El Mar de Jesús de Nazaret

Espiritualidad digital – Página 2 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

El regalo del centurión

Bendito centurión. Sin saberlo, nos ayudó a preparar todas las comuniones de todos los cristianos en todos los lugares del mundo.

Señor… no soy digno de que entres bajo mi techo… Dilo de palabra, y mi criado quedará sano.

La Iglesia, asombrada ante la fe de un pagano, recoge sus palabras y las pone en nuestros labios antes de cada comunión: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme».

¡Qué oración tan preciosa! El sacerdote alza la sagrada Hostia. Ante su blancura, que representa la pureza de Cristo, nos sentimos sucios. ¡Cómo podremos, quienes tanto hemos pecado, ser dignos de recibir tanta pureza!

Pero el reconocimiento de nuestra miseria no podrá apartarnos de ese Amor. Poco antes, en la plegaria eucarística, el sacerdote ha dicho: «Te damos gracias, porque nos haces dignos de servirte en tu presencia». ¡Cierto! Nosotros no somos dignos, pero Tú, al derramar sobre nosotros tu sangre en el bautismo y la penitencia, nos haces dignos. Esa Palabra tuya, que eres Tú, a quien recibiremos, nos sanará. Acudiremos a comulgar como acude el enfermo al dispensario. No por nuestros méritos, sino por tu Amor seremos sanados.

¡Bendito centurión!

(TOP24L)

“Evangelio

Amores que matan

Pedro quería muchísimo a Jesús… Pero lo quería mal. Quien te quiere mal te puede acabar matando.

«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser ejecutado»… Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo.

Haríamos lo que fuese por ahorrar dolores a nuestros seres queridos. Y nos equivocamos. Como se equivoca la madre que le da a su hijo cuanto pide, con tal que no sufra. Si su amor no se purifica, lo matará.

Simón estaba dispuesto a matar para evitar el sufrimiento de Jesús… Pero no estaba dispuesto a sufrir con Él. Lo negó tres veces.

¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

Mira cómo ama, cómo piensa Dios; aprende a amar. Tú le pides al Señor que te libre de tus dolores, y Él, en lugar de acabar con tu dolor, lo sufre contigo. Cuando aprendas, cuando pienses como Dios, sabrás que el amor no consiste en evitar dolor al ser amado, sino en sufrirlo con Él. Y, así, el amor a Jesús no te moverá a querer bajarlo a Él de la Cruz, sino a subir tú a esa Cruz para con Él sufrir, morir y resucitar.

(TOB24)

“Evangelio

Nacidos en medio de la noche

Hemos nacido en medio de una noche terrible y luminosa.

Mujer, ahí tienes a tu hijo.

Y, mirando a su Madre, Jesús nos señalaba a cada uno. En Juan se hacían presentes todas las almas en gracia.

Era de noche. Y la sangre del Redentor, derramada desde el Madero, era semilla de una vida nueva. Junto a esa Cruz, María recogía cada gota, cada lágrima, cada suspiro por el que Jesús entregaba su Espíritu. Con razón es llamada, también, cónyuge y consorte de su Hijo.

Todo el dolor de Jesús cabía en el corazón de su Madre, atravesado por siete espadas. Y en medio de ese dolor, que era dolor de parto y perfumaba la noche, cada uno de nosotros fuimos dados a luz.

Somos hijos de una noche muy cerrada, de un dolor muy profundo, de unas lágrimas muy ardientes, y de una Madre muy limpia y muy fiel. La que no había conocido el dolor al dar a luz en Belén a su Hijo, ahora se desgarraba por dentro al alumbrarlo de nuevo, cargado con nuestras culpas, y convertido en cabeza nuestra, a la vida eterna. Bajo la Cruz, y del corazón desgarrado de María, nació la Iglesia.

(1509)

El conocimiento de la Cruz

El misterio de la Cruz es el centro de la vida del cristiano. En el camino hacia el Cielo, es la Cruz como esa brújula de la que no deben apartarse nuestros ojos, pues, cuando los retiramos de ella, perdemos el camino y se apodera de nosotros el desconcierto.

Es preciso mirar y mirar al Crucifijo, hasta que uno se transforma en aquello que mira. La oración Colecta de la misa de hoy se refiere a los cristianos como «quienes hemos conocido en la tierra este misterio». Hagámoslo verdad. Ese «conocer» es un contemplar embelesados, con fe y amor, a Jesús crucificado.

El que cree en él, no es juzgado.

Cuando, de esta forma, te has unido a Él, ya no puedes ser juzgado, porque tú mismo eres otro Cristo. Claro que, a partir de entonces, tu vida se transforma. La Cruz es ya tu hogar. Por eso, te dejas herir por la vida presente, y, ante el dolor, más respondes con mansedumbre que con rebeldía. Te dejas herir, también, por el Amor de Dios, que es, en esta tierra, Amor llagado, y en esas llagas te unes interiormente al Crucificado. Entonces gozas, en medio del dolor, de vida eterna.

(1409)

La economía del trueque

La economía del trueque se basa en el estado de necesidad. Yo necesito pan, y tú necesitas vino. Yo te daré de mi vino, y, a cambio, tú me darás de tu pan. Fijaremos muy bien el precio, porque, ni a mí me sobra vino, ni a ti te sobra pan.

Yo necesito cariño, y tú necesitas cariño. Pero a ninguno de los dos nos sobra el cariño; vamos justitos. Por tanto, yo te daré cariño si tú me das cariño. Pero, si me tratas mal, yo te trataré mal a ti, porque no estoy para regalar cariño a nadie.

Si yo tuviera una piscina llena de vino, y una montaña hecha de pan, te regalaría todo el vino que necesitaras, aunque no me dieras pan a cambio. No lo echaría en falta, porque me sobra de todo.

Y, si yo fuera tan amado que me sobrara amor por todas partes, te amaría, aunque me odiases. Ni siquiera me dolería tu odio, porque iría tan sobrado de amor que nada podría arruinarme la fiesta.

¿Entiendes ahora?: Amad a vuestros enemigos. Sólo quien se sabe muy amado por Dios podrá cumplir el Sermón de la Montaña sin dejar de ser feliz.

(TOP23J)