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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Los amigos comen juntos

Ayer considerábamos el sentido de nuestros ayunos. Hablábamos de hambre y de sed, de tristeza y soledad. Pero no te engañes, porque en Cuaresma estamos llamados a un banquete. Al mejor de los banquetes.

Mira lo que hizo Mateo en cuanto conoció a Jesús:

Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa.

Hizo lo que hace cualquiera que tiene un amigo: comer y beber con él. Y a eso estamos llamados en Cuaresma: a comer y beber con Cristo. Por eso, durante este tiempo, la Eucaristía es el mayor de los gozos.

Si no tienes costumbre de hacerlo el resto del año, te invito a que, en Cuaresma, vayas todos los días a Misa. Y vayas, no a cumplir, sino a disfrutar. A ofrecerte con Cristo al Padre en ese sacrificio, y a devorar con alegría el alimento de vida eterna que Él te ofrece. Dios te invita a un banquete en el desierto. No te prives.

Se lo he dicho a mucha gente, y quienes me han hecho caso confirmarán que tengo razón. Procura asistir a Misa quince días seguidos, aunque te cueste un poco. Pasado ese tiempo, ya no podrás vivir sin comulgar a diario.

(TC0S)

Aunque no todos lo entiendan

Nuestra sociedad opulenta es incapaz de valorar el hambre y la sed. Queremos pasar por la vida con todas las necesidades satisfechas. No le vemos sentido a la privación. Tuve que escuchar recientemente a una mujer escandalizada por la austeridad con que viven las religiosas de clausura. «¿Por qué no tienen calefacción? ¿Por qué ayunan? ¿Por qué hacen penitencia? No puede gustarle a Dios que pasemos necesidad voluntariamente». Así hablaba. Pobre. Mejor dicho: rica. Es un escándalo propio de ricos.

Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán. Es viernes. Y estamos en Cuaresma. La mirada a la Cruz es casi de precepto. Y en esa contemplación de la Pasión de Cristo veremos al Hijo de Dios sufrir la soledad, la tristeza, el hambre y la sed de afecto y de compañía. Entonces decidiremos acompañarlo, porque lo amamos. No vamos a subirle una esponja empapada en vinagre, como el centurión. Vamos a subir nosotros al Madero y a compartir con Él su hambre y su sed.

Con nuestra hambre, oh Jesús, queremos calmar la tuya. Queremos darte a beber nuestra sed. Queremos, con nuestra tristeza, enjugar tus lágrimas. Y con nuestra soledad acompañarte.

No todos lo entienden.

(TC0V)

¿Tú quieres?

¡Qué difícil es salir de casa a la primera! Salgo de casa, llego al aparcamiento, y descubro que no llevo encima las llaves del coche. O la cartera. O el teléfono. Y tengo que volver sobre mis pasos para recuperar lo que dejé olvidado.

Jesús, el buen pastor, ha bajado del cielo para recoger su rebaño y llevarlo al cielo. Pero no como yo cuando vuelvo a casa a por las llaves del coche. Él no nos llevará al cielo sin nuestro permiso. Lo dijo magistralmente san Agustín: «Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti».

Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. No es una orden. Te está preguntando: «¿Tú quieres venir en pos de mí? ¿Quieres venir conmigo al cielo?»

Hoy debes responder. Y hacerlo con los ojos abiertos, porque Jesús te está mostrando el camino. ¿Quieres ir al cielo, sabiendo que ese camino pasa por la renuncia y por la Cruz? Porque algunos quieren que Jesús les arregle la vida. Otros querrían ir al cielo sin pasar por la Cruz. ¿Y tú?

Díselo: «Jesús, contigo al fin del mundo».

(TC0J)

¿Te da pereza la Cuaresma?

cuaresmaPuffff… ya vamos a empezar otra vez con los rigores, los ayunos, las penitencias. No me apetece nada.

Ni a mí, ni a nadie. Pero me engaña de nuevo el Enemigo. Él me muestra una cuaresma esforzada, y Cristo me llama a una Cuaresma enamorada.

¡Ojo con la Cuaresma esforzada! Porque da el pego. Consiste en que eres un pecador. ¿Te has enterado? ¡Un pecador! Y, como has cometido tantos pecados, ahora te fastidias y haces penitencias y ayunos hasta que te arrepientas y te purifiques. Esta Cuaresma esforzada da el pego porque todo eso es verdad. Pero no es la verdad.

La Cuaresma enamorada consiste en que Jesús te está llamando. Loco de Amor por ti, tu Pastor ha subido a lo alto de la Cruz para pagar tus culpas. Y, desde allí, te llama por tu nombre. Entonces tú, que andabas descarriado en los caminos de la muerte, te das la vuelta, escuchas sus silbidos, y durante cuarenta días, con la mirada clavada en la Cruz, te vas acercando a Él hasta que, llegada la Semana Santa, eres acogido junto a Él por la Virgen. Tus penitencias no son fruto de un esfuerzo. Son el abrazo del Crucifijo.

(TC0X)

Cuando acabemos de comprender…

A veces, es como si Jesús y los apóstoles estuvieran en mundos distintos. Tanto, que no hubiera comunicación posible. Jesús les habla del cielo, y ellos piensan en la tierra. Jesús les dice: Evitad la levadura de los fariseos y de Herodes, y los apóstoles discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.

Entonces Jesús se enfada. Sí, sí, se enfada. Jesús también se enfada. Perfecto Dios y perfecto hombre. Perfecta paciencia (no como la nuestra) y enfados perfectos (no como los nuestros).

¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís?

Perdónanos, Señor. Tenemos el corazón tan embotado, tan metido en el bote de las tribulaciones de esta vida, que no acabamos de levantar la vista para buscar tan sólo el reino de los cielos y dejarnos cuidar por ti en las urgencias de la tierra.

¿Y no acabáis de comprender? Ése es el problema: que vamos entendiendo, pero no acabamos de comprender. Vamos poquito a poco, te escuchamos y, cada vez, vamos entendiendo más, pero nunca acabamos de comprender.

Cuando acabemos de comprender, nos sumergiremos en un profundo silencio del que no querremos salir jamás.

(TOP06M)

La gran señal

muerte«¡Convénzame, padre!» Es el grito de quienes no se fían. Quieren verlo tan claro que no les quede más remedio que creer. Un 2+2=4, pero en lo espiritual. Y no se dan cuenta de que, aunque tuviesen delante la pizarra con su 2+2=4, aunque vieran caer las estrellas del cielo a una orden del profeta, tampoco creerían. Porque el problema está en sus ojos. O en sus oídos.

Para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Querían que Dios les robase la libertad, que los secuestrara con una señal atronadora, con «la gran señal».

Pero la gran señal, la señal del cristiano, es la santa Cruz. No es el ruido, sino el silencio. No la luz cegadora, sino la noche callada.

¿No te das cuenta de que las grandes realidades, los grandes amores, las grandes verdades no caben en palabras, ni existe grito que las pueda expresar? Sólo pueden transmitirse con silencios, silencios que hablan más que cualquier palabra. ¿Existe algún poema que pueda reflejar lo que se dicen dos enamorados cuando se miran en silencio a los ojos?

Dichoso quien sepa escuchar los silencios de Dios. Dichosos quienes abran el corazón a la gran señal, la Cruz.

(TOP06L)

«Pero yo os digo…»

Te muestro algo que jamás debería salir de labios de un predicador: «Ya sé que la Iglesia dice… pero yo os digo…». Un predicador que hablase así no debería ser escuchado por los fieles, porque ya no habla en nombre de la Iglesia, sino en el suyo propio.

Pero Jesús hizo exactamente eso. Y lo hizo porque es Dios. Y lo hizo bien; sólo Él podía haberlo hecho. Brotado de sus labios, el «pero yo os digo» es sobrecogedor. Es el anuncio de una nueva era:

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás». Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso». Pero yo os digo que no juréis en absoluto.

Es impresionante. Es el mismo cielo bajando a la tierra y anunciando su entrada en nuestros corazones para que pasemos, de cumplir la Ley, a enamorarnos de Dios y entregarle, no nuestras obras, sino nuestra vida.

(TOA06)

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