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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Señor de la vida, Señor de la muerte

«Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. Venid, adoradlo».

Mirad, antes de que lo retiren, ese cuerpo muerto que cuelga del Madero. Es sobrecogedor el modo en que, como cordero llevado al matadero, se ha dejado arrebatar cuanto tenía: la salud, la piel, el prestigio, las vestiduras y la misma vida. Ni una queja, ni un reproche. Se dejará incluso traspasar por la lanza para que se vierta hasta la última gota de su sangre.

Y, sin embargo, es Señor de principio a fin. En Getsemaní permanecerá de pie mientras caen por tierra sus captores. Ante Pilato, será Él quien interrogue al procurador. ¿Dices eso por tu cuenta, o te lo han dicho otros de mí? Colgado del Leño, entregará su reino a un ladrón crucificado con Él. Y llegada su hora, morirá como quien se entrega al sueño. Él hará oscurecerse el sol desde sexta hasta nona. Él hará temblar la tierra al morir. Él reina desde la Cruz.

Su majestad sobre el cielo y la tierra (Sal 148, 13).

Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos».

(VSTO)

La noche entre dos fiestas

El Triduo Pascual comienza en fiesta. Y terminará también en fiesta. Hoy celebra Jesús la Pascua con sus apóstoles, y celebramos los sacerdotes la divina institución de nuestro ministerio. El domingo celebraremos la Fiesta de todas las fiestas, la resurrección de Cristo. Pero ¿sabéis? Entre las dos fiestas me parece a mí que mediaran siglos, todo un abismo de tinieblas. Es curioso cómo se ralentiza el tiempo durante el Triduo. Hay momentos en que parece interminable. A Jesús se lo pareció.

Jesús se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. El Cenáculo es lugar de amor e intimidad. Cristo lava los pies de los suyos, les entrega el Mandamiento Nuevo, les regala en alimento su cuerpo y los instituye sacerdotes.

Pero, al otro lado de la puerta, le esperan las tinieblas. Jesús alarga la cena, no quiere marcharse, quiere estar con los suyos. Hasta con Judas hubiese querido estar. Pero la cena no puede alargarse más y hay que cruzar esa puerta.

Entramos en la noche más oscura…

(JSTO)

Ese camino de espaldas al Camino

En cada misa, antes de comulgar, pronuncia en secreto el sacerdote una preciosa oración que concluye suplicando: «Jamás permitas que me separe de ti». Tras más de treinta años de sacerdocio, me siguen emocionando estas palabras cada día.

San Pablo asegura que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor (Rom 8, 38-39). Yo añadiría que ni siquiera nuestros pecados podrán apartarnos de Aquél a quien amamos, pues nos moverán a contrición y nos conducirán al sacramento del Perdón, donde recibiremos su abrazo.

Entonces, ¿qué podrá apartarnos del amor de Dios?

El desamor.

Judas.

¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!

Judas no amaba a Cristo. Estaba junto a Él y, sin embargo, vivía a sus espaldas, robaba a escondidas y traicionaba en secreto. Simón lo negó a cielo abierto, Judas lo entregó en voz baja.

La vida sin Cristo es el infierno. No podemos saber si Judas terminó allí. Pero sabemos a dónde conduce ese camino de espaldas al Camino.

(XTO)

Me seguirás más tarde

Cuando Santiago y Juan pidieron dos puestos a derecha e izquierda de Jesús en su reino, el Señor les preguntó si podían beber su cáliz. Y ellos respondieron: «¡Podemos!». Pero no podían.

Hoy le dice Jesús a Simón Pedro: Adonde yo voy no me puedes seguir ahora. Y el apóstol pregunta: Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora?

Porque aún no has aprendido a entregar la vida. Me amas, pero crees que amarme significa apartarme del dolor, alejarme de la Cruz y, de paso, alejarte tú también. Eres como esos padres que piensan que amar a sus hijos consiste en ahorrarles cualquier sufrimiento, en lugar de sufrir con ellos y enseñarles a entregar generosamente la vida.

Aún tienes que ser purificado. Aún tienes que aprender a amar. No cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces. Me negarás porque te resistes a entregarte. Y, cuando lo hayas hecho, llorarás. Y desearás dar marcha atrás en el tiempo y morir conmigo, pero ya no podrás. Entonces aprenderás que tú eres frágil, y que debes ser amado antes que amar. Cuando yo haya entregado mi vida por ti, recibirás la fuerza para entregarla por mí. Me seguirás más tarde.

(MSTO)

El escándalo de Judas

Se escandaliza Judas ante el bendito derroche de perfume realizado por María sobre los pies de Jesús:

¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?

Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.

Es el típico escándalo de quienes, todavía hoy, claman, en nombre de los pobres, contra las riquezas de los ornamentos dedicados al culto divino. El Diablo debe tener una ONG. O varias. Como aquel emperador romano, Juliano el apóstata, que desplegó toda una red de asistencia social en el Imperio para desbancar a la Iglesia. Murió gritando, contrariado: «¡Venciste, Galileo!»

Pero la Iglesia, que nunca desatiende a sus pobres, se ve reflejada en María. Y busca los mejores sagrarios, los cálices más valiosos y las más hermosas patenas para honrar a su Esposo, el rey de los cielos. San Francisco, desposado como estaba con la pobreza, mendigaba cálices de oro para las iglesias humildes.

Quien así honra al Señor, asistirá también a los pobres. Pero desconfiad de quienes claman contra las riquezas del culto. No todas sus ONGs resistirían una auditoría.

(LSTO)

No separéis al hijo de la madre

En el relato de Mateo, son dos los animales que acompañan a Jesús en su entrada en Jerusalén.

Trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. Sé que es una pregunta estúpida, quizá infantil, pero a menudo me asaltan preguntas de ese estilo: ¿En cuál de los dos iba montado Jesús, en la borrica o en el pollino? Si preguntamos al profeta Zacarías, nos burlará con una doble respuesta: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila. ¿En qué quedamos?

Me quedo con el pollino. Cosas mías. Es que quiero pensar que esa pareja, madre e hijo, eran una señal. Si, tratándose de dos animalitos, Jesús no quiso separar al hijo de su madre, al pollino de la borrica, ¿cómo no iba Dios Padre a querer que la Virgen María acompañara a su Hijo Jesús durante las horas más amargas y dolorosas de su vida?

Hace apenas una semana decía Tomás: Vamos también nosotros y muramos con él (Jn 11, 16). Vamos, vamos también nosotros. Tomemos la mano de María y entreguemos con Él nuestra vida en esta Semana Santa que hoy comienza.

(DRAMOSA)

El porquero de Agamenón

Fue Antonio Machado quien, en su «Juan de Mairena», popularizó la frase: «La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero». En este caso, Machado se parece más a Agamenón. Pero Caifás se parecía a su porquero.

Os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera. Machado o Caifás, Agamenón o su porquero, da igual quien lo diga. En la frase del sumo sacerdote hay más verdad de la que él mismo podía imaginar.

Porque la nación entera, la Humanidad entera entregada en sacrificio era incapaz de expiar un solo pecado venial. ¿Cómo puede el sacrificio de un hombre reparar el honor ofendido de la majestad de Dios?

Sólo de una forma: con el sacrificio de un hombre que sea Dios. Y ése, un hombre que es Dios será el «uno» que morirá por el pueblo.

Recuérdalo al mirar al Crucifijo, y míralo con mirada de fe: Es Dios muriendo por ti. Repítetelo una y otra vez, mientras repasas sus llagas, las marcas del látigo en su piel y las espinas que coronan su cabeza. No parece ni hombre, parece un gusano pisoteado… pero es Dios muriendo por ti. Póstrate y da gracias.

(TC05S)

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