Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Cuaresma – Espiritualidad digital

¡Silba fuerte, buen Pastor!

Mañana comienza la Semana Santa, y será difícil, al rezar las Horas, no emocionarse al recitar el himno: «Bien sé, pastor divino, que estás subido en alto, para llamar con silbos, tan perdido ganado»… ¡Qué imagen tan preciosa, la del Pastor subido a la Cruz para reunir al rebaño! ¿Acaso no había dicho: Cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí (Jn 12, 32)?

Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. ¡Hazlo, Señor! Elevado sobre la Cruz, silba, buen Pastor, y atrae hacia ti todos mis sentidos y potencias, mi voluntad, mi memoria, mis afectos, mi entendimiento y, sobre todo, mi mirada. Atrae a todos los que están lejos: atrae a los tibios, y abrásalos; atrae a los muertos, y dales vida; atrae a los vivos, y dales fe… Atrae a todos hacia Ti, oh Señor.

Haz que tu silbido, ese último aliento que entregaste desde el Madero, resuene en todos los templos, rompa sus piedras, quiebre sus puertas, y se extienda por calles y plazas, mercados y escuelas. ¡Silba fuerte, buen Pastor! Despierta a tus ovejas, que están dormidas.

(TC05S)

Verdades como puños

¡Cuánto me gustaría, para mí y para ti, que la gente pudiese decir de nosotros lo que dijeron aquellos judíos de Juan Bautista!:

Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.

Yo no hago milagros; ni convierto el agua en vino, ni devuelvo la vista a los ciegos, ni multiplico los panes… ni falta que hace. Lo que, por la misericordia de Dios, hago son obras mayores: convierto el pan en el Cuerpo de Cristo; perdono, en su nombre, los pecados; llevo vida, por el Bautismo, a las almas muertas… pero nada de eso lo ven los ojos; por tanto, quien busque pirotecnia sobrenatural será mejor que pregunte a otro.

Predico el evangelio. Y todo lo que digo sobre Cristo es verdad. Lo sé, porque nada he inventado: recojo el testimonio de la Iglesia y lo transmito. Y, si estuviera a la altura de lo que predico, debería dejarme matar por defender que todo eso es verdad.

Aunque cometiera pecados terribles, aunque las gentes se escandalizaran de mí, esas mismas gentes también deberían estar a la altura y proclamar: «Éste es un idiota; pero todo lo que ha dicho sobre Cristo es verdad».

(TC05V)

Santidad y memoria

Me asusta el que tantas personas consideren el ideal de la santidad como el fruto de un esfuerzo moral: «Si quieres ser santo, haz propósitos, lucha por cumplirlos. Si fracasas, comienza de nuevo, no te rindas. ¡Ánimo!»… Todo eso es verdad, y seguramente es necesario, pero la santidad no es eso. ¡No es eso! De nada valen los propósitos y esfuerzos si el alma no está llena de un Amor que la anima. No convirtamos la santidad en deporte olímpico.

Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. ¿Nunca has pasado el día recordando un «te quiero»? Pues, entonces, no has vivido.

La santidad consiste en que Jesús te dice «te quiero» por la mañana. Abres el evangelio, lees su palabra, y la guardas en lo profundo del corazón. Terminas tu oración, pero el «te quiero» sigue ahí. Anima todas tus obras, perfuma cada palabra, colorea cada pensamiento. Si a las cinco de la tarde no recuerdas el evangelio que leíste por la mañana, vas fatal; vuelve a empezar.

Te parecerá arriesgado; a mí no. Ten un solo propósito: No olvidar la palabra de Dios. Lo demás vendrá solo.

(TC05X)

Si no creéis que «Yo soy»

Las palabras del Señor, como anticipo de la Última Cena, son una despedida en toda regla: Yo me voy.

Lo que sigue es aún más triste: Me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Jesús se va, está a punto de atravesar el umbral de una puerta que tiene forma de cruz. Muchos lo buscarán, y tratarán de seguir sus pasos; pero, al acercarse al Gólgota, sólo verán muerte, y el miedo los echará atrás. «No quiero tener nada que ver con ése que ha fracasado, que está cubierto de sangre, que está humillado y vestido con esputos; que está desnudo y crucificado entre ladrones», dirán. Y, al alejarse de Él, ellos mismos se irán sepultando en la muerte, porque no hay Vida fuera de Cristo.

Si no creéis que «Yo soy», moriréis en vuestros pecados. Quien mira con fe al Crucifijo ve allí a un Dios entregado que rompe la muerte y nos abre las puertas del Cielo. Ve todo el Amor y el perdón manando del costado. Y no quisiera estar en otro lugar.

Que no te engañen las apariencias. Mira a la Cruz con fe. Que lo parece muerte es vida, y lo que parece vida es muerte.

(TC05M)

Por un puñado de piedras

Perdón por la irreverencia, pero no puedo evitar que Jesús, en el pasaje de la pecadora perdonada, me recuerde a Clint Eastwood en una de esas películas de Leone. ¡Qué le voy a hacer!

Alborotados, los escribas arrastran a la pecadora. Gritan, exigen una sentencia cómplice con su intolerancia… Y Jesús calla, se inclina, escribe en el suelo… ¡Sólo le falta el cigarro, no me lo neguéis! (con perdón, ¿eh?).  Ellos gritan más, calla Jesús, suena Morricone… Y Jesús, lentamente, se levanta: El que esté sin pecado, que tire la primera piedra.  Se marchan, avergonzados. Jesús ha ganado el duelo sin apenas desenfundar.

Jesús y la mujer, solos, callados, se miran. Ella, en el suelo; Jesús de pie. Morricone de nuevo. – Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado? – Ninguno, Señor. – Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más. Se marcha Jesús…

Perdona, Señor. He visto tus lágrimas; sé lo sensible y dulce que eres en tantas ocasiones. Pero conmigo eres como fuiste con esta mujer. Recibo más amor de tus silencios que de tus lágrimas. Y confieso que me encanta. Quizá por eso me gustan Eastwood, Leone y Morricone. ¡Pecador (y fumador) que es uno!

(TC05L)

En tierra, o en el molino

Poco antes de su muerte, muchos se acercaban a Jesús con curiosidad. Ya no vemos las concentraciones de enfermos, sino el interés de los curiosos. Por toda Jerusalén se hablaba del Maestro, y unos griegos quisieron saber quién era.

Cuando se lo comunicaron, Jesús pronunció palabras que parecen anunciar el fin de la vida pública: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. A partir de esta hora, Jesús no será el profeta, ni el taumaturgo; será el grano de trigo sembrado en tierra un viernes santo.

Después de Él, muchos mártires han conocido esa misma muerte. Aunque no es la única. Otros granos ven su muerte en el molino, donde son triturados para conformar la harina de la que saldrá el pan.

Pienso en ti, y en mí. Quizá Dios no nos reserve el final de los mártires, pero sí nos llama a la muerte del molino. Déjate moler por tus hermanos, deja que los hombres se coman tu vida y la trituren… Serás, entonces, pan. Serás eucaristía. Serás Cristo.

(TCB05)

Contra el polvo de la muerte

Si, en los primeros años de su vida pública, al Señor se le echaban encima multitudes de pobres y necesitados, desde la tercera Pascua –la última– los seguidores de Jesús se fueron alejando mientras sus enemigos se abalanzaban sobre Él.

Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima… ¿Por qué no lo habéis traído?… ¿También vosotros os habéis dejado embaucar?… ¿También tú eres galileo?…

Es inevitable escuchar, de fondo, el salmo 22: Me aprietas contra el polvo de la muerte (Sal 22, 16). Ese acoso culminará en la Cruz, cuando sus enemigos, hostigados por Satanás, estrellen cruelmente al Señor contra las sórdidas tinieblas de la muerte más infame.

En este sentido, no nos debería ser difícil identificarnos –salvando todas las distancias– con el Crucificado. ¿Acaso nuestros miedos y ataduras, nuestras pasiones y nuestras angustias, no nos aprietan también contra el polvo de la muerte? ¿No ha querido someterse el Señor a ese mismo cerco, para compartirlo con nosotros y mostrarnos una salida?

Señor, Dios mío, a ti me acojo. Líbrame de mis perseguidores y sálvame (Sal 7, 1). A tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 31, 6).

Él se ha encerrado contigo. ¿Sabrás ahora salir tú con Él?

(TC04S)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de sus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad