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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Esperando al Dios que espera

Entre el Cielo y la TierraEs como cuando llegas a un bar y pides un café. Y el camarero responde: «Ahora mismo». Y tú te quedas sentado esperando, y esperando, y esperando… y empiezas a pensar que este hombre ha debido viajar a Brasil a recoger los granos de café para después molerlos en Bolivia y traerlos por barco a la cafetería. Por eso dicen que el café altera los nervios.

Estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Hace dos mil años que Jesús pronunció estas palabras, y seguimos mirando al cielo cada mañana y cada noche deseando vislumbrar a lo lejos su silueta. Si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos. Indudablemente, es de noche. Pero no sé en qué vigilia estamos. Lo que sé es que, mientras sigamos esperando, nuestros ojos seguirán clavados en el cielo. Están bien ahí. Hay quien se cansó de esperar y los zambulló en las pantallas. ¿Podrá recuperarlos?

Con todo, más nos ha esperado Él, de qué nos quejamos. Sigue esperando nuestro sí rendido, nuestra entrega total, nuestra docilidad enamorada.

¿No sabremos esperar al Dios que espera?

(TOP29M)

Caminado entre las zarzas

Una notificación de Hacienda, unos novios que se presentan sin avisar, el instalador de la caldera que me avisa con un día de antelación, una reunión a la que me convocan por sorpresa, la dichosa gripe que parece una escafandra en mi cabeza… A veces me siento como si fuera caminando entre zarzas, enganchándome en sus pinchos, y tratando de desengancharme ante el sagrario una y otra vez, aunque se rasgue la ropa y sangre la piel. No es fácil caminar así. Pero peor es quedarse enganchado.

Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea. Con razón Jesús llama necio a este hombre. Es un idiota. Y el peor de sus problemas no es que no va a descansar porque tendrá que montar guardia sobre sus bienes y pagar el impuesto de patrimonio. El peor de sus problemas es que, cuando Dios llame a su alma, la encontrará hozando en esa ciénaga. ¡A quién se le ocurre decirle al alma que se lance a semejante barrizal!

Es inevitable que nos enganchemos en las criaturas mientras caminamos. Pero no dejéis que os atrapen el alma. Desenganchadla ante el sagrario una y otra vez. Aunque sangre. Sed libres.

(TOP29L)

Y ¿qué es de Dios?

Me pregunto si aquellos fariseos entendieron la respuesta lapidaria de Jesús.

Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Está claro que la dichosa monedita tenía grabada la imagen del César. Bien, pues que se la devuelvan. Pero ¿qué es de Dios?

¿Qué tengo que darle a Dios? O ¿qué tengo que devolverle, si acaso poseo algo que sea suyo?

¿Por qué tengo que ir a Misa el domingo? ¿Por qué tengo que guardar castidad en el noviazgo? ¿Por qué tengo que estar abierto a la vida en el matrimonio? ¿Por qué tengo que rezar?

Porque no te perteneces; tú eres de Dios. Porque eres pobre, y todo lo recibiste de Él. Porque el Bautismo te marcó con el sello de Cristo, como están marcadas las ovejas con el sello del pastor. Le perteneces.

Pero, en este mundo, la pertenencia es riqueza del amo. Dios, sin embargo, ya es rico sin ti. Le perteneces porque te ama, y su Amor te libera. Todo lo que le entregas te lo devuelve transfigurado.

Dar a Dios lo que es de Dios es entregarle tu vida sin reservas. Y gozar de su Amor sin límites.

(TOA29)

Simón Pedro y Judas Iscariote

Tras haber meditado ayer, viernes, la Pasión del Señor, hoy entendemos que las palabras que nos trae el evangelio fueron pronunciadas como profecía y advertencia para dos de sus apóstoles: Simón y Judas Iscariote.

Si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios. Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.

Simón negó al Hijo de Dios ante los hombres, pero sería perdonado porque no blasfemó contra el Espíritu. Al contrario, a pesar de su pecado, mantuvo viva la llama que el Espíritu había encendido en su alma, no renegó del Amor con que amaba a Jesús y por tres veces lo confesó humillado y contrito. Por eso alcanzó el perdón.

Judas, sin embargo, renegó del Espíritu. Quizá su traición comenzó secretamente entonces, cuando dejó de amar a Cristo, y se fraguó en la oscuridad de un corazón lleno de tinieblas. Por eso, tras su pecado, tomó el camino de la muerte y se ahorcó.

Por grandes que sean nuestras culpas, no dejemos de amar al Señor, acudamos al sacramento de la Penitencia, y siempre seremos perdonados.

(TOP28S)

Sois panes ácimos

¡Cuántas veces debió Jesús niño ver a su madre esparcir levadura en la masa, y cuánto se asombraría aquel pequeñín al comprobar cómo la masa se inflaba para formar pan! No tengo duda de que esa experiencia le llevó a usar el símil de la levadura en varias de sus enseñanzas. En ocasiones, para bien, pues el reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta (Mt 13, 33). En otras ocasiones, para mal:

Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.

El hipócrita, como la masa del pan, se infla para aparentar, mientras por dentro está vacío. Jesús les advierte: Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse. Al final, su engaño quedará a la vista.

Mirad, sin embargo, a Cristo crucificado: está aplastado, y entrega, con la sangre y el agua, su propio Espíritu. Su interior no está oculto, sino derramado. A diferencia de los fariseos, nunca pretendió aparentar ni agradar a los hombres; sólo los amó.

Por eso dice san Pablo: Sois panes ácimos (1Co 5, 7). Mostremos el Cristo que llevamos dentro.

(TOP28V)

A la séptima va la vencida

No sé si soy yo el tonto, o si los tontos son quienes me dicen: «¡Padre, he leído Las Moradas de santa Teresa y me ha gustado muchísimo!». Prefiero pensar que el tonto soy yo. Porque, a mí, Las Moradas de santa Teresa me han hecho un bien inmenso. Pero la primera vez que las leí no entendí ni palabra. Ni la segunda. Ni la tercera. A la cuarta comencé a entender algo. Y, tras la séptima lectura, ya no sé, ni quiero, salir de ese castillo interior. Tan zoquete soy que he necesitado siete lecturas.

¿Y qué es lo que vislumbra este zoquete? Esto:

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Vislumbro, al adentrarme en ese castillo, que la oración es camino de amor hacia Cristo en el que, poco a poco, el alma se va acercando a la unión con Él. Y cuando se alcanza esa unión, el alma descansa con un descanso que hace al cuerpo capaz de todas las fatigas. Porque, estando el alma en reposo de Amor, recostada en su Amado, ya nada pesan los cansancios de esta vida.

Pero ha sido a la séptima. Zoquete de mí.

(1510)

Para entender a san Pablo

La traducción moderna del himno a la caridad de san Pablo, ese himno que tanto gusta escuchar a las novias en sus bodas, es fuente de muchísimos malentendidos. Si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría (1Co 13, 3). Hombre, quien entrega su cuerpo a las llamas algo de amor tiene; aunque, en el peor de los casos, fuera amor a sí mismo. Pero san Pablo no dice eso. San Pablo habla de «ágape», en latín «caritas». No se trata de cualquier amor.

¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!

He aquí el germen de ese himno a la caridad. Si pasamos por alto el amor de Dios, de nada sirven las obras de la ley. Si no amamos al prójimo con ese mismo amor que mana del costado de Cristo, somos unos infelices, ay de nosotros.

Pero si centramos la mirada en el Crucifijo, si dejamos que ese amor de Dios nos inunde y nos vivifique con su gracia, nuestras obras serán obras de santidad, obras de Cristo.

(TOP28X)

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