Evangelio 2020

Espiritualidad digital – Página 2 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Ver, o no ver

Lee, en paralelo, estas dos frases del Señor: Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver… Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

Si las lees así, en paralelo, como situando una debajo de la otra, entenderás que, cuando no vemos al Señor, estamos tristes, pero, cuando lo vemos, nos llenamos de alegría. Ver, o no ver… He ahí el dilema.

¡Oh, Jesús! Cuando te perdemos de vista, sólo vemos nuestros problemas. Y, cuando sólo vemos nuestros problemas, ellos nos tapan los ojos, y dejamos de verte a Ti.

Si no te perdiésemos nunca de vista, estaríamos siempre alegres, y nada podría acabar con nuestro gozo. Por eso te pedimos, Señor, que derrames tu Espíritu sobre nosotros, y que ese Espíritu nos bendiga con los dones de sabiduría y ciencia.

El don de sabiduría dejará, en el paladar del alma, tu nombre como miel, y te saborearemos gustando tu dulzura en todo momento. Y el don de ciencia abrirá nuestros ojos para verte a Ti detrás de toda criatura y de todo acontecimiento. Hasta nuestros problemas se volverán transparentes para que contemplemos, tras ellos, tu faz misericordiosa.

¡Ven, Espíritu Santo!

(TP06J)

¡Acuérdate!

Mañana es un gran día. Yo que tú, para no olvidarme, crearía un recordatorio en el teléfono que te avise, mañana por la mañana, de que comienza el decenario al Espíritu Santo. Si eres de memoria frágil, configúralo para que te lo recuerde cada mañana durante diez días, hasta Pentecostés.

Porque el Espíritu vendrá con especial fuerza sobre aquellos que lo hayan invocado con fervor. Y tengo el presentimiento de que, este año, el Paráclito va a venir con una fuerza enorme; sin alboroto, pero con la dulzura de la brisa y la potencia del huracán perfectamente mezcladas en un soplo.

El Espíritu hablará de lo que oye, porque nos revelará la intimidad de la Trinidad beatísima. Y comunicará lo que está por venir, porque será prenda del Cielo, que llenará el alma con la esperanza de los bienes futuros.

Él nos guiará hasta la verdad plena, porque la verdad plena es Cristo, y Él nos esconderá en el corazón del Salvador. Dice el Señor: Él recibirá de lo mío y os lo anunciará, porque tomará los sentimientos del corazón de Cristo, y empapará con ellos el corazón del cristiano.

¿Ves cuántos motivos para hacer bien el decenario? ¡Mañana comenzamos!

(TP06X)

Amores, desengaños y celo de almas

Treinta y cinco años, y soltero. Vivía solo, comía solo, dormía solo, y presumía de ello. Se burlaba de los amigos casados, que apenas tenían tiempo para sí mismos, y se ufanaba de ser un hombre libre. Con treinta y seis se enamoró, con treinta y siete se casó, y a los treinta y ocho tuvo su primer hijo. A los treinta y nueve era el ser más feliz de mundo. ¿Cómo había podido estar tan solo hasta entonces? Lo que había experimentado como libertad se le mostraba ahora como pobreza, y, aunque ya no le quedaba tiempo para él, reconocía que el amor había dado sentido a su vida.

Cuando venga el Paráclito, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. Mientras no conoces el Amor de Dios, el mundo puede parecerte un lugar habitable y cómodo donde echar raíces. Pero cuando has gozado una sola gota de ese Amor, te das cuenta de que el mundo no cree en Cristo, no merece verlo, y, además, va camino de la muerte. Entonces quisieras ser, en el mundo, otro Cristo, para que todos despierten como has despertado tú. Celo de almas, se llama.

(TP06M)

Lo contrario de «rollo»

Definamos «rollo»: un rollo es la historia carente de interés y mal contada que te atiza un pesado cuando no tiene nada mejor que hacer. Te «suelta» un «rollo», y, mientras escuchas, los minutos se te vuelven horas. Una voz interior te atormenta: «¡A ver si acaba!»

Lo contrario de «rollo» es una historia interesante y bien contada, que te sumerge dentro de ella, y despierta tu interés hasta tal punto que las horas se te vuelven minutos. Hay libros y películas que uno desearía que no terminasen nunca.

Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Esto va más allá de cualquier buen libro, o de la mejor película. Cuando el Espíritu Santo infunde en tu alma los dones de sabiduría y entendimiento, y te manifiesta lo que Él conoce del Padre y del Hijo, es tal la dulzura con que se expresa, y la hermosura de lo que comunica, que la vida se te pasaría en un vuelo mientras lo escuchas. Entonces comprendes que el Cielo debe ser eterno, porque, en la contemplación de esa belleza, mil años pasarían como un día.

(TP06L)

Ni un minuto sin Dios

No ha dejado de conmoverme, en cada misa, ese momento en que, antes de comulgar, rezo en voz baja la oración que termina diciendo: «Y jamás permitas que me separe de ti».

Quienes se aman, encuentran su alegría en estar juntos, y tiemblan ante la posibilidad de separarse. Es el propio Cristo quien no quiere estar separado de los suyos ni por un momento:

Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros. A través de su Espíritu, quiere el Señor acompañar al cristiano en cada momento de su vida, convirtiendo en hogar su alma y habitando allí con él. Y, sin embargo, nosotros parecemos empeñados, muchas veces, en vivir sin Él. Nos engolfamos en las tareas de este mundo, salimos de nuestra alma, y lo dejamos allí solo, como diciendo: «Espérame, que ahora vuelvo». Perdemos, entonces, la presencia de Dios.

Procura llevar un crucifijo en el bolsillo, y tener cerca, siempre, imágenes de la Virgen o del Señor. Lleva contigo el rosario, y pronuncia, interiormente, miles de jaculatorias cada día. Pon todos los medios para tener el recuerdo de Cristo siempre a mano. Hagas lo que hagas, no pases ni un segundo sin Él.

(TPA06)

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Los que volamos

Por heroico que parezca, porque las historias de agentes encubiertos siempre lo son, la vocación del cristiano no es la de un infiltrado a quien introducen con pasaporte falso en un ambiente ajeno. No tenemos que infiltrarnos en el mundo, porque hemos nacido aquí, en este mundo y en este siglo lleno de dispositivos electrónicos, redes sociales, virus, blasfemias y posibilidades inmensas de comunicación.

Como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Estamos aquí, hemos nacido aquí, y no necesitamos infiltrarnos, porque vivimos aquí. Pero no somos de aquí. Por el Bautismo, Cristo nos ha convertido en hijos de Dios y ciudadanos del Cielo.

Por eso, vivimos aquí como quien está de paso, como quien señala a los hombres el camino a la Patria, como quien rompe horizontes y mira, gozoso, a lo alto. No es extraño que el mundo nos odie, porque somos espíritus libres, volamos alto, y la historia de Juan Salvador Gaviota se repite cada siglo. Pero también son muchos quienes, al vernos volar, recuerdan que tienen alas, y se dejan rescatar por Cristo.

Vivimos aquí, pero vamos al Cielo. Y no queremos llegar solos.

(TP05S)

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Hacer amigos

Lo de «hacer amigos» lo cantaba Joan Baptista Humet allá por 1984, en el álbum «Sólo soy un ser humano». ¡Qué gran cantautor! ¡Y qué arte tan desconocido, el de hacer amigos! ¡Y qué necesidad tan grande, para un ser humano, y para un cristiano, la de hacer amigos!

Desde que se inventó Facebook, la palabra «amistad» está devaluada. Prefiero a Aristóteles, quien decía que, para que existiera amistad, dos personas debían haber consumido juntas varios kilos de sal. Y prefiero, sobre todo, al Señor, quien nos ofrece hoy dos claves sobre la amistad verdadera:

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos… A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído de mi padre os lo he dado a conocer.

Ponlo en práctica, porque, para un cristiano, apostolado y amistad son lo mismo. Pero elige bien: en la iglesia tienes hermanos; los amigos, mejor, tenlos fuera. Nada más aberrante que dos almas piadosas teniendo «diálogos de carmelitas» en la terraza de un bar.

Acércate a quienes no creen, entrega tu vida por ellos, y muéstrales lo que tú has oído de labios de Cristo. Ten amigos, y hazlos amigos del Señor.

(TP05V)

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