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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Cuando eres feo

Si Dios no fuera misericordioso, nuestros ayunos y penitencias serían la tristeza en estado puro. Pero si Dios es misericordioso –¡y lo es!–, entonces ayunamos llenos de esperanza.

¿Qué es la misericordia? La misericordia es el amor al miserable cuando sus miserias están al aire. Consiste en que, cuando todo lo he hecho mal; cuando he traicionado a Dios, al prójimo y a mí mismo; cuando me he hundido en la ciénaga de mi pecado; cuando nadie que me viera en ese estado podría amarme, entonces Dios me mira, me sonríe, me abraza aunque esté sucio, me besa y me limpia. Y me dice: «También te amo cuando eres feo».

Has perdido los nervios en casa. Te has enfurecido. Le has gritado hasta al gato. Y todos huyen de ti, no quieren que les caigan más berridos. El gato se ha subido al tejado. Y tú estás lleno de vergüenza. Pero de repente miras al cielo, y ves que Dios te sonríe y te tiene la mano.

Pues, ahora que lo sabes, recuerda lo que ha hecho Dios contigo y haz tú lo mismo: Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. Baja ya del tejado y sonríe al energúmeno.

(TC02L)

El festín de la Cuaresma

Es bueno realizar ejercicios espirituales en Cuaresma. Si puedes hacerlo, te aconsejo que no desaproveches la ocasión. Cristo quiere quedarse a solas contigo para hablarte al corazón.

Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos. La Transfiguración fueron unos ejercicios espirituales. De repente, todo dejó de importar salvo Cristo. Aquellos tres olvidaron sus problemas y sus urgencias, cerraron las puertas del mundo y quedaron a solas con Él. El Espíritu, simbolizado en aquella nube, los cubrió y se llenaron de Dios. Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escu­chadlo. Sus corazones se abrieron y escucharon al Señor, lo acogieron en lo más profundo de sí mismos. Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! No querían marcharse.

Y, aunque no tengas posibilidad de dedicar al menos un fin de semana a hacer ejercicios, busca, todos los días, quince o veinte minutos para pasarlos a solas ante un sagrario. Sin esos tiempos de soledad con Cristo, la Cuaresma quedaría reducida a ayuno y limosna, es decir, muerte sin vida, dolor sin gozo. Porque la oración es el festín de la Cuaresma.

(TCA02)

La perfección clavada en el Madero

Continuemos donde ayer lo dejamos. Mantengamos los ojos en la Cruz mientras escuchamos las palabras del Salvador.

Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto. Si te quedaban ganas de «echarte a cumplir», espero que estas palabras te las quiten del todo. ¿Cómo vas a lanzarte a ser perfecto como Dios? Recuerda lo que te dije: Primero contempla.

Contempla a la perfección clavada en un madero. Despreciado, precisamente, como imperfecto y blasfemo, varón de dolores y desecho de la Humanidad, Él es la perfección y hermosura de Dios. ¡Qué paradoja! Quisieron revestirlo de asco y vergüenza, y no hay belleza en la tierra mayor que el Crucifijo. En Él está el Amor llevado hasta el extremo, hasta la plenitud, hasta la entrega total.

Para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. ¿No es Cristo crucificado el sol que brilla con brillo de perdón sobre los malos y con fulgores de gloria para los buenos? ¿No es el agua manada de su costado la lluvia que santifica a los justos y limpia a los injustos?

Sigue contemplando. Que todo eso se cumplirá en ti.

(TC01S)

Contempla primero. Ya cumplirás después

Te agobian las palabras del Señor. Te ves incapaz de cumplirlas. Es como si te cerraran las puertas del cielo.

Todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín.

¡Tantas veces te dejas llevar por la ira! Y si se escribieran todos los adjetivos con que has «adornado» a tus hermanos, no creo que resultara, precisamente, un poema de amor.

Sin embargo, no temas. No tienes que cumplir esas palabras, sino dejar que ellas se cumplan en ti. Antes de dar por perdido el cielo, contémplalo clavado en una cruz.

Todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Mira cómo pide Jesús perdón para sus verdugos. Mira su mansedumbre, su paciencia, su amor hacia quienes lo matamos.

Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín. Mira cómo llama Jesús a quien lo traicionó: Amigo, ¿a qué vienes? (Mt 26, 50).

Contempla. Enamórate. Y ése a quien contemplas y de quien te enamoras imprimirá su imagen en tu corazón. Quedarás crucificado con Él. Y sus palabras se cumplirán en ti.

(TC01V)

El psicólogo y el Padre

He escuchado a madres quejarse de que, con veinticinco años, ellas ya se habían casado y tenían hijos, y ahora esos hijos, con treinta y cinco, siguen viviendo de papá y mamá. Es un problema complejo, y no es éste el lugar para analizarlo. Sólo me atrevo a decir que muchos jóvenes tienen miedo al compromiso. Y eso dificulta su madurez. Es bueno, psicológicamente, que una persona asuma el riesgo y tome las riendas de su vida.

Todo lo anterior lo someto al juicio de cualquier psicólogo, que sabrá más que yo. Lo que quiero afirmar es que, en lo espiritual, las cosas son al revés. La madurez espiritual viene cuando el cristiano es cada vez más consciente de que es niño, de que nada puede por sí mismo, de que depende de Dios para todo. Cuando se trata de la salvación eterna, querer «buscarse la vida» es un suicidio.

Pedid y se os dará. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra? Y debemos pedir como niños, como quienes no quisieran salir jamás de la casa de su Padre.

Por eso, ojalá seas muy maduro ante el psicólogo… y muy niño ante Dios.

(TC01J)

Jonás y Cristo

En más de una ocasión se comparó Jesús con Jonás. Es curioso, porque el pobre Jonás era un mequetrefe, un cobardica que huyó de Dios, llegó a rastras a Nínive, predicó sin ninguna gana y finalmente, cuando gracias a su predicación, Nínive se convirtió, agarró un enfado mayúsculo. Sin embargo, Dios quería mucho a ese mequetrefe. Realmente consolador.

Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.

Y es que Jonás anunció un castigo. Asustó a los ninivitas y provocó que, por miedo a ser destruidos, se convirtieran. Eso se llama atrición: conversión por miedo al castigo. Y no es poco. El miedo guarda la viña. Pero no es lo mejor.

Jesús, en cambio, habló a los hombres acerca de su Padre y los invitó a convertirse a Él. El mensaje central de Jesús, a pesar de las palabras que hoy pronuncia, no es: «Conviértete, porque te condenarás». Su mensaje central es: «Venid a mí». Y eso no lo dijo Jonás.

Convirtámonos a Él. Quedémonos con Él a solas en el desierto. ¿Estás rezando?

(TC01X)

Si quieres convencer a Dios…

Me he acordado del bueno de Abrahán, y del modo en que intentó camelarse a Dios antes de que destruyera Sodoma y Gomorra, regateando con Él como si estuviera en un mercado persa: «Si encontraras allí cuarenta justos… si hubiera treinta… veinte… diez…» (Cf. Gén 18, 22-32). No consiguió nada, salvo hacerme sonreír cuando lo leo.

Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. ¿Has intentado alguna vez convencer a Dios de algo con un discurso? ¿Y has conseguido algo? Supongo que hacerle sonreír a Él.

Léelo de nuevo: No uséis muchas palabras. Basta con una: deja orar a la Palabra. A Cristo.

Padre nuestro que estás en el cielo… En el Padrenuestro es la propia Palabra quien ora a su Padre. Deja que esa Palabra sea sembrada en ti, escúchala con atención. Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo (Is 55, 11).

No reces tú el Padrenuestro, no se lo robes a Cristo. Deja que sea Él quien lo rece en ti. Es el único que puede convencer a Dios.

(TC01M)

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