Evangelio 2020

Espiritualidad digital – Página 2 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

¿Podré darte, al menos, lástima?

algo peorMe hubiera gustado ver los ojos de aquel pobre hombre, postrado en tierra durante treinta y ocho años, cuando, tras preguntarle Jesús si quería quedar sano, le respondió:

Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina.

Me hubiera gustado ver la impotencia en su mirada, en esas pupilas que, desde el suelo, mirando hacia arriba, le decían al Señor mucho más de lo que hablaba la lengua: «¡Señor! ¡Si yo quiero! Pero… mira cómo estoy. ¿No te doy lástima?».

Fueron los ojos del paralítico, no sus palabras, los que conmovieron las entrañas de Jesús.

Hoy quisiera yo rezar con esos ojos. Y mirar al Señor como un pobrecillo, cubierto de pecado y de miseria, incapaz de limpiarse a sí mismo y de dar un paso más allá de sus estrechas fronteras. Con mi mirada quisiera decirte, Jesús: «¡Si yo quiero! Quiero hacer tu voluntad, quiero darte gloria con mi vida, quiero caminar en tu presencia, quiero entregarte mi corazón por entero, quiero ser tuyo hasta en los pliegues más íntimos de mis entrañas… ¡Pero no lo sé hacer! Hace años que quiero todo eso, y aún no te he dado apenas nada. ¿Podré darte, al menos, lástima?».

(TC04M)

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Cuando no vemos…

Cuando hay una situación de enfermedad, la salud del cuerpo se nos muestra como más urgente y acuciante que la del alma. Nos provoca más miedo y angustia la pérdida de la salud, o de la vida temporal, que la devastación provocada por el pecado en los espíritus. No cabe duda de que el cuerpo grita más que el alma cuando muere.

Los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta. Como Jesús había curado enfermedades en Jerusalén, fue recibido en Galilea como un benefactor de la Humanidad.

Señor, baja antes de que se muera mi niño. Y Jesús responde: Si no veis signos y prodigios, no creéis.

Si vemos signos y prodigios, si el Señor cura a los enfermos y alivia el sufrimiento de los familiares, creemos. Pero esa fe siempre tendrá que preguntarse por su objeto: ¿Es a Dios a quien rezas, o buscas un brujo que espante el fantasma de la muerte?

Me pregunto si somos capaces de creer cuando no vemos; cuando los enfermos no se curan; cuando la muerte y el sufrimiento nos cubren con su manto de tinieblas.

Me pregunto si creemos en Jesús crucificado.

(TC04L)

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Una Vigilia diferente

No sé si podréis acercaros, dentro de tres semanas, a la Vigilia Pascual, para romper la noche con vuestras candelas encendidas. Pero no estéis tristes, porque quizá, en este misterioso 2020, Dios tenga preparada una vigilia diferente.

Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche y nadie podrá hacerlas. Ya ha venido. Pero no tengáis miedo a la noche de Dios.

Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado). Si os sumergís en esta noche, si meditáis la Pasión de Cristo y convertís esta cuarentena en oración, descubriréis claridades nuevas que alumbran la gruta abierta en el costado del Señor. Entrad allí, dejaos iluminar…

Y cuando, finalmente, la Noche Pascual grite la noticia de la Resurrección de Jesús, no será el templo el que brille, sino el mundo. En cada una de vuestras casas, vuestras almas se encenderán con resplandores de gloria. Iluminaréis calles, ciudades, naciones, y la tierra entera. Podríais salir a las ventanas, a medianoche, con candelas encendidas, y el mundo entero resplandecerá.

Será una Vigilia maravillosa. Pero, para que podamos celebrarla, es necesario que sumerjáis en Cristo vuestra candela durante la noche que ha comenzado.

(TCA04)

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No te justifiques; déjate justificar

parábola del fariseo y el publicano«Mire, padre: yo trato de ser todo lo paciente que puedo con mi suegra… Pero me busca las cosquillas todo el rato y, al final, estallo»… Quien se confiesa así no se acusa; se justifica. Es decir, recubre su pecado con argumentos que le hacen parecer justo… ¡Qué digo «justo»! Parece un santo, víctima de una suegra pérfida.

Así se confesaba el fariseo: No soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.

Mientras tanto, el publicano se acusaba: ¡Oh, Dios! Ten compasión de este pecador.

Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquel no. ¡Qué curioso! Quien se justifica a sí mismo lo hace solamente por fuera, como quien recubre con barniz de santidad un cubo de basura. Sin embargo, quien se acusa a sí mismo es justificado por Dios. Y Dios no te justifica por fuera; te envía su Espíritu, que te limpia por dentro y te hace «justo», es decir, santo.

Nunca te justifiques en tus pecados. Más bien, acúsate, y deja que sea Dios quien, entrando por la puerta de tu contrición, te haga santo.

(TC03S)

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Señor, sólo el Señor

«Señor» se dice de muchas maneras. Habitualmente, significa «hombre adulto», pero puede ser despectivo o indiferente: «¡Que se calle ese señor!», «Ese señor que está ahí…», «Señor, ¿podría decirme la hora?», etc.

Pero «Señor», realmente, significa «dueño». Y así lo debemos entender cuando Jesús recita el primer precepto de la Ley de Dios: El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor». Es decir: Dios es el único Dueño, el Dueño absoluto, el Señor.

Desde aquí afrontamos nuestro examen cuaresmal, que hoy se condensa en dos preguntas:

¿Soy dueño de algo? ¿Me he adueñado de mi vida, de mi tiempo, de mi cuerpo, de mis fuerzas, de mis planes, de mi dinero, de mis seres queridos…? Porque, si me he adueñado de algo, debería desprenderme de ello hoy mismo para entregárselo al Señor, el único Dueño, y quedar yo convertido en mero administrador, que emplea cuanto tiene según la voluntad del Amo.

¿Se ha adueñado alguien o algo de mí? ¿Soy esclavo de mis pasiones, de la opinión de los demás, de mi cólera, de mis rencores y odios…? Porque, en ese caso, debería liberarme de ello para entregarme sólo a Dios.

Señor, sólo el Señor.

(TC03V)

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(MEDITACIÓN DE 31 MINS. SOBRE EL SEGUIMIENTO DE CRISTO) Predicada en unos ejercicios espirituales (Pulsar en el enlace con el botón derecho para descargarla)