El Mar de Jesús de Nazaret

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

No le hagas sombra a Dios

Sé que tienes buena intención, pero esa luz tuya, con la que deslumbras a propios y extraños, no es la luz de Dios. Lo peor es que, como tienes a todos deslumbrados, has llegado a creerte faro de la luz divina. Te has deslumbrado a ti mismo.

Nadie que ha encendido una lámpara la tapa con una vasija… sino que la pone en el candelero para que los que entren vean la luz.

Repara en ese los que entren. Para encontrar la luz verdadera, primero debes entrar… Pero vives hacia fuera. Lo sabes todo, todo lo decides, emprendes mil tareas, a todos ayudas y te entregas a todos. ¡Cómo no vas a deslumbrar! Pero no te recoges, ni entras dentro de ti porque, en el fondo, te da miedo ese silencio. Estás demasiado ocupado suplantando a Dios, y ya sólo brillas tú. Eres una vasija con lentejuelas.

Anda, sé humilde. Recógete, entra y busca a Dios en tu interior. Póstrate ante esa luz, la verdadera, y ya no te muevas tanto, que no tienes por qué alcanzar gloria en este mundo. Abájate ante quienes te rodean, para que esa claridad se extienda a tu alrededor. No hagas sombra a Dios.

(TOP25L)

“Evangelio

El niño que fuiste

¿No te has preguntado nunca qué ve Dios en ti, para amarte tanto?

Durante unos ejercicios espirituales, al darse cuenta de lo mucho que Dios lo amaba, un amigo se acercó y me dijo: «Veo lo mucho que me quiere Dios, y pienso: “Le he engañado. Pobrecillo. ¡Qué ignorante!”».

Y tomado a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí».

Ese niño que fuiste un día, antes de pecar, y en cuyos ojos sólo brillaba lo que Dios había dejado en ti… ¿Qué hiciste con él?

Sigue ahí, dentro de ti, aunque sepultado por tu pecado. Por eso, sólo Dios lo ve. Y, al verlo, se enamora de su propia obra, no de tus falsos méritos.

Hoy te sugiero dos tareas: desentierra a ese niño; límpialo de la costra de pecado en que lo sepultaste, para que recupere su inocencia. La segunda tarea quizá sea más difícil aún: mira como mira Dios. Busca al niño que hay dentro de cada persona (también dentro de quienes tan mal te caen o tanto daño te han hecho). Así también tú podrás amarlos.

(TOB25)

“Evangelio

«Fuera de campo» en la parábola del sembrador

La parábola del sembrador es para «devotos». Sólo caben en ella quienes ocupan su asiento en la iglesia durante la misa, o quienes, en su casa, tienen la ocurrencia de abrir la Biblia.

La semilla es la Palabra de Dios.

Pero esa palabra no llega a todos. Muchas personas jamás han escuchado ni leído las Escrituras. Y nadie puede culpar a Dios por ello:

Salió el sembrador a sembrar su semilla.

El Hijo de Dios salió del cielo a sembrar la Palabra que da vida eterna. Cuando volvió al cielo, encargó a los suyos que anunciaran la buena nueva a todas las gentes. Si, hoy en día, muchos desconocen esa palabra, me temo que la culpa es nuestra. No hemos cumplido el encargo que se nos asignó.

¿A cuántas personas no creyentes has hablado de Cristo en el último año?

Sé que, con estas líneas, salgo de los límites de esta parábola para «devotos». Pero en ella, como en los buenos encuadres cinematográficos, siempre hay algo «fuera de campo». Y también forma parte de la escena. Por eso tiemblo: me temo que lo que está «fuera de campo» sea lo que nos acabe dejando a nosotros «fuera de juego».

¡Despierta!

(TOP24S)

“Evangelio

Jesús, Tú no eres un tren

El tren no espera. Llega al andén, abre las puertas, cierra las puertas, y se marcha. En cuestión de minutos estás a kilómetros de casa.

Hoy quizá te sorprenda, Jesús, porque esto no te lo he dicho nunca: te agradezco que no seas un tren. Te has portado conmigo como te portaste con Mateo, y me parece maravilloso.

Le dijiste: Sígueme. Quien te confunda con un tren pensará que, a partir de entonces, Leví emprendió un viaje con las puertas cerradas y sin marcha atrás. Y es verdad; lo es en Mateo, y también en mí. Pero no como quien monta en un tren.

Porque, a renglón seguido, en lugar de veros caminando, te veo sentado a la mesa con Leví y sus amigos. Le pides que te siga, pero, primero, Tú te quedas y cenas con él.

Maravilloso.

Has querido, primero, cenar conmigo, compartir mi vida y santificar cuanto soy y cuando hago, menos el pecado. Y, después, me llevas a compartir tu muerte, a redimir mi pecado, y a que yo cene en tu casa por toda la eternidad.

Si los trenes fueran como Tú… sería un desastre. Por eso me alegro de que no seas un tren.

(2109)

“Evangelio

Don Pésimo

No sé si, entre tus amigos, se encuentra el típico «Don Pésimo», el insoportable aguafiestas a quien la única forma de arrancarle una sonrisa es que te vea caer rodando por una escalera para poder comentar, cuando estés en el suelo: «Ya te lo dije». Fuera de esas ocasiones, no hay modo de hacerle sonreír. Le dices que has encontrado trabajo, y te responde: «Con ese horario, acabarás muerto». Le anuncias que has tenido un hijo, y te felicita diciendo: «Te vas a gastar un dineral para mantenerlo». Le dices que te ha tocado la lotería, y te responde: «¿Para qué quieres tú tanto dinero?».

Los fariseos eran así; una casta de aguafiestas. El Señor, además de ser Dios, fue un héroe al comer con ellos. Ante las lágrimas de una pecadora, lágrimas que conmovían el corazón de Cristo, el fariseo se endureció:Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando… Pobre idiota.

Tú no aprendas del fariseo. Aprende de la pecadora. Sé cariñoso con Jesús, derrítete cuando comulgues, llora en su pecho, besa sus pies. Y quien quiera amargarse… que se compre un mono de juguete, y le dé cuerda.

(TOP24J)

“Evangelio