Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Dos hijos, frente a frente

Me impresionaron, de joven, esas palabras de san Josemaría Escrivá: «La Virgen Dolorosa. Cuando la contemples, ve su corazón: es una Madre con dos hijos, frente a frente: Él… y tú» (Camino, n. 506).

La posibilidad de estar enfrentado a Jesús me aterra. Pero, por muchos paños calientes que quiera poner, ésa ha sido la verdad. Cuando pequé, me enfrenté a Él, y ocupé, en el Calvario, el lugar de los verdugos.

Mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez.

En el himno «Oh, Cruz fiel», llamamos a la Cruz «abrazo de Dios con los verdugos del Ungido». Es allí, en el Gólgota, donde debo dejarme abrazar si quiero cambiar de bando. Y, más que por miedo al juez, quisiera dejarme abrazar por amor a Aquél a quien afrenté.

Entre Jesús y yo, llegar a un acuerdo significa que yo me reconcilie con la Cruz. No basta con mirar y llorar; tengo que abrazar mi cruz, entregar mi vida en obediencia, aceptar mi dolor y mi muerte… Tengo que ser allí, junto a la Virgen, otro Juan.

(TOI29V)

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¿Y tú? ¿A qué has venido?

A los apóstoles debía hacerles estremecer ese Rabí tan convencido de estar en el mundo con una misión que cumplir:

He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!

Los imagino impresionados ante estas palabras. Jesús sabía perfectamente que había venido a la tierra para traer un fuego, para encender una llama que abrasara el Orbe. También ellos, conforme pasaban los meses al lado de Cristo, empezaban a entender que no vivían por casualidad, que tenían una misión que cumplir, y que esa misión estaba íntimamente unida a la del Señor.

¿Y tú? ¿Qué has venido a traer a la tierra? ¿Pizzas? ¿Problemas? ¿Mensajes de WhatsApp? ¿Reuniones? No, no, no, y no.

Eres hijo de Dios, y estás en el mundo para extender el fuego con que Cristo quiere abrasar la tierra. Pon tu corazón en la patena de la Misa, y deja que el mismo Fuego del cielo que convierte el pan en cuerpo de Cristo abrase ese corazón tuyo. Y, después de comulgar, no permitas que arda sólo a medias. Entrégate del todo, sin reservarte nada. Mira que un corazón empapado en tibieza no puede arder.

Díselo: «Jesús, quiero ser sólo tuyo».

(TOI29J)

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La verdad, aunque duela

«Padre, vi ayer a mi vecino en el funeral de las ocho, y me espanté al ver que se acercaba a comulgar. ¡Si no ha ido a misa en su vida!».

¿Qué respondéis a quien os dice esto? Os diré lo que respondo yo, porque «esto», por desgracia, me lo dicen muchas veces: Respondo que no es bueno que esa persona haya comulgado sin confesar. Pero que, con toda probabilidad, esa persona no era consciente de estar ofendiendo a Dios al hacerlo. Lleva tanto tiempo sin ir a misa, que no sabe que comete sacrilegio. Probablemente, haya hecho lo que pensó que debía hacer.

El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos.

Ahora viene la segunda parte de mi respuesta: «¿Cuánto tiempo hace que ese hombre es vecino tuyo? ¿Años? Y, en todos estos años, ¿no has podido trabar amistad con él, hablarle de Dios, y animarlo a recibir formación? Porque tú sí sabías que debías hacerlo, ¿verdad? Quizá merezcas más castigo que él».

Un poco fuerte… pero mejor la verdad, aunque duela.

(TOI29X)

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Un criado llamado esperanza

Son las tres de la madrugada. Y el criado está en pie, junto a la puerta, vestido con su mejor uniforme. Se le cierran los ojos de sueño. Es un motivo más para no sentarse.

Un demonio, de ésos que pululan por las noches como insectos de las tinieblas, le invita a mirar hacia dentro de la casa. Abre las puertas de la pequeña habitación del criado y le muestra su batín, su pijama, su sillón, el libro que lee antes de acostarse y… ¡su cama! Retira un poco la colcha, descubriendo la almohada, y susurra: «¿Por qué no te acuestas? Él no va a llegar». El criado aparta la vista, la vuelve a clavar en la puerta cerrada, y el demonio se desvanece como pompa de jabón reventada en el aire.

Ese criado se llama «Esperanza».

Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.

Esperanza: Aunque es de noche, y el batín y la cama se muestran más cercanos que el Señor, vale la pena decir «no» a esos pequeños consuelos cuando sabemos que vendrá el Amor.

(TOI29M)

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El mundo necesita evangelistas

Cada vez más, en los medios de comunicación la palabra «noticias» es sinónimo de «desastres». Te invito a que veas un telediario entero, recorras la web de un periódico, y calcules el porcentaje de buenas noticias frente a las malas. Tendrás suerte si encuentras una información que te alegre un poco el día. O, mejor dicho, tendrás suerte si no encuentras nada que te lo amargue.

Por eso, cuando despierto, prefiero comenzar el día con la oración. Ya habrá tiempo para los desastres después. La jornada de un hijo de Dios merece comenzar con noticias buenas. La primera la recibo ante el sagrario; la segunda, después, en el plato del desayuno. Luego pongo la radio, ¡y a ver si pueden conmigo!

Decidles: «El reino de Dios ha llegado a vosotros». ¡Bendito Lucas, que alegraste al mundo con el Evangelio, la buena noticia del Amor de Dios! El mundo necesita urgentemente evangelistas, esto es, personas que difundan noticias buenas, positivas, alegres.

Contrarresta, con tu conversación, esa ola de desastres que llega a través de los medios y las redes. Sé alegre, resalta lo positivo, habla de Dios sin miedo. Ojalá quienes conversen contigo se vayan más contentos de lo que llegaron.

(1810)

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Lo que no sabéis

Cuando Santiago y Juan, todavía convencidos de que Jesús de Nazaret instauraría en la tierra un reino temporal, le piden al Señor sentarse a su derecha y a su izquierda en su gloria, Jesús les responde: No sabéis lo que pedís.

Es lo mismo que decir: «Pedís lo que no sabéis, lo que no conocéis. No sabéis lo que es mi gloria, y tampoco sabéis distinguir mi derecha de mi izquierda. Pensáis en una gloria terrena, adornada con honores, riquezas y poder. Pero, dentro de un tiempo, me escucharéis pedir a mi Padre: Glorifica a tu Hijo (Jn 17, 2). Y, poco después, tú, Juan, verás mi rostro cubierto de sangre y salivazos, coronado de espinas. Ésa es la gloria que no conoces, la de la sangre. Entonces verás a dos hombres sentados donde tu hermano y tú os queréis sentar: a mi derecha y a mi izquierda. ¿Querrías ocupar su puesto? ¿Querríais tu hermano y tú ser crucificados en las cruces de dos ladrones?»

¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?

La pregunta es para ti, y también para mí. Pero tú y yo, a diferencia de aquellos hermanos, sabemos cuál es ese cáliz. Nos toca responder.

(TOB29)

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No culpes a Dios de lo que te pasa por…

Las palabras de Jesús sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo siempre han provocado perplejidad.

Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.

¿Acaso no es capaz Dios de perdonar todo? ¿Por qué, entonces, quien blasfeme contra el Paráclito no obtendrá el perdón?

Respuesta: Porque el Espíritu Santo es el perdón mismo de Dios. Él es el Amor que, al alcanzar al pecador, se vuelve perdón y misericordia. Pero si el pecador reniega del Paráclito, él mismo se cierra al perdón.

Supón que estás a punto de morir de sed en un desierto, y Dios alumbra para ti una fuente de agua limpia y abundante. Si tú dices: «¡Maldita sea esa fuente! ¡Lejos de mí esa agua!»… ¿culparás a Dios de haberte matado de sed? ¿No deberías culparte a ti mismo, por haber renegado de lo que te daba vida?

Del mismo modo, cuando un pecador reniega de la Iglesia, de los sacerdotes y de los sacramentos, a sí mismo se condena. Porque la Iglesia y sus sacramentos son la fuente que mana el perdón a través del caño de los sacerdotes.

(TOI28S)

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