Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

El cielo está al alcance de la mano

Desde que Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, el cielo estaba lejos del hombre y el hombre estaba lejos del cielo. Israel ofrecía sacrificios y oraciones en lugares altos, esperando que el humo de las ofrendas y el incienso de las plegarias llegase a alcanzar al llamado «el Altísimo».

Alégrate. Hoy el cielo está al alcance de la mano. Dios se ha agachado, ha irrumpido en nuestro destierro y, revestido de carne humana, grita: Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos. San Juan anuncia lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida (1Jn 1, 1). Él palpó a Dios. La Virgen palpó a Dios. San José palpó a Dios. Centenares de enfermos fueron palpados por un Dios que imponía sus manos sobre ellos. También, también los soldados que lo crucificaron, abofetearon y flagelaron palparon a Dios con manos sacrílegas.

Yo no lo palpo, porque las sagradas especies me lo esconden mientras me lo muestran, pero yo tengo a Dios en mis manos cada día, cuando celebro la santa Misa. ¿Por qué no tiemblan? Quizá porque es Amor.

¡Qué cerca está Dios de nosotros! No cometamos ahora la torpeza de alejarnos de Él.

(0701)

“Misterios de Navidad

Los que buscan y los que huyen

Dividir el mundo entre buenos y malos es una estupidez. ¿Quién es bueno ¿Quién es malo? ¿Yo soy bueno? ¿Quién puede escudriñar las conciencias, sino sólo Dios?

Pero, ya puestos a dividir el mundo, quizá sea más realista dividirlo en dos: los que buscan y los que huyen, sean buenos o malos.

Los que buscan: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. Estos hombres no están bautizados, no son judíos ni conocen las Escrituras. Pero son buscadores incansables de la verdad, como lo fue san Agustín, y esa búsqueda, tarde o temprano, los acaba llevando a postrarse ante Cristo.

Los que huyen: Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Tienen miedo de la verdad, porque viven en la mentira, y estarán dispuestos a matar a la Verdad con tal de no afrontarla. De éstos dice san Pablo: Andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas; solo aspiran a cosas terrenas (Flp 3, 18-19).

Y, al final, el que busca encuentra y el que huye se despeña. Así de sencillo.

(0601)

“Misterios de Navidad

Sólo tres palabras

A Felipe no le gusta discutir de religión. Él simplemente le cuenta su vida a su hermano: Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret. Y cuando Natanael empieza a discutir de religión y le dice que de Nazaret no sale nada bueno, Felipe le corta el rollo: Ven y verás.

Ya está. No hace falta más. Por mucho que yo te explique, no vas a enamorarte. A mí nadie me convenció con palabras. Él me vio, me dijo: Sígueme, y yo lo miré porque esa voz me sonaba familiar. Fue entonces, al mirarlo, cuando me di cuenta de que tenía padre y madre, de que tenía un hogar y lo había perdido hacía mucho tiempo, de que era muy amado y ya no me acordaba, y de que ese padre, esa madre y ese hogar me estaban llamando para que volviera a casa. De repente, me sentí extranjero en este mundo. Y ya no tengo otro deseo que tomar su mano y volver con Él al hogar del que jamás debí salir.

Pero, por más que te lo explique, no lo vas a entender. Ven y verás.

(0501)

“Misterios de Navidad

Don Eugenio y el lobo

Eugenio Romero Pose se fue al cielo hace unos cuantos años. Era obispo auxiliar de Madrid, y un hombre de verdadera vida interior. En cierta ocasión, durante las navidades, entró en una de las oficinas del Arzobispado justo en el momento en el que el jefe del departamento había cogido un enfado considerable y estaba abroncando a todo bípedo implume que respirase cerca de él. Don Eugenio tomó por el brazo al jefe, lo llevó hasta el Belén del departamento, le señaló al Niño Dios y le dijo: «Él tomó de lo nuestro para darnos de lo suyo». Y aquel hombre quedó en silencio ante el Belén, apaciguado y recogido. Fue lo más parecido al episodio de san Francisco con el lobo.

A cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios. De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. ¡Cómo no apaciguarse ante este misterio! Nosotros queriendo ser grandes a fuerza de auparnos, y Él haciéndose pequeño y agachándose para darnos su grandeza, la de los hijos de Dios.

No quieras auparte, no quieras ser más que nadie. Agáchate, póstrate, y deja que Él te levante a esa grandeza pacífica y suave de la condición divina.

(TNA02)

“Misterios de Navidad

Reflexiones navideñas en desorden

Ayer decía el Bautista: «Yo no soy». Y hoy, señalando a Jesús, grita: «Éste es».

Este es el Cordero de Dios.. Este es aquel de quien yo dije… Ese es el que bautiza con Espíritu Santo… Este es el Hijo de Dios.

Y así estamos, ante el Belén, como estuvo Moisés ante la zarza.

Mi sobrina Ana, que es lo más parecido que conozco a Miércoles Addams, le dijo a su hermana mayor embarazada que el día en que naciese su hijo sería el día en que comenzaría a morir. Así de alegre es mi sobrina. Pero tenía razón.

Jesús ha nacido, ha comenzado a morir y a ser sacrificado como el cordero, ya está cubierto de muerte como la zarza estaba cubierta de fuego. Pero la muerte, como el fuego a aquella zarza, no lo consume ni lo consumirá.

Le preguntamos su nombre. Y mientras Juan responde: «Él es», la Virgen nos dice: «Su nombre es Jesús». Y nos deleitamos en ese dulce nombre, porque los enamorados se deleitan en el nombre del ser amado. «Tu nombre me sabe a hierba», cantó Serrat. A nosotros, el nombre de Jesús nos sabe a gloria y a gracia, a cielo.

¡Jesús!

(0301)

“Misterios de Navidad

Él es, yo no soy

Pensábamos que se había marchado, y aquí lo tenemos de vuelta. Juan Bautista, el profeta del Adviento, es también el Heraldo en Navidad. Él es el dedo que señala al Mesías:

Los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?» Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Mesías».

Es importante anotar que estas palabras figuran en el evangelio según san Juan. Porque, en ese evangelio, Jesús se referirá a sí mismo repetidas veces con las palabras que escuchó Moisés ante la zarza: «Yo soy». Es una declaración velada de su divinidad.

Juan, sin embargo, dice: «Yo no soy». Él es, yo no soy. En otras palabras: Él es Dios; yo, sin Él, no soy nada.

Recordémoslo, porque ni tú ni yo somos el Mesías. Somos unos pobres hombres que apenas podemos hacer un poco de bien a unas pocas personas. Y que tantas veces, queriendo arreglar algo, lo estropeamos todo.

No te empeñes en salvar a nadie, que no puedes. Ni siquiera puedes salvarte a ti mismo. Haz lo que el Bautista: habla de Jesús, señálalo, muéstralo a los hombres para que acudan a Él y Él los salve. Él es.

(0201)

“Misterios de Navidad

El Niño Jesús que yo quiero

No lo venden en las tiendas, ni está en las galerías del arte, pero yo quisiera un Niño Jesús con moquitos. Cuando lo digo no me toman en serio, pero va en serio. Y una Virgen que le limpie los moquitos, y que sería la primera Verónica. Lágrimas ante Jerusalén, sangre en la Cruz, moquitos en el pesebre. No hay tanta diferencia, es un rostro que destila humanidad.

Porque Aristóteles pensó en un Dios omnipotente y creador de todo a quien no le importamos un pimiento. Ese Dios no viene con moquitos, ni necesita quien se los limpie. Ese Dios tampoco llora ni sangra.

Pero la Virgen tuvo en brazos a un Dios con moquitos. Y su inmaculado corazón se estremeció en un vértigo de asombro ante la fragilidad del Altísimo convertido en bebé.

Los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. ¿Qué hacía la Virgen? Lo que hace cualquier madre con su bebé: arroparlo, protegerlo, limpiarlo. Y, a su tiempo, cambiarle los pañales a Dios.

¿No es para morir de gozo y de asombro el modo en que un Dios amante se ha puesto en nuestras manos?

(0101)

“Misterios de Navidad

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