Misterios de Navidad

Espiritualidad digital – Página 2 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Quienes nos odian a causa de la verdad

He recordado, leyendo el evangelio de hoy, unas palabras que la serie «The Crown» atribuye a Margaret Thatcher: «Quien no tiene enemigos es un cobarde».

Os echarán mano, os perseguirán… y todos os odiarán a causa de mi nombre.

Cristo, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad (Jn 18, 37), fue perseguido a causa de la verdad. Y anunció que quienes lo siguiéramos también seríamos perseguidos.

No suena muy tranquilizador, pero quizá deberíamos preocuparnos si nadie nos odia. ¿Estamos siendo fieles a ese testimonio? Porque está claro que el apostolado cristiano es incompatible con caerle bien a todo el mundo.

No te estoy invitando a ir por la vida buscándote enemigos. Te estoy invitando a ir por la vida buscando amigos para Dios. Pero, si lo haces, encontrarás enemigos de la verdad que se volverán contra ti. Quien odia la verdad odia también a quien la proclama. Y, cuando encuentres a esas personas, y recibas desprecios de su mano, recuerda que deberás amarlos. Lo que tu palabra no ha logrado con ellos lo logrará tu sufrimiento, unido al de Cristo y ofrecido por sus almas.

No sé si es cobardía no tener enemigos. Sé que no deberíamos callar.

(TOI34X)

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Gestos que iluminan las tinieblas

He visto a un padre de 35 años sonreír en su lecho de muerte, mientras prometía a su esposa y a su pequeña hija que los cuidaría desde el cielo. Un hombre me ha recibido con una sonrisa en el tanatorio, mientras velaba el cadáver de su hermano. He sabido que una mujer ha abrazado a la conductora que, por un error fatal, acababa de atropellar a su hija pequeña.

Para el mundo, estos gestos no tienen explicación posible. Cuando todo se desmorona, no es posible sonreír ni abrazar; sólo cabe llorar y tratar de ponerse a salvo a toda costa.

Llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida… habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

Cuando llegue ese día, y caigan las piedras mientras se desploman los astros y mueren los hombres, ¿habrá quienes sonrían?

Los habrá. Son los mismos que pudieron sonreír y abrazarse ante la muerte. Son quienes viven apoyados, no en las piedras, sino en la Roca, en quien no pasa, en Cristo. Son los discípulos de quien, sobre una cruz, ha vencido a la muerte para siempre.

(TOI34M)

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Primero, la devoción

viuda pobreHay refranes, en nuestra lengua española, que deben haber sido inventados por el Diablo. Uno de ellos es ése tan manido que dice: «Primero la obligación; luego la devoción». Y, cuando echamos mano de él, englobamos en «la obligación» las diez mil tareas que tenemos a lo largo del día: trabajo, familia, compras, etc. Luego, cuando hayamos cumplido con todas esas «obligaciones», si queda tiempo y nos lo permiten las series de tv (con su correspondiente cuota mensual), dedicaremos tiempo y dinero a «la devoción», es decir, a los rezos y las limosnas.

Todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra. Y trataron a Dios como al perro. Porque al perro se le dan las sobras (tengo que corregir esta frase: algunos emplean más dinero en su mascota que en Dios). Reservan para la oración los últimos minutos del día, cuando ya están casi vencidos por el sueño. Y dejan en el cestillo de la iglesia las monedas que les han devuelto en el supermercado después de la compra.

No seas de ésos. Que no tienes más obligación en esta vida que la devoción, es decir, servir por entero a Dios. Primero, Dios. Después, nada más.

(TOI34L)

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Su reino no tendrá fin

Ahí tenéis dos reinos, frente a frente: El procurador del Imperio, con el poder obtenido del César, y el Unigénito del Rey de reyes.

– Mi reino no es de este mundo. – Entonces, ¿tú eres rey? – Tú lo dices: soy rey.

Horas más tarde, Jesús yacía muerto en una cruz. Pilato y Caifás parecían haber ganado la partida. Dos mil años después, ¿quién venera a Pilato y a Caifás? Jesús, sin embargo, es adorado en toda la tierra.

Después de aquello, durante tres siglos, los discípulos de Cristo fueron torturados y martirizados por emperadores. Con cada cristiano muerto, creyeron obtener una victoria. Perecieron cientos de miles de cristianos. ¿Quién venera hoy a Nerón, o a Diocleciano? Jesús, sin embargo, es adorado en toda la tierra.

A lo largo de la Historia, nunca han faltado reyes y emperadores obsesionados con apagar la llama de la fe cristiana. Y no sólo ellos. Hace más de un siglo que Nietzsche proclamó que Dios había muerto. Después murió él. En 1951, Wittgenstein anunció que la era de la religión había pasado. También él murió, y yo he celebrado misa esta mañana. Jesús sigue siendo adorado en toda la tierra.

¿Quién es, entonces, el verdadero Rey?

(XTOREYB)

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¡Dios mío!

No es lo mismo decir «mi bolígrafo» que decir «mi Dios». Al menos, no debería serlo. Hay quienes dicen «mi Dios» como dicen «mi bolígrafo». Se refieren a ese Dios de usar y guardar, al que recurren cuando necesitan ayuda del cielo. Luego lo devuelven a la capilla hasta que vuelvan a necesitarlo.

Pero, para un cristiano, decir «mi Dios» es como decir «mi amor». «Mi amor» no es mi posesión personal; al revés, cuando digo «mi amor» me entrego al ser amado. Y ese «mi», tan posesivo con el bolígrafo, se convierte en lazo que hace, de dos personas, una.

Que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos.

Es como una renovación de la Alianza: Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios (Jer 11,4). Y, en el Cantar: Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado (Ct 6, 3).

Dile, con emoción: «¡Dios mío!». Y esa preciosa jaculatoria os unirá a Él y a ti en amor eterno. Mientras Él sea tu Dios, vivirás para siempre.

(TOI33S)

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Desalojando bandidos

temploEntra en el templo con Jesús, e imagina el alboroto de los vendedores, los mugidos de vacas y bueyes, las exclamaciones de quienes regateaban y el trasiego de hombres y animales. ¿Entiendes el dolor del Unigénito, al ver la casa de su Padre convertida en tugurio de mercaderes?

Escrito está: «Mi casa será casa de oración»; pero vosotros la habéis hecho una «cueva de bandidos».

Dime si hay menos ruido en tu alma: asuntos que te preocupan, placeres que te distraen, caprichos que te reclaman… ¡Menudo jaleo! Preferiría no estar en tu cabeza. Aunque, francamente, la mía tampoco es, precisamente, un oasis de silencio.

Por eso conviene que los viernes hagamos un pequeño ayuno para purificar el alma y convertirla, de nuevo, en casa de oración. Igual que empleó Jesús una santa violencia en el templo, empleémosla nosotros en el santuario interior, y expulsemos de allí consuelos que alborotan y ahogan el silencio. Un poco menos de comida, o de bebida, o de ruido… y mucha presencia de Dios.

Y después, por la tarde, con el alma más calmada: la Cruz, en el centro. Medita la Pasión de Cristo. Y será tu alma casa de oración, como Dios la quiere.

(TOI33V)

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Conoce a quien te visita

Entre lágrimas, Jesús reprochó a Jerusalén: No reconociste el tiempo de tu visita.

Sorprende la expresión. ¿Acaso el Hijo de Dios vino a la tierra de visita? Las visitas vienen, y después se marchan. Pero nos gustaría pensar que Jesús vino a la tierra para quedarse.

Cristo, en carne mortal, estuvo en la tierra apenas treinta y tres años. Para quienes no lo acogieron como Hijo de Dios, aquello fue una visita bastante perturbadora. Pero quienes lo acogieron como Hijo de Dios recibieron su Espíritu, y ese Espíritu mora en las almas de los cristianos hasta la consumación de los tiempos. Con ellos, en verdad, se quedó.

Lo mismo sucede cuando comulgas. Viene Jesús a tu cuerpo de visita. Apenas tardan diez minutos en disolverse las sagradas especies. Pero si, en ese tiempo, abres de par en par las puertas del alma, el Visitante se convierte en Huésped: El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él (Jn 6, 56).

Por eso, cuida que no se diga de ti: No reconociste el tiempo de tu visita. Conoce a quien viene a Ti, y acoge a quien te visita, para que no se marche.

(TOI33J)

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