Evangelio 2022

Cuaresma – Espiritualidad digital

Pecado y ridículo

Si no fuera porque estamos hablando del día en el que el hombre mató a Dios, tendríamos que decir que es para partirse de risa. Y, si poco lugar hay para la risa en un momento como ése, al menos reconozcamos el ridículo allá donde está. Porque el pecado convierte al hombre en un ser ridículo.

¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación. Por no declarar sus verdaderas intenciones, ni manifestar abiertamente el odio y la envidia que sentían hacia Jesús, estos hombres alegan que el Señor atenta contra el «perfil bajo» que convenía a Israel para no ser devorado por Roma. ¡Anda ya! Como si vosotros fuerais caballeros ingleses en un club de lectura.

A menudo se dice, y con razón, que Caifás, sin pretenderlo, profetizó al decir: Os conviene que uno muera por el pueblo. Pero la profecía del sumo sacerdote comenzó unas palabras antes: Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis.

¿No comprendes que, aunque te engañes llamando virtud a tus pecados, no puedes engañar a Dios? Sé sincero, aunque sólo sea por salvarte del ridículo.

(TC05S)

El veneno de la antigua serpiente

Presos de la furia, los judíos dejaron escapar el verdadero motivo por el que enviaron a Jesús a la muerte:

Porque tú, siendo hombre, te haces Dios.

Como a los borrachos, a estos hombres se les escapaba la verdad cada vez que perdían el control. Cuando llevaron al Señor ante Pilato, disfrazaron la acusación con delitos contra el Imperio Romano: alborotaba al pueblo, prohibía pagar impuestos, y se tenía por rey. Pero cuando, ante la oposición del procurador, vieron peligrar la condena, nuevamente enfurecieron y dejaron escapar la verdad: Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios (Jn 19, 7).

Acusan a Jesús de proclamarse Dios. Pero, a la vez, lo juzgan y condenan como si Dios fueran ellos. Ahí es donde emparentan con nosotros, y donde aparece, miles de años después, el veneno escondido por la antigua serpiente: Seréis como dioses, conocedores del bien y del mal (Gén 3, 5).

Molesta al mundo que Jesús sea Dios: porque así nos recuerda que no lo somos nosotros. Y no queremos dejar de ser señores de nuestras vidas. Por eso el hombre ha llevado al Hijo de Dios a una cruz.

(TC05V)

El eterno colgando de una cruz

Mira a la Cruz y escucha, en la oscuridad del Calvario:

Antes de que Abrahán existiera, yo soy.

Recuperemos nuestra oración de hace unos días. Y experimentemos el temblor que sacudió a Moisés ante la zarza ardiente. Porque lo que tenemos delante es mucho más que aquella zarza. Y nos está diciendo:

Antes de que Abrahán existiera, yo soy.

Calla y contempla. Cuelga del Madero el hombre que tenía un antes. En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios (Jn 1, 1). Ese hombre crucificado trasciende los pueblos y los tiempos, atraviesa los siglos con sus dos brazos extendidos y derrama eternidad por cada una de sus llagas. Acércate, como el ciervo a las fuentes de las aguas, y bebe en ellas manjares venidos del Cielo.

Los hombres lo miran, se burlan, creen que muere. Y quienes mueren son ellos, mientras el Crucificado, desde el Leño, gobierna la Historia. Tú aprende hoy, y no lo olvides, que escalando a esa cruz se alcanza a Dios y la vida eterna.

Antes de que Abrahán existiera, yo soy. Y tú sólo eres en la medida en que te abrazas a ese trono.

(TC05J)

Si el Hijo os hace libres…

Para el mundo, la Cruz es el símbolo de la peor esclavitud. Cosido de pies y manos a un madero, desnudo, llagado el cuerpo y agotado el aliento, ¿a dónde irás? No puedes coger el coche, ni salir a la compra, ni tan siquiera responder los mensajes del móvil, porque te lo han quitado todo. ¿Quién querrá compartir tu suerte? Estás atado y eres pobre; los hombres quieren ser libres y ricos.

Si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Un padre de la Iglesia (no recuerdo quién) comparó al Crucificado con el ave que extiende sus alas. Vio al mundo entero preso de cadenas terribles mientras Cristo, rotas las ataduras, volaba libre hacia el Cielo.

Llama el mundo libertad a lo que le esclaviza. Los pecados y los bienes de este mundo lo encadenan y lo postran, para que no pueda mirar al Cielo. La antigua serpiente ha llevado al hombre a su terreno.

He aquí la verdadera libertad: Todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo (Flp 3, 8). Mientras contemplamos el Crucifijo, sabemos que sólo es libre el alma enamorada, que ha roto las cadenas del pecado porque ya nada desea sino a Cristo.

(TC05X)

El nuevo monte Horeb

La sagrada liturgia asocia el evangelio de hoy al episodio de la serpiente alzada por Moisés en el desierto. Y con razón, porque Jesús hace referencia al momento en que, como aquella serpiente, sería levantado en alto para ser mirado por los hombres en busca de salvación: Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que «yo soy».

Pero esas últimas palabras, tan misteriosas y fascinantes, nos llevan, también, a otro episodio de la vida de Moisés: «Si ellos me preguntan: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les respondo?». Dios dijo a Moisés: «“Yo soy el que soy”; esto dirás a los hijos de Israel: “Yo soy” me envía a vosotros» (Éx 3, 13b-14).

El Gólgota es el nuevo monte Horeb. Si allí vio Moisés una zarza que ardía sin consumirse, en el Gólgota encuentra el cristiano a un hombre que muere sin morir; circundado de muerte, y derramando vida. Y, absorto, como extasiado, pregunta el cristiano: ¿Quién eres tú? «¿Quién eres tú, que, lejos de parecer vencido y consumido, pareces Señor de la muerte, como quien se levanta sobre ella y la incorpora a su cortejo triunfal?». Responde Cristo: «Yo soy. No temas. Yo soy. Acércate a Mí, y también vivirás».

(TC05M)

El hombre que tenía un «antes»

Treinta y tres años son muy poco tiempo. Cualquiera de nosotros puede vivir más del doble, hoy día, y jubilarse con salud. ¿Cómo es posible que un hombre que sólo ha vivido treinta y tres años haya dejado semejante huella? ¿Cómo es posible que, dos mil años después, miles de corazones se iluminen, y miles de sonrisas amanezcan, con sólo pronunciar el nombre de este hombre? Personajes que hayan marcado la Historia hay muchos, pero son fósiles; nadie sonríe al recordarlos, nadie los ama desesperadamente, nadie pierde la vida por ellos. Eso sólo sucede con Jesús. ¿Por qué?

Sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Lo que no sabemos, ese «de dónde» y ese «adónde», guardan celosamente la explicación; son el antes y el después de esos treinta y tres años. Sólo Jesús, entre los hombres, tiene un «antes»: ha venido de lo eterno, del Padre. Y, tras su paso por la tierra, ha vuelto al Padre, dejando abierta para nosotros la puerta de un «después».

Y, entre el «antes» y el «después», ha dejado la Historia poblada de brillos de eternidad. Yo soy la luz del mundo.

(TC05LC)

Un cruce de miradas

Si hubiera que filmar la escena, yo emplearía dos cámaras: una en el suelo, como en el suelo estaba la mujer, mirando hacia Jesús. La otra la pondría en alto, a la altura de los ojos del Señor, mirando hacia la mujer.

Los acusadores se han marchado. Y la mujer mira al Maestro. Ha pecado, y siente vergüenza; sabe que la humillación a la que ha sido sometida es justo castigo de sus culpas. Pero en el rostro de Cristo no ve acusación, sino ternura. ¿Cómo puede mirarme así, después de lo que he hecho? En esos ojos no hay sólo compasión, hay cariño. Conoce mi pecado, y me ama… ¿Es posible? ¿Puede Dios amarme tanto después de haberle traicionado?

Los ojos de Jesús miran desde lo alto de una cruz. Tu pecado me está taladrando el corazón, pero te amo. No te condeno, sino que soy condenado por ti, porque quiero que vivas. Recibe mi sangre, déjate limpiar, y volverás virgen a casa. Anda, y en adelante no peques más.

¿Qué fue de esta mujer? Quienes sobreviven a un accidente dicen que han nacido de nuevo. Para seguir haciendo lo mismo. Esta mujer nació de nuevo, pero de verdad.

(TCC05)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad