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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Distintas formas de sonreír

« – ¡Señora Isabel! ¡Cuánto me alegro de verla!

 – Siento no poder decir lo mismo.

 – Pues haga lo que yo: mienta».

Eso es hipocresía. Se usa la sonrisa como arma de fuego, como envoltura del odio cuyas asas permiten lanzarla desde una posición de superioridad para machacar al adversario.

Santa Teresa del Niño Jesús cuenta, en el libro de su vida, cómo sentía repugnancia hacia una de las monjas que vivían con ella. Explica cómo procuraba ser cariñosa, en especial, con aquella hermana, y también cómo evitaba cruzarse con ella cuando no se veía con fuerzas para sonreír. Al recabar los testimonios de las carmelitas de Lisieux, durante el proceso de beatificación de Teresa, aquella monja aseguró que ella era su favorita, la hermana más querida por Teresa.

Eso es santidad. Prestarle el rostro y las palabras a Dios para manifestar su Amor, mientras uno esconde sus propios sentimientos. La sonrisa, entonces, es un servicio humilde, y el corazón propio queda clavado en la Cruz.

Todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Aprende: sentir cólera no es pecado; dejarse llevar por ella, sí. Por tanto, si te enfadas, reza y sonríe. Pero sonríe bien.

(TC01V)

Faro inalterable, y bailongos de temporada

faro¡Cómo les gustaría, a tantos y tantas, una iglesia que se meciera con las olas, que bailase al compás de los tiempos y acariciase los oídos de los amantes de lo «políticamente correcto»! No diré que no existan «bailongos» en la viña del Señor, que de todo hay; quienes gusten de mecerse con las olas, por ellas serán arrastrados. Pero la Iglesia, la barca de Pedro, es también faro contra el que las olas se estrellan.

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Desde Pedro, todos los papas han tratado de acomodar su voz al lenguaje de cada época. En ocasiones, ese cambio, por cautela, ha llegado con retraso. Pero el cambio en el tono de voz no ha supuesto, ni supone, cambio en la doctrina. Las verdades eternas son inalterables.

No habla Francisco como Benedicto XVI, ni Benedicto XVI habló como Pío IX. Cada uno ha puesto el énfasis en lo que juzgó que necesitaba su generación. Pero todos han servido a la misma verdad. Nosotros escuchamos, aprendemos, y oramos día y noche por el Papa. Quien no es uno con Pedro, no puede ser uno con Cristo.

(2202)

Un aviso urgente

¿Qué está en juego en tu Cuaresma? Dime la verdad: ¿Practicas la penitencia como algo urgente, o has dejado de comer chocolate «porque toca»? ¿Crees, realmente, que te juegas la salvación con tus ayunos?

Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás.

Jonás gritaba que Nínive sería destruida por sus culpas. Pero Nínive, cuyos habitantes eran pecadores, no era un pueblo de idiotas. Aunque movidos del miedo, se convirtieron y ayunaron.

Prueba a decirle a un cristiano occidental que va camino del Infierno, y que la penitencia y la conversión son, para él, tarea urgente en la que se juega la vida. Si no te desprecia, te responderá que se confiesa, y que esa práctica es garantía de salvación. Pero al demonio le gustan las confesiones «de rutina». Si un cristiano convive en paz con sus pecados –aunque sean veniales–, y duerme tranquilo porque los confiesa habitualmente, todo está a punto para que, en el momento oportuno, Satanás tire de esa cuerda de seda y precipite al alma en el abismo.

Cuaresma no se reduce a no comer chocolate. Es un aviso urgente para almas perdidas.

(TC01X)

En el desierto llegó el maná

A menudo entendemos que las palabras danos hoy nuestro pan de cada día van referidas a las necesidades materiales más urgentes. Se nos invita a pedir sustento para el día de hoy, dejando el mañana en manos de Dios, del mismo modo que los hebreos, en el desierto, sólo recogían la ración diaria del maná.

Pero esa petición –la cuarta– de la oración dominical va mucho más allá. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna (Jn 6, 27). Para quienes no concebimos un día de nuestra vida sin recibir la sagrada Comunión, la cuarta petición del Padrenuestro tiene un valor inmenso y una urgencia máxima.

La Eucaristía es el verdadero maná. Quien se limita a recibirla los días festivos no perecerá de hambre, pero tampoco conocerá las delicias que paladea quien la recibe a diario y por puro amor. Si aún no eres de éstos, permíteme que te proponga un ejercicio sencillo: comulga a diario en esta cuaresma. Te aseguro que, si lo haces, ya no podrás dejar de comulgar cada día. Y el mismo alimento que te fortalece en el desierto cuaresmal será también las delicias de tu Pascua.

(TC01M)

A los pies del Señor, en el prójimo

En la Ley antigua estaba escrito que amar a Dios con todo el corazón, y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Hoy, en nuestros primeros pasos por el desierto cuaresmal, recibimos una ley nueva: Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.

Si el mandato antiguo convertía el amor al prójimo en una extensión del amor que cada uno siente por sí mismo, la nueva ley cambia el foco de atención, y nos descentra. Ya no se trata de amar a mi prójimo como me amo a mí, sino de amarlo como al propio Cristo. Y mi lugar junto a Cristo está a sus pies. A partir de ahora, «amar» significa «servir», situarme por debajo de mi prójimo como se postró el Señor para lavar los pies de los apóstoles.

Aquí tienes la mejor de las limosnas, que va más allá de entregar cosas y consiste en entregarse uno mismo: ceder tu sitio, escuchar más que hablar, escoger lo peor para ti, sonreír aunque estés cansado, jamás quejarte, interesarte por los problemas de tus hermanos, y hacerte el último en todo. Conmigo lo hicisteis.

(TC01L)