El Mar de Jesús de Nazaret

Espiritualidad digital – Página 3 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Corbán

Muchos de vosotros colaboráis con actividades parroquiales, y ayudáis –debéis hacerlo– al sostenimiento económico de vuestra parroquia.

Dios os pagará el tiempo y dinero que tan generosamente dedicáis a su Viña. Pero no perdáis de vista, jamás, estas palabras que dice el Señor a los fariseos, para que nunca merezcáis escucharlas de su boca:

Vosotros decís: «Si uno dice al padre o a la madre: “los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”», ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre.

Encerrarse en la familia sería negar vuestra vocación de ser sal de la tierra. Pero también supondría un pecado gravísimo refugiarse en la parroquia para no afrontar las obligaciones familiares.

Lo mejor es que no haya conflicto. Pero, si lo hubiera, nunca deis a la parroquia lo que debéis darle a la familia. Si tenéis que elegir entre darle tiempo a la parroquia o dárselo a vuestra familia; o entre aportar dinero a la parroquia y mantener a la familia, debéis elegir la familia. Aunque el párroco se enfade. Y lo escribe un párroco.

Porque, cuando Dios os llame, la primera pregunta que os hará no será sobre vuestra parroquia.

(TOI05M)

El pobre tío Gerardo

Busca una camilla, prepárala, ponla al lado de la cama, busca a quien te ayude con el tío Gerardo, que pesa 120 kilos, súbelo a la camilla, busca a quienes se presten a llevar la camilla con el tío Gerardo encima durante kilómetros, ábrete paso entre las demás camillas sin que se te caiga al suelo el tío Gerardo, y que tengas la suerte de que, para cuando logres todo eso, Jesús no se haya marchado.

¿Te das cuenta de la cantidad de historias como ésta que caben en una frase del Evangelio?:

Se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas.

Ahora dime qué es lo que no funciona. Tú te has enterado de dónde está Jesús. Sabes que se encuentra encerrado en el sagrario de tu parroquia, y que se derrama a través de las manos del sacerdote en el confesonario. Tienes, junto a ti, en tu bloque de vecinos, en tu lugar de trabajo, en tu familia, o en tu grupo de amigos, multitud de enfermos de alma que viven sin Dios.

Ya sé que vas a misa. Pero… ¿Cómo es posible que vayas solo?

(TOI05L)

Obedecer es fiarse

¿Qué es la obediencia?

Me respondes que consiste en estar abierto a lo que la Iglesia dice, y dejarse enseñar. Escuchar la doctrina, aplicar el entendimiento para comprenderla, y después, ponerla en práctica, sabiendo bien por qué lo haces. La misma actitud tienes ante el director espiritual: le escuchas, le preguntas, tratas de comprender lo que te dice y, cuando lo has comprendido, lo pones por obra. Pero, si no comprendes, si no estás de acuerdo…

Es que la obediencia no es eso. En el fondo, te obedeces a ti mismo. Y tienes razón en que hay que aplicar el entendimiento y tratar de entender, porque nada de lo que la Iglesia dice es irracional. Pero no siempre podrás comprender.

Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.

Humanamente, era la pesca imposible. Todos los razonamientos incitaban a volver a casa. Pero Pedro se fio de Jesús, y echó las redes. Nunca había obtenido una pesca así.

Obedecer es escuchar, procurar comprender, y, cuando no se puede comprender –siempre que lo que te pidan no ofenda a Dios–, fiarse, abrirse al misterio. No todo cabe en tu cabecita.

(TOC05)

Los frutos de tu apostolado

Si tienes celo de almas (y, si no, pídeselo a Dios), serás apóstol. Y, si eres apóstol, si no puedes callar el nombre de Cristo y sales al encuentro de quienes no lo conocen para anunciarlo, verás frutos. No todos los que quisieras, que ya se encarga Dios de evitarte esa tentación de vanidad; pero también, para que no te desalientes, te concederá el Señor ver algunos frutos de tu apostolado.

Cuando eso suceda, recuerda siempre que no has sido tú quien lo has logrado. Y no cometas el error –¡el pecado!– de hablar de esos frutos con tus amigos, como quien, bajo capa de piedad, presume de sus «habilidades apostólicas».

Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Aprende de ellos: Si quieres hablar de los frutos de tu apostolado, habla con el Señor. Cuéntale todo lo que has dicho y todo lo que has visto. Dale gracias porque te ha permitido contemplar sus maravillas en otras almas, y porque se ha servido de ti para obrarlas. Y dile que, al igual que te alegras con esos frutos, también quieres estar dispuesto, por él, al fracaso y a la persecución.

(TOI04S)

Por quedar bien

La pregunta «por qué mató Herodes a Juan» no es trivial. Nos lleva a los sótanos absurdos y hediondos del pecado.

Herodes no mató a Juan porque el Bautista le hubiese denunciado su pecado. Marcos aclara que Herodes respetaba a Juan, y que, aunque al escucharlo quedaba muy perplejo, lo escuchaba con gusto.

Herodes tampoco mató a Juan por lujuria. Nada pidió a cambió a Salomé.

Herodes no mató a Juan porque estuviese borracho. Cuando tuvo que mandar a su guardia a decapitar al Bautista, se puso muy triste. Los borrachos se entristecen después del crimen; no antes.

Herodes mató a Juan por quedar bien. Por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Incumplir el juramento y desairar a Salomé enfrente de aquella corte de aduladores, arriesgándose a perder su prestigio, era superior a sus fuerzas.

Por quedar bien, muchos que van a misa reniegan de Cristo ante los amigos. Por quedar bien, muchos ríen chistes que a Dios le hacen llorar. Por quedar bien, muchos escuchan blasfemias sin inmutarse. Por quedar bien, muchos callan cuando deberían hacerse oír.

Y, por no quedar bien con nadie, más que con Dios, murió mártir el Bautista.

Elige a quién quieres parecerte.

(TOI04V)