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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Simón Pedro y Judas Iscariote

Tras haber meditado ayer, viernes, la Pasión del Señor, hoy entendemos que las palabras que nos trae el evangelio fueron pronunciadas como profecía y advertencia para dos de sus apóstoles: Simón y Judas Iscariote.

Si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios. Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.

Simón negó al Hijo de Dios ante los hombres, pero sería perdonado porque no blasfemó contra el Espíritu. Al contrario, a pesar de su pecado, mantuvo viva la llama que el Espíritu había encendido en su alma, no renegó del Amor con que amaba a Jesús y por tres veces lo confesó humillado y contrito. Por eso alcanzó el perdón.

Judas, sin embargo, renegó del Espíritu. Quizá su traición comenzó secretamente entonces, cuando dejó de amar a Cristo, y se fraguó en la oscuridad de un corazón lleno de tinieblas. Por eso, tras su pecado, tomó el camino de la muerte y se ahorcó.

Por grandes que sean nuestras culpas, no dejemos de amar al Señor, acudamos al sacramento de la Penitencia, y siempre seremos perdonados.

(TOP28S)

Sois panes ácimos

¡Cuántas veces debió Jesús niño ver a su madre esparcir levadura en la masa, y cuánto se asombraría aquel pequeñín al comprobar cómo la masa se inflaba para formar pan! No tengo duda de que esa experiencia le llevó a usar el símil de la levadura en varias de sus enseñanzas. En ocasiones, para bien, pues el reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta (Mt 13, 33). En otras ocasiones, para mal:

Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.

El hipócrita, como la masa del pan, se infla para aparentar, mientras por dentro está vacío. Jesús les advierte: Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse. Al final, su engaño quedará a la vista.

Mirad, sin embargo, a Cristo crucificado: está aplastado, y entrega, con la sangre y el agua, su propio Espíritu. Su interior no está oculto, sino derramado. A diferencia de los fariseos, nunca pretendió aparentar ni agradar a los hombres; sólo los amó.

Por eso dice san Pablo: Sois panes ácimos (1Co 5, 7). Mostremos el Cristo que llevamos dentro.

(TOP28V)

A la séptima va la vencida

No sé si soy yo el tonto, o si los tontos son quienes me dicen: «¡Padre, he leído Las Moradas de santa Teresa y me ha gustado muchísimo!». Prefiero pensar que el tonto soy yo. Porque, a mí, Las Moradas de santa Teresa me han hecho un bien inmenso. Pero la primera vez que las leí no entendí ni palabra. Ni la segunda. Ni la tercera. A la cuarta comencé a entender algo. Y, tras la séptima lectura, ya no sé, ni quiero, salir de ese castillo interior. Tan zoquete soy que he necesitado siete lecturas.

¿Y qué es lo que vislumbra este zoquete? Esto:

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Vislumbro, al adentrarme en ese castillo, que la oración es camino de amor hacia Cristo en el que, poco a poco, el alma se va acercando a la unión con Él. Y cuando se alcanza esa unión, el alma descansa con un descanso que hace al cuerpo capaz de todas las fatigas. Porque, estando el alma en reposo de Amor, recostada en su Amado, ya nada pesan los cansancios de esta vida.

Pero ha sido a la séptima. Zoquete de mí.

(1510)

Para entender a san Pablo

La traducción moderna del himno a la caridad de san Pablo, ese himno que tanto gusta escuchar a las novias en sus bodas, es fuente de muchísimos malentendidos. Si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría (1Co 13, 3). Hombre, quien entrega su cuerpo a las llamas algo de amor tiene; aunque, en el peor de los casos, fuera amor a sí mismo. Pero san Pablo no dice eso. San Pablo habla de «ágape», en latín «caritas». No se trata de cualquier amor.

¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!

He aquí el germen de ese himno a la caridad. Si pasamos por alto el amor de Dios, de nada sirven las obras de la ley. Si no amamos al prójimo con ese mismo amor que mana del costado de Cristo, somos unos infelices, ay de nosotros.

Pero si centramos la mirada en el Crucifijo, si dejamos que ese amor de Dios nos inunde y nos vivifique con su gracia, nuestras obras serán obras de santidad, obras de Cristo.

(TOP28X)

Esas manos

manosAcepto pocas invitaciones a comer. Así evito el queso. No sé por qué, cuando la gente invita alguien a comer, le pone queso. Y yo odio a muerte el queso. Santa Margarita María de Alacoque también. Cuando ingresó en el convento, sus padres pusieron como condición que no le dieran queso. Qué bien les comprendo. Y a ella. Y si alguien te invita a comer, te pone queso, y tú no te lo comes, luego se queja de que no aceptaste su queso. Que se lo coma él. No está bien invitar a alguien a comer y juzgarlo después.

Como el fariseo que invitó a Jesús. Se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer. ¿Por qué te sorprendes? ¿Por qué lo juzgas? ¿No es tu invitado? Trátalo bien, sé acogedor. En lugar de sorprenderte, asómbrate ante esas manos que no necesitan ser purificadas.

Esas manos, fariseo ciego, esas manos que Jesús no se lavó tocaron a un leproso y, en lugar de ensuciarse, limpiaron la piel del enfermo. Esas manos parten el pan y lo convierten en carne de Dios.

Pobre fariseo. En lugar de sorprenderte, deberías haberle pedido que te tocara con esas manos.

(TOP28M)

La mujer fuerte

Esa Virgen en pie sobre un pilar es la plasmación viva, en forma de mujer, de la casa cimentada sobre roca de la que habló Jesús en sus parábolas. La Roca era Cristo (1Co 10, 4).

Una mujer fuerte, ¿quién la hallará? (Prov 31, 10). Ella es la mujer fuerte. Ante la pobreza de Belén, la persecución de Herodes, las penurias del exilio en Egipto, la pérdida de su Hijo en Jerusalén, la persecución de sus parientes y, sobre todo, fuerte y serena al pie de la Cruz.

De no ser por la ternura con que nos ama, nos daría vergüenza mirarla. A nosotros las riquezas nos han debilitado, nos han vuelto sensibleros. Sabemos llorar y emocionarnos, pero ya no sabemos sufrir. No afrontamos el dolor con valentía, preferimos quitarnos de encima los problemas. Si has quedado embarazada sin esperarlo, mata al niño. Si tu matrimonio va mal, divórciate. Si la enfermedad te ciñe con el dolor, pide la eutanasia. Todo menos afrontar el sufrimiento.

Hemos renegado de la Virgen y su Pilar.

Pero ella nos sigue invitando a volver al Crucifijo. Al Pilar. A la fortaleza de los débiles que todo lo pueden porque se apoyaron en la Roca.

(1210)

Si fuera por Dios…

¿Quién va al cielo?

Quienes fían la respuesta al designio de Dios se equivocan. Si fuera por Dios, todos los hombres irían al cielo.

«Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda». Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos.

Dios quiere a todos los hombres en el cielo, malos y buenos. El primero en entrar fue un ladrón. Pero eso no significa que, necesariamente, todos entren.

Mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Nadie entra a una boda a rastras y esposado por la policía. Hay quienes, teniendo abiertas las puertas de la iglesia, no quieren entrar en misa. Tampoco querrán entrar, entonces, en el cielo.

Y hay quien no quiere vestir su alma ni confesar sus culpas para poder comulgar dignamente. «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?» El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas».

En ambos casos, la culpa es del hombre. Si fuera por Dios, ninguno de sus invitados se condenaría.

(TOA28)

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