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Espiritualidad digital – Página 3 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Comer, beber, vivir y morir contigo

Tiene gracia. Ayer se quejaban los fariseos porque Jesús y sus discípulos no ayunaban. Y hoy se quejan porque comen.

Mientras caminaban, iban arrancando espigas. Los fariseos le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»

Ya se ve que a aquellos hombres les molestaba ver a otros disfrutar de la vida. Y los discípulos disfrutaban mucho. No sólo de la comida –aunque también–, sino del gozo de comer con Cristo. Vivir junto al Señor es una fiesta perpetua.

Nosotros estamos llamados a la felicidad, no a la desdicha. Y, para que seamos felices, el Hijo de Dios ha venido a vivir con nosotros. Y ha comido y bebido, para que comamos y bebamos con Él. Porque el mejor banquete de este mundo, sin Cristo, acaba en náusea. Pero un puñado de granos de trigo, con Él, acaban siendo Eucaristía.

También Cristo ayunó, para que no ayunásemos solos. Y sufrió, para acompañarnos en nuestros dolores. Y murió, para que, unidos a Él, crucemos la puerta santa de la muerte.

Y es que no sólo da gusto comer con Cristo. Con Él, da gusto vivir, da gusto ayunar, da gusto sufrir… ¡Da gusto morir en Cristo!

(TOP02M)

El brillo irresistible de lo nuevo

Todavía no hace mucho que han pasado por España los Reyes Magos. Y, con ellos, la ilusión de lo nuevo. A mí –por qué será– me dejan siempre algunos regalos comestibles –o bebestibles– y, en ese caso, el gusto a nuevo dura lo poco que tardo en engullirlos. Pero, aunque uno vaya cumpliendo años, el gusto por lo nuevo no decae. Un libro nuevo, con su olor característico; unos zapatos nuevos, con ese brillo con que salen de la caja; una bufanda nueva, tan suave… En marzo nos habremos olvidado.

Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; a vino nuevo, odres nuevos. Si el vino es nuevo, y el odre es nuevo, todo debería saber a nuevo en nuestra relación cotidiana con Dios. Él es más que los tres Reyes Magos juntos, y el Don que nos regala de lo alto no envejece, ni pierde el brillo, ni se debilita su perfume.

Tras el examen de la noche, y el acto de contrición, cada mañana deberíamos estrenar la relación con Dios. E ilusionarnos, en la oración, con ese Cristo que es nuevo cada día y cada día renueva al alma. No dejes que la rutina mate nunca esa novedad.

(TOP02L)

La necesidad más acuciante del hombre

Si recopilásemos todas las súplicas que los hombres dirigieron a Cristo, veríamos que la mayoría estaban dirigidas a la sanación de enfermedades: ciegos, cojos, sordos, leprosos… Incluyo también a los endemoniados. Hubo fariseos que pidieron al Señor un signo del cielo. La madre de los Zebedeos le suplicó dos carteras ministeriales para sus hijitos. Y la petición más sublime que recibió Jesús durante su vida probablemente fuera la última, la más sencilla, la proferida por el buen ladrón: «Acuérdate de mí»…

Sólo él y las prostitutas que enjugaron los pies del Señor con sus lágrimas pidieron ser limpiados de sus culpas. Quizá ellos fuesen quienes mejor comprendieron la misión de Cristo. En cuanto a los demás, muchos de ellos tenían más prisa por recuperar la salud que por librarse del pecado.

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado de mundo. Juan podría haber dicho: «Este es el que quita el dolor de cabeza», o «el que acabará con el hambre en el mundo». Pero no lo dijo. Porque tenía claro qué es lo que más necesita el hombre, y qué es lo que el Hijo de Dios ha venido a traer a la tierra.

¿Lo tienes tú?

(TOA02)

“Evangelio

Sin pensárselo dos veces

vocaciónUna oferta de trabajo, la elección de una carrera universitaria, la inversión de un capital, la búsqueda de esa persona con quien compartir la vida… todas ellas son decisiones que deben sopesarse mucho, sin entregarse precipitadamente a los impulsos ni a las primeras sensaciones y aplicando la inteligencia y el consejo para aquilatar las trepidaciones del corazón. Pero cuando es Cristo quien llama…

Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: «Sígueme». Se levantó y lo siguió.

Cuando Cristo llama, la respuesta debe ser inmediata, apresurada y gozosa. Porque el mismo que te llama ya ha trazado un plan para ti, y ese plan es infinitamente más sensato y acertado que todas tus cavilaciones. Puedes fiarte de Él. Los apóstoles lo hicieron, siguieron a Cristo inmediatamente y pusieron sus vidas en manos de Aquél que los llamó. Quienes le pidieron tiempo para despedirse de su familia o enterrar a su padre, al final, no lo siguieron.

Si no estás seguro de que la voz que te llama es de Dios, reza y pide consejo al director espiritual. Pero, una vez sepas que es Cristo quien te llama, no le des largas.

(TOI01S)

“Evangelio

Mentira y verdad al 50%

El reproche de los escribas hacia Jesús es como el café que bebo cada mañana. Mezcla. 50% natural y 50% torrefacto. El reproche de los escribas tiene 50% de mentira y 50% de verdad.

¿Por qué habla este así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo uno, Dios?

La parte torrefacta es la primera. Jesús no blasfema; blasfeman ellos al acusarle así. Pero, tras esa insolencia, viene la parte natural, y en ella no se equivocaban: Sólo Dios puede perdonar pecados.

Porque sólo Dios dice tus pecados te son perdonados y, según lo dice, resplandecen los corazones de ofensor y ofendido. Mientras perdona, mira con misericordia infinita. Y, al perdonar, queda limpia el alma del pecador arrepentido.

Nosotros decimos «te perdono», pero, en muchas ocasiones, la herida que nos causaron queda abierta, y el alma de quien nos ofendió no puede ser limpiada por nuestras palabras. ¡Cuántas veces, a pesar de nuestra voluntad de perdonar, descubrimos que ya no miramos de la misma forma a quien nos hirió! Y ¡cuántas veces, aunque alguien nos otorgue su perdón, descubrimos que la relación ha quedado dañada para siempre!

¿Por qué aquellos escribas, viendo cómo perdonaba Jesús, no quisieron reconocer que era Dios?

(TOI01V)

“Evangelio

Los peligros de un anuncio equivocado

Sorprende que el mismo Jesús que, una vez resucitado, mandó a sus apóstoles predicar el Evangelio a todos los pueblos, pidiera silencio a los enfermos que curaba.

Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie».

Seguramente, había motivos para este «silencio preventivo». En primer lugar, Jesús no quería precipitar su Pasión, y sabía que una excesiva publicidad podía alborotar antes de tiempo a sus enemigos. Pero, en segundo lugar, el mensaje que hubieran proclamado los beneficiados por aquellos milagros no era el pregón que debía extenderse por toda la tierra. El leproso curado, que no obedeció a Cristo y empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, exclamaba: «Éste sana a los leprosos». Sin embargo, el anuncio que llevaron los apóstoles al mundo rezaba: «Éste es el redentor del hombre». No es lo mismo.

El mensaje del surgimiento de un sanador de enfermos rodeó a Cristo de multitudes, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo. Compara esa escena con la de un sacerdote solo en el confesonario, rezando mientras espera a algún penitente. ¿Será que los hombres prefieren que les resuelvan la vida temporal a que les regalen vida eterna?

(TOI01J)

“Evangelio

El hombre más buscado

En la película «Un hombre para la eternidad» (Fred Zinnemann, 1966), el rey Enrique VIII le dice a Tomás Moro: «Unos me siguen porque llevo corona; otros me siguen porque son chacales y yo soy su presa; y otros me siguen porque siguen a cualquier cosa que se mueva».

Todo el mundo te busca, le dicen a Jesús los apóstoles. Ojalá fuese verdad, porque, en palabras de san Agustín, buscar a Cristo ya es haberlo encontrado. Pero lo cierto es que son muchos quienes huyen de Él. O quizá sea verdad. Quizá incluso quienes huyen de Cristo lo van buscando sin saberlo, porque buscan en las criaturas la salvación que sólo Cristo puede otorgarles. Quizá todo hombre sobre la tierra esté buscando un salvador.

Pero, aunque así fuera, la verdadera cuestión es: ¿Por qué lo buscan? Los vecinos de Cafarnaún lo buscaban porque había curado a sus enfermos. Quienes comieron los panes sobre el monte lo buscaban porque habían llenado sus estómagos. Los fariseos y escribas lo buscaban para prenderlo. Juan lo buscaba porque quería vivir con Él.

Somos pobres. Y buscamos a Cristo porque lo necesitamos. Pero ojalá pudiéramos decir: «Señor, te necesito. Pero te busco porque te amo».

(TOI01X)

“Evangelio

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