Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Cuando acabemos de comprender…

A veces, es como si Jesús y los apóstoles estuvieran en mundos distintos. Tanto, que no hubiera comunicación posible. Jesús les habla del cielo, y ellos piensan en la tierra. Jesús les dice: Evitad la levadura de los fariseos y de Herodes, y los apóstoles discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.

Entonces Jesús se enfada. Sí, sí, se enfada. Jesús también se enfada. Perfecto Dios y perfecto hombre. Perfecta paciencia (no como la nuestra) y enfados perfectos (no como los nuestros).

¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís?

Perdónanos, Señor. Tenemos el corazón tan embotado, tan metido en el bote de las tribulaciones de esta vida, que no acabamos de levantar la vista para buscar tan sólo el reino de los cielos y dejarnos cuidar por ti en las urgencias de la tierra.

¿Y no acabáis de comprender? Ése es el problema: que vamos entendiendo, pero no acabamos de comprender. Vamos poquito a poco, te escuchamos y, cada vez, vamos entendiendo más, pero nunca acabamos de comprender.

Cuando acabemos de comprender, nos sumergiremos en un profundo silencio del que no querremos salir jamás.

(TOP06M)

La gran señal

muerte«¡Convénzame, padre!» Es el grito de quienes no se fían. Quieren verlo tan claro que no les quede más remedio que creer. Un 2+2=4, pero en lo espiritual. Y no se dan cuenta de que, aunque tuviesen delante la pizarra con su 2+2=4, aunque vieran caer las estrellas del cielo a una orden del profeta, tampoco creerían. Porque el problema está en sus ojos. O en sus oídos.

Para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Querían que Dios les robase la libertad, que los secuestrara con una señal atronadora, con «la gran señal».

Pero la gran señal, la señal del cristiano, es la santa Cruz. No es el ruido, sino el silencio. No la luz cegadora, sino la noche callada.

¿No te das cuenta de que las grandes realidades, los grandes amores, las grandes verdades no caben en palabras, ni existe grito que las pueda expresar? Sólo pueden transmitirse con silencios, silencios que hablan más que cualquier palabra. ¿Existe algún poema que pueda reflejar lo que se dicen dos enamorados cuando se miran en silencio a los ojos?

Dichoso quien sepa escuchar los silencios de Dios. Dichosos quienes abran el corazón a la gran señal, la Cruz.

(TOP06L)

«Pero yo os digo…»

Te muestro algo que jamás debería salir de labios de un predicador: «Ya sé que la Iglesia dice… pero yo os digo…». Un predicador que hablase así no debería ser escuchado por los fieles, porque ya no habla en nombre de la Iglesia, sino en el suyo propio.

Pero Jesús hizo exactamente eso. Y lo hizo porque es Dios. Y lo hizo bien; sólo Él podía haberlo hecho. Brotado de sus labios, el «pero yo os digo» es sobrecogedor. Es el anuncio de una nueva era:

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás». Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso». Pero yo os digo que no juréis en absoluto.

Es impresionante. Es el mismo cielo bajando a la tierra y anunciando su entrada en nuestros corazones para que pasemos, de cumplir la Ley, a enamorarnos de Dios y entregarle, no nuestras obras, sino nuestra vida.

(TOA06)

El reino de Dios entrando en un despacho

Imagínate que entro en el supermercado provisto de un megáfono, me subo al congelador de los guisantes, y grito desde allí: «¡El reino de Dios ha llegado a vosotros!». ¿Cómo me mirarían los que están haciendo la compra? ¿Cuánto tardaría el encargado del supermercado en llamar a algún vigilante para que me sacara de ahí? Eso si no se rompe el cristal del congelador y quedo sepultado entre bolsas de guisantes con megáfono y todo, claro.

Si entráis en una ciudad y os reciben, decidles: «El reino de Dios ha llegado a vosotros».

El reino de Dios puede anunciarse a grito pelado, desde luego. Los apóstoles lo hicieron en Pentecostés, y el Espíritu bendijo su predicación con abundancia de bautismos. Pero hay más formas.

Lunes por la mañana en un despacho de abogados. Nadie habla apenas, todos visten cara de lunes. Hasta que entra un joven abogado sonriendo, dando a cada uno los buenos días y preguntando a uno de ellos por su madre enferma. El jefe le pregunta: «¿Qué desayunas los lunes, para venir así?». Él responde: «Es que vengo de misa». El reino de Dios ha llegado a vosotros. El lunes siguiente, el jefe está también en misa.

(1402)

Que hable el mudo, y callen los charlatanes

Tiene gracia. Al que no puede hablar, le pide Jesús que hable. Y a los que pueden hablar, les pide que se callen.

Le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar. Ni puede escuchar la palabra de Dios, ni puede proclamar sus grandezas. Por eso Jesús le dice: «Effetá» (esto es, «ábrete»). Estás cerrado, te has aislado en ti mismo, sólo vives para ti. ¿Cómo tendrás noticia de que Dios te ama, si no escuchas a quien te lo anuncia? ¿Cómo serás luz para otros, si no les entregas palabras de vida? ¡Ábrete! Escucha, deja que el corazón se llene de gozo, y proclama tu alegría a tus hermanos.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie. Estáis alborotados porque habéis visto un milagro. Pero no habéis entendido lo que ese milagro significa. Os habéis quedado con la apariencia, con el entusiasmo de un sordo que oye y un mudo que habla. Callad vosotros, recogeos en oración y meditad ante Dios lo que habéis visto. Entonces abriré vuestros oídos para que escuchéis la palabra oculta en el milagro. Que no he venido a sanar cuerpos, sino almas. Cuando lo hayáis entendido, abriré vuestros labios para que lo proclaméis.

(TOP05V)

Cuerpo a cuerpo

Me fascina ese relato del Génesis en que Dios lucha a brazo partido con Jacob durante toda la noche. Me recuerda a la mítica pelea entre Gregory Peck y Charlton Heston en «Horizontes de grandeza». Al amanecer, Dios se dejó vencer. Pero, entonces, ¿por qué luchó? ¿No podía haberle bendecido sin necesidad de aquel violento cuerpo a cuerpo?

Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos. Mira cómo Jesús forcejea con esta mujer pagana. Él sabe que se dejará vencer, y que finalmente le dará cuanto ella le pide. ¿Por qué, entonces, humillarla de esta forma, por qué someterla a esa tensión?

Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños. Ella quería que Jesús echase al demonio de su hija. Pero Jesús quería darle más de lo que pedía. No sólo sanaría a la pequeña, sino que también a ella, a la madre, deseaba favorecerla, llevarla por caminos de humildad y convertirla en profeta.

No te desalientes cuando te parezca que Jesús no escucha. Persevera, pide con humildad, lucha cariñosamente con Él, y recibirás más de lo que pides.

(TOP05J)

Los «sinceros»

Es sorprendente cómo algunas personas se las apañan para pecar y, después de haber pecado, ponerse medallas como si fueran héroes. Se te enfada un tipo –o una tipa–, te suelta por la boca todo tipo de insultos e improperios y, cuando se ha quedado a gusto, va y encima se ufana: «Es que yo soy muy sincero, digo lo que llevo dentro».

Lo que tú eres es un… Vale, no lo digo, que yo no soy tan «sincero». Pero, ya puestos, déjame decirte que sincero es el que dice la verdad, no el que te vomita encima toda su bilis. Tienes razón en que dices lo que llevas dentro. Pero dentro no tienes verdades, tienes sapos y culebras.

De dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad… Echarle todo eso encima al prójimo no es, precisamente, sinceridad.

Te diré lo que es sinceridad y caridad: Hablar, no según tu corazón sucio y herido, sino según el corazón de Cristo, la Verdad misma. Y entonces, en lugar de sapos y culebras, de tu boca saldrán palabras de misericordia, de amor, de consuelo y de paz.

(TOP05X)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad