Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

¿Qué es el apostolado?

No entenderás el apostolado hasta que no dejes de pensar en «hacer apostolado». No se hace apostolado como se hace calceta, dedicándole un tiempo a la semana. Lo tuyo no es hacer nada, sino ser apóstol, que es lo mismo que ser feliz, lo mismo que ser santo. Veinticuatro horas al día.

Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes. ¡Qué gran apostolado, que hermosa misión, la de vivir con alegría! Y que tu presencia deje a los hombres desconcertados, preguntándose y preguntándote de dónde te viene tanta dicha. Y que puedas decirles que te viene de Dios, que en tu oración te enamoras y te sabes amado como eres.

¡Qué caridad tan valiosa y necesaria, la de quien, con una sonrisa y una palabra de afecto, cura las heridas de quienes viven tristes! ¿Recuerdas cuando te llamaron de casa de aquel enfermo, y te pidieron que fueses a verlo «porque le alegrabas el día»? No habías hecho nada especial. Pero habías rezado, y habías pedido por él, y esa oración te alegró a ti y le alegró a él.

Vivir en cristiano: así de sencillo es el apostolado.

(TOI25X)

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Sueños juveniles y mondas de patatas

«Te ha llamado Dios», le anunciaron a una joven. Y se creció. Pensó en grandes gestas, se vio fundadora de una gran institución a la que se acogieran miles de personas, paño de lágrimas de miles de ojos afligidos, salvadora de miles de almas perdidas… Y cuando, finalmente, se dio cuenta de que llevaba peladas miles de patatas en la cocina del convento, se vino abajo. ¡Pobrecilla! Pensó que Dios la llamaba a misiones fabulosas en las que fuera irreemplazable, sin caer en la cuenta de que Dios no la necesitaba para nada. Sólo la amaba.

No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Fue el Médico quien te llamó. Y, si hubieras acallado el alboroto de tus sueños de grandeza, habrías escuchado: «Estás enferma, y te voy a curar; estás sucia, y te voy a limpiar; estás muerta, y te voy a resucitar. Deja esas cosas en las que pierdes la vida y ven conmigo».

Tras otros tantos miles de patatas peladas, al fin calló y escuchó esa voz que llevaba años en el aire. Sonrió, se vio sana y amada, y dio gracias. Sólo después le reveló Dios a cuántas almas había salvado con cada patata.

(2109)

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¡Qué justicia tan misteriosa!

Se puso de moda, allá por los años 70 y 80 del siglo pasado, decir que Jesús había sido el primer comunista de la Historia. Yo pasé por esa época; otros se quedaron allí. Pero, sin entrar en arenas políticas, quiero que me muestren a un comunista que proclame su deseo de hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres (que lo proclame; porque habrá quien en silencio lo desee).

Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener. ¡Qué misteriosa, esa justicia distributiva de Jesús! Ninguno de nuestros políticos, del signo que sean, se atrevería a llevar semejante proclama como bandera. Y, si fuera referida a los bienes materiales, provocaría más de una revolución. Pero Jesús hablaba del reino de Dios.

Contra todo pronóstico, Dios hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Si te dejas enriquecer por Dios, Él derramará sobre ti su gracia y, día a día, la irá incrementando hasta llenarte de Cielo. Pero si te empeñas en enriquecerte a ti mismo, te llenarás de nada, y hasta esa nada –lo poco que tienes– la perderás cuando mueras.

(TOI25L)

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El escándalo de la Cruz

¡Qué curioso! Cuando Jesús proclamaba sus parábolas, los apóstoles solían preguntarle, a solas, por el sentido de aquellas enseñanzas, y Jesús se lo explicaba en privado. Sin embargo, cuando Jesús anunció que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán, entonces les daba miedo preguntarle. No fuera a ser que les dijera la verdad.

La Cruz siempre ha sido el gran escándalo. Escándalo para los judíos, necedad para los gentiles (1Co 2, 23).

Los apóstoles eran judíos. Creían que Dios otorgaría al justo el triunfo en esta vida, y que el Mesías instauraría su reino en los palacios de Israel. ¿Cómo pensar en un Mesías derrotado, humillado y muerto a manos de los hombres? En cuanto a los gentiles, no tenían otra esperanza que comer, beber y enriquecerse. Quien escogiera para sí pobreza y humillación era, sencillamente, un necio.

Si crees que, por ser cristiano, triunfarás en este mundo, más vale que te desengañes. Y si deseas, como los gentiles, comer, beber y enriquecerte, mejor busca en otro sitio. Pero si eres, en verdad, cristiano, te enamorarás de la Cruz, la abrazarás con todas tus fuerzas, y encontrarás en ella vida eterna.

(TOB25)

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Sobre el activismo

agobioDesde siempre, uno de los peores enemigos de la vida espiritual ha sido el activismo. Es enemigo malo, especialmente, cuando lleva al hombre a desplegar una actividad febril bajo pretexto de ofrenda a Dios. Trataré de explicarlo:

Hay quienes parecen empeñados en pintarle a Dios un cuadro; un cuadro tan bonito, tan bonito, que Dios se conmoverá al contemplarlo. Y pasan el día con el pincel en la mano, tratando de pintar el cuadro perfecto. Pero no se dan cuenta de que Dios no quiere que le pintemos ningún cuadro; quiere que seamos lienzo en blanco donde Él pueda pintar. Eso se llama obediencia.

Quieren darle cosas a Dios, quieren hacer cosas por Dios, se apuntan a cualquier iniciativa piadosa y se desviven intentando realizar trabajos, como si Dios necesitara hijos en perpetuo movimiento, de acá para allá…

Salió el sembrador a sembrar… La semilla es la palabra de Dios. ¿Por qué nos engañamos? Dios no nos pide un movimiento perpetuo. Dios quiere sembrar algo en nosotros, y necesita que lo acojamos; que nos detengamos y nos callemos para que la semilla arraigue en el silencio y la contemplación. Después, nuestro movimiento estará bañado en esa paz sembrada en nosotros.

(TOI24S)

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Corazón de mujer

Lo siento por los más jóvenes, que quizá no sepan de qué hablo (lo siento en varios sentidos), pero en el musical «La bella de Moscú» (Rouben Mamoulian, 1957), Cyd Charisse cantaba: «A woman to a man is just a woman, but a man to a woman is her life» (Para un hombre, una mujer es sólo una mujer. Pero, para una mujer, un hombre es su vida). Podrían encarcelarte por cantar eso hoy, pero seguiría siendo verdad.

Y lo era también en el Evangelio: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas. Estas mujeres caminaron, junto a los apóstoles, en pos de Jesús. Pero sólo ellas llegaron al Calvario. El motivo nos lo ha revelado Cyd Charisse: Los apóstoles amaban al Señor, y amaban también sus propias vidas, sus trabajos, su casa de Emaús y su integridad física. Pero, para estas mujeres, Cristo era su vida. Sin Él, la existencia carecía por completo de sentido. Los hombres tenemos mucho que aprender del corazón de la mujer. Juan lo aprendió, y alcanzó también la cima del Gólgota. Por eso allí recibió a la Mujer, a María.

(TOI24V)

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Cuerpos santos

Te voy a pedir un favor que, a lo peor, puede traerte algún disgustillo: cuando veas a un sacerdote mal vestido o desaseado, díselo. A solas, y con cariño. Pero díselo: «Padre, esa camisa no está planchada»; «Padre, ¿se ha afeitado hoy?»… En ocasiones, como muchos sacerdotes vivimos solos, podemos descuidarnos, y olvidar la dignidad de nuestros cuerpos. Y son cuerpos ungidos, merecen una apariencia digna. Sin alardes ni vanidades, pero digna. Sencillamente digna.

¿Ves a esta mujer? Me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Me ha ungido los pies con perfume. Fíjate cómo valora el Señor los detalles de respeto y veneración que las almas santas tienen con su cuerpo. Como la Magdalena, esta mujer es una adoradora de la Eucaristía. Le gusta mucho al Señor que los corporales de la Misa estén limpios, las patenas brillantes, los cálices relucientes… También deberías decírselo al sacerdote, a solas y con cariño, si ves que no se conservan así.

He hablado del cuerpo del sacerdote y del cuerpo de Cristo. Pero también tu cuerpo es santo, templo de Dios. Cuídalo con respeto.

(TOI24J)

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