Evangelio 2018

Espiritualidad digital – Página 2 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Lo que no puedes hacer sentado

Un amigo mío, de figura gruesa, y de carácter tranquilón y apacible, nos sorprendió a todos cuando supimos que llevaba varios meses saliendo a montar en bicicleta. No esperábamos de él semejante fervor deportivo. Y, cuando le pregunté por qué había elegido el ciclismo, me respondió: «Porque es el único deporte que se practica sentado».

Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos. Sentado se está muy bien. Ya sea perdiendo kilos, como mi amigo, o ganando dinero, como Leví. Sentado también se puede comer, jugar a las cartas, ver la televisión, beber cerveza, leer, estudiar, escribir, y realizar otras muchas actividades.

Hasta que te encuentra Jesús. Le dice: «Sígueme». Se levantó y lo siguió. Lo que no puedes hacer sentado es seguir al Señor. Algunos lo intentan con todas sus fuerzas: imaginan que, a base de sentarse a meditar y reunirse durante horas lograrán seguir los pasos del Maestro. Pero, para seguir a Jesús, es preciso levantarse: salir de casa, buscar a los hombres, acercarse a las ovejas perdidas, desmontar la vida propia y perder el control… La vida del discípulo es toda una aventura. Pero no para quien la quiere vivir sentado.

(TOP01S)

“Evangelio

El milagro más grande

He aquí un milagro que pudo no haber sucedido; al menos, no como querían los que lo imploraban:

Vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro (…) Abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía (…) Viendo Jesús la fe que tenían

Aquellos hombres traían a su amigo con la esperanza de que Jesús sanara sus piernas. Pero los ojos del Señor se clavaron una parálisis peor: la del pecado. Tanto se le fue la cabeza a esa enfermedad, que olvidó la del cuerpo:

Hijo, tus pecados te son perdonados.

Cundió el desconcierto entre quienes no habían acompañado a Jesús en aquel viaje al centro de las almas. Esperaban una sanación corporal, no un hombre perdonando pecados. Y les pareció irreverente.

¿Por qué habla éste así? Blasfema.

La insolencia de los escribas devolvió al Señor al mundo de la carne. Y, como le pedían, curó las piernas.

Pocos supieron que el verdadero milagro se había producido antes. La curación de ese amigo tuyo que está en el hospital, y que lleva años sin rezar, no es el milagro más grande. El milagro más grande es que se confiese y reciba la unción. Aunque se marche al cielo diez minutos después.

(TOP01V)

“Evangelio

Yo ya vine. Ven tú ahora

Jesús es un maestro a la hora de guardar las distancias. No se impone, no avasalla, no persigue ni agobia a las almas. Se acerca, pero conserva, entre Él y tú, esa cantidad justa de metros que te permiten decidir si quieres ir a Él o prefieres mantenerlo fuera de tu vida.

Se quedaba fuera, en lugares solitarios; y, aun así, acudían a él de todas partes.

Tienes cerca al Señor. Pero, salvo que estés impedido, no va a ir el sacerdote a confesarte a casa o a celebrar la misa en tu sala de estar. Jesús ya ha descendido del cielo, y se ha dejado matar en una cruz, para llegar hasta el sagrario de tu iglesia. Ahora, eres tú quien debe salir de casa para ir a misa, o para confesar. Es tanto lo que recibirás de Él, que cualquier esfuerzo vale la pena.

No se entiende bien que, después de tanto esfuerzo por parte del Señor, el cristiano diga: «Hoy no me apetece confesar, confesaré la semana que viene»; «Hoy no es día de precepto, ya iré a misa el domingo»… Da un poco de pena. Por la mediocridad del cristiano, y por la soledad de Jesús.

(TOP01J)

“Evangelio

Valor sobrenatural de las croquetas

Cuando Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés. Es decir, como todo el mundo, cuando sale de misa de doce: fue a tomar el aperitivo, y a comer con la familia o los amigos. «Vamos a casa de Simón, que su suegra hace unas croquetas que tiran de espaldas». Pero cuando llegaron a la casa de las croquetas, perdón, de Simón, la suegra de Simón estaba en cama, con fiebre. Jesús la cogió de la mano y la levantó. Se le paso la fiebre y se puso a servirles. Doña suegra hizo las croquetas, y no pudo haber acción de gracias que agradase más al Señor.

Diréis que un «Te Deum» hubiese sido más piadoso. Pero yo creo que, en una situación así, cualquiera de las croquetas valía por cuatro «Te Deum».

También un mecánico agradecido repara con cuidado el Ford Focus de Jesús en sus clientes. Y un sacerdote agradecido celebra la Misa con el mismo cariño que puso doña suegra en las croquetas. No es irreverente. Aunque también podría decir que doña suegra puso en las croquetas el mismo cariño que un buen sacerdote pone en cada misa.

(TOP01X)

“Evangelio

Sé creíble

Se asombraban los judíos del discurso de Jesús, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas. Los escribas repetían palabras que habían leído; Jesús, sin embargo, hablaba desde lo profundo de Sí mismo, y entregaba su corazón en cada sílaba.

Si al Señor no lo creyeron, no diré que vayan a creerte a ti. No obstante, cuando hables de Dios, sé creíble. Si te limitas a repetir, punto por punto, la última homilía que escuchaste a don Aristóbulo, o la última catequesis que escuchaste a Epaminondas, te vas a convertir en un pesado, y el motivo de que rechacen tus palabras será el aburrimiento. Un cristiano puede enojar, fascinar o provocar odio. Pero jamás debería aburrir. Sólo quien está aburrido aburre a los demás, y nosotros no nos aburrimos.

Escucha la homilía, atiende a la catequesis. Acoge esas palabras en el corazón y hazlas tuyas. Conviértelas en parte de tu alma, lucha por cumplirlas, enamórate de esas verdades. Y después, cuando hables de Cristo, da rienda suelta al corazón. Algunos te creerán, otros te odiarán, y otros se burlarán con mala conciencia. Pero nadie podrá negar que crees en lo que dices. Y, desde luego, nadie se aburrirá.

(TOP01M)

“Evangelio