En ocasiones hay que elegir entre merecer que pongan tu nombre a una calle o merecer que escriban tu nombre en el libro de la Vida. ¿A quién quieres agradar, a los hombres o a Dios? Ya, ya sé… Si pudieras, elegirías agradar a Dios y agradar también a los hombres; llegar al cielo habiendo recorrido en la tierra un pasillo de aplausos. Pero eso no es posible. Tienes que elegir. Muchos santos han pasado en este mundo por idiotas. Y también hay idiotas que han sido tenidos por santos mientras les duró el engaño.
Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Ésa es la diferencia.
Para que pongan tu nombre a una calle, debes cuidar tu imagen pública. Peina bien tus redes sociales, encárgate de que conozcan lo mejor de ti (aunque tengas que inventarte alguna cosa). No sé si decirte que te deseo suerte, no estoy seguro…
Para que tu nombre esté escrito en el libro de la Vida, ni siquiera hace falta que te canonicen. Cuida lo escondido. Una genuflexión cuando nadie te ve, un beso al crucifijo de tu dormitorio, una limosna sin remitente… Y que los hombres digan de ti lo que quieran.
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