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Espiritualidad digital – Página 2 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

La santidad, el mejor plan

«Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes».

Hay quienes piensan que la Iglesia crecerá por obra de sesudos planes, pergeñados en interminables reuniones pobladas por personas ociosas. Buscan la fórmula perfecta del perfecto marketing apostólico, el método infalible, obtenido tras un concienzudo análisis sociológico… Pero se equivocan. No serán expertos, ni soñadores de laboratorio, quienes extiendan el reinado de Cristo. Esos planes no salvan a nadie, porque no tenemos nosotros el control.

Os envío como ovejas entre lobos… ¿Qué planes hará una oveja cuando van a devorarla los lobos? Se encuentra desasistida, su vida no está en sus manos, sino en las manos de sus verdugos… y en las de Dios. Se deja comer, ofrece su vida, a los lobos les estalla la comida en el vientre, y, por el sacrificio del santo, se salvan las almas.

Se os sugerirá lo que tenéis que decir… El santo no controla sus palabras; lo mueve Dios. El Espíritu toma el control de su lengua, y el profeta grita palabras de vida.

El Reino de los cielos no lo extienden quienes planifican y ejecutan. Lo extienden quienes se dejan comer por los hombres y se dejan instruir por Dios: los santos.

(TOP14V)

Imperativos

El imperativo es una forma verbal terrible. Si un amigo te dice: «¿Podrías llevarme al trabajo mañana?», siempre puedes ceñirte a la pregunta, y responder: «No podría, porque estoy de vacaciones y mañana voy a quedarme en la cama». Pero si alguien te dice: «Llévame mañana al trabajo», o respondes: «¡A sus órdenes!», o respondes: «No me da la gana». Cualquier otra respuesta es una evasiva.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos… Gratis habéis recibido, dad gratis.

Id… Proclamad… Dad… Son imperativos, no preguntas. Para un cristiano, el apostolado no es una posibilidad, sino un mandato del mismo Cristo.

¿Lo cumples?

Mira que, antes de mandarte Id, quiso Él venir a la tierra a redimirte; antes de mandarte Proclamad, quiso Él proclamar en tus oídos la buena noticia; y, antes de mandarte Dad, Él mismo se te dio.

Vino, para que tú fueras. Te anunció, para que tú proclamaras. Te dio, para que tú des. No retengas su Amor. Deja que te llene, y que fluya, a través de ti, hacia quienes te rodean. Estás llamado a ser canal de gracia para muchos, no un tapón que cierre el paso a esa corriente de Vida.

(TOP14J)

Necesitamos almas

En el siglo VI, san Benito comenzó a agrupar a sus monjes en monasterios de vida común bajo la regla escrita por él.

Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.

Aquellos monasterios fueron, precisamente, manantiales de vida eterna para miles de seglares que se acercaban a ellos en busca de espiritualidad. Dos siglos después eran el alma de una Europa pecadora, pero cristiana.

Hoy, Europa sigue siendo pecadora, pero pierde su alma a chorros. Conforme las series de Netflix sustituyen a los autos sacramentales, y los centros comerciales se convierten en los nuevos templos para los domingos, Europa se aparta de Cristo y se descompone, como el cuerpo cuando el alma se separa de él.

Urge recordar a Europa cuál es su alma, el hálito de vida que la animó. Pero, antes, será preciso recordar a los europeos que tienen alma, porque muchos viven ya como animales evolucionados con conexión a Internet. Necesitamos un ejército de hombres y mujeres con alma, que recuerden a sus semejantes que hemos sido creados para gozos muy superiores a una nueva temporada de «Juego de tronos».

(1107)

No fue la palabra, sino el cansancio

¿Fue un éxito la vida pública de Cristo? Hablando en términos humanos, ¿puede decirse que Jesús triunfó?

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad.

Si nos referimos a su enseñanza y sus milagros como nos referiríamos a una campaña de marketing llevada a cabo por un comercial infatigable, habría que decir que la vida pública de Cristo fue un rotundo fracaso coronado por la Cruz. Aunque movió multitudes, terminó su carrera abandonado y despreciado.

Fue entonces, en la Cruz, cuando presentó al Padre la ofrenda de su vida. Desde la obediencia a María y José hasta el cansancio de aquellos tres años, vividos de pueblo en pueblo y dormidos de piedra en piedra, junto con los ultrajes del Calvario. Esa ofrenda nos salvó.

Por eso, cuando escucho que el nuevo apostolado pasa por las redes sociales, me río. Yo mismo, que escribo desde mi despacho, sé que cuanto escribo no sirve para nada si no lo riego con cansancio, con penitencia, y con la entrega de mi vida minuto a minuto, misa a misa. Que no es la palabra la que cambia el mundo, sino la Cruz.

(TOP14M)

Gente maravillosa

Entre los «actores secundarios» del Evangelio, hay algunos que gritan, y otros que se deslizan sin hacer ruido. Bartimeo, Marta, o la mujer cananea pertenecen al primer grupo: se encaran con Jesús, le importunan e insisten hasta que el Señor les hace caso. Zaqueo y la mujer hemorroisa, sin embargo, son de los segundos. Quieren ver sin ser vistos. No renuncian a aproximarse a Jesús, pero parece que no quisieran importunar.

Se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría.

Conozco a ese tipo de personas, y las admiro. Se acercan al confesonario por la rejilla, confiesan sus pecados con sencillez de niños, vaciando el alma pero no el diccionario, escuchan en silencio los consejos del sacerdote, y, cuando se marchan sin hacer ruido, no sabes si por el confesonario ha pasado un pecador o un ángel. En pocos minutos han aprovechado más que otros en media hora de relatos y excusas.

Jesús se volvió y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado». También levantó la cabeza para mirar a Zaqueo. Porque, aunque ellos lo pretenden, estas personas nunca logran pasar desapercibidas ante Dios.

(TOP14L)