Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Espiritualidad digital – Página 3 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Beatus ille homo…

Bienaventurados los pobres, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre, los misericordiosos, los limpios, los que trabajan, los perseguidos

Al final, y como resumen, echemos mano de un antiguo dicho latino: «Beatus ille homo qui sedet in sua domo», bienaventurado el hombre que se queda en casa.

Bienaventurado aquél que encuentra su casa en la bendita gruta del costado abierto de Jesús en la Cruz, y allí tiene sus delicias. Su alma está saciada con el agua que brota a raudales de esa fuente, y su corazón se alimenta de los sentimientos de Cristo. Día y noche, el pensamiento del Señor lo colma de paz, y el nombre de Jesús, paladeado sin cesar en el alma, lo embriaga con su dulzura. Y, todo ello, en medio de los mil afanes de esta vida. Conduce por la autopista, y saborea el Amor divino. Compra en el supermercado, y se deleita interiormente con la compañía del Salvador.

Un alma así no necesita nada más; Dios le basta. Y en medio de la pobreza, de la persecución, de las lágrimas o de la incomprensión, su corazón rebosa de alegría y de paz, porque está en Casa. El Cielo en la tierra.

(TOI10L)

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Lo que nadie hubiera podido imaginar

Cuando los discípulos preguntaron a Jesús: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?no sospechaban que el alimento de esa cena sería el propio Jesús.

Tomad, esto es mi cuerpo.

Nadie hubiera podido imaginar a un Dios entregado en alimento a sus criaturas. Muchos pueblos ofrecían a sus dioses sacrificios de comunión, en los que la víctima era devorada por el pueblo. Eso no era nuevo. Pero hoy sabemos que era la intuición poderosa de lo insospechado: un Dios ofrecido en sacrificio y devorado por sus criaturas para transformar en santos a los pecadores.

Por eso creo en la Biblia; no existe otro libro como ése. La armonía que reina entre sus páginas hace su escritura comparable a la creación de Cielo y Tierra. Pero más fascinante aún resulta cuando esa armonía, repentinamente, alumbra sorpresas que jamás mortal alguno hubiera podido esperar.

Por eso creo en la Eucaristía; porque nadie hubiese podido inventarla en un millón de años. Pero, una vez inventada, y recuperada el alma de la sorpresa, resulta sumamente creíble y armónica con la Historia de la Salvación. ¡Cómo no creer, si un sabio como Tomás de Aquino cayó postrado! Adoro te devote, latens Deitas!

(CXTIB)

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Si tú y yo fuéramos santos…

viuda pobreContra todas las expectativas que se habían generado en torno al Mesías, Jesús nunca hizo una condena del Imperio Romano, ni de su dominación sobre Israel. Las palabras más duras del Señor, curiosamente, no fueron para los gentiles, sino para las personas más religiosas de su época, los escribas y fariseos.

¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes. Esos recibirán una condenación más rigurosa.

El motivo de que el Señor fuera más duro con los judíos que con los gentiles me parece claro: Si Israel fuera santo, el mundo cambiaría. Pero si el pueblo elegido, bajo la dirección de unos líderes hipócritas, caía en la tibieza, atraería sobre sí todos los males.

San Pablo hizo lo mismo. Sus mayores ataques no fueron contra los paganos, sino contra los pecados de los cristianos. Él sabía que una Iglesia santa cambiaría el mundo.

¿Qué provecho sacas bramando contra políticos y periodistas? ¿No acabarás llenando de odio tu corazón? Emplea esa furia, más bien, en erradicar tu tibieza. Si tú y yo fuéramos santos, el mundo cambiaría.

(TOI09S)

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La trampa definitiva

Primero los fariseos, después los saduceos y, a continuación, los escribas… ¿Queda alguien ahí? Las tres trampas habían fallado. Y nadie más parecía querer intentarlo de nuevo. Era el turno de Jesús. ¿Os gustan las trampas? Pues, atentos.

¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: «Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies». Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?

Impresionante. Son los hijos quienes llaman «Señor» a los padres, no al revés. Si el Mesías es hijo de David, ¿por qué David lo llama «Señor»? ¿Acaso es más el hijo que el padre? ¿O será que el Mesías, además de ser hijo de David, es superior a él?

Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto. Fariseos, saduceos y escribas tumbados en la lona con un solo golpe. ¿Cómo no iban a pasárselo bien?

Nosotros nos quedamos hoy con el salmo: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies. Porque hay batallas que se ganan sentados. ¡Cuántas victorias, en media hora de oración ante el sagrario!

(TOI09V)

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El primer mandamiento son dos

Después de la trampa de los fariseos vino la de los saduceos. Y, fracasadas ambas intentonas, los escribas se acercaron al Señor para tenderle también la suya.

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» ¡Cuántas discusiones, en la sinagoga y en el Templo, sobre la dichosa pregunta! Quizá el escriba esperaba que Jesús diese la razón a unos o a otros. Pero la respuesta del Señor rompió el nudo gordiano de aquellas disputas académicas con un tajo sorprendente: El primer mandamiento son dos. El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». El segundo es este: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No hay mandamiento mayor que estos.

El escriba quedó sorprendido: Muy bien, Maestro. Sin duda tienes razón. Asunto zanjado…

¿O no? ¿Lo tienes claro tú? Si tu oración no te lleva a entregarte más al prójimo, a perdonar más, y a ser más paciente con los tuyos, no creas que, por rezar mucho, estás amando a Dios. Tan sólo te estás escondiendo.

(TOI09J)

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…Y la trampa saducea

¡Menuda historia, la de la pobre mujer del cuentecillo de los saduceos! Yo la incluiría en el catálogo de las mártires, ya que en otros catálogos tiene más difícil encaje. Primero Alfeo, después Zaqueo, después Mateo, después Tadeo… y así, hasta ver pasar a los siete hermanitos. Porque los siete han estado casados con ella.

Y cuando, finalmente, sale la buena mujer de este mundo, va y se encuentra a los siete haciendo cola para ver quién comparte con ella el Paraíso. ¡Cómo para volverse a la tierra, donde, al menos, ya no estaban los hermanitos!

Mejor que emprender el camino de vuelta a este mundo cruel, el verdadero deseo de la mujer será pertenecerle por entero a Dios y gozar la eternidad en sus brazos. Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio. Entonces, Dios lo será todo en todos, y todos seremos suyos.

Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Y el Dios tuyo, y el mío. Porque el Espíritu Santo, que es vida eterna en nuestras almas, nos «secuestra» para Él, y esa consagración nos hace pregustar el cielo ya en la tierra.

(TOI09X)

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La trampa farisea

Todo buen hipócrita (que también en eso hay clases) sabe tentar con halagos a quien quiere embaucar. Y los fariseos, en eso de la hipocresía, eran maestros:

Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. Hagámosles justicia: tienen razón en todo lo que dicen. Jesús es veraz, es la Verdad misma. Jamás le preocupó lo que dijeran de Él. No se fijó nunca en apariencias, su mirada iba directa al corazón. Y enseñó el camino de Dios, porque Él mismo es el Camino.

A partir de aquí, la hipocresía desvela su propio rostro: ¿Es lícito pagar impuesto al César, o no? Copio lo que no está escrito, lo que flota en el aire: «Ya ves el alto concepto que tenemos de ti. No irás a defraudarnos ahora, ¿verdad? Contéstanos, que queremos aprender». ¡Qué curioso! Le tientan queriéndole quitar aquello mismo que ensalzan en Él: «Como no te importa lo que digan, haznos caso para que no cambiemos esta opinión tan favorable que tenemos de ti». ¡Mamarrachos!

De todas formas, ojalá nos pudieran tentar también a nosotros con esos halagos.

(TOI09M)

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