Misterios de Navidad

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Un festín de manjares suculentos

El reino de los cielos es comparado por el profeta Isaías a un banquete: Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados (Is 25, 6). Yo que tú no me fiaría mucho de la gente a la que no le gusta comer ni beber; son capaces de llegar al cielo y pedir verduritas y agua. No van a disfrutar nada, los pobres. A los católicos nos gusta comer y beber. Por eso la Misa es la mejor preparación para el cielo.

Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. En la Misa, el Señor pone el Pan de su cuerpo en manos de los sacerdotes, y los sacerdotes os lo entregan. Quien acude comulgar bien preparado está bien preparado para sentarse a la mesa del reino de Dios. Es buen examen para este cuarto día de Adviento: ¿Acudes con hambre a la santa Misa? ¿Llevas el alma bien vestida, en gracia? Si comulgas bien en la tierra, te saciarás en el cielo.

(TA01X)

“Misterios de Navidad

Abrir y escuchar la entrada

La gran pregunta

Juan, un monaguillo de diez años, me miró fijamente cinco minutos antes de la misa y, levantando el dedo índice, me dijo, con toda solemnidad: «Y, ahora, la gran pregunta: ¿Dónde me siento yo?».

Entiendo que, para un niño de diez años, la gran pregunta puede ser el asiento en el que va a pasar los próximos 45 minutos. Para otros, la gran pregunta es: «¿A qué hora comemos?». Para mí, la gran pregunta es: «¿Por qué todavía no ha vuelto el Señor?». La segunda gran pregunta es qué le sucedió a Natanael debajo de la higuera, pero esa respuesta puede esperar.

Supongo que todo tiene que ver con nuestra dureza de corazón. Si el Señor volviese hoy y juzgase a los hombres, ¿cuántos se condenarían? Son muchos quienes huyen de Él, son multitud quienes aún no lo conocen, y son un ejército los cristianos que jamás han anunciado el nombre de Cristo a quienes no creen en Él.

Os haré pescadores de hombres. Si hubiéramos obedecido, si hubiésemos echado las redes, el mundo estaría preparado para recibir al Señor. Es la gran respuesta a la gran pregunta: «Si de verdad queréis que vuelva, cumplid el mandato que os di».

(3011)

Abrir y escuchar la entrada

El poder de la palabra

familiaAquel centurión vivía en un entorno –el ejército romano– donde la palabra tenía un enorme poder. Yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; a mi criado: «Haz esto», y lo hace. Por eso le pareció innecesario que Jesús se tomara la molestia de acercarse hasta su casa: Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano.

La Iglesia nos muestra el ejemplo de este hombre porque nuestra esperanza está puesta, precisamente, en la Palabra, en el Verbo de Dios. Dios se dispone a hablar, y la Iglesia, con sus ojos fijos en Él, en silencio los labios y abiertos los oídos, desea ardientemente acoger la Palabra salida de su boca.

Silencio. Es un buen propósito para el Adviento. Seguramente, el mejor. No se puede escuchar en medio del ruido, ni acoger la palabra del otro si uno no está callado. Por eso te sugiero que, durante estas cuatro semanas, busques tiempos de silencio y leas los santos Evangelios como quien acoge al Señor en lo profundo del corazón.

Nos enviarás tu Palabra, Señor, y quedaremos limpios. Habla, que tus siervos escuchan.

(TA01L)

Abrir y escuchar la entrada

¿Otro adviento?

Otro adviento. Podría parecerte el cuento de Pedro y el lobo. Todos los años nos repite la Iglesia que viene el Señor, y el Señor sigue sin venir.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. ¡Otra vez! Ya te cansaste de mirar nubes sin pasajero. ¿Por qué levantar ahora la cabeza?

Porque te has equivocado. Este no es el enésimo adviento. Es el único adviento, la única advertencia. El Señor la ha pronunciado una vez, y su voz, recibida en la Iglesia como recibe la caja de resonancia la vibración de las cuerdas de la guitarra, llena la Historia. No es el grito el que se repite; eres tú quien, de la mano de la Iglesia, te acercas de nuevo a un sonido que no ha cesado.

Te equivocaste porque, cuando lo oías, mirabas hacia delante en el calendario. «Quizá el Señor vuelva esta tarde, o mañana, o la semana que viene»… Pero miraste en la dirección equivocada. Debiste –¡debes!– mirar hacia arriba, hacia lo eterno. Ojalá este año lo hagas. Y verás venir al Señor.

Perdona mi torpeza. No te lo sé explicar mejor. Pero lo que te digo es cierto.

(TAC01)

Abrir y escuchar la entrada

Tu apocalipsis en miniatura

Dos mil años después, las palabras de Jesús suenan en la Iglesia como advertencia para que su pueblo siga en vela, y como aldabonazo que despierte a los dormidos:

Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.

¿Y qué es lo que está por suceder? Que te harás viejo. Que perderás todo: juventud, salud y belleza. Que padecerás disgustos. Que las criaturas te decepcionarán. Que morirás… y muchas más cosas.

A lo largo de estos últimos días, el Señor ha hablado a sus discípulos sobre el fin del mundo y su segunda venida. No sabemos cuándo llegará el día en que Él aparezca sobre las nubes mientras la Creación visible se desmorona. Pero todos tenemos nuestro «fin del mundo» particular, y ése llega conforme avanzan los años y la vida terrena va tocando su fin. Por tanto, estés o no estés en la Tierra el día en que vuelva el Señor, también tendrás tu apocalipsis en miniatura.

El Señor te tiende la mano. Tómala, apriétala con fuerza y no la sueltes. Mantente en vela, y escaparás de la muerte hacia la Vida.

(TOI34S)

Abrir y escuchar la entrada

Remedios para el mareo

Me sorprende que, cuando estamos por estos lares alcanzando temperaturas bajo cero, el Señor nos diga: Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.

Claro que, como va todo tan deprisa, seguro que, si me fijo en una higuera, a poco que me entretenga mirándola me doy cuenta de que me sobra el abrigo y las ramas se han llenado de brotes. Me miré una vez al espejo con quince años para comprobar que tenía pelillos en el bigote. Cerré los ojos. Los volví a abrir, y descubrí que donde ya apenas quedaban pelillos era en la cocorota. ¡Qué sabia es esa frase del salmo: Fui joven, ya soy viejo (Sal 37, 25)! En lo que tardas en pronunciarla se hace verdad.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Dicen que, mientras viajas, evitarás marearte si clavas la mirada en un punto fijo del horizonte. El único punto fijo que he encontrado en el viaje de la vida para clavar los ojos y no marearme es la palabra de Dios. No quisiera apartar de ella mi mirada jamás.

(TOI34V)

Abrir y escuchar la entrada

Salvando los muebles

«¿Qué es lo primero que salvarías de tu casa en un incendio?». ¡Qué pregunta tan típica! Y, para colmo, seguro que habrá quien responda: «¡El piano de cola!». No. Yo creo que la respuesta más popular debe ser «el teléfono móvil». Para muchos, salir de casa sin el móvil equivale a salir desnudos.

«¿Qué es lo primero que salvarías de tu casa en un incendio?». La mejor respuesta es «nada». Bastante tendrás con salvarte tú. Y, si el móvil está ardiendo, intentar salvarlo podría suponerte arder con él. Si es el piano de cola, ni te cuento.

Entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella. Volverá el Señor, y habrá algún idiota que vaya corriendo al garaje porque se le quema el coche. Arderá con tapicería y todo, pegado al asiento del conductor.

Cuando todo se incendie, lo único que quiero salvar lo llevo dentro: la gracia que ilumina mi alma. Y será ella la que me aleje del incendio y me lleve al encuentro de Cristo que viene. Alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

(TOI34J)

Abrir y escuchar la entrada
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad