Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

La flauta de Bartolo

Bartolo tenía una flauta que sólo tenía un agujero. Así me lo enseñaron de pequeño. Y una flauta con un agujero supongo que sólo puede dar una nota, porque si tapas el agujero no sale al aire.

¿De Nazaret puede salir algo bueno? El único agujero en la flauta era un prejuicio. Y de ahí no lo sacabas. De Nazaret no sale nada bueno. Ese Jesús del que me hablas es de Nazaret. Luego ese Jesús no es bueno. Un silogismo en FERIO. Con la flauta de Bartolo como premisa mayor.

Ven y verás.

La única forma de perforar otro agujero en la flauta de Bartolo es la experiencia. Ven, míralo, conócelo y comprueba que ese hombre es bueno.

Menuda sorpresa. Cuando fue Bartolo con su flauta a ver a Jesús, descubrió que Jesús lo había visto primero.

Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. El mirador mirado. Y se sintió mirado con cariño, se sintió comprendido hasta la médula, se sintió amado por Aquél a quien no conocía.

A mí, Jesús, me sucedió lo mismo. Antes de que te encontrase, me encontraste Tú. Y me cautivaste. Y no sé tocar la flauta.

(2408)

Un sondeo de Chorroscopia y una sonda al corazón

La pregunta que hoy hace Jesús a sus discípulos podría haber abierto un telediario.

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jere­mías o uno de los profetas».

Sería algo así: «Según los últimos sondeos de chorroscopia para Antena 14, el 55% de los encuestados cree que Jesús es Juan Bautista; el 30% piensa que es Elías, y el 14,99% piensa que es uno de los profetas».

Si la verdad se establece por votación, Jesús es el Bautista por mayoría absoluta. Pero si la verdad es la verdad, y chorroscopia es sólo chorroscopia, entonces la verdad sólo quedó reflejada en el 0,01% de los encuestados, un tal Simón Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.

Ahora soy yo el encuestador, y esto no va de sondeos, pero es una sonda lanzada a lo profundo de tu corazón: ¿Quién es Jesús para ti? Díselo a Él, no a mí; respóndele. Te doy pistas: para unos, Jesús es quien los cuida. Para otros, una herramienta omnipotente. Pero si pregunto a san Pablo, me dirá: «Cristo es mi vida».

Mírale a los ojos, respóndele. ¿Quién es?

(TOA21)

Santo orgullo

El individualismo que azota Occidente desde la Revolución Francesa nos ha hecho perder la perspectiva. Apenas nos sentimos parte de un pueblo, mucha gente vive en chalets rodeados de muros y su casa es su castillo, su patria y su mundo. El vecino está lejísimos, y sus dolores y alegrías son sólo suyos.

Nos queda el deporte. Si nuestra selección de fútbol gana un Mundial, lo hemos ganado todos (sólo si gana, porque, si pierden, «han perdido») y todos los celebramos, aunque no hayamos tocado el balón sino la cerveza.

Pues al deporte me aferraré, si es lo que queda. Y aunque no imagino a la santísima Virgen jugando al fútbol, me alegraré porque su coronación es la nuestra. Ella ha sido ensalzada como reina de cielos y tierra, y con ella todos sus hijos hemos sido nombrados hijos de reyes, príncipes celestiales y dueños de la Creación.

¡Cómo no enorgullecernos! Tenemos por madre a la mujer más hermosa de la Historia, y en las estrellas que orlan su corona lleva engarzados nuestros nombres. Nos mira desde su trono del cielo con una ternura infinita, y nos cuida como a sus hijos pequeños.

Hemos ganado el Mundial de la Historia.

(2208)

Amar por decreto

Hice la mili en el siglo pasado. Y recuerdo, porque la hice en Infantería, que cuando llegaba el día de la Inmaculada suspendían todos los permisos porque era obligatorio celebrar la fiesta. Y yo me preguntaba qué maldita gracia tenía celebrar una fiesta por mandato, cuando lo que a uno le apetecía era salir de allí y pasar la fiesta con la familia y los amigos. ¿Puede uno alegrarse por decreto?

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?» Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”».

¿Puede una ley mandarme amar? Una ley me puede mandar hacer o no hacer, pero el amor no obedece a las leyes. La Ley de Dios manda hacer y no hacer, pero toda ella descansa en un «amarás».

Y es que, con Dios, todo cambia. Porque quien te manda amar te envía su Espíritu y enciende tu corazón en amor divino. Y el precepto se convierte en gozo, y el martirio en fiesta. San Agustín decía: «Por el amor de tu Amor hago esto». Y los pastorcitos de Fátima: «¡Oh, Jesús, es por tu Amor!»

¡Bendita Ley, capaz de enamorar!

(TOP20V)

El muy despreciado don de temor

En ocasiones me pregunto si hemos despreciado el don de temor. Que no es miedo, sino sobrecogimiento ante la majestad de Dios.

Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?»

Este episodio tiene dos aplicaciones, y ambas están relacionadas con el don de temor.

Veo en la iglesia a personas del pueblo que vienen a Misa para celebrar la fiesta patronal. O un funeral. O una boda, tanto da. El caso es que, fuera de esa ocasión, no los veo jamás en Misa. Ni, desde luego, en el confesonario. Pero, llegado el momento de la comunión, se acercan a recibirla. ¿Está su alma vestida de boda? ¿Están confesados y en gracia de Dios? ¿Son conscientes de que comulgar sin la debida preparación es cometer un sacrilegio? Siento ganas de llorar.

Misa de doce de un domingo cualquiera de verano. Unos vienen en chanclas. Otros con el bañador. Otras… mejor no lo digo. ¿Son conscientes de que celebramos las bodas del Cordero en el palacio del Rey?

Señor, eres tan bueno… que te hemos perdido el respeto. Perdónanos.

(TOP20J)

La ceguera de los indignados

Ya que están gritando, escuchemos a esos indignados que tanto trabajaron.

Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.

El problema no está en la paga; al fin y al cabo, era lo convenido. El problema está en cómo han pasado el día unos y otros, y en la ceguera de los indignados. Hagamos un flashback:

Doce de la mañana. El dueño de la viña sale a la plaza y encuentra a otros que estaban en la plaza sin trabajo. ¿Qué diferencia a éstos de aquéllos que llevaban ya varias horas trabajando en la viña?

Éstos, que están ociosos, se están muriendo. Aquéllos están entregando la vida. Éstos están entretenidos esperando a la muerte. Aquéllos están produciendo frutos para la viña y para el mundo. Por eso a éstos los llama el dueño: tiene compasión al ver una vida estéril.

Tú ¿qué prefieres? ¿Esperar a la muerte viendo series de TV o entregar generosamente la vida a Dios y a los hermanos y dar fruto? No seas tan ciego como aquellos indignados. Que una vida fecunda ya es buena paga. Después, el cielo.

(TOP20X)

El acertijo del camello y la aguja

No es una parábola, no es una comparación, es un acertijo.

Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos.

¿Cómo puede un camello pasar por el ojo de una aguja? Con dos jorobas, cuatro patas, y ese pedazo de cabeza, es imposible.

La única manera en que un camello puede pasar por el ojo de una aguja es muriéndose. Si el camello se muere, el cuerpo quedará de este lado de la aguja y el alma pasará al otro lado.

Si quieres entrar en el reino de los cielos, no podrás hacerlo con todas tus riquezas, tus manías, tus planes y tus pecados a cuestas. No tienes más remedio que morir. Deja el cuerpo cosido a la Cruz con los clavos de las contrariedades sufridas con paciencia y los alfileres de la mortificación corporal. Déjate comer, permite que te quiten la vida. Haz penitencia, confiésate, libérate de tus pecados. Y el alma, libre de ataduras, pasará al otro lado de la aguja y gozará las delicias del cielo.

Después tu cuerpo resucitará glorioso, y no tendrá problema para pasar también al otro lado.

(TOP20M)

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