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Espiritualidad digital – Página 3 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

No quisiera ser descortés

Parece una falta de cortesía. Alguien te invita a comer, aceptas la invitación y allí, sentado a su mesa y comiendo su comida, le pones de vuelta y media.

Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad. Me pregunto cómo le sentó al anfitrión el rapapolvo. «Encima que le invito, me llama cochino. La próxima vez, que lo convide su tía». ¡Pobre Isabel! A saber si aún vivía.

«Tú me invitas a comer, y yo te lo agradezco mostrándote la verdad sobre ti mismo, para que puedas salvarte».

Pero a la gente no le gusta escuchar la verdad sobre su persona. Si ni ellos mismos se la dicen a sí mismos, menos aún les agrada que se la diga otro. Date por aludido, por favor. Porque quizá también tú rebosas de rapiña y maldad, y no quieres saberlo. Te lo digo porque, a esta distancia, lo peor que me puedes hacer es dejar de leerme. Pero quién sabe, igual te da por hacerme caso, te miras bien por dentro… y descubres un universo de maldad que llevaba aposentándose allí durante años. Eso sería el comienzo de una buena limpieza.

(TOP28M)

Quien escucha queda lleno

No es lo mismo tener la música puesta que escuchar música. Puedes, por ejemplo, conducir con la música puesta, pero tu atención está en la carretera. Cuando escuchas música, sin embargo, te sientas, cierras los ojos, y dejas que la música te llene por dentro. Porque escuchar es dejarse llenar.

Así comenzaba el primer precepto del Decálogo: Escucha, Israel (Dt 6, 4). Y así bendice el Señor al corazón santo: Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

La Virgen María, desde niña, dedicó su vida a escuchar a Dios. Y de Dios quedó llena. Escuchó en el corazón, y así se mantuvo inmaculado, libre de toda mancha y fecundado por Dios. Escuchó en el vientre, porque la Encarnación del Verbo no fue sino la acogida de la Palabra en unas entrañas que en silencio la escuchaban. Escuchó en la vida, y así su vida fue el fiat de la Palabra.

En este día de la Virgen del Pilar, no encontrarás mejor forma de honrar a la Virgen que imitándola. Escucha como ella escuchó. Escucha con el oído la palabra de Dios; con el corazón, las insinuaciones del Espíritu; y, con el cuerpo, la Comunión que recibes.

(1210)

Dos o tres buenas noticias

banqueteEl evangelio de hoy contiene dos noticias buenas y una… en fin… no es que sea mala, es que es preocupante.

Vale, lo escribo otra vez: El evangelio de hoy contiene tres buenas noticias, pero una de ellas «se las trae».

El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Esa boda, que se culminará en el Cielo, comienza, aquí en la tierra, en la Eucaristía.

Buena noticia nº 1: Reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. También los malos están (estamos) invitados al Cielo y, desde luego, a misa.

Buena noticia nº 2: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda? El traje, si lo quieres, te lo regala el propio Dios. Ve al confesonario, y Dios te vestirá «de punta en blanco».

Buena noticia nº 3: Uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios… Ni te van a llevar a misa esposado, ni vas a entrar en el Cielo a empujones. La invitación está en tu mano; ahora te toca a ti decidir si vas o no vas a la boda. Y eso es lo preocupante. Muchos deciden no ir. ¿Qué harás por ellos?

(TOA28)

Corpus natum de Maria Virgine

Aquella mujer que, al paso de Jesús, alzó la voz bendiciendo a su madre no sospechaba el verdadero alcance de sus palabras:

¡Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! El elogio es tremendamente carnal, muy al gusto del pueblo judío; son el vientre y los pechos de la Virgen los agraciados con la presencia del Verbo Divino. Pero, precisamente por eso, es un elogio deliciosamente eucarístico. Nada más carnal y, a la vez, más espiritual que la Eucaristía, la carne del propio Cristo oculta tras las sagradas especies.

Porque ese cuerpo de Cristo, que adoramos en la Hostia, Jesús lo recibió por entero de su madre. No hay herencia de varón en la generación de Cristo, toda su carne y todos sus genes son de la Virgen. Así lo cantamos en el Ave Verum, y ensalzamos al «Corpus natum de Maria Virgine».

Medítalo cuando comulgues, o cuando te postres en adoración ante la Eucaristía, y así descubrirás la presencia silenciosa de la Inmaculada junto al Pan de vida. ¡Te adoro, cuerpo nacido de María! Y te ensalzo a ti, Virgen madre de Dios, que diste tu limpísimo cuerpo al cuerpo sagrado que adoramos y comulgamos.

(TOP27S)

¡Ay de los «triunfadores»!

Sólo los tontos creen haber ganado la guerra por haber vencido una batalla. «Padre, este pecado está vencido. Llevo cuatro meses sin caer, lo doy por superado». El pobre necio fue derrotado al día siguiente. Y no por débil, sino por bobo. En esta vida, no hay victorias definitivas. Por eso no conviene canonizar a nadie que tenga que ir al cuarto de baño cada mañana. Mientras nos quede un minuto de vida, aún podemos cometer los mayores horrores.

Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y, al no encontrarlo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí”. Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.

Cuando vences a un pecado, los demonios quedan siempre al acecho, como leones rugientes, esperando a que te confíes para recuperar el terreno perdido. Por eso, permanece siempre en guardia, no dejes la oración, ni aflojes en la mortificación. Ten siempre a mano el rosario, y los enemigos huirán. Pero, después… ¡no se te ocurra soltarlo!

(TOP27V)

La «y» tiene forma de cruz

Todos tenemos la experiencia de oraciones en las que Dios no nos concedió lo que pedíamos. Rogaste por la salud de un enfermo, y el enfermo murió. Imploraste el éxito de un trabajo, o el aprobado en un examen, y fracasaste.

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Me has puesto delante esas oraciones «no atendidas» como si fueran una enmienda a las palabras del Señor. «Yo pedí y no recibí». Te he respondido con el mismo evangelio, porque quizá deberías leerlo hasta el final: ¿Cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden? Las palabras de Jesús no van dirigidas a cualquier oración, sino a aquélla en la que pedimos el Espíritu.

Cuando pedimos la gracia divina, cuando anhelamos la santidad, cuando imploramos el conocimiento del Amor de Dios, cuando suplicamos la conversión de un pecador… En esos momentos, el Señor no puede negarnos cuanto solicitamos. Aunque debes saber que esa «y» que media entre «pedid» y «se os dará» puede llegar a ser muy larga. Esa «y» tiene forma de cruz. Y desde ella, crucificado con Cristo, deberás seguir pidiendo hasta que recibas. Como santa Mónica.

(TOP27J)

Resucitando muertos

Si estás atento, te darás cuenta de que, a lo largo del día, se te mueren minutos. Se trata de eso que llamamos «tiempos muertos», y a los que parecemos no dar importancia. Has quedado con alguien, llega tarde, y tienes que esperar sin hacer nada. Has terminado pronto una actividad y, antes de comenzar la siguiente, estás ocioso. Vas caminando a la tienda, o a cualquier sitio, y llevas la mente distraída.

Esos tiempos muertos, hoy día, los amortajamos y los encerramos en el ataúd del teléfono móvil. ¿Nada que hacer? Saca el teléfono, mira la pantalla, y a terminar de matar los minutos sin apenas dolor.

¡Qué pena! Tú, que eres cristiano, deberías ser buen «resucitador». ¿Por qué no resucitas los tiempos muertos, para convertirlos en ofrenda viva a tu Padre? Yo te diré cómo: deja el teléfono móvil para cuando realmente lo necesites y, si te encuentras unos minutos tirados en el barro del ocio, saca el rosario del bolsillo. Un misterio se reza en tres minutos. Quizá no te dé tiempo a más. Pero, si resucitas cinco tiempos muertos en un día, habrás rezado otra parte del rosario.

Tendrás más vida, y la Virgen… ¡Tan contenta!

(0710)