Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Página 2 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Que no se embote el corazón

Termina hoy el Tiempo Ordinario con el mismo grito que inaugurará el Adviento: Estad, pues, despiertos en todo tiempo.

Permanece en vela quien tiene los ojos abiertos a la luz, y duerme quien sepulta la mirada en las tinieblas mientras sueña las mentiras de la noche.

La luz es Cristo. Quien tiene los ojos clavados en Él permanece despierto y lo verá acercarse. No permitamos que criatura alguna nos haga retirar nuestra atención del Señor. Fijemos nuestra mirada en Cristo de tal modo, que todo ser creado, y hasta el más insignificante acontecimiento se vuelvan transparentes y nos permitan verlo a Él. Si rezas, mira a Cristo; si trabajas, trabaja para Cristo; si descansas, descansa con Cristo; si comes, sienta a Cristo a tu mesa; si duermes, sueña con Él. Que no haya un solo minuto, a lo largo del día, en que tus ojos no estén clavados en tu Señor.

No sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida. Porque si la diversión, la bebida o las preocupaciones apartan tu mirada del Señor, tu corazón se embota, es decir, se mete en un bote, y será difícil sacarlo de ahí. Tened cuidado.

(TOP34S)

Palabras vivas de amor eterno

Dicen que es el libro más vendido de la Historia. Pero eso no es importante; lo importante es que es, también, el más leído. Desde hace dos mil años, la Biblia se proclama cada día en los templos, y su proclamación es recibida por millones de personas. Son multitud quienes la leen en sus casas. Si reuniéramos las páginas que se han escrito sobre cada pasaje evangélico, no habría biblioteca capaz de albergar tantos libros… Y no nos hemos cansado de ella.

He leído cada frase del Nuevo Testamento al menos mil veces –no exagero, quizá me quede corto–. Conozco, de memoria, gran parte de los evangelios. Me repito sus frases, desde hace muchos años, miles de veces al día… Y no me canso, nunca me canso, me siguen sabiendo a nuevas esas palabras cada vez que las saboreo.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. No lo jures. Si alguien es capaz de mostrarme un libro capaz de saciar así el alma, sin nunca cansarla, seguramente será porque me ha traído la última edición de la Biblia. Jamás se ha escrito un libro así. Es el único libro vivo que da vida al hombre.

(TOP34V)

How great thou art

«Evangelio» significa –lo sabes– «buena noticia».

Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad.

¿Dónde está la buena noticia? Te lo diré: la buena noticia es que, cuando esto suceda, no nos va a importar ni a doler lo más mínimo. El miedo y la ansiedad que ahogarán las gargantas de los hombres a nosotros ni siquiera nos tocarán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Será tan grande el gozo de ver el rostro del Señor, resplandeciente de gloria sobre las nubes, que, aunque nos cayese una estrella en la cocorota, nos daría igual. Cuando contemplemos esa faz transfigurada, nos sobrará todo. Nada ni nadie nos podrá arrebatar nuestra alegría.

Me gusta mucho esa canción: «When Christ shall come, with shout of acclamation, and take me home, what joy shall fill mi heart. Then I shall bow, in humble adoration, and then proclaim ‘My God, how great Thou art’»(*).

(TOP34J)

(*) Escúchala aquí, y verás cómo Carrie Underwood y Vince Gill ponen a rezar a todo un auditorio.

¡Qué misterioso estratega!

De un rey poderoso que arenga a sus huestes podría esperarse un discurso de victoria: «Somos mucho más fuertes que el enemigo. No temáis, no podrán ni siquiera acercarse. En cuanto os vean, saldrán huyendo».

Pero el Rey de reyes, el Todopoderoso cuya fuerza es superior a la de todos los ejércitos de este mundo, arenga así a sus soldados: Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre… Matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Ante semejante arenga, lo que le pide el cuerpo al soldado es salir corriendo y alistarse, mejor, en algún grupo de teatro para jubilados.

¡Qué misteriosa estrategia, la de este rey! En lugar de evitar la derrota, como haría cualquier soldado, se abraza a ella en una cruz, y, besándola, la convierte en victoria al resucitar de entre los muertos. Preguntad a los mártires; ellos os lo contarán. Saben lo que es vencer en el tormento, y conquistar, con sus dolores, las almas de sus enemigos.

Somos ovejas entre lobos. Pero, cuando los lobos nos comen, nosotros los conquistamos a ellos.

(TOP34X)

No quedará piedra sobre piedra

Hablaban del templo de Jerusalén, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos. Tú podrías hablar de la estatua de la libertad, las pirámides de Egipto, el monasterio de El Escorial o la Alhambra de Granada. Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida.

Este mundo se cae a pedazos. Nuestros propios cuerpos alcanzan su esplendor para, después, irse consumiendo en la decrepitud hasta que se deshacen. La belleza de la juventud dura menos de lo que tardas en admirarla.

Esto se hunde. Paradójicamente, sólo la Cruz queda en pie. Ella es el centro del Cosmos y de la Historia, la única escalera que da acceso a lo eterno desde lo profundo de la muerte. Quien se abrace a ella, será salvado del derrumbe y vivirá para siempre. Quien huya de ella, se perderá entre los escombros a los que vive abrazado: ¿El coche? ¿El piso? ¿El dinero? ¿El ser amado, también mortal?

¡Qué enorme responsabilidad, para quienes conocemos esa escalera! ¿Seremos capaces de ver cómo los hombres se precipitan en la muerte, y no proclamar a gritos que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida?

(TOP34M)

La cristiana perfecta

viuda pobreEl reinado de Cristo es muy distinto de los poderes de este mundo. De ellos dice san Pablo: Dad a cada cual lo que es debido: si son impuestos, impuestos; si tributos, tributos (Rom 13, 7). Pero, una vez pagados los impuestos, el resto del dinero (si queda algo) lo emplea el contribuyente en lo que le viene en gana.

Al Rey de los cielos, sin embargo, le debemos todo. La viuda del Evangelio demostró más sabiduría que muchos ricos y sabios de este mundo.

Todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir. Como la Virgen, la «esclava del Señor», sabe que a Cristo no se le entregan dos terceras partes de la vida: o se entrega uno a Él por entero y sin condiciones, o no se le sirve en absoluto. Pero cuando un alma se entrega así, el propio Señor cuida de ella y se rinde enteramente en sus manos.

Apréndelo: no basta con que entregues al Señor esos tiempos de oración, por generosos que sean. O le entregas cada respiración, cada minuto, ¡cada moneda!… O no lo honras como Rey.

(TOP34L)

El reinado silencioso del que espera

Que Cristo esté callado no significa que no reine. Vivimos en el ojo de un huracán. Este silencio aparente de Dios debería mantenernos en vela.

Vino el Hijo de Dios a la Tierra, hizo de una cruz su trono y conquistó un reino entregado hasta entonces a los demonios. Cuarenta días después de resucitar, ocupó su lugar a la derecha del Padre, y dejó a la Tierra sumida en el silencio de un prolongado y misterioso Sábado Santo.

Los hombres mienten, y el Cielo guarda silencio. Matan, y el Cielo guarda silencio. Blasfeman, y el Cielo guarda silencio. Roban, y el Cielo guarda silencio. El mal se extiende, y el Cielo guarda silencio. ¿Dónde está hoy su reinado? ¿Qué está sucediendo?

Sucede que aún no ha llegado el día en que vuelva sobre las nubes.  Entonces se sentará en el trono de su gloria y se separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

El Señor no calla; espera. Espera que extendamos su reino, que se le rindan los corazones, y que los hombres obedezcan por amor y no por miedo. Aún sueña con encontrar, a su llegada, un rebaño donde solamente haya ovejas.

(XTOREYA)

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