Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Fiestas del Señor – Página 2 – Espiritualidad digital

Tu cuerpo

Durante la misa de hoy escucharás el salmo 23, con toda su solemnidad: ¡Portones, alzad los dinteles! Que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria.

Y es que hoy celebramos cómo el Rey de la gloria, cuarenta días después de nacer, hizo su entrada en el Templo de Yahweh. Fue una entrada solemne, majestuosa, triunfal; pero esa majestad, ese triunfo y esa solemnidad sólo fueron vistas desde el cielo. En la tierra, apenas cuatro personas vislumbraron la gloria de aquel momento.

¿Y tú? ¿Te das cuenta, de verdad te das cuenta, de que lo que entonces sucedió sucede cada vez que comulgas? Cuando recibes a Jesús Eucaristía, el Rey de la gloria hace su entrada en un templo mucho más digno que aquel templo de piedra construido por Herodes. ¿Se alzan, de par en par, las puertas de tu corazón para recibir al Señor? ¿Preparas cada comunión con comuniones espirituales que aumenten tu hambre, tu deseo de recibir a Cristo? ¿Procuras llegar pronto a misa para hacer honor a ese momento? ¿Tiemblas de amor al acoger a Jesús en ti?

Una última pregunta: ¿Sabes que tu cuerpo es templo de Dios? ¿Lo conservas casto?

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El reinado silencioso del que espera

Que Cristo esté callado no significa que no reine. Vivimos en el ojo de un huracán. Este silencio aparente de Dios debería mantenernos en vela.

Vino el Hijo de Dios a la Tierra, hizo de una cruz su trono y conquistó un reino entregado hasta entonces a los demonios. Cuarenta días después de resucitar, ocupó su lugar a la derecha del Padre, y dejó a la Tierra sumida en el silencio de un prolongado y misterioso Sábado Santo.

Los hombres mienten, y el Cielo guarda silencio. Matan, y el Cielo guarda silencio. Blasfeman, y el Cielo guarda silencio. Roban, y el Cielo guarda silencio. El mal se extiende, y el Cielo guarda silencio. ¿Dónde está hoy su reinado? ¿Qué está sucediendo?

Sucede que aún no ha llegado el día en que vuelva sobre las nubes.  Entonces se sentará en el trono de su gloria y se separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

El Señor no calla; espera. Espera que extendamos su reino, que se le rindan los corazones, y que los hombres obedezcan por amor y no por miedo. Aún sueña con encontrar, a su llegada, un rebaño donde solamente haya ovejas.

(XTOREYA)

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