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Espiritualidad digital – Página 2 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Almas, corazones, y entrevistas de trabajo

Pedro y PabloAhora se llama a los trabajadores «recursos humanos». Es denigrante. El directivo evalúa sus dotes, calcula su productividad, y los asigna al puesto en que puedan rendir más beneficios. El alma y el corazón quedan aparte. Esas áreas pertenecen a la vida privada.

Afortunadamente, Cristo no es un CEO. Construye su iglesia con almas y corazones, y desprecia las capacidades humanas, porque es Él quien actúa a través de aquéllos que lo aman.

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Se lo dice a un pescador impulsivo y cobarde, a quien sólo le hace una pregunta en la entrevista de trabajo: ¿Me amas más que éstos? (Jn 21, 15). No te preocupes de más. Sigue amándome más cada día, aunque sigas tropezando en cada bordillo. El poder del infierno no la derrotará.

La entrevista de trabajo de Pablo tuvo, también una sola pregunta: ¿Por qué me persigues? (Hch 9, 4). Y, por respuesta, el arrepentimiento, las lágrimas, el amor, la pasión por Cristo crucificado. Entre tanto, un ángel de Satanás abofeteaba al Apóstol para que no se creciera.

Almas y corazones. Almas rendidas y corazones amantes. Así edifica el Señor su Iglesia. No quiere recursos, sino enamorados.

(2906)

Ama mucho; ama bien

sagrado corazónNo aceptes, en tu corazón, ningún afecto que no esté bien guardado en el Corazón de Cristo. Ojalá quieras mucho a los tuyos. Ojalá quieras mucho a tus amigos. Ojalá quieras mucho a tus enemigos. Ojalá quieras mucho a quienes apenas conoces. Ojalá te reviente el corazón, de tanto amar. Ojalá quieras tanto, que sea el Corazón de Cristo quien ame en ti. Aunque, para ello, necesitas mucha oración, mucha vida sacramental, mucha intimidad con el Señor.

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí. Jesús no te pide que ames menos a los tuyos, sino que los ames más. Porque si los amas con ese pobre corazón tuyo, tan lleno de apegos, tan egoísta, tan «controlador», tan herido, esos afectos te acaban separando de Dios. ¡Cuántos padres, por «amor» a sus hijos, los acaban apartando de su vocación! ¡Cuántos hijos, por «amor» a sus padres, acaban destruyendo su matrimonio!

¡Ámalos más! Ámalos desde el Corazón del Salvador. Ámalos tanto, que estés dispuesto a morir para que ellos sean santos.

(TOA13)

El asombro de todo un Dios

Quien todo lo sabe, ¿puede admirarse de algo? Quien ha creado a cada hombre, y a cada hombre sondea hasta lo más profundo de las entrañas, ¿puede sentir admiración, como si descubriera en una persona algo que no esperaba encontrar?

Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe». En su divinidad, Jesús conoce el interior de cada hombre. Pero Cristo nunca hizo trampas a su favor con su divinidad. Fue creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres (Lc 2, 52). Y así, como hombre, hizo descubrimientos que lo llenaron de admiración.

Admiró a aquel pagano lleno de fe y sentido común. Si a él, un centurión, le obedecían sus soldados, ¿cómo no iba la Creación a obedecer a su Dueño? Este hombre, sin que nadie le advirtiese, había intuido la divinidad de Cristo. Y, sin él saberlo, anticipó el diálogo que Jesús tendría con Pilato antes de su crucifixión:No tendrías ningún poder sobre mí, si no se te hubiera dado de lo alto (Jn 19, 11).

¡Bendita fe del centurión! ¡Bendita humanidad de Cristo! ¡Y dichosos nosotros, si creemos!

(TOP12S)

¿Cómo está tu alma?

Cuando aquel pobre hombre, comido por la lepra, se acercó a Jesús y le dijo: Señor, si quieres, puedes limpiarme, llevaba mucho tiempo recostando en su cama cada noche un cuerpo sucio, que se caía a pedazos, y levantándolo del lecho, a duras penas, cada mañana. Por el día, las gentes huían de él y lo señalaban, lo tenían por pecador y maldito… No podía más. La súplica que presentó al Señor estaba tan llena de dolor, que el corazón misericordioso de nuestro Salvador quedó vencido por la compasión.

No te extrañe que te diga que se puede estar peor de lo que él estaba.

Muchos duermen cada noche con el alma putrefacta, apestada de pecados que llevan años sin confesar. Se levantan por la mañana, asean el cuerpo con cuidado, lo perfuman, y nada les importa seguir conviviendo con las ronchas malolientes de muerte de su espíritu. Salen a la calle, y la gente les sonríe. Si presumen de sus pecados, encuentran quien les aplauda. Si aquel pobre leproso no podía más, ellos pueden. Les basta con no asomarse jamás a su interior.

Veo que te preocupan mucho tu salud y tu apariencia externa. Pero ¿cómo está tu alma?

(TOP12V)

Sentimentalismo tóxico

En 2016, Theodore Dalrymple escribió «Sentimentalismo tóxico», una auténtica profecía del tiempo en que vivimos. No nos mueve el amor a la verdad, sino el deseo de sentir consuelo. No buscamos lo «verdadero», sino lo «agradable». Somos la generación más manipulable de la Historia. Nuestra voluntad está rendida al sentimiento, y el sentimiento no está bajo nuestro control, sino entregado a quienes lo manipulan con estímulos.

Sucede también en la religiosidad. Queremos «sentir» a Dios, vivir en la permanente caricia afectiva de lo divino. Hemos renegado de las tinieblas del Gólgota, y nos hemos mudado a un Tabor de diseño. Necesitamos música, gestos, besos abrazos… Lo peor que te puede decir un feligrés es «No siento nada». Equivale a decir que ha perdido la fe. Si es que la tuvo.

Se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Peor que sobre arena. Edificar la piedad sobre el sentimiento es construir sobre mantequilla. No caigas en semejante error. Edifica sobre la Roca, sobre la Verdad. Tú sabes que Dios te ama. Incluso cuando te sientes solo, sabes que está contigo. Dile, aunque te parezca un grito seco: «¡Creo! ¡Confío!». Y sigue adelante. Serás fiel hasta el final.

(TOP12J)

Fiel

¡Menuda rabieta, la de los parientes, con el nombre de la criatura! Fieles a la costumbre, estaban empeñados en llamarlo Zacarías, como su padre. Hasta que la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan».

No es malo ser fieles a las buenas costumbres. Pero, en ocasiones, Dios rompe las buenas costumbres para instaurar fidelidades mejores. El nombre de Juan, precisamente, lleva unidas dos palabras: «Dios» y «fiel». Y se puede leer de dos maneras: «Fiel a Dios» y «Dios es fiel».

Fiel es quien responde hasta el final de sus promesas, y responde hasta el final ante aquéllos con quienes se compromete. En Juan, Dios mostró que era fiel a su promesa de redimir al hombre, y que seguía siendo fiel al hombre, a pesar de las infidelidades de su pueblo.

Juan fue fiel. Desde el seno materno, respondió a la vocación divina de ser el mensajero del Mesías con un «sí» pronunciado en forma de salto infantil. Y llevó aquel «sí» hasta el sello heroico del martirio.

No sé si te llamas Juan, ni si debo felicitarte hoy. Pero sé que Dios es fiel a ti, y le pido que seas tú, como Juan, fiel a Dios.

(2406)

El primer escalón

Al P. Agustín Liébana, un religioso agustino que va camino de los altares, le oí hablar de los cuatro grados de la caridad: Amar al prójimo como a uno mismo, amar al prójimo como a Cristo, amar al prójimo como Cristo lo ama, y amar al prójimo como se aman entre sí la tres divinas personas. Él aseguraba haberlo aprendido de san Agustín, pero nunca he llegado a leer esta doctrina en los escritos del santo. Mi Agustín, el P. Agustín, insistía mucho en que esos cuatro escalones deben subirse de uno en uno. No se puede pisar uno sin haberse asentado antes en el anterior.

Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos. No puedes amar al prójimo como a Cristo, ni cumplir el mandamiento nuevo, si primero no cumples esta regla de oro. Es el primer escalón. Y, sin embargo…

¿Te gustaría que hablasen de ti como hablas de «esa persona»? ¿O que pensaran de ti como piensas de «esos prójimos»? ¿O que te respondieran con las formas con las que respondes a quien te interrumpe? ¿O que te atendieran con ese humor?

Sube al primer escalón. Y, después, volvemos a hablar.

(TOP12M)