Libros de José Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Página 3 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

En el Cielo no hay cobertura 5G

Hace veinticinco años, vivíamos tan contentos con el gprs. Luego vino el 3G; después, el 4G; y, ahora, nos anuncian el 5G. Las velocidades de la conexión a Internet se vuelven estratosféricas. Hace cien años, la mayor parte de la población no tenía teléfono. Y, hace quinientos años, las cartas tardaban semanas en llegar.

Está visto que cada vez vivimos más deprisa. Pero Dios no se acomoda a nuestros vértigos, se ríe de ellos, y se goza en hacernos esperar, como a las vírgenes de la parábola:

El esposo tardaba

La gente querría una oración 5G: rezas un padrenuestro, y, antes de que termines, tienes el milagro servido. Pero lo cierto es que no hay 5G para la oración. Dios, normalmente, se retrasa, y nos hace esperar.

Nos sienta bien. La espera nos vuelve humildes y fieles; la velocidad nos atonta. Pero, para que la espera aproveche, es preciso velar.

Velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Mientras Dios te hace esperar, debes seguir rezando y mantener viva la esperanza. Recuerda que mucho te ha esperado Dios a ti (tampoco te has santificado con 5G, precisamente). No hay nada de malo en que aprendas a esperar a Dios.

(0908)

Por la misma boca

Te copio estas palabras, de la carta del apóstol Santiago: La lengua nadie puede domarla, es un mal incansable cargado de veneno mortal. Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, creados a semejanza de Dios.  De la misma boca sale bendición y maldición. Eso no puede ser así, hermanos míos. ¿Acaso da una fuente agua dulce y amarga por el mismo caño? (St 3, 8b-11). La cita es larga, pero viene a cuento. Observa a Simón:

Cuando Jesús pregunta a sus apóstoles quién es Él para ellos, Pedro profesa que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Y el Señor responde: Eso no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre. Y, así, por boca de Simón habló Dios.

Cinco minutos después, cuando Jesús anuncia su Pasión, Pedro, asustado, le dice: ¡Lejos de ti tal cosa, Señor!Y Jesús, entonces, le reprende: ¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo. Ya lo ves: por la misma boca por la que habló Dios, en cinco minutos estaba hablando Satanás.

Piensa antes de hablar. Reza antes de abrir los labios. Y discierne a quién entregas tus palabras.

(TOI18J)

El gran regalo de la comunión diaria

Comulgar cada día no es un acto de virtud, ni un propósito que deba hacerse para cumplirlo con esfuerzo, ni un «grado superior» sobre la piedad del cristiano medio. Comulgar cada día es un privilegio, un regalo preciosísimo del Cielo, una señal de predilección divina.

A aquella mujer que le pedía que expulsara al demonio de su hijo, Jesús le replicó:

No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.

Y ella reconoció, con gran humildad:

Pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.

La Eucaristía es el pan de los hijos. Comparado con ella, un exorcismo no es sino migajas. Porque, por el exorcismo, el alma se vacía de la presencia del Malo. Pero, con la Eucaristía, se llena el alma del Bueno.

Cuando una persona comulga a diario, si lo hace con fervor y reverencia, se va convirtiendo, día tras día, en otro Cristo.

Pero si el cristiano se acostumbrara a recibir ese Pan cada día, y lo recibiese con rutina y sin fervor, estaríamos echando a los perros el pan de los hijos. ¡Dios nos libre! Y ¡líbrate tú también! ¡Cuidado con la rutina!

(TOI18X)

La frase del verano

No sé si Pedro, desde el cielo, estará muy de acuerdo con la traducción moderna de sus palabras:

Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí!

¿Alguno de vosotros dice: «qué bueno es que estemos aquí»? La traducción anterior se entendía mejor: ¡Qué bien se está aquí!

Esa frase, además, es la más repetida del verano. ¿Cómo no entenderla? Ocho de la tarde, terraza de un bar, a la sombra. Llega una cerveza en copa helada. Y, después del primer sorbo, dice Mariano: «¡Qué bien se está aquí!». Doce de la mañana. Sale Benita del agua. Se extiende, cuan larga es, en su toalla, al sol, y dice: «¡Qué bien se está aquí!». ¿Lo ves? Es la frase del verano.

Y eso que la gente no conoce lo mejor. Por la mañana, a primera hora. O por la tarde, cuando atardece. Entras en la iglesia, te arrodillas ante el sagrario, lo miras con todo el amor de tu alma, Él te mira desde el tabernáculo… Y le dices: «¡Qué bien se está aquí!».

La cerveza y la playa están muy bien. Pero, si no descansa también el alma, me parece un pobre verano el tuyo. No te prives de lo mejor.

(0608)

Final alternativo de un milagro feliz

que nada se desperdicieImaginemos un «final alternativo» del milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

Vamos, primero, con el auténtico:

Partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron.

Y, ahora, la distopía: «Partió los panes y se los dio a los discípulos. Y ellos hicieron lo que hace mi hermana, pero llevándolo hasta el final».

¿Y qué hace mi hermana? Cuando voy a comer a su casa, observo que vuelve de la panadería con la barra de pan mutilada; siempre falta uno de los picos, y parte del mástil. Deduzco que es incapaz de contener su hambre, y devora una ración de pan por el camino. Después, los demás tocamos a menos.

«Los discípulos comenzaron a comerse el pan entre ellos. Y la gente quedó hambrienta».

¿Imaginas un mundo de cristianos encantados con el Amor de Dios, que disfrutan con misas, rosarios y oraciones, pero no salen a la calle a hablar de Cristo a quienes no lo conocen? ¿Imaginas a los hombres muriendo de hambre en las plazas, mientras los cristianos están saciados en los templos?

¡Qué final tan terrible! ¡No lo permita Dios!

(TOI18L)