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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

¿Para quién trabajas?

Cuando san Martín de Tours estaba a punto de morir, sus sacerdotes le rogaron que se quedara con ellos. Y, aunque él ardía en deseos de ver a Dios, levantó la vista al cielo y exclamó: «No rehúso el trabajo». San Pablo, que también ardía en deseos de ver a Dios, escribió: Deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros (Flp 1, 23-24). Tanto san Martín como san Pablo trabajaban para Cristo, y estaban dispuestos a prolongar su jornada para servir a tal Señor.

Id también vosotros a mi viña. ¿Y tú? ¿Para quién trabajas? ¿Trabajas para Dios, trabajas para ti, o divides tu tiempo «equitativamente» entre ambos? ¿O estás ocioso?

Al organizar tu tiempo… ¿Reservas, entre tus múltiples tareas, un tiempo para Dios? ¿O le entregas a Dios tu agenda, y dejas que Él se adueñe de tus horas?

¿A qué has renunciado por Cristo? ¿Qué has sacrificado por Él?

¿Quién es tu jefe? ¿A quién obedeces, a ti mismo, o a Dios? ¿Tienes dirección espiritual?

¿Te cansas por Dios?

¡Cuántas preguntas! Y todas se resumen en una: ¿Para quién trabajas?

(TOA25)

Eres un pueblo

Normalmente, escuchamos la parábola del sembrador e imaginamos a cuatro grupos distintos de personas, uno por cada terreno. Pero tú mismo eres un pueblo. Y no estaría mal que conocieras el mapa de tu propia geografía.

Algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron. Si la palabra queda en la carne, en un mero vibrar del tímpano, los demonios se la llevarán sin que cunda.

Otra parte cayó en terreno pedregoso, y, después de brotar, se secó por falta de humedad. Si recibes la palabra en la tierra de los afectos y emociones, donde todo es impulsividad, brotará deprisa, pero, como los propios impulsos, se secará rápidamente.

Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron. Si recibes la palabra en la inteligencia, son tantos los afanes que llenan tu pensamiento, que se perderá entre ellos.

Y otra parte cayó en tierra buena, y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno. Pero si recibes la palabra en la tierra silenciosa del hondón del alma, como la Virgen, dará fruto abundante.

Para hacerlo así, mientras Dios habla… ¡Calle toda carne ante el Señor! (Ha 2, 20).

(TOP24S)

Inconvenientes de llevar 10.000 € en la cartera

Si pierdes la cartera en un taxi, y en la cartera llevabas diez mil euros (¿qué irías a hacer tú con diez mil euros en la cartera?), te llevas un buen disgusto. Pero si, al cabo de una hora, te llama el taxista y te devuelve la cartera perdida, le das al buen hombre cincuenta euros como recompensa. Los otros 9.950 te los guardas (¿qué irás a hacer con ellos?).

No puedes entender a las santas mujeres. Ellas juegan en «otra liga».

Jesús iba caminando acompañado por los Doce, y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades. Estas buenas mujeres no habían perdido diez mil euros en un taxi; habían perdido la vida entera. Y Jesús se la devolvió. Como muestra de gratitud, no hicieron la promesa de viajar descalzas a Santiago, o de rezar el Via Crucis todos los viernes. Puedes hacer todo eso, y después vivir el resto de tu vida como te dé la gana. Ellas, sin embargo, le entregaron a Jesús su vida entera, la que habían perdido, y, en adelante, la vivieron sólo para Él.

¡Benditas almas generosas y enamoradas, que están llamadas a perfumar de Dios el mundo!

(TOP24V)

No serás perdonado si no te postras

La mujer pecadora se postra a los pies del Señor, y con sus lágrimas le enjuga los pies. Simón, el fariseo, se escandaliza, y Jesús justifica a la mujer: se porta así porque se le ha perdonado mucho. Pero le echa en cara a Simón sus faltas de cortesía: ni lo había besado, ni lo había ungido. Trayendo el ejemplo a nuestros días, es como si yo invito a cenar a alguien y no le doy ni las buenas noches.

Sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco. Si a Simón, según las palabras del Señor, se le perdonó poco… ¿fue porque tuviera menos pecados? ¿Era Simón mejor que aquella meretriz?

No; desde luego. Si se le perdonó poco, fue porque nunca pidió perdón. Y no lo pidió, porque se tenía por justo. Hay pecados, como la lujuria, que son difíciles de disfrazar. El lujurioso se siente sucio, tiene asco de sí mismo. Pero la soberbia es sibilina: se viste de ángel de luz, y puede hacer que el soberbio se tenga a sí mismo por santo mientras va camino del infierno.

Oye… ¿no deberías llorar un poco más?

(TOP24J)

El diapasón celeste

El corazón de Cristo es el gran diapasón, el perfecto instrumento musical venido del Cielo con el que nuestros corazones deberían estar siempre afinados. Si Él llora, todos deberíamos llorar; si Él ríe, todos deberíamos alegrarnos. Contemplad el inmaculado corazón de la santísima Virgen, y escucharéis los acordes perfectos que suenan cuando los espíritus de Redentor y criatura desgranan sus notas a la par.

Desgraciadamente, esa armonía ha sido, y es, muy extraña. Los hombres hemos desafinado mucho: Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado.

Como ejemplo contrario al de la Virgen, piensa en aquel hermano mayor del hijo pródigo: Cuando su padre se entristecía por haber perdido a su hijo, él se alegraba de no tener que soportar a su hermano menor. Cuando el padre se alegró de recuperar al pequeño, él se entristeció y fue devorado por la envidia.

Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón. La Sabiduría se escribe con mayúscula. Es el Espíritu que animaba a reír y llorar al corazón de Cristo. ¿Nos dejaremos animar por Él? ¿Reiremos y lloraremos a su son, o seguiremos, cada uno, interpretando nuestra «ópera bufa»?

(TOP24X)

Ese dolor de amor tan dulce

Éstos son mi madre y mis hermanosLa Virgen de los dolores es la Virgen de los amores. Porque su dolor es dolor de amor. Cualquiera que ame de verdad sabe que, en esta vida, el amor siempre viene bañado en lágrimas. Sólo en el Cielo amaremos sin sufrir.

Es el amor que la Virgen siente por su Hijo el que la lleva a compartir sus padecimientos. No todos aman a Jesús así. Quien sólo se acerca a Jesús buscando su propio provecho sufre más por sí mismo que por el Señor. Le pide: «¡Jesús, sálvame de este dolor!», y es su propio dolor el que sufre.

Pero quienes aman de verdad a Cristo deben prepararse para compartir sus padecimientos, como los compartió la Virgen. Esas almas escogidas no tienen ya dolores propios; sus llagas son las del Señor, sus soledades son las del Madero, su hambre y su sed son las de Cristo.

En ellas se cumplen las palabras de san Pablo: Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia (Col 1, 24). No hay dolor como ése. Es dolor dulce, muy dulce. No se cambia por todos los placeres de la tierra.

(1509)

Contemplación de la Cruz

Cuando miras un crucifijo, ¿qué ves? Porque no basta cualquier mirada para ser sanado.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

La mirada sanadora al crucifijo debe ser una mirada de fe y de amor. Si, al mirar hacia la Cruz, sólo ves maldición, sufrimiento y ultrajes, no obtendrás más que tristeza.

Mira bien. Esto debes ver, cuando mires a la Cruz: Tanto amó Dios al mundo… Tanto, que ha enviado a su Hijo para rescatarte del pecado y de la muerte. Tanto, que, cuando nosotros lo despreciamos, Él lo sufrió mansamente para salvarnos. Tanto, que le pidió a su Padre que nos perdonase, porque no sabíamos lo que hacíamos. Tanto, que ha ofrecido su vida entera, y hasta la última gota de su sangre, por ti.

Contempla ese amor, deja que, al mirar a la Cruz, te llene por dentro. Y así, al contemplarlo, serás sanado de todos tus males.

(1409)