Libros

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Agapito y las bienaventuranzas

«¡Estamos en la gloria!», dijo Agapito a la una de la tarde de un día de primavera, sentado en la terraza de un restaurante, mientras disfrutaba el primer trago de una jarra de cerveza. «¡Camarero! ¡Otra de gambas!».

Claro, si eso es la gloria, como al camarero se le ocurra servirle a Agapito en bandeja un papel con las bienaventuranzas, lo manda del cielo al infierno en un minuto, y además se queda sin propina.

Bienaventurados los pobres… los que lloran… los que tienen hambre y sed… los perseguidos… Y Agapito, mientras se marcha airado del restaurante, llega a una conclusión irrefutable y definitiva: «¡Hay que fastidiarse! Todo lo que me gusta es pecado. Y encima, mañana es domingo y tengo que ir a misa para no ir al infierno. Espero que, al menos, en el cielo haya gambas».

Pero Agapito no conoce a Cristo. Y no se ha enamorado. Las gambas son todo su horizonte. Pobre Agapito.

Cuando Agapito conozca a Cristo y se enamore de Él, le sabrán mejor las gambas. Le sabrán mejor las lágrimas y el hambre. Le sabrá mejor la vida, y le sabrá mejor la muerte. Porque entonces entenderá que el Cielo es Cristo.

(TOA04)

Se hizo sábado en la barca

duermeEs sábado, y el Señor duerme. Es el día del descanso de Dios.

Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Así descansa Cristo en el sepulcro, mientras las tinieblas y el mal cubren la tierra. Parece que venciera la muerte, que Dios hubiera sido derrotado y el Enemigo hubiera dicho la última palabra. Realmente, aquel sueño de Jesús en medio de la tempestad fue profecía del Sábado Santo.

He escuchado, o leído, que vivimos en el Sábado Santo de la Historia. Lo creo así. Basta encender la televisión, asomarse a las series de las plataformas, o escuchar los gritos que, como olas en una tormenta, se alzan desde Internet y las redes sociales cubriendo las vidas de los hombres, para tener la percepción de que el mal y la mentira han triunfado mientras Dios se ha quedado dormido. ¿Por qué Dios no hace nada?

Míralo en el sagrario: ¿no ves que duerme? Y búscalo en lo profundo de tu alma, bajo las olas de tu angustia y tu dolor. Cuando lo encuentres, duerme a su lado. Ya despertarás cuando despierte Él.

(TOI03S)

Esa palabra pequeña y humilde

Nace un niño, y toda la atención de mamá se vuelca en él. El hermano mayor se siente «príncipe destronado», y el marido echa de menos esos cariñitos de su esposa que ahora se lleva el bebé. Pero ella piensa: «Vosotros sois grandes y podéis cuidaros. Él es pequeño y necesita mi atención».

Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas. Como sucede con los niños, sucede con todo: lo pequeño requiere más atención que lo grande. Lo grande se nos impone; lo pequeño, si nos descuidamos, se nos pierde. Dejad un grano de mostaza en un cajón lleno de cachivaches, y a ver si lográis encontrarlo después.

Así es la palabra de Dios. Escuchas la radio, y es tal el énfasis de periodistas y tertulianos que no te cuesta trabajo recordar los asuntos de actualidad. Pero la palabra de Dios la proclama el lector durante la misa y, como no estés atento, se te escapa. Sin embargo, si le prestas atención, crecerá dentro de ti, se hará mayor que cualquier noticia, y podrás apoyar tu vida sobre ella. Escucha.

(TOP03V)

De dos en dos

Celebramos a dos santos, Timoteo y Tito, y no es ningún desdoro celebrarlos por parejas. El propio Jesús envió a sus discípulos de dos en dos, para que fuesen acompañados.

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Me hace gracia cómo las monjas siempre salen a la calle de dos en dos. O en grupos mayores, pero no es habitual ver a una monja caminando sola por ahí. Eso es porque son listas.

Es verdad. Ningún verdadero apóstol ejerce en solitario. Pablo tuvo varios compañeros: Bernabé, Silas… Tenemos hermanos; sin hermanos, difícilmente hay Iglesia. Muchos sacerdotes están solos en su parroquia, pero, en cuanto pueden, se reúnen con los sacerdotes de los pueblos vecinos para comer, o para charlar. Yo tengo la suerte de contar con un vicario parroquial. Vengo ahora mismo de devorar junto a él una santa paella.

Porque la paella queda santificada cuando la comen dos cristianos que se quieren. En la Iglesia no debe haber «free riders», eso es muy triste. Buscad siempre un grupo que os haga sentir que tenéis hermanos.

(2601)

Un encuentro decisivo

Saulo no era una mala persona. Era un fariseo celoso que se esforzaba por cumplir la Ley. Su conversión no consistió en el paso de una vida de maldad a una vida irreprochable. Más bien, fue la transformación de un hombre que no conocía a Cristo en un hombre que conoció a Cristo, lo amó y le entregó la vida. Y el hecho clave que marcó esa conversión no fue un esfuerzo, o una decisión radical, sino el encuentro con Jesús resucitado. Igual que a Moisés le reveló Dios su nombre en la zarza («Yo soy»), se le mostró Cristo a Saulo camino de Damasco: Yo soy Jesús nazareno a quien tú persigues (Hch 22, 8).

Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. Tan determinante fue aquel encuentro, que Pablo no pudo contenerlo dentro y dedicó su vida a anunciarlo y proclamarlo a los cuatro vientos, provocando así que otros muchos hombres, en la persona del Apóstol, se encontraran con Jesús.

No cambiarás la vida de la gente con consejos. Pero si conoces a Cristo y lo amas, si vives como otro Cristo y proclamas su nombre, muchos se encontrarán con él al encontrarse contigo.

(2501)

Por ti

Quiero meterme en la piel de aquéllos que estaban allí cuando Jesús, ante la visita de su madre, se negó a retirarse para saludarla, diciendo: Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Quiero pensar que, al menos, muchos se dieron cuenta de que Jesús había dejado a su santísima madre para estar con ellos. Y lo valoraron, y fueron conscientes del Amor con que el Señor los amaba, y se sintieron privilegiados. «Ha venido su madre a verlo» –debieron pensar– «y él prefiere estar conmigo».

Y, si ellos no se dieron cuenta, al menos tú sé consciente de cómo te ama el Señor. Dejó a su Padre y a los ángeles en el cielo para venir a rescatarte a ti. Aunque sólo tú hubieses pecado, Él se habría encarnado y habría padecido sólo por ti, porque su rebaño tiene una sola oveja, y esa oveja eres tú.

Míralo en el sagrario. Y recuerda que está allí por ti, porque quiere acompañarte y quiere tu compañía. Ojalá tú puedas decirle: «Señor, lo has dejado todo por mí. También quiero yo dejarlo todo por Ti».

(TOI03M)

Primero mataron su nombre

La Pasión de Cristo no fue un crimen improvisado. Aunque hubo, por parte de los hombres, mucha improvisación durante aquellas horas, el grito demoníaco de «Crucifícalo», proferido por la multitud de Jerusalén, había sido preparado, al menos, durante meses. Igual que, en las guerras, las detonaciones de la artillería preceden al paso de la infantería, en la Pasión de Cristo la difamación precedió a la violencia física. Era preciso desprestigiar primero a Jesús, matar su nombre antes de aniquilar su cuerpo. Había que predisponer al pueblo contra Él y después lanzarlo en tromba contra Pilato para pedir su muerte.

Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». Estas calumnias, poco a poco, fueron calando entre las gentes, sembrando la desconfianza hacia el Hijo de Dios. Lo más terrible es que fueron sembradas, no por gentiles, sino por escribas y fariseos.

Jamás hables mal de un sacerdote. Si ves en él algo que corregir, díselo con cariño o, si fuera necesario, comunícaselo con delicadeza a su superior. Pero nunca difames el nombre de un sacerdote, porque el sacerdote, sea quien sea, es otro Cristo.

(TOI03L)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad