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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

El que está es el que viene

libertadHace más de un mes terminó el verano. Los cielos se han ido cubriendo. Y los primeros fríos ya anuncian –en palabras de Joaquín Sabina– que «el otoño duró lo que tarda en llegar el invierno». El año encara su cuarto final, y la liturgia, como quien acompaña al cristiano a través de los días, nos trae noticia de esa segunda venida de Cristo a la que dedicará, más adelante, la primera parte del Adviento.

Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

Si está en el sagrario, si habita en mi alma en gracia, si hoy lo he recibido en la sagrada Comunión, ¿cómo esperar a quien ya está conmigo?

Cristo está, y Cristo viene. Disfrutamos su presencia, y también esperamos su llegada. Cuando amanece, la luz llega; pero las sombras aún son largas. Vendrá el mediodía, y el sol lo bañará todo con su resplandor.

Cristo está aquí. Pero hay sombras en tu vida, y en el mundo. Un día vendrá desde los cielos, desaparecerán las sombras, y su luz lo llenará todo. ¿No lo deseas? Procura, entonces, mantenerte despierto. No te retires a las sombras para dormir, o perecerás con ellas.

(TOI29X)

Para esperar sin desesperar

«El que espera, desespera», dice un refrán. Y tiene parte de razón, porque la espera, si se prolonga mucho, se apaga, como una llama, y terminamos dando por perdido lo que aún podría llegar. Dos minutos después de que te alejaras de la parada, el autobús llegó.

Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda. Bienaventurados aquellos criados a quien el señor, al llegar, los encuentre en vela.

 Jesús puede volver en cualquier momento. La muerte puede sobrevenirte cuando menos te lo esperes. Y el Espíritu te visitará, con una gracia nueva, en el instante más insospechado.

Esperar al Señor no es como esperar al autobús bajo una marquesina. Dios te ha dado, y te da, prendas de su Amor, para que la llama de tu espera no se apague. La comunión diaria, la oración frecuente, el rosario de la Virgen… No son entretenimientos para que la espera se haga más corta, sino anticipos de los bienes que esperamos. Aprovéchalos, y, alimentado con ellos, vive con sobriedad, para que la mente no se embote, y el alma permanezca despierta y con hambre. Cuando el Señor llegue –¡y llegará!– te alegrarás de haber esperado.

(TOI29M)

Tontos con dinero

Jesús pronunció varias parábolas sobre tontos, y también algunas sobre tontas, ya que ahora usamos lenguaje inclusivo. Nos regaló la parábola de las vírgenes tontas, y hoy nos ofrece la parábola del tonto con dinero, a quien, por un respeto inmerecido, llama «necio»:

Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?

Se puede ser pobre y sensato, y también se puede ser necio y estar forrado. La estupidez no está reñida con la fortuna. Lo que distingue al rico sensato del tonto con dinero es que este último cree que su dinero lo salvará:

Alma, tienes bienes acumulados para muchos años: descansa, come, bebe, banquetea alegremente.

Eso es tan estúpido como pensar que va a salvarse uno por ser joven, por ser guapo, o por tener bajo el colesterol. Basta un golpe de sensatez, y una pizca de sentido sobrenatural, para caer en la cuenta de que el dinero, que no te salvará, sin embargo puede ayudarte a salvarte. Recuerda que no es tuyo, que eres mero administrador de Dios, y empléalo en lo que Dios quiere. Te salvará la obediencia, no el dinero, pero habrás aprovechado bien tus cuatro perras.

(TOI29L)

El grito de la viuda

La parábola de la viuda inoportuna suscita algunas preguntas:

Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario».

¿Qué pedía aquella viuda? ¿Quién era su adversario? ¿Quería que el juez confiscase el televisor del vecino, porque lo ponía a todo volumen por las noches? ¿O quería que el yerno le devolviera los dos mil euros que le prestó? ¿Qué quería?

La viuda, que es la Iglesia, elevó su grito al Juez con lágrimas poco después de que Jesús pronunciara esta parábola. Lo hizo en un escrito del siglo II, llamado «Didaché» o «Enseñanza de los apóstoles». Allí rogaba: «¡Venga tu gracia y pase este mundo!».

Eso es lo que gritaba la viuda: «Soy esposa de Cristo, he sido comprada por Él. No merezco estar asediada por las tinieblas del demonio y de la muerte. Hazme justicia: envíame a tu Hijo para que reine con Él eternamente. Marana Tah!».

En el siglo II, la viuda seguía gritando. En el siglo XXI… ¿Cuántos prolongan este grito?

Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

(TOC29)

Un perdón frustrado

perdonarNo siempre, cuando hay alguien que perdona, otro resulta perdonado. Perdonar es el gesto de una persona ofendida que abre sus brazos a quien le ofendió; pero si el ofensor no se acerca a recibir ese perdón, y huye del abrazo que se le ofrece, no resultará perdonado jamás.

Al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.

El Espíritu Santo es el Amor del Padre y el Hijo. Es el mismo Amor de misericordia que Dios derrama en el corazón del pecador para limpiarlo de sus culpas y convertirlo en templo de su gloria. El Espíritu Santo, abrazo eterno entre Padre e Hijo, es también el abrazo con que Dios recibe en su intimidad al pecador. Y ese abrazo tiene lugar en el seno de la Iglesia, en los sacramentos del Bautismo y la Penitencia.

Pero si el pecador recela de ese abrazo, si reniega de la Iglesia y de los sacramentos, si se niega a recibir el Espíritu Santo en la confesión, no podrá ser perdonado, y morirá para siempre. No será, desde luego, culpa de Dios. Dios lo perdonó, incluso desde antes de que pecase. Pero él no quiso recibir en su alma ese perdón.

(TOI28S)