Evangelio 2018

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

El ascensor de Teresa

Santa Teresa del Niño Jesús, en su alegoría del ascensor, se imaginaba como una niña al pie de una escalera, sobre la cual se encontraba su Padre. Trataba de subir el primer peldaño, y caía al suelo. Lo intentaba de nuevo, y volvía a caer. Tras centenares de intentos, el Padre se compadecía, descendía los peldaños, la tomaba en brazos, y la subía hasta la cima. Sus esfuerzos, por tanto, habían servido: con ellos demostró a su Padre el deseo de estar junto a Él, y excitó su compasión. Tuvo que intentar ser grande, para poder ascender como pequeña.

No ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. La penitencia y el esfuerzo de conversión proclamado por Juan es la forma en que el niño quiere hacerse grande para llegar a Dios. Ese esfuerzo es necesario. Sin Juan, no hay Cristo. Y, sin Adviento, no hay Navidad. Pero, aunque llegues a la Navidad cargado de fracasos, no temas: tu lucha habrá servido para que Dios descienda, se haga niño y pastor, y te tome en sus pequeños brazos para llevarte al cielo.

(TA02J)

“Evangelio

Descanso para el alma

Cuando san Juan de la Cruz dijo que «el alma que anda en amor, ni cansa, ni se cansa», no se refería al cansancio físico de quien ha caminado todo el día, ni al cansancio mental de quien escribe un libro. De ambos cansancios andaba sobrado el santo. Pero el señalaba al peor y más cruel de los cansancios: a la fatiga de los espíritus, que convierte a la vida en una carga pesada e insufrible. Un alma cansada experimenta hastío aunque no haya movido un músculo ni leído una letra.

Tomad mi yugo sobre vosotros y aprende de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. La vida puede hacerse muy pesada cuando estás solo. Y, si buscas apoyo en los demás, y no lo encuentras, creerás que no vale la pena seguir viviendo. Llega un momento en que todo te aburre, todo te fatiga…

¿Por qué no unces tu alma al yugo de Cristo, y así la conviertes en cónyuge del Redentor? Se encenderá en amor tu corazón de tal manera, será tal tu ilusión por servirle, que cualquier trabajo se te hará pequeño. Un alma en brazos de Dios descansa siempre.

(TA02X)

“Evangelio

La oveja borracha

El Adviento está lleno de promesas. Deberíamos recorrerlo entre consuelos, paladeando la esperanza que alumbra cada una. Pero, por desgracia, no todas las promesas de Dios alegran a todos los hombres.

Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida?

Pero si la oveja perdida se ha cobijado en el bar «La oveja loca», ha consumido ya catorce cervezas, y se ha olvidado hasta de su madre, la noticia de que el pastor viene a por ella quizá provoque que se esconda aún más. Así son muchos: se han rendido al pecado de tal forma que no conciben su vida fuera de él. El nombre de Dios se les hace extraño, y huyen de Él porque, en el fondo, no están dispuestos a dejarse amar. Temen que el Amor de Dios los vuelva niños, y ellos no quieren ser niños. Será que quieren seguir siendo viejos y borrachos.

¿Qué hará el Señor con esas ovejas ebrias de pecado, que olvidaron quién es su pastor y dónde está su patria?

Te lo diré: los amará entrañablemente. Sólo un amor infatigable puede redimirlos.

(TA02M)

“Evangelio

Nieve en los caminos

Ayer aparecía en escena Juan Bautista, y, en adelante, escucharemos con frecuencia, durante el Adviento, su exhortación a preparar el camino al Señor que viene. A su vez, Él viene a abrir caminos que permitan al hombre acercarse a Dios. Él mismo es el camino.

Ya lo ves: a causa del pecado, las vías de comunicación están cortadas. Pero el Señor, en su infinita misericordia, ha anunciado que vendrá a salvarnos, y nosotros le preparamos el camino confesando nuestras culpas y permaneciendo en vela.

Hombre, tus pecados están perdonados. Como esas máquinas quitanieves que ahora, en diciembre, despejan las carreteras para permitir el paso, Él, con su cuerpo entregado y su sangre derramada, derretirá nuestras culpas, romperá nuestras cadenas, y se tenderá ante nosotros en la Cruz formado la vía segura que conduce al cielo.

Dirás que ya te has confesado muchas veces, y quizá tenga que responderte que de poco te ha aprovechado. Tus confesiones eran tan superficiales, tan «epidérmicas», como tu correspondencia a la gracia. Prepara ahora, con verdadera contrición, los caminos de tu espíritu; deja que, cuando Cristo llegue, pueda entrar hasta el centro del alma, y, desde allí, Él te abrirá el camino hacia el cielo.

(TA02L)

“Evangelio

Yo sí me quiero salvar

¿Quién se alegrará de la venida del Salvador, sino aquél que se sabe perdido? En 1983, Víctor Manuel llenó las emisoras de radio con una canción que «rezaba»: «Déjame en paz, que no me quiero salvar». A alguien que profiere semejante grito le dices que viene el Salvador y, en lugar de alegrarlo, le provocas un infarto de miocardio.

He ahí la misión de Juan Bautista: abrir los ojos de quienes están perdidos para que reconozcan que necesitan ser salvados. Él los bautizaba en el río Jordán, y confesaban sus pecados. Quien confiesa sus pecados demuestra gran sabiduría. Porque aquel Víctor Manuel de 1983 estaba feliz con sus culpas y no quería que nadie le librase de ellas… Otros creen poder salvarse a sí mismos, y piensan que no necesitan confesar sus pecados a nadie. Pero quien confiesa sus pecados es como quien expone sus dolores al médico: lo hace porque sabe que necesita ayuda. A alguien así, le dices que viene su salvador, y le alegras la vida.

Haz como el Bautista. Si quieres se apóstol del Adviento, sé apóstol de la confesión. Acerca a tus amigos al confesonario, y así le prepararás al Señor un pueblo bien dispuesto.

(TABO2)

“Evangelio

Salvación eterna y jamón de jabugo

Quienes estáis leyendo estas líneas escuchasteis hace seis días un anuncio extraordinario: «¡Viene el Señor!» Y os estáis preparando para recibirlo en vuestras vidas.

Pensad ahora en la multitud de hombres y mujeres que nunca pisa una iglesia, que nunca recalará en una página como ésta, o que ni siquiera guardan en sus casas una biblia. ¿Qué noticia tendrán? ¿Acaso el Señor no viene también para ellos? ¿Cómo lo recibirán, si el único anuncio que han escuchado es el de un servicio de venta de jamones online para las fiestas? Nadie les ha hablado de Cristo, y no esperan más que al repartidor de Amazon y a Papá Noel, el santo pagano de las navidades comerciales.

Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. El anuncio que recibimos debería convertirnos en pregoneros. Tienes a tu alrededor muchas personas que necesitan escucharlo; no les prives de ello.

Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos… La palabra sobre Cristo que deslizarás en los oídos de cada uno obrará milagros, sanará sus heridas, y les hará saber que quien viene no es el repartidor de jamones, sino Aquél que entrega al hombre vida eterna.

(TA01S)

“Evangelio

De Nazaret a Lourdes

guapísimaCuando, ante la embajada de Gabriel, María se llama a sí misma la esclava del Señor, no está improvisando una fórmula de cortesía, sino que está manifestando en palabras el modo en que ella se veía a sí misma. Poco después, ante Isabel, volverá a emplear la misma expresión: Dios –dirá– ha mirado la humildad de su esclava (Lc 1, 48).

En 1858, cuando María se aparezca, en Lourdes, a Bernadette Soubirous, se presentará a sí misma con estas palabras: «Yo soy la Inmaculada concepción».

¿Sabía María, cuando, en Nazaret, se vio ante Gabriel, lo que sabía de sí misma en 1858, cuando se apareció en Lourdes y ya tenía su morada permanente en los cielos?

Desde muy niña, la Virgen experimentó una sensibilidad especial para todo lo divino. Sabía que su alma era un cristal limpísimo, que se dejaba herir por los rayos de un Sol amante. Entre aquel momento y su Asunción a los cielos, ella fue entendiendo el misterio de su limpieza interior. Y supo que Dios le había dado un corazón totalmente puro, ajeno por completo al pecado. Pero conservarlo así fue mérito suyo.

¡Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros, que recurrimos a ti!

(0812)

“Evangelio

Para ser feliz eternamente…

¿De qué depende tu felicidad? ¿A quién le has encargado la delicada tarea de hacerte feliz?

Si esperas que tu cónyuge te haga feliz, no podrás perdonarle el día que te falle. Y te fallará, porque todos fallamos. No te enfades si te digo que eres como aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Las criaturas somos arena, y arena movediza. Ama a tu cónyuge con todo tu corazón, pero no cometas la injusticia de pedirte que te haga feliz. No puede.

Si tu felicidad depende de tu trabajo… Lo siento por ti. Muy frágil me parece esa felicidad. Los trabajos vienen y van…

Si tu felicidad depende de tu salud, mejor no llegues a los cincuenta. O, mejor aún, conviértete antes de que sea tarde.

Pero si tu felicidad depende sólo de Dios, si puedes mirar al sagrario y decirle al Señor, con el corazón en la mano: «¡Qué feliz me haces, Jesús!», entonces dichoso tú. Porque eres como aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Eres libre, porque amas a los demás sin necesitarlos para ser feliz, y, por tanto, nada les pedirás a cambio de tu amor. Pero, sobre todo, serás feliz eternamente.

(TA01J)

“Evangelio

Tenemos hambre

La gente ya anda pensando en la cena de Nochebuena. ¿Dónde vas a estar? ¿Qué vas a hacer? ¿Con quién cenarás? ¿Qué vamos a poner?

Si digo ahora que nos estamos preparando para un banquete, muchos lo tomarán como si digo que hace frío. Ya lo sabemos. Pero no me refiero a ese banquete, ni a esa preparación.

EL BANQUETE: Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias… La Eucaristía, anticipada en aquel milagro, es la celebración sacramental del banquete más sublime: vamos a saciarnos de Cristo. Aparecerá el Señor, y el hambre de Dios de nuestras almas lo devorará con avidez. Entonces nos llenaremos de cielo.

LA PREPARACIÓN: Sólo quien cocina prepara el banquete en la tienda y en los fogones. El invitado se prepara de otra forma. Este sagrado banquete ha sido preparado por Dios en el Fogón del Espíritu. Nosotros, que somos invitados, nos preparamos ayunando; es preciso llegar con hambre. También nos preparamos vistiendo las mejores galas. Por eso, en Adviento, los cristianos vivimos con sobriedad y confesamos nuestras culpas en el sacramento del Perdón. Mientras lo hacemos, aguardamos llenos de esperanza y con impaciencia. Tenemos hambre de Cristo. ¡Ven, Señor Jesús!

(TA01X)

“Evangelio

Palabrita

Los secretos no son para los sordos. Los secretos se dicen en voz baja, y es preciso gozar de buen oído para escucharlos. También para decirlos, porque quienes oyen mal suelen hablar a gritos, quizá para escucharse a sí mismos. El confesor sordo es un peligro para la intimidad del penitente. Y el penitente sordo es un suplicio para confesor y feligreses (salvo para los muy curiosos).

Dios va a revelar su Amor. Y va a hacerlo en voz bajita, porque las declaraciones de amor requieren pudor e intimidad. Por eso se hará pequeño, muy pequeño; se hará niño. Y sólo los muy pequeños podrán escuchar esa voz.

Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.

Cada vez que oigo hablar de la «fe adulta» me echo a temblar. Yo no quiero una «fe adulta». Aparte de que el palabro me rima con «adulterio», la fe adulta está sorda cuando se trata de escuchar la «Palabrita». Porque el Verbo divino se hará «Palabrita» … –¡Palabrita del Niño Jesús!– y sólo los pequeños la podrán escuchar.

Yo quiero una fe de niño. Así me entenderé con el Dios que habla en voz baja.

(TA01M)