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Espiritualidad digital – Página 3 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

La lepra, la gripe, la gracia…

diez leprososCuando los leprosos acudieron a Jesús, se quedaron a distancia. Se pararon a lo lejos, y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». La lepra era señal de impureza, y, por respeto, no se acercaron. Ojalá los imitaran mis penitentes, porque tengo a media parroquia con gripe, y algún pecador, además de confesarme los pecados, me va a transmitir los gérmenes si siguen confesando cara a cara en lugar de usar la rejilla. Y, como acabe yo en cama, ¿a quién confieso?

Volviendo a lo importante: Mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se postró a los pies de Jesús. ¿Ves cómo se han acortado las distancias? Mientras estaba sucio, se quedaba lejos. Ahora, cuando está limpio, se aproxima hasta besarle los pies.

No es lo mismo estar en pecado que estar en gracia. Un alma en pecado siempre reza desde lejos; el alma en gracia reza en intimidad con Cristo. Por eso, si estás en pecado, haz caso a Jesús: ve al sacerdote, confiesa. Y, si andas griposo, ve por la rejilla, por favor. Luego, ya en gracia, abraza al Señor. Al sacerdote, mejor déjalo, hasta que te cures. Gracias.

(TOC28)

Subido al Pilar

La Virgen subida al pilar… y yo, subido a sus brazos, como el niño.

Tiene sentido. Tiene, mejor, varios sentidos. Si logro explicarme…

La Virgen, subida al pilar, es la Virgen invencible, inalterable. Porque el pilar es Cristo. Y quien descansa en ese pilar es como la casa edificada sobre roca. Nada ni nadie podrá derribarla. Así la Virgen, apoyada en Jesús, confiada en Él y asentada en su gracia, pasó por la persecución de Herodes, por la humillación de los parientes de Jesús, y por el oprobio de la Cruz, sin perder jamás la paz.

Pero la Virgen fue también pilar de Cristo. Sobre ella descansó el niño Jesús, y así reposa en sus brazos en la imagen venerada en Zaragoza, y en miles de imágenes más. Me gustan las vírgenes con niño. También, en el Calvario, fue la Madre pilar para el Hijo. La mirada de la Virgen sostuvo y consoló a Jesús crucificado durante las horas más amargas de su Pasión.

Hoy te miro, Virgen del Pilar, y con mis ojos me subo a tus brazos. Me hago hueco junto al niño Dios, y me escondo allí. Tú, subida al pilar; Jesús y yo, subidos a ti.

(1210)

Las armas de que se fiaba

A Satanás le llama Jesús «el príncipe de este mundo». Así es, porque Adán y Eva le entregaron el dominio sobre los hombres. Y las armas de este príncipe, con las que precipita a los hombres en el pecado, son el sufrimiento, la muerte y las tinieblas.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.

Es viernes. Medita hoy la Pasión del Señor. Y verás cómo, en el Gólgota, Jesús le arrebató a Satanás las armas de que se fiaba. Le arrebató la muerte, que hacía vivir como esclavos a los hombres, y la convirtió en el acto de amor supremo. Le arrebató el sufrimiento, que hacía desesperar a los hijos de Adán, y muriendo de tristeza convirtió el dolor en Redención. Le arrebató también las tinieblas, que confundían a los hombres, y, habiéndose ocultado el sol desde la hora sexta hasta la hora nona, Cristo crucificado llenó de luz la oscuridad, para iluminar a quienes viven entre sombras.

Después repartió el botín con nosotros. Y ahora somos reyes de la Creación.

(TOI27V)

Grandes deseos

panesUn error que cometemos muy a menudo es el de medir nuestra santificación en metros, o en kilómetros, qué sé yo. Pensamos que somos más santos cuando alcanzamos determinadas metas, y, si no las alcanzamos, le decimos al sacerdote: «¡No avanzo! ¡No avanzo!»… Olvidamos lo esencial: la santidad se obra en el corazón del hombre, y el corazón es el reino de los deseos. Las obras vienen después.

Cuando el personaje de la parábola pide tres panes a su amigo, ante la negativa del dueño de la casa, no desiste en su petición, sino que insiste con más fuerza. Y eso incrementa el deseo. Finalmente, ese deseo alcanza el bien anhelado: Os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

¿Por qué no conviertes tus propósitos en plegarias? ¿Por qué, en lugar de decir: «seré manso», no imploras: «¡Señor, hazme manso!»? Apoya tu oración con una lucha firme, y, si el Señor no te concede la mansedumbre, pídela con más insistencia, deséala más. Ese gran deseo es, ya, un gran avance.

Fomenta los grandes deseos. Y Dios, después, te dará las obras.

(TOI27J)

Vive según lo que rezas

Como dos amigos que parten un trozo de pan, así, en el Padrenuestro, el hombre y Dios se reparten las plegarias. Pedimos (¡a Dios!) bienes para Dios, y pedimos, también, bienes para nosotros.

Para Dios pedimos el honor y el reino que le corresponden: Santificado sea tu nombre, venga tu reino. Puesto que eso pides en cada padrenuestro, ten cuidado, después, de vivir de forma acorde con tu plegaria. No vayas a pronunciar en tu oración esas palabras, y después vivas como quien dice: «que mi nombre sea honrado, que todos me alaben, que reine yo sobre todos, y que hagan todos lo que yo quiero». Eso sería, literalmente, un «contradiós». Quien reza el Padrenuestro debe buscar la honra de Dios con su vida, y la obediencia a sus mandatos con sus obras.

Para nosotros pedimos el perdón, el pan de los pobres, y el cuidado de los desvalidos: Danos hoy nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, no nos dejes caer en tentación. Si pides el pan, acude luego a comulgar con hambre. Si pides perdón, acude al sacramento donde ese perdón se derrama. Si pides a Dios que te guarde del mal, no juegues, después, tú con la tentación.

(TOI27X)