Evangelio 2020

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

La prueba de la fe

Mientras Jesús estaba en Galilea, alguien se acercó, procedente de Betania, y le transmitió un mensaje de Marta y María: El que tú amas está enfermo.

Trasladémonos a Betania, entremos en casa de las hermanas, y procuremos averiguar cómo vivieron aquella prueba de fe. Lázaro enfermó, la enfermedad se agravó, y ellas pensaron en Jesús: «Él vendrá y lo sanará, porque lo ama». Enviaron el mensaje, con la seguridad de que el Maestro, al saber que su amigo había enfermado, vendría deprisa.

Pero Jesús se quedó todavía dos días donde estaba. Lázaro murió, y Jesús no había venido. Lo enterraron, y Jesús no había venido. Pasaron tres días, y Jesús no había venido.

¿Imaginas lo que debió pasar en el corazón de aquellas hermanas? ¿Qué sucede cuando rezas, y no hay respuesta; cuando sigues rezando, y no hay respuesta; cuando rezas aún más, y no hay respuesta?

Te diré lo que les sucedió a ellas. Cuando, finalmente, Jesús llegó, Marta dijo: Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Y resucitó Lázaro.

En ocasiones, Dios calla. Dichoso quien, en esos momentos, mantiene encendida la lámpara de la fe. Será recompensado.

(TCA05)

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Cristo es de los curiosos

No eran los primeros en cometer ese error. Cuando Nicodemo les dijo: ¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?, respondieron: De Galilea no salen profetas. Algo parecido había replicado Natanael, cuando Felipe le anunció que había encontrado al Mesías: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? (Jn 1, 46).

De Nazaret, y, por tanto, de Galilea, salió la Virgen santísima, que es más que todos los profetas juntos. Y de Nazaret salió José, que es patriarca. Pero Jesús no había nacido en Nazaret, sino en Belén, la ciudad del rey David.

De todas maneras, la distancia entre Natanael y los fariseos era inmensa. Porque cuando a Bartolomé le dijo su hermano: Ven, y verás (Jn 1, 47), él se fio, fue, vio, y creyó. Pero los fariseos se volvieron cada uno a su casa.

Que se alegren los que buscan al Señor (Sal 105, 3). Quienes todo lo saben no pueden encontrar a Cristo. Quienes no tienen nada que aprender no pueden encontrar a Cristo. Quienes se encierran en su casa, en sí mismos, no pueden encontrar a Cristo. Cristo es de lo curiosos, de quienes buscan sana y humildemente la verdad.

(TC04S)

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El Crucifijo no se toca

El misterio entra por los ojos, y se profana con las manos. Quiere ser contemplado en actitud de sobrecogimiento y éxtasis. Pero, cuando el hombre intenta manipularlo, el misterio, ante ese ultraje, se desvanece y huye. Por eso nuestra generación ha perdido la capacidad de éxtasis: quiere manipularlo todo, la vida y la muerte, porque se resiste a admitir la existencia de algo mayor que el propio hombre. Tanto peor para ella: una humanidad incapaz de arrodillarse es presa de su propia ceguera.

Intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora. He aquí el verdadero rostro de la Pasión de Cristo, que es el rostro que esconde todo pecado: el hombre quiso «agarrar», «echar mano» al propio Dios, del mismo modo que ha querido apoderarse del misterio de su propia vida y manipularlo. La voz de Satanás le cautivó: Seréis como dioses (Gén 3, 5).

Sólo de rodillas podemos acercarnos al misterio de Cristo. Estos días deben ser días de postración, de mansedumbre, de obediencia, de humildad, de sencillez, de contemplación. El Crucifijo no se toca: se mira, como lo miró la Virgen. Cristo es mi Redentor, no un instrumento en mis manos.

(TC04V)

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¿Quieres ir a Él?

Jesús te está llamando desde la Cruz. Su voz se deja oír a dos semanas de distancia. Dentro de dos jueves, será Jueves Santo.

Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí. La controversia entre Cristo y los judíos está plagada de acusaciones mutuas. Pero, mientras los fariseos cubrieron al Señor de calumnias, las acusaciones que Jesús vertió sobre ellos eran verdaderas y terribles:

Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida!

¿Y tú? ¿Quieres? Jesús te llama. ¿Quieres ir a Él? Si me preguntas cómo, te responderé, con san Agustín, que el camino para ir a Él es Él mismo. Pero, si prefieres, te lo concreto aún más:

Medita, durante estas dos semanas, la Pasión del Señor. Y, conforme la meditas, procura imitar lo que ves en Él: su paciencia, su mansedumbre, su misericordia, su perdón, su obediencia, su entrega… Así, cuando llegue el triduo pascual, te encontrarás allí, en primera fila, con María y con Juan. Y tendrás vida.

(TC04J)

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No estamos solos

ángelesNo es bueno que el hombre esté solo (Gén 2 18).

Tener a alguien al lado ayuda, pero, si estás solo por dentro, el consuelo es como una caricia en la piel, que no alcanza al corazón. Por eso, cuando aquel primer hombre y su compañera se apartaron de Dios, se condenaron a una «soledad acompañada». Así se mantuvo la Humanidad durante siglos.

El Espí­ritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. Redimir al hombre suponía paliar su soledad radical. No le bastaba a Dios con situarse a nuestro lado; quería estar dentro de nosotros. Y, así, se infiltró en la Humanidad llenando el vientre de la Virgen: ¡Alégrate, llena de gracia!

El Hijo de Dios se ha encarnado, para que mi carne sea suya, y la suya mía. Él es parte de mí, y yo soy parte de Él. Se palpaba María las entrañas, y sentía palpitar el cielo dentro de ella. Me palpo yo el pecho, y Cristo está en mí.

Te has hecho carne, Verbo Divino, para infiltrarte, a través de nuestra carne, en nuestras almas. Y, así, nos haces compañía desde dentro. Ya no estamos solos. Hemos sido redimidos.

(2503)

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