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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

El evangelio en la moviola

Hoy quisiera reproducir el evangelio en marcha atrás en la moviola. Los jóvenes no sabrán qué es una moviola. Que lo googleen (😂).

Toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos. En la base del Monte, donde estamos antes de encontrar al Señor, Jesús cura tus enfermedades y alivia tus dolores. Hubo milagros cuando te convertiste, pedías y recibías, todo parecía fácil.

Se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo. Venían a oírlo. Conforme ascendías, fuiste escuchando la Palabra y recibiendo la instrucción. Así ibas conociendo y amando cada vez más a quien habías encontrado.

Llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles. Más arriba, Él te llamó para que fueras apóstol, y descubriste que tenías una misión que cumplir en la Iglesia y en el mundo.

 Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios. Y, en lo alto del Monte, llegó la noche. Jesús te tendió la mano para que lo acompañaras en el Gólgota. Ya nada era tan fácil. Pero había llegado el tiempo del Amor verdadero.

(2810)

Un ejercicio de imaginación descontrolada

Algo sobre lo que nunca se ha escrito, y nunca se podrá escribir, es la presencia constante de la Virgen en la mente y el corazón de su Hijo. Tan sólo podemos atisbarlo, y confiar en que no se trate de un ejercicio de imaginación descontrolada.

El reino de Dios es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas. Pero Jesús sabía que el huerto de Dios fue la Virgen, y que en ese huerto sembró a su Hijo como un grano de mostaza, el más pequeño de los hombres. Luego, en Belén, brotó sobre la tierra, y se hizo árbol en el Calvario, y en sus ramas anidamos nosotros.

Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó. Pero la mujer es María. Ella introdujo en el mundo a Cristo para cristianizar la tierra. A ella le debemos ese pan de vida, pan ácimo que se convierte en levadura para que fermente en nosotros el reino de Dios.

Aunque esto pudiera ser un ejercicio de imaginación descontrolada.

(TOP30M)

En la salud y en la enfermedad

En el medio de formación cristiana al que asisto todas las semanas hacemos siempre un examen de conciencia. Y en ese examen, la primera pregunta nos interroga sobre si hemos dedicado todos los días el tiempo necesario a la oración. Y añade: «salvo caso de enfermedad». Hace años, yo me hacía preguntas con esto: «Hombre, cuando uno está enfermo es cuando más tiempo tiene para rezar, ¿no?».

Hasta que estuve enfermo de verdad, en el hospital. Ahí descubrí que la enfermedad es lo menos piadoso del mundo. Lo que menos me apetecía era rezar. Y lo que más me apetecía era dormir; que se fueran todos los buenos amigos que me visitaban y me dejasen dormir. Ahí también descubrí que quien preparó ese examen de conciencia era una persona con sentido común.

Mujer, quedas libre de tu enfermedad. Cuando Jesús pronunció estas palabras, la enfermedad de aquella mujer desapareció. Pero las palabras del Señor siempre van más allá. Yo le pido que la enfermedad, o el malestar, o una noche mal dormida, no nos aprisionen. Que, aunque el cuerpo esté lastrado por la debilidad, el alma pueda elevarse libremente hacia Dios. Que ni siquiera la misma muerte atrape el alma.

(TOP30L)

Primero ama

Por tres veces había negado Simón a Jesús durante su Pasión. Y cuando volvió a encontrarlo, resucitado, junto al Lago, Jesús, también tres veces, le preguntó:

Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? (Jn 21, 15).

No le preguntó si se había portado bien, ni tan siquiera si en adelante se portaría bien. Le preguntó si lo amaba. Y Simón, que se había portado mal, respondió con la verdad: Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero (v. 17). Se había portado mal, pero amaba a Jesús. Y Jesús lo sabía.

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente.

Tenlo en cuenta: Lo primero que nos pide Dios no es hacer, sino amar. Amar a Dios era imposible antes de la Encarnación del Verbo. ¿Cómo podría un hombre de carne amar a un Dios a quien no ve? Ahora, sin embargo, amar a Dios es amar desesperadamente a Cristo.

Claro que el amor te llevará a portarte bien. Aunque no siempre. Tropezarás muchas veces con tu debilidad. Pero ama primero y obra después. Porque si te empeñas en obrar sin haber amado, no serás feliz.

En resumen: ¡Reza!

(TOA30)

Morirse es un asco

Morirse es un asco. Además, no apetece nada. Se mueren las moscas, los perros, los gatos y se mueren, también, los hombres. Te puedes morir de un infarto, o te puede atropellar el camión de la basura al salir de casa. Es muy humillante.

A Jesús le cuentan la muerte de unos galileos asesinados por Pilato, y Él añade otro recuerdo: el de aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató. Ya sea por un motivo o por otro –continúa diciendo– si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera. Es decir, moriréis.

Mira ahora, con los ojos bien abiertos, al Crucifijo. Ese hombre no murió. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 46). Ese hombre entregó la vida. Es distinto, muy distinto. Morirse, para un hombre, es un fracaso. Entregar la vida a Dios es algo maravilloso, un acto de una dignidad suprema. Quien se muere se vuelca en la muerte, y la muerte no paga sus deudas. Quien entrega su vida a Dios la recupera glorificada.

Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera. Conviértete. No te mueras. Entrega, con Cristo, tu vida a Dios. Y vivirás eternamente.

(TOP29S)

Orad sin interrupción

Orad sin interrupción (1Tes 5, 17), dice san Pablo a los Tesalonicenses. ¿Imaginas que lo hiciéramos así, que día y noche estuviéramos en diálogo con Dios? ¿No convertiría esto la vida en cielo? ¿Pecaríamos, si estuviésemos en constante oración?

Me preguntas cómo hacerlo, cómo mantenerte en oración mientras haces la compra, conduces, fríes un huevo o mientras sueñas. Y te diré cómo no hacerlo. Si sólo te encuentras con Cristo en los momentos dedicados expresamente a la oración, el resto del día andarás perdido, o estarás renegando del trabajo y deseando volver al templo para poder orar tranquilo. El presente, los acontecimientos de la vida diaria, serán tan extraños para ti como si alguien te hablara en un idioma desconocido.

¿Cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?

Interpreta el tiempo presente, juzga lo que es justo, escucha la voz de Dios en una puerta que se abre, un automóvil que arranca, una persona cargante que se te acerca o el crepitar del huevo en la sartén mientras se fríe. Y, terminado el día, duerme desgranando las cuentas del rosario. Así, si te despiertas de madrugada, lo harás con un avemaría.

(TOP29V)

El bautismo por inmersión

En Occidente apenas se bautiza por inmersión. Salvo, por ejemplo, en las comunidades neocatecumenales. Durante doce años estuve atendiendo a dos de esas comunidades, y les decía que me daba miedo bautizar por inmersión. Sumerges tres veces en la piscina al niño desnudito… ¿y si se me muere? Me respondieron: «¡Claro que se te muere! ¡Y resucita!». Son unos cracs estos cristianos.

Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!

A este bautismo se refiere Jesús. Y también cuando pregunta a Santiago y Juan si pueden ser bautizados con ese bautismo. Jesús debe sumergirse en la muerte por nosotros. Y salir de esas aguas resucitado para abrirnos las puertas del cielo.

Nuestra vida, unida a la suya, no deja de ser un enorme bautismo por inmersión. Con los sufrimientos, enfermedades, contrariedades y penitencias nos vamos sumergiendo en su Pasión. No reneguemos del dolor, ni del cansancio, ni de la contrariedad. Son las aguas que nos matan para darnos vida, es la Pasión de Cristo que nos va cubriendo de tinieblas para después abrirse y mostrarnos la puerta luminosa de la gloria. En medio de esas tinieblas, sus manos llagadas de Sacerdote nos sostienen.

(TOP29J)

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