Es arriesgado preguntar en qué pensaba el Señor cuando dijo esto:
Si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa.
Como digo, es arriesgado. Pero ¿no dice san Pablo que tenemos la mente de Cristo? ¿No puede el Espíritu Santo, a través del don de entendimiento, iluminarnos sobre la intención del Hijo al pronunciar estas palabras?
Y, confiando en esa luz del Paráclito, yo diría que Jesús, al decir aquello, se refería de manera muy especial a la santa Misa. Porque es allí, en la santa Misa, donde la Iglesia presenta al Padre su oración suprema, y lo hace «por Jesucristo, nuestro Señor». Y, en ese santo Sacrificio, el Padre nos lo da todo. Nos abre el cielo, nos envía al Espíritu, nos alimenta con el cuerpo y la sangre del Hijo y nos santifica. ¿Se puede pedir más?
Por eso la frase concluye diciendo: para que vuestra alegría sea completa. Porque las alegrías de la santa Misa no son comparables a ningún gozo que pueda el hombre experimentar en la tierra. La pena es que muchos no las conozcan.
(TP06S)

















