Libros de José Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Intimidades

Jamás sabremos qué sucedió bajo aquella higuera. Yo llevo años preguntándomelo, y preguntándolo, y continúo sin respuesta. No sé si ese dato formará parte de la gloria accidental de los bienaventurados, aunque me voy convenciendo de que, ni siquiera en el cielo, sabremos qué ocurrió.

Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

Ese momento, sagrado en la vida de Bartolomé, debe permanecer en la intimidad de amor entre Cristo y Él. El que, en nuestros días, hayamos perdido el pudor, y publiquemos en las redes sociales, ante el universo mundo, los detalles más íntimos de nuestras vidas en busca de «likes», es nuestra propia desgracia. No le abramos a Natanael una cuenta en Facebook.

Ojalá tengas, tú también, momentos de secreta intimidad con el Señor, y los escudriñes en lo más profundo de tu corazón, sin contarlos jamás a nadie que no sea el confesor. Esos momentos son los que convierten en romance la oración, y los que, secretamente, acaban transformando la vida. Quien no tiene secretos de amor con Dios no tiene verdadera vida espiritual.

Dejaré de preguntarle a Bartolomé por la higuera. También yo tengo mis secretos, y no admito preguntas.

(2408)

Fuego que devora

Dice el Deuteronomio que el Señor, tu Dios, es fuego devorador (Dt 14, 24). Y el propio Señor dice de Sí mismo: He venido a prender fuego a la tierra (Lc 12, 49).

Necesitas ese Fuego, porque no puedes amar a Dios como Dios quiere ser amado: Con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Puedes amarlo, pero, en tu corazón, siempre quedan otros «amores» que rivalizan con el amor a Dios; en tu alma sigue habiendo sitio para el pecado, y, en ese sitio, Dios no está; en tu mente sigue habiendo lugar para tus preocupaciones, tus planes y tus rencores. ¿Lo ves? No amas a Dios como debieras.

Amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, significa llenarte de Él. Y desterrar para siempre todo afecto desordenado, todo pensamiento que no sea oración, todo pecado –incluso venial–, y toda preocupación que no sea Dios.

Pídele al Espíritu Santo que venga a ti como fuego devorador; y que abrase, purifique y consuma todo lo que hay en ti que te aparte de Él. Porque ese primer mandamiento de la Ley sólo se cumplirá si te dejas quemar.

(TOI20V)

La corona de la Virgen de Fátima

Cuando, en el santo rosario, llamamos a la Virgen «reina», desgranamos su reinado, y decimos: «reina de los ángeles, reina de los patriarcas, reina de los profetas, reina de los apóstoles, reina de los mártires, reina de los confesores, reina de las vírgenes, reina de todos los santos…». Pero yo me quedo con el último de sus títulos: «Reina de la paz».

Porque el saber que los destinos del mundo, y mi destino personal, están en sus manos, me llena de paz.

También a vosotros. El poder de la Virgen María no es un poder simbólico, como si la hubieran nombrado «reina de las fiestas». Es un poder misterioso, pero real, muy real. Ante un solo movimiento de sus ojos, llevados al cielo, todos los coros angélicos comparecen ante ella, dispuestos a obedecer sus órdenes.

La Virgen de Fátima tiene una corona preciosa. En esa corona engastaron la bala que obedeció a sus designios cuando penetró en el cuerpo de san Juan Pablo II, y cambió su trayectoria para respetar la vida del pontífice. Esa corona grita, dulcemente, al mundo, que el poder de la Virgen santísima es real: «Al final, mi corazón inmaculado triunfará». ¿No os llena de paz?

(2208)

Él trabajó primero

Cada mañana, al levantarnos, deberíamos escuchar esa voz del cielo: Id también vosotros a mi viña.

Es la voz del Señor, que nos llama. En varias ocasiones, durante su vida, comparó el reino de los cielos con una viña. Y el trabajo, en una viña, consiste en sacar vino. Para que no nos desanimemos, Él trabajó primero. Quien al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña, antes de salir, se agotó durante la noche hasta morir. Y, como Vid de Dios, fue pisado en el lagar de la Pasión hasta que, de su costado, brotó el vino nuevo que nos alimenta cada día.

Id también vosotros a mi viña. Trabajar en esa viña es un privilegio; no se comprende a aquellos empleados que sintieron envidia del buen ladrón, quien sólo durante unos minutos pudo amar a Cristo como lo amó, aunque heredase el reino de los cielos. Pero, a la vez que un privilegio, trabajar en esa viña es un sacrificio; el único sacrificio que vale la pena. Conlleva dejarse pisar, cansarse por Dios, aceptar humillaciones, contrariedades y enfermedades para unirse al sacrificio de la Vid. Y, sobre todo, conlleva obedecer; porque, obedeciendo, entregamos cada minuto de nuestras vidas.

(TOI20X)

La lista Forbes y el reino de los cielos

La lista Forbes nos informa sobre las personas más ricas del Planeta. Por tanto, si alguna vez quisieras saber lo rico que eres, tendrás que consultar en qué numero te encuentras de esa lista. Quizá seas el 3.508.437.654… No está mal, uno arriba o uno abajo. Pero ten cuidado:

En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.

Así pues, si quiero saber las posibilidades que tengo de salvarme, tendré que consultar de nuevo la lista, y comprobar que estoy, al menos, en la última cuarta parte del ranking. Yo creo que, a partir de número 7.537.846.231, comienza a haber posibilidades de obtener una entrada al Paraíso.

Mentira. Todo mentira. La lista Forbes no tiene nada que ver en todo esto. Si, realmente, quieres saber lo rico que eres, donde tienes que consultar es en tu propio corazón. Pregúntate qué te importa, además de Dios. Quizá obtengas este resultado: «además de Dios, me importan mi imagen, mi salud, mis planes, mi dinero…».

Cuando nada te importe, salvo Dios, y el prójimo –por Dios–, entonces serás realmente pobre, y entrarás en el reino de los cielos. Aunque fueras el primero en la lista Forbes.

(TOI20M)