“Evangelio

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Una silla. Bendita silla

La fiesta de la Cátedra del apóstol san Pedro es única en el calendario. Todas las demás fiestas están dedicadas a honrar a Cristo o a los santos. Lo que hace único el día de hoy es que, en esta fiesta, veneramos una cátedra: una silla.

Ya comprenderéis que hablo en sentido figurado, pero no tanto: hoy no veneramos a san Pedro, ni a san Gregorio Magno, ni a san Pío X, ni a san Juan Pablo II. Todos ellos tienen su fiesta en otro lugar del calendario. Lo que hoy mantiene en acción de gracias a la Iglesia es la promesa, realizada por el propio Cristo, de guiar a su Iglesia a través del pecador que ocupe el lugar de Pedro, pecador también.

Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del Infierno no la derrotará.

Quienes dicen ser más de Juan Pablo que de Francisco, o más de Francisco que de Benedicto, son necios y cortos de vista. Los cristianos somos de Cristo, el Hijo de Dios que nos instruyó en Juan Pablo y en Benedicto, y que en Francisco nos invita a salir para derramar la misericordia de Dios sobre un mundo que yace en tinieblas.

(2202)

La lista Forbes y el libro de la vida

En este mundo, quien escala hasta las cimas de la ambición humana puede convertirse en el primero en la lista Forbes de los más ricos del mundo, en el primero en popularidad, en primer ministro de la primera nación, en primer clasificado de un ranking del primer deporte, o, incluso, en el primero de los tontos útiles a quien otros aúpan hasta la cima para recoger las ganancias. Todo eso puede suceder y sucede; así es la gran comedia humana. Pero lo que no sucede es que por escalar hasta la cima de las ambiciones humanas se convierta uno en el ser más amado. El más aplaudido, quizás; el más amado, nunca.

Quien llega a ser primero ante Dios, sin embargo, será también el primero en Amor, en ese único Amor capaz de llenar de gozo el corazón del hombre. No diré que a esa persona Dios la ame más, porque no lo sé. Digo que está más cerca del Amor, y quien anda más cerca de la fuente siempre bebe más.

Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Y es que la fuente está en la Cruz. Tú eliges, amigo.

(TOI07M)

Me fío de Ti

Cuando un leproso se postró ante Jesús y le dijo: Si quieres, puedes sanarme (Mc 1, 40), el Señor se conmovió y limpió al enfermo.

Hoy, el padre de un endemoniado se postra igualmente ante Jesús, y le suplica: Si algo puedes, ten lástima de nosotros. Jesús, en lugar de conmoverse, le reprende: ¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe.

Ya os habréis dado cuenta de que se trata de oraciones muy distintas. No es lo mismo decirle a Dios si quieres… que decirle si puedes

Porque quien dice si puedes está retando al Señor. A una mujer enferma de gravedad le pedí que rezase y recibiese la unción; me respondió que no creía en eso. Cuando la desahuciaron me llamó para que rezase yo por ella: «Los médicos no han podido. A ver si puede tu Dios»… Murió sin recibir los sacramentos, enfadada con el Dios que no pudo curarla.

Sin embargo, quien dice si quieres está poniéndose en manos del Señor. Es como decir: «Señor, creo que me amas y puedes curarme. Pero, si no quieres, algo mejor tendrás para mí. Me fío de Ti»… Éstos son los amigos de Dios, los que ya están salvados.

(TOI07L)

Rezad por los que os persiguen

Igual que un médico recibe en el hospital a quien ha resultado herido por un golpe, los sacerdotes recibimos en el confesonario a hombres y mujeres que sangran por dentro a causa de los desprecios o injurias de sus semejantes. «Padre, esta persona me ha destrozado la vida…» Entonces, el sacerdote le dice: «Anda, reza cada noche un padrenuestro por quien te ha hecho daño». En ese momento, algunos –no todos– responden: «¡No puedo!»

Rezad por los que os persiguen… Sí puedes. Y, si no lo haces, te harás tú más daño a ti mismo que la persona que te hirió. ¿No te das cuenta de que el rencor te ha convertido en su esclavo? ¡Si no eres capaz de dejar de pensar en él! Si esa herida no se cura, te matará por dentro.

No te pido que reces con fervor, ni tan siquiera con cariño. Al principio rezarás ese padrenuestro por pura obediencia, casi maquinalmente. Pero, noche tras noche, te será más fácil. Y una mañana despertarás y comprobarás que has perdonado, que puedes pensar en quien te hirió y no sentir más que compasión. Al final, ese padrenuestro te hizo más bien a ti que a él.

(TOA07)

La gran tentación del caminante

La gran tentación del caminante no es la fatiga, sino el descanso. Durante la marcha, el caminante se endurece, y, aunque reniegue en ocasiones, continúa andando, deprisa o despacio. Pero es necesario descansar, porque las energías del hombre son limitadas. De cuando en cuando, aparece una fuente, y conviene detenerse y reponer fuerzas. Entonces surge la gran tentación del caminante:

Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas

¿Por qué no prolongar el descanso? ¿Por qué no beber otra copa, por qué no comer un poco más, por qué no ir al cine todos los días, por qué no ver una hora más de televisión, por qué no dormir siesta más a menudo? Al fin y al cabo, bastantes dificultades tiene la vida; ellas solas bastan para santificarme. ¿Por qué no tratarme un poco mejor?

Y, al final, el descanso del caminante se convierte en meta anticipada, y el que hasta entonces avanzaba termina convirtiendo la tienda en hogar. Ahora nunca llegará a su destino. En dos semanas ha engordado tanto, que ya ni siquiera puede andar.

Es más difícil descansar con sobriedad que caminar. Y, sin embargo, es necesario. Aprende a mortificarte, también en el descanso.

(TOI06S)

El cristianismo vergonzante

«¡Qué pesados, los ateos! ¡No paran de hablar de Dios!». Pero el mundo se siente mejor con cristianos que no hablen de Dios que con ateos que no dejan de mencionarlo.

Quien se avergüence de mí y de mis palabras, en esta generación descreída y malvada, también el Hijo del hombre se avergonzará de él.

El triunfo del mundo no consiste en llenarse de ateos, sino en mantener a los cristianos en perpetua vergüenza. Y así, cuando un cristiano abre la boca, debe pedir perdón por la Inquisición, por la evangelización de América, por la pederastia, por la excomunión de Lutero y hasta por la Madre que lo parió. Habla una monja para dudar de la virginidad de María, y todos los medios aplauden. Abre la boca un obispo pidiendo perdón por la pederastia de los sacerdotes, y la ovación es generalizada.

¿Qué nos ha pasado? ¿Nadie gritará que Cristo, a pesar de nuestros pecados, ha vencido al mundo? ¿Nadie gritará que cientos de miles de sacerdotes entregan sus vidas silenciosamente en sus parroquias, entregados a sus feligreses? ¿Nadie gritará que tenemos vida eterna para dar y tomar, mientras el mundo se precipita en la muerte?

(TOI06V)

Pensar «a lo humano» o pensar como Dios

He recordado, al leer el evangelio, aquellas palabras de san Pablo: Nosotros tenemos la mente de Cristo (1Co 2, 16). Cuando Jesús le reprocha a Pedro: Tú piensas como los hombres, no como Dios, está diciéndonos a todos que jamás entenderemos la Buena Noticia si seguimos pensando «a lo humano». Dios, una vez más, rompe nuestros esquemas.

¿Qué es pensar «a lo humano»? Si Tú eres el Mesías, los hombres deben hincarse de rodillas ante Ti y adorarte. No tiene sentido, si Tú eres el Mesías, que tengas que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas. Por el mismo motivo, si yo soy discípulo tuyo, todo debería irme bien en esta vida. Si soy amigo de quien manda –y el Mesías debería mandar–, las puertas del éxito se abrirán a mi paso.

¿Qué es pensar como Dios, o, en palabras de san Pablo, con la mente de Cristo? Si Dios se ha enamorado del hombre, y envía a su Hijo para redimir a un hombre pecador y pedirle su amor, Dios se arriesga a ser rechazado y ultrajado. Y, si yo le sigo a Él y lo amo, me arriesgo a compartir su oprobio.

Así piensa Dios.

(TOI06J)

Árboles y hombres

Cuando Jesús impuso las manos al ciego, aquel hombre sólo había recuperado media vista: Veo hombres; me parecen árboles, pero andan. Fue después de que el Señor le impusiera las manos por segunda vez cuando vio con toda claridad.

No sé cuántas imposiciones de manos necesito… Quizá yo he recuperado tres cuartos de vista: a mí los hombres me parecen árboles que hablan y teclean cosas en el teléfono móvil.

Recorro Madrid. Miro a los lados. Y veo hombres, todos ellos con el artefacto pegado a la oreja o a las manos. Me parecen árboles, porque los jóvenes cada vez son más altos y mi sobrino ya me saca media cabeza. Están llenos de ramas y de hojas: nunca fue más exuberante la especie humana que en nuestros días. ¡Cómo brillan, con esas ropas, esos peinados y esa forma de hablar sin descanso! Andan, conducen, corren…

… Pero viven sin alma, como los árboles. No hay trascendencia para ellos. Su destino es el de los árboles: secarse un día, y arder después en el fuego. Nadie habla de Dios, nadie habla con Dios…

Veo hombres; me parecen árboles, pero chatean sin descanso. ¿Necesito yo otro milagro, o lo necesitan ellos?

(TOI06X)

Gracias por los que siembran

Cuando un hombre comienza a existir, su alma se encuentra lastrada por el primer pecado. La fe no puede brotar de una tierra árida por generación espontánea. Es preciso recibirla, como recibe el suelo la semilla y el agua. Todo ello requiere el trabajo de un sembrador. Los padres que llevan al niño a bautizar, el sacerdote que sirve de cauce al Espíritu, los educadores que instruyen al niño, y después al joven, en la fe… Sin maestros ni sacerdotes, no habría cristianos.

Curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios». ¿Has dado gracias por las personas que sembraron en tu alma la semilla, y por quienes la hicieron crecer? Hoy es buen día para que lo hagas, mientras celebramos a los santos Cirilo y Metodio, que llevaron esa misma semilla a los pueblos eslavos. Piensa en tus padres, en los sacerdotes que ha pasado por tu vida, en tus catequistas, en los buenos amigos que te hablaron de Dios… ¿Qué habría sido de ti sin ellos?

Y sé dócil a la gracia. Reparte con generosidad lo que recibiste, para que, un día, otras personas den gracias a Dios por haberte conocido.

(1402)

Haciendo zapping con Dios

Los fariseos –como tanta gente– creían que el Mesías era un televisor. Y pulsaban el botón del mando a distancia, pensando: «Si funciona, que aparezca el canal 5… Ahora el 4… Ahora que se apague…» Para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.

Son muchos quienes, probablemente por su falta de confianza, quieren poner a Dios a prueba: «Si estás ahí arriba, resuélveme este problema». Desearían un dios a su antojo, una herramienta omnipotente que acabara con todas las penalidades de la vida. Y Dios, que sabe más que ellos, y los quiere más de lo que ellos se quieren a sí mismos, muchas veces no les da lo que piden.

Os aseguro que no se dará un signo a esta generación.

Como el canal 5 no aparece, aunque hayan pulsado el botón tantas veces como padrenuestros han rezado, acaban por flaquear en su fe o deciden enfadarse con Dios.

Pero no se dan cuenta de que Dios les ha dado mucho más de lo que pedían: Jesús dio un profundo suspiro. Ese suspiro es el Espíritu. No resuelve problemas; nos hace hijos de Dios. Aunque el canal 5 siga sin aparecer. Seguro que no echan nada bueno.

(TOI06L)