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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

¡Y no temblamos!

Me hubiera encantado estar presente cuando Jesús multiplicó los panes. Pero tengo la suerte de presenciar cada día un milagro mayor. Luego os cuento.

Lo que de verdad me hubiera encantado hubiera sido estar allí después del milagro. Mezclarme entre los apóstoles y escuchar los comentarios. «Pero ¿cómo lo ha hecho?». Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. «¿Y has visto todo lo que ha sobrado?». Recogieron doce cestos llenos de sobras.

Pero hay algo que os puedo asegurar: Aquellos cinco mil hombres, al día siguiente, volvieron a tener hambre. Y, más adelante, murieron todos.

Mirad ahora, con mirada de fe, lo que sucede en cada misa. No son cinco panes, sino uno, partido en la Cruz. Y llena todos los altares del mundo entero, son millones de hostias. Mirad cómo desciende el Espíritu Santo sobre cada patena, cómo recuesta sobre cada una al Pan de Vida. Mirad, disfrutad cómo se sacia el alma en la comunión fervorosa y recibe vida eterna el cristiano. Sobrecogeos al conocer cuánto nos ha amado Dios.

Lo sorprendente es que muchos, al terminar la misa de doce, se van al bar tan tranquilos, como si no les hubiera pasado nada.

(TOA18)

Y pareció que reinaban las tinieblas

tinieblasEl sábado es el día en que la luz se apaga. Dios descansó con la luz apagada.

Y pareció que reinaban las tinieblas.

Traje­ron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Pero Jesús, el sábado, yace muerto en un sepulcro nuevo.

Y pareció que reinaban las tinieblas.

Caifás ha matado a Dios. Herodes ha matado a Juan. El príncipe de este mundo lo ha cubierto todo de muerte. La mentira, la violencia y la corrupción campan a sus anchas por el mundo.

Y pareció que reinaban las tinieblas.

No hay que huir de esas tinieblas. Qué misterioso descanso, qué noche tan enigmática. Cuando se cierran los ojos del cuerpo, se abren los del alma, la fe. Y la fe nos muestra que hoy es el día en que Cristo, enterrado en un sepulcro nuevo, conquista las tinieblas y clava su bandera en el reino de la muerte. Se lo ha arrebatado a Satanás.

Abraza esas tinieblas, escucha ese silencio, adéntrate en esas sombras y encontrarás al Amor.

Mañana será domingo. Y entonces lo entenderás todo.

(TOP17S)

El justo medio

Me asustan los extremismos. El único que admito y recomiendo es el del amor a Cristo. Cristo nos amó hasta el extremo, y hasta el extremo debemos amarlo a Él. Pero, en lo demás, es sabio buscar siempre el justo medio.

Te propongo dos ejemplos. Dos mujeres a quienes he conocido, y cuyos maridos estaban alejados de la fe.

Una me decía: «Padre, no rece por él. Él no tiene remedio». Y yo pensé que quizá tenía ella menos fe que su marido. Con esa incredulidad le cortaba las alas a Dios. Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe.

La otra estaba convencida de que, si rezaba bien una novena, su marido iría a misa con ella, se confesaría y comulgaría el día de sus bodas de oro. Aquello no sucedió, y la mujer se preguntaba si Dios realmente la escuchaba.

Ambos maridos se convirtieron. El primero, porque su mujer aceptó rezar por él. Y el segundo, porque Dios, que siempre escucha, tiene sus tiempos, y no necesariamente son los nuestros.

Ya lo veis: ni renunciar a rezar, ni creer que Dios hará las cosas como tú quieres. El justo medio: rezar y confiar en Dios.

(TOP17V)

Nostalgia del cielo

La parábola de la red echada en el mar es una versión acuática de la parábola del trigo y la cizaña. Igual que en aquel campo convivían trigo y cizaña, conviven en la red peces buenos y malos. Y, del mismo modo que, al llegar la siega, separan la cizaña del trigo, al llegar a la orilla separan los peces malos de los buenos.

La arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

El cielo está en un granero o en un cesto. Tanto da. Allí no hay mezcla alguna de mal, sólo el bien alrededor del Bueno. ¿No os apetece?

No a todo el mundo. A algunos les gusta tanto quejarse, que no sé si serán felices en el cielo, donde ya no puedan quejarse de nada. Se quejarán de que no se pueden quejar. ¿Serán felices?

Yo estoy dispuesto, con ayuda de Dios, a sufrir con paciencia el mal y a hacer la penitencia que sea necesaria. Pero por mi cumpleaños no me regaléis un cilicio; mejor una tarta de trufa.

A mí sí me apetece llegar al cielo, quitarme el mal de encima, y estar frente al Bueno.

(TOP17J)

Los amigos de Jesús

He pedido cita con mi médico de cabecera, y me la dan dentro de tres semanas, cuando los achaques propios de la edad ya hayan resuelto definitivamente el problema de la edad. Ay de mí.

Es una doctora. Cuando la veo, le cuento mis achaques y me receta medicinas. No sé nada de su vida, y ella sabe lo justo de la mía, lo relativo a mis achaques.

Seguramente, a mucha gente le pasaba (¿le pasa?) lo mismo con el Señor. Le contaban sus problemas, Jesús oraba sobre ellos y aliviaba sus sufrimientos. Pero poco sabían de Jesús, de su intimidad. Y poco le contaban de sí mismos, salvo sus dolores.

Una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María. Marta, María y Lázaro, sin embargo, conocieron a Jesús como amigo. Comían y cenaban con Él, hablaban de Él y de ellos, disfrutaban juntos el tiempo que compartían.

Yo quiero ser como ellos. Si le hablo de mis dolores, que me hable de los suyos. Si río con Él, que ría conmigo. Sano o enfermo, quiero ser, sobre todo, su amigo.

Y no tendré que esperar tres semanas. Que no tenga que esperarme Él.

(2907)

Mejor esperar y amar

Me sorprende la facilidad, y la aparente seguridad, con que algunos separan el trigo de la cizaña en este campo de Dios. Éste es de fiar, éste no es de fiar, éste es amigo, éste es enemigo, éste es bueno, éste es un idiota, éste es un soberbio, éste es humilde… ¡Como si fuera tan fácil! ¡Como si tuviéramos todos los datos! ¡Como si pudiéramos escrutar los corazones!

La buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno. No es tan fácil distinguir a los ciudadanos del reino de los partidarios del Maligno. Las apariencias engañan. ¿Acaso no puede haber ángeles en las cárceles y demonios en los conventos? En ocasiones pienso que el olor delata a cada uno, pero tampoco me fío de mi olfato.

Saulo parecía cizaña y era trigo. Judas pareció trigo, y al final nos hizo dudar.

El Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos. Yo preferiría esperar a ese día, y dejar que sea Cristo quien separe trigo de cizaña. Sólo Él sabe.

Entre tanto, procuremos vivir como ciudadanos del reino. Amemos a todos y evitemos juzgar. Quiera Dios que seamos trigo.

(TOP17M)

Un secreto de siglos

Algo le ocurrió a Dios cuando creó el mundo, algo que le hizo estremecer por dentro. Y ese escalofrío que dulcemente le agitó decidió guardarlo en secreto, en el reservado de la santísima Trinidad. «No se lo digamos a nadie».

Pero se le notaba, como se le nota a un hombre cuando está enamorado. Se le notaba cuando sobre el monte bendecía a Abrahán, se le notaba cuando desde la zarza hablaba con Moisés, se le notaba cuando consolaba a su pueblo a través de los profetas.

Siglos y siglos procurando guardar lo que le quemaba las entrañas, hasta que, un buen día, no pudo aguantar más. Y, cruzando la puerta abierta de la Virgen, dejó escapar su Palabra y reveló su secreto.

Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.

Y, en esa Palabra, Dios dijo al hombre abiertamente: «Te quiero». Agotó su «te quiero» hasta el silencio de la Cruz, y de ese silencio brotó la Vida, y de esa Vida brotó el Aliento, el Espíritu de Dios que entra en las almas.

Y allí, en lo profundo de cada alma en gracia, susurra su «Te quiero».

Reza, por el Amor de Dios.

(TOP17L)

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