Evangelio 2020

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Fiesta por dentro, ayuno por fuera

Te copio unas palabras del Apóstol: Percibo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón (Rm 7, 23). Imposible describir en menos palabras el pobre estado en que hemos quedado desde que el Señor ascendió a los cielos.

Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día. Ese día llegó cuando el Señor fue arrebatado por el Espíritu a lo más alto del cielo, y nuestros pobres ojos quedaron a oscuras, privados de la luz del rostro de Cristo. Pero el mismo Paráclito que arrebató a Jesús hasta la diestra del Padre fue enviado por el Padre a nuestras almas. Al recibirlo, nuestro espíritu queda lleno de Dios, como un santuario, mientras nuestros cuerpos siguen hambrientos, privados de la visión del Señor, y vueltos hacia el pecado.

Por eso, en el estado en que nos encontramos, conviene que el cuerpo ayune, mientras el espíritu come y bebe. La comunión embriaga el alma, y deja al cuerpo hambriento. Fiesta y penitencia conviven en el cristiano.

Ya hace más de una semana que pasaron las navidades. ¿Has devuelto al cuerpo a su lugar de penitencia? ¿Estás cuidando la mortificación de los sentidos?

(TOP02L)

“Evangelio

Así te ha amado Dios

Desde que el pueblo de Israel salió de Egipto, cada año, al llegar la Pascua, se sacrificaba un cordero en las casas de los hebreos. Sin embargo, año tras año, aquel pueblo continuaba sumido en la esclavitud del pecado. Ninguno de esos corderos pudo limpiar las culpas de los pecadores, precisamente porque pertenecían a los mismos culpables; eran corderos de los hombres, y no puede lo sucio limpiar su propia suciedad.

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Llegada la plenitud de los tiempos, Dios entregó a los hombres un cordero que no procedía de ellos, y que, por tanto, no estaba manchado con sus culpas, porque era el Cordero de Dios, su propio Hijo. Lo puso en manos de los pecadores, y supo, desde el principio, que lo matarían, y que aquella muerte sacrificial redimiría los pecados de los hijos de Adán.

Piénsalo bien, y muere de gratitud. ¿Quién, de entre nosotros, entregaría a su hijo único en manos de otra persona, si sabe que esa persona lo matará cruelmente? Pues eso es lo que ha hecho Dios, y lo ha hecho por amor a ti. Así te ha amado Aquél que te creó.

(TOA02)

“Evangelio

El hombre a quien seguían los pecadores

Conocerás a personas que blasfeman sin ningún pudor, se mofan de la Iglesia, presumen de fornicaciones y adulterios, propagan ideologías contrarias a la moral… Ganarse el respeto y la amistad de gente así no es difícil: basta con darles la razón. Lo difícil es lograrlo sin hacerse cómplice de sus culpas y sin negar, ante ellos, que el camino que llevan conduce a la muerte. Jesús lo logró.

Muchos publicanos y pecadores se sentaron con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que lo seguían.

¿Cómo lo hizo? Mirándolos con cariño. Al poner en ellos sus ojos, no los juzgaba; simplemente, con su mirada les anunciaba que Dios los amaba como eran, y abría para ellos un camino de salvación. La gente es mucho más sensible al cariño de lo que pensamos. Entre quien los ama y quien les da la razón, prefieren a quien los ama, aunque no esté de acuerdo con ellos.

La única excepción a esta regla fueron los fariseos. Tan seguros estaban de sí mismos, que sus corazones se habían endurecido y ya no podían recibir cariño. La soberbia es el peor –no sé si el más grave, pero el peor– de los pecados.

(TOP01S)

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Dos preguntas… y una tercera

Por una pregunta de Jesús, dos preguntas tengo yo.

Primero, la de Jesús:

¿Qué es más fácil, decir al paralítico: «Tus pecados están perdonados», o decir: «Levántate, coge la camilla y echa a andar»?

Ahora, las mías:

¿Cuál de los dos milagros es mayor: la sanación de las piernas del tullido, o la limpieza del alma del pecador? Respuesta: Sin duda, el perdón de los pecados. La sanación de las piernas la pueden lograr los avances de la Ciencia. El perdón de los pecados sólo Dios lo puede otorgar. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo uno, Dios?

¿Cuál de ambos milagros le costó más a Jesús? Respuesta: sin duda, el perdón. Para curar cuerpos, le bastaba su poder de Dios. Pero, para perdonar pecados, tuvo que derramar su sangre sobre una cruz. Le costó más a Cristo perdonar a un pecador que crear cielos y tierra.

Y, dicho esto, tengo una tercera pregunta:

Si se corriera la voz de que, con la imposición de mis manos, se cura el cáncer de próstata, en dos meses tendría a miles de septuagenarios atascados haciendo cola en la puerta de mi parroquia. Si me siento en el confesonario, apenas viene nadie. ¿Por qué?

(TOP01V)

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Al pan, pan

Al pan, pan; y, al vino, vino… Nos jugamos mucho en llamar a las cosas por su nombre, y en identificarlas por lo que son, no por lo que a nosotros nos gustaría que fuesen. El pecado es pecado, y la virtud es virtud.

Se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Si a este leproso le hubieran convencido de que la lepra es agua de colonia, nunca hubiera obtenido la sanación, porque nunca la habría pedido. Peor aún, habría procurado contagiar su lepra a sus vecinos, convencido de que los perfumaba con su enfermedad.

Si al adulterio lo llamamos «rehacer la vida», a las desviaciones sexuales las llamamos «libre elección», al aborto lo llamamos «interrupción del embarazo» y a la blasfemia la llamamos «libertad de expresión», nuestra sociedad está condenada a perecer ahogada en su propio vómito, convencida de que huele a rosas.

Pecados, por desgracia, tendremos siempre. Y los limpiará Dios, si jamás dejamos de identificarlos como lo que son: pecados. De este modo, lucharemos contra ellos e imploraremos, como el leproso, el perdón del Señor. Pero si los perfumamos con palabras amables, y acabamos por enamorarnos de ellos… Entonces, no habrá salvación.

(TOP01J)

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