Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Llevada al Cielo por ángeles

Las obras de arte que representan la Asunción de la Virgen suelen mostrarla llevada al Cielo por una corte de ángeles. Esos ángeles no son parte del dogma, pero son fruto del sentido común y del sentido sobrenatural.

En primer lugar, porque, a diferencia de Cristo, quien «ascendió», la Virgen fue «asunta», es decir, fue llevada al Paraíso. Y ¿quién mejor podría llevarla que los espíritus angélicos, mediadores entre Cielo y Tierra? Ellos trajeron la Ley desde lo alto para los hijos de Eva, y ellos llevan a lo alto a la nueva Eva.

Pero, sobre todo, esa presencia de los ángeles era necesaria como desagravio. Los ángeles son todo dulzura, y el corazón inmaculado de la Virgen había sido herido en la Tierra por una espada cruel. También un ángel consoló el corazón herido del Salvador en Getsemaní. Si los corazones limpios, en este mundo, resultan siempre tan heridos, era de justicia que aquel corazón inmaculado y llagado fuera conducido entre ternuras ante la presencia de su Hijo. Los ángeles quieren mucho a la Virgen María.

Por eso, venera hoy con tierna devoción a la Inmaculada, asunta al Cielo. Pero no te olvides de los ángeles. Únete a ellos.

(1508)

Como Cristo ama a su Iglesia

matrimonio cristianoEn la ceremonia de la boda, se pide a los nuevos esposos que se amen «como Cristo ama a su Iglesia». Es todo un imposible, que sólo puede hacerse realidad mediante el milagro que la gracia divina obra en el alma.

Porque el matrimonio no es sino un reflejo del Amor con que Cristo y la Iglesia se aman. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne.  ¿No dejó primero el Hijo de Dios en el Cielo a su Padre para unirse a ti, y para hacerse, en cada comunión, una sola carne contigo? Te has convertido en lo más importante para Él, como esa oveja perdida a la que buscó el pastor dejando a las demás en el campo.

Y, ahora, medita si tu cónyuge es lo más importante para ti; más importante, incluso, que tus hijos y tu familia carnal. Pregúntate si, durante el matrimonio, no se han introducido intereses que se interponen entre tu cónyuge y tú.

Y recuerda que, cuando el Señor te llame, la primera persona por quien te preguntará será tu cónyuge. ¿Te has entregado a él?

(TOP19V)

Al salir de misa…

La parábola del siervo sin entrañas es una parábola para siervos. Los hijos deberíamos actuar de otra manera.

Cuando el amo perdona la deuda de aquel siervo, dice Jesús que lo dejó marchar. Y el siervo se marchó.

Nosotros, cuando la misa termina, y sobre el altar se ha ofrecido el sacrificio capaz de perdonar todas nuestras deudas, aunque el sacerdote nos dice: «Podéis ir en paz», no nos vamos, porque no somos siervos, sino hijos. El siervo tiene prisa por abandonar su lugar de trabajo, pero los hijos nos quedamos, durante unos minutos, a dar gracias por la Eucaristía recibida, aun viva en nuestros cuerpos.

¿Qué hizo el siervo cuando salió? La parábola continúa así: Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba… Al marcharse, lo primero que hizo fue pecar. Así actúan los siervos, salen de misa apresuradamente, y apresuradamente pecan apenas se han alejado veinte metros de la puerta. Los hijos, sin embargo, una vez terminada la acción de gracias, salen de misa radiantes, convertidos en otros cristos, y dispuestos a llenar el mundo con la paz de Dios.

¿Cómo sales tú de misa?

(TOP19J)

La oración de dos

La oración de uno es muy valiosa. La oración de dos es omnipotente.

Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos.

El propio Jesús, cuya plegaria, elevada desde la Cruz, tenía poder para redimir al género humano, quiso tener a su lado a la Virgen, cuya súplica llena de dolor rasgó los cielos unida a la de su Hijo. Así nos enseñó que la oración de petición nunca es algo personal o íntimo, sino batalla de amor a Dios y al prójimo.

Cuando alguien te diga: «pide por mí», respóndele: «pide tú también; así seremos dos».

Por eso, el santo rosario, rezado en familia, tiene un valor incalculable; muy especialmente, cuando ponéis intenciones a los misterios.

Y, por el mismo motivo, hacéis muy bien cuando encargáis misas por vuestras intenciones, y os unís a ellas con fervor.

La oración de dos no puede ser despreciada por Dios. Y si añadís, además, algún pequeño sacrificio, adelantaréis su cumplimiento.

Lo único malo que pudiera sucederte es que dudes de la eficacia de esa oración. No te lo permitas, que te lo ha garantizado el propio Señor.

(TOP19X)

Amen dico vobis

«Amen dico vobis» es la expresión latina que traducimos, en los evangelios, como «En verdad os digo»

En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Si nos lo dice «en verdad», es para ponernos en verdad. Hacerse niños no es fingir, ni dar marcha atrás en la vida para volver a una etapa ya pasada. Hacerse niños en ponerse en verdad, porque, ante Dios, somos eso: niños recién nacidos, que nada saben y nada pueden. La mentira es la que nos decimos a nosotros mismos cuando nos creemos adultos, capaces de controlar nuestras vidas y las de los demás, y capacitados para juzgar de todo y a todos. Y la gran mentira consiste en creer que podemos ganar el Cielo por nuestros propios méritos, porque ya somos creciditos y podemos buscarnos, no sólo la vida temporal, sino también la eterna.

El niño no hace méritos para ganarse el Cielo; se deja querer, y disfruta del Amor de su Padre. Punto.

Por eso, sin humildad (que es verdad), nadie puede salvarse. Y todas las demás virtudes, si no hay humildad, se pervierten y acaban convertidas en pecados.

(TOP19M)

No estaba loco, sino enamorado

Llegas a misa un 10 de agosto, con 38ºC de temperatura en el ambiente, y te presentan a un tal san Lorenzo, que murió abrasado en una parrilla mientras hacía chistes e invitaba a los verdugos a darle la vuelta, porque la carne ya estaba hecha por un lado. Entonces te preguntas de qué va todo esto, qué sentido tiene tanto sufrimiento, y cómo es posible que uno pueda reírse mientras lo fríen sin estar loco perdido.

El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor. Seamos serios, aunque san Lorenzo se ría. Nadie puede estar a gusto mientras lo tuestan en una parrilla. Pero todos, listos y tontos, santos y pecadores, estamos a gusto con el ser amado. Si san Lorenzo se dejó quemar, es porque descubrió que Cristo estaba tumbado en la parrilla, esperándole, crucificado; y que, por tanto, él no estaría solo en el tormento.

Ojalá tú, que tanto amas al Señor, también lo vieras: Cristo está en tu dolor, está en tus soledades, está en tus fracasos, está en tus contrariedades. Antes de que tú llegaras allí, ya te esperaba Él. Y convirtió tu dolor en lance de Amor.

(1008)

Conversión y perseverancia

Ante Pedro hundiéndose en el agua, primero me sorprendo. Después, comprendo.

La sorpresa me asalta cuando se asusta y se hunde. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». Y es que el momento de asustarse ya había pasado. Si el Señor, sobre las olas, me dice «Ven», lo que me daría miedo es salir de la barca y echar pie al agua. Pero, una vez que lo he hecho, y he comprobado que puedo pisar el mar… ¿Por qué asustarme del viento?

Luego miro al mundo real… y comprendo. He visto, gracias a Dios, muchas conversiones. He presenciado ese momento en que un hombre abandona su barca y se lanza, sobre el agua, al encuentro del Señor, y sé que esa gracia hace que todo parezca fácil. Convertirse –perdonad– es lo sencillo. Lo difícil es perseverar. Porque a algunos que vi saltar de la barca entusiasmados, lo vi, años después, hundirse miserablemente ante los vientos de la vida. Desgraciadamente, ni siquiera todos pidieron ayuda.

Así somos. ¡Señor, que nos convirtamos! Pero, sobre todo… ¡Que perseveremos!

(TOA19)