¿Te hubiera gustado subir al Tabor con Pedro, Santiago y Juan? ¿Te hubiera gustado participar de ese momento de cielo, cuando la gloria de Cristo llenaba el aire? Pues sube.
Sube con fe al altar de Dios. Porque la Misa, que es renovación incruenta del sacrificio del Calvario, precisamente por ser incruenta es, también, Tabor.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol. Allí resplandece de gloria Cristo cuando el sacerdote, tras consagrar el pan, lo muestra al pueblo. Levanta los ojos, míralo. ¿No te parece hermosísima la sagrada Hostia? ¿No te parece que el aire a su alrededor se viste de luz?
Se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Allí, en la proclamación de la palabra, se congregan Moisés y Elías, la Ley y los profetas. Y nos hablan misteriosamente de Cristo.
Una nube luminosa los cubrió con su sombra. Allí, cuando el sacerdote invoca al Espíritu, una nube misteriosa rodea el altar. Si afinas el oído, tras la consagración oirás al Padre: Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco.
Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Te ha salido del alma al comulgar. ¿Ves qué cerca está el Tabor?
(0608)

















