Celebramos a los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Pero, en el fondo, y como siempre, lo que celebramos es el Amor de Dios por los hombres.
Porque los arcángeles, como el resto de las criaturas angélicas, fueron creados para que encontraran su dicha en alabar a Dios. Cuando salieron de sus manos, no había cielos, ni tierra, ni hombres. Sólo Dios, su majestad y su Amor. Y para esa majestad y ese Amor fueron creados.
Pero, después de que Yahweh creara al hombre, el hombre pecó y se separó de su Creador. Apartado de Dios y de espaldas a Él, el ser humano quedó en estado de muerte y de caída, atrapado por el sufrimiento, la soledad y el pecado.
Miró Dios cómo su criatura se despeñaba en el abismo, y fue tal su compasión, tan grande su ternura y tan asombroso el modo en que se había encaprichado del hombre, que movilizó los cielos y puso a los ángeles al servicio de los hijos de Adán para su salvación.
Por eso nos protege Miguel del Demonio. Por eso nos acompaña Rafael en nuestros caminos. Por eso nos ayuda Gabriel a conocer el plan divino. Porque Dios nos ama.
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