tu alma, con el amor con que se acogen las palabras del ser amado, con la ternura con que acoge la esposa al esposo. Y guardarlo dentro, y no dejarlo escapar jamás…

(0608)

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