Evangelio 2018

Espiritualidad digital – Página 2 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Como cualquier hijo

Cuando miles de personas aclaman a la vez a alguien, las voces de todos se funden en un alboroto indescifrable. Incluso si las masas se ponen de acuerdo en corear una consigna, cuesta trabajo entenderla. Son demasiadas personas gritando a la vez.

No era el caso. Allí, cada uno decía lo que le salía de dentro. Pero san Lucas aplica el zoom sobre una sola persona: Una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».

Si esta mujer ha pasado a la Historia es porque, en medio toda aquella algarabía, sus palabras lograron abrirse paso hasta el corazón de Jesús y se clavaron en él como una flecha. El Señor se emocionó al escuchar aquel elogio dirigido a su madre. No debería extrañarnos. Cualquier ser humano bien nacido tiembla por dentro cuando le mientan a su madre.

Gracias a esta buena mujer, sabemos que cada avemaría del santo rosario se clava en el corazón de Jesús. Si alguien piensa que rezarle a la Virgen es hacer de menos al Señor, que se desengañe inmediatamente. Cada vez que rezas a la Madre, el Hijo engorda de satisfacción.

(TOI27S)

Frikis

Según mi hermana, la Iglesia se nos está llenando de «frikis». Se refiere a personas obsesionadas con los demonios. Si les duele la cabeza, llaman al exorcista, porque no tienen virus, sino demonio. Si se les avería el automóvil, no es el carburador, sino espíritus malignos… Agotador. Si Woody Allen los descubriera, se percataría de que el exorcista es más cinematográfico que el psicoanalista: – «Mi exorcista es más serio que el de Marilou, que terminó casándose con ella. El mío es feo, como tienen que ser los exorcistas, y habla en latín, como está mandado».

El pecado de Eva consistió en prestarle al demonio más atención de la cuenta. Los ojos deben clavarse en la luz.

Además, ver demonios tras todos los males es soberbia. Con muchas personas, el demonio se sienta y aplaude. Concupiscencia, debilidad y estupidez le dan el trabajo hecho.

Son las casas barridas y arregladas, los santos, quienes hacen sudar al demonio. Con ellos se emplea a fondo, aunque poco puede. Y, para disgusto de «frikis», el santo habla mucho de Dios, pero poco del diablo. Si le pides un exorcismo para la jaqueca, igual te invita a aprovechar tu tarjeta de la Seguridad Social.

(TOI27V)

El pilar de la humanidad

Lo que se llamó «movimiento de liberación de la mujer» vino a ser el comienzo de un mundo sin mujeres. Porque, más que liberar a Eva del yugo de Adán, se trataba de «adanizar » a Eva, y matarla como mujer. A la que había sido el alma del hogar y la madre de familia numerosa se la dotó del derecho a matar a sus hijos en su vientre y se la animó a buscar su realización fuera de casa, haciendo lo que hacía el hombre. Pero el mundo sin mujeres acaba siendo un mundo sin familia, sin hogar, sin niños, sin calor. Ahora, este mundo frío se encuentra a merced de los manipuladores de nieve.

He visto caer a padres de familia. Si la madre se mantenía en pie, la familia permanecía unida. He visto a mujeres levantar a sus maridos con inmensos sacrificios. Pero también he visto caer por tierra a madres, y venirse abajo la familia entera.

Dichoso el vientre que te llevó… Si la Virgen quiso aparecer sobre un pilar, no fue casualidad. ¿Acaso no estaba diciendo, entre otras cosas, que la mujer es el pilar que sostiene a la humanidad? Pero, si el pilar cae…

(1210)

Cuando oréis, decid «Padre»

Hay quien, cuando reza, dice: «¡Oh!». Levanta los ojos al cielo, toma aliento, alza la cabeza y suspira: «¡Oh, Señor!». Luego viene el resto.

No es que esté mal. Muchas oraciones litúrgicas comienzan así, y por algo será. Quien dice «¡Oh!» está lanzado al cielo un grito para que Dios escuche. Es la imprecación dirigida desde el abismo a quien se encuentra en lo alto.

Pero, cuando los discípulos pidieron a Jesús que les enseñase a orar, Jesús respondió: Cuando oréis, decid: «Padre». Decir «Padre» es distinto que decir: «¡Oh!». «Padre» es la llamada que dirige un hijo, cuando está en casa, a su papá. Es una invocación llena de confianza y de amor, que brota de labios de un pequeño que nada posee a un Padre que lo ama y lo comprende.

Ambas invocaciones son necesarias, y de ambas debemos servirnos. Por nuestros pecados, que tanto nos han alejado de Dios, es necesario que gritemos: «¡Oh, Señor, apiádate de mí!». Por la gracia que hemos recibido, y que se renueva en cada confesión sacramental, podemos salir del confesonario diciendo: «¡Padre! ¡Papá! ¡Papaíto!».

Por eso, cada vez que, arrepentidos, decimos «¡Oh!», Dios nos responde otorgándonos la gracia de decir: «¡Padre!».

(TOI27X)

Lo que nadie te puede quitar

Quisiéramos hacerlo todo bien. Yo quisiera celebrar con pulcritud la Santa Misa, atender bien a mis feligreses, recibir con cariño a quienes viene a confesar sus pecados, esmerarme por impartir una buena catequesis a los niños… Tú, como padre o como madre, quisieras acertar al educar a tus hijos, hacer bien tu trabajo, ser amable con tus amigos y cariñoso con tu familia…

¿Y qué? ¿Lo consigues siempre? ¿Qué sucede cuando no lo logras? ¿Te vienes abajo?

Ante los desvelos de Marta por lograr que todo salga bien, Jesús le dice: María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada.

A Marta le pueden quitar lo suyo. Se le puede quemar el cordero o derramar el vino sobre el mantel, y todo se habrá malogrado. ¿Qué harás entonces, Marta? ¿Culparás también a María?

Sin embargo, a María, cuyo tesoro es el Amor de Dios, ni siquiera sus pecados le pueden quitar su parte mejor. Porque esa parte mejor no depende de ella, sino de Dios, y Dios no dejará de amarla nunca.

Procura hacer las cosas bien, por amor a Dios. Pero cuida que tu tesoro no sea tu amor a Dios, sino el Amor de Dios.

(TOI17M)

“Evangelio

Lo que la parábola no cuenta

La parábola del buen samaritano cuenta tanto como calla. No explica qué sucedió con el personaje principal: aquél que, viendo al enfermo en su camino, le vendó las heridas (…), lo llevó a una posada y lo cuidó. Tras haberlo dejado en manos del posadero, ese hombre siguió su camino.

Piénsalo. Podría haber cancelado su viaje, haberse quedado con el enfermo y no haberse marchado hasta que estuviera repuesto. En ese caso, el enfermo, a buen seguro, le habría abrazado, se habría postrado ante él y le habría asegurado que, en adelante, le debía la vida y no lo olvidaría jamás… Nada de eso pudo hacer. Cuando el herido se repuso, su salvador no estaba allí.

Tampoco se nos dice nada acerca de la alegría con que el buen samaritano prosiguió su camino, sabiendo que había hecho lo que Dios le pedía. Él no era –lo sabía– el Salvador. Era, simplemente, un pobre hombre que, a su paso, había hecho el bien que pudo.

Aprende: no estamos llamados a solucionar todos los problemas de todas las personas. Estamos llamados a hacer el bien que podamos, y a confiar en Dios, ese buen Posadero en cuyas manos dejamos a los hombres.

(TOI17L)

“Evangelio

Un terrible crimen, y un tremendo error

Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése lo recibiréis (Jn 5, 43).

Son palabras del Señor en el evangelio de san Juan, que parecen pronunciadas para explicar la parábola que hoy nos trae el evangelio de san Mateo: Por último, les mandó a su hijo (…). Pero los labradores (…) lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Lo mismo había sucedido antes con los profetas, y lo mismo ha sucedido después con los mártires.

No hablo de un crimen que nos sea ajeno. Nuestra única posibilidad de salvarnos consiste en amar a ese Hijo de Dios y unirnos a Él en el cumplimiento de la voluntad del Padre. Pero, para conocer la voluntad de Dios sobre nosotros, necesitamos a esos mensajeros que nos digan lo que en concreto quiere Dios de cada uno.

Por eso, obedeced a quien os habla en nombre de Dios. Someteos a un director espiritual; elegidlo vosotros, pero, una vez elegido, obedecedlo cuando os indique el camino del cielo. No cometáis también vosotros el error de sacar fuera a quien viene a vosotros enviado por el Propietario de la viña.

(TOA27)

“Evangelio

Bendita repetición de palabras

rosarioHay quien dice que el santo rosario no es sino una repetición de palabras. Benditas palabras, y bendita repetición. Yo me paso la vida repitiendo palabras a los hombres, diciéndoles siempre lo mismo, sin que apenas nadie haga caso. Sin embargo, cada palabra que digo a Dios alcanza el corazón amoroso de la Trinidad y vuelve a mí destilada en gracia divina. También, también a Dios tengo que repetirle muchas veces las mismas palabras. Él lo quiere así, y por eso nos pide tantas veces que insistamos en la oración.

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Tras estas palabras de María, el Verbo divino se hizo carne. También las palabras del sacerdote, durante la misa, hacen descender a Jesús desde el cielo para hacerse presente en el altar.

Cierto; el santo rosario es una repetición de palabras. Pero cuidadlas mucho. No hay palabras mejor dichas, ni mejor repetidas. Mientras pasáis las cuentas, no os conforméis con una recitación mental; abrid los labios, pronunciad y saboread esas palabras, aunque sea en voz baja. Os sabrán dulces, y harán que vuestro amor por Cristo y su santísima Madre se encienda más y más en cada avemaría.

(0710)

“Evangelio

Lo que hace un buen padre

Cuando son jóvenes, a menudo los hijos se quejan de que sus padres no los tratan por igual. Luego, cuando son padres, descubren que tampoco ellos tratan del mismo modo a sus hijos. Porque un buen padre nunca trata del mismo modo a todos sus pequeños. Más bien, sabe lo que puede esperar de cada uno, y lo que a cada uno debe dar.

Así es Dios. Por eso el Juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

Toma nota. Porque, el día en que nuestro Padre Dios nos juzgue, Él, que es el mejor Padre, no usará el mismo rasero para todos. A cada uno sabrá pedirnos conforme a lo que nos dio.

Por eso, no te adelantes. No juzgues a quienes, sin haber recibido tanto como has recibido tú, cometen pecados que te parecen abominables. Dios sabrá lo que debe exigirles.

Más bien, recapacita y date cuenta de que tú has recibido mucho. Y que un pecado venial consentido puede ser, para ti, más digno de reproche que pecados mortales cometidos por quienes apenas sabían lo que hacían. Dios, que tanto te ha dado, también te va a pedir mucho. Procura ser fiel.

(TOI26V)

“Evangelio

Ya que nos invitas a pedir…

Puesto que el Señor ha dicho: Pedid y se os dará… ¿Qué le pediremos en este día en que la Iglesia, recién comenzada la temporada de trabajo, se presenta ante Él? Pidamos algo grande, algo que esté a la altura de Aquél que se entrega sin límites.

Señor, que el trabajo que estamos comenzando a realizar en tu nombre sea fecundo. Y, ya que me dejas hablarte con la libertad de un hijo, déjame también decirte que no nos conformaremos con una fecundidad terrena. Desde luego que deseamos que nuestras obras estén bien hechas, y cumplan su cometido aquí, en la tierra. Pero, a través de esa fecundidad temporal, queremos ofrecértelas, unidas a la Pasión de tu hijo, para que produzcan fruto de almas. Te pedimos, Señor, que nuestro trabajo sea apostolado.

Señor, que nuestro descanso te sea agradable. Porque sabes que, para trabajar bien, necesitamos descansar, te pediré ahora el descanso más reparador: que descansemos en Ti. Que nuestra oración sea descanso del alma, que la Cruz y el altar sean lecho de amor sobre el que nos recostemos… Y que también nuestro descanso corporal te sea agradable, porque no sepamos descansar sin Ti.

Sé que nos lo concederás.

(0510)

“Evangelio