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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Colmad la medida de vuestros padres

¡Qué contraste tan tremendo! ¡Qué contradicción tan misteriosa! ¿Quién puede sacar vino dulce de uvas amargas, fruto verde del árbol seco?

Atestiguáis en vuestra contra que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!

No cubramos con un velo la crudeza de este grito. Dejemos que su furor nos rasgue las entrañas como un cuchillo de fuego.

Sois hijos de Adán, el padre de Caín, quien mató a su hermano. Sois hijos de una Humanidad que ha asesinado a los enviados con quienes Dios quiso convertiros hacia Él. Pues bien: aquí tenéis al último profeta, al Hijo del Dios vivo ante vosotros. ¡Colmad la medida de vuestros padres! ¡Llevad vuestro pecado hasta el sacrilegio, hasta el deicidio!

Se forma un nudo en la garganta que nos deja sin aliento. Imposible hablar. Y nos atraviesa un escalofrío de muerte al comprobar que, ante aquellas palabras, la respuesta del hombre no fue la vergüenza, sino la rebeldía, y con sus propias manos el hombre mató a Dios.

La medida de nuestros padres fue colmada. Y, sorprendentemente, al colmarse, del costado abierto del Crucifijo manaron perdón y gracia.

Mejor no seguir escribiendo. Mejor callar.

(TOP21X)

El interior de la copa

Al principio debe ser así. Cuando una persona se convierte, o cuando comienza a dar sus primeros pasos hacia Dios, debe disciplinarse, porque sin control sobre la propia voluntad no puede el hombre tomar el camino empinado que lo lleva al cielo. Y le conviene someterse a un horario, hacer propósitos, procurar cumplirlos y así ir avanzando poquito a poquito en el seguimiento de Cristo.

Pero esto es sólo el comienzo. Llega un momento en que, con ayuda del director espiritual, es necesario crecer en vida interior. De lo contrario, se corre el riesgo de que toda esa ascética quede reducida a una olimpiada de virtudes sin verdadera conversión.

Limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.

La oración debe convertirse, entonces, en encuentro amoroso con Cristo, un tú-a-tú en el que se adquiere intimidad silenciosa y dulce con Él. Y el alma suavemente se enamora y cae rendida ante el Señor. La Eucaristía, el evangelio y el crucifijo se convierten en el centro de la vida.

Entonces ya no hacen falta propósitos. El corazón enamorado se precipita hacia Cristo en un vuelo, y lleva la vida con él. Ama y haz lo que quieras.

(TOP21M)

La flauta de Bartolo

Bartolo tenía una flauta que sólo tenía un agujero. Así me lo enseñaron de pequeño. Y una flauta con un agujero supongo que sólo puede dar una nota, porque si tapas el agujero no sale al aire.

¿De Nazaret puede salir algo bueno? El único agujero en la flauta era un prejuicio. Y de ahí no lo sacabas. De Nazaret no sale nada bueno. Ese Jesús del que me hablas es de Nazaret. Luego ese Jesús no es bueno. Un silogismo en FERIO. Con la flauta de Bartolo como premisa mayor.

Ven y verás.

La única forma de perforar otro agujero en la flauta de Bartolo es la experiencia. Ven, míralo, conócelo y comprueba que ese hombre es bueno.

Menuda sorpresa. Cuando fue Bartolo con su flauta a ver a Jesús, descubrió que Jesús lo había visto primero.

Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. El mirador mirado. Y se sintió mirado con cariño, se sintió comprendido hasta la médula, se sintió amado por Aquél a quien no conocía.

A mí, Jesús, me sucedió lo mismo. Antes de que te encontrase, me encontraste Tú. Y me cautivaste. Y no sé tocar la flauta.

(2408)

Un sondeo de Chorroscopia y una sonda al corazón

La pregunta que hoy hace Jesús a sus discípulos podría haber abierto un telediario.

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jere­mías o uno de los profetas».

Sería algo así: «Según los últimos sondeos de chorroscopia para Antena 14, el 55% de los encuestados cree que Jesús es Juan Bautista; el 30% piensa que es Elías, y el 14,99% piensa que es uno de los profetas».

Si la verdad se establece por votación, Jesús es el Bautista por mayoría absoluta. Pero si la verdad es la verdad, y chorroscopia es sólo chorroscopia, entonces la verdad sólo quedó reflejada en el 0,01% de los encuestados, un tal Simón Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.

Ahora soy yo el encuestador, y esto no va de sondeos, pero es una sonda lanzada a lo profundo de tu corazón: ¿Quién es Jesús para ti? Díselo a Él, no a mí; respóndele. Te doy pistas: para unos, Jesús es quien los cuida. Para otros, una herramienta omnipotente. Pero si pregunto a san Pablo, me dirá: «Cristo es mi vida».

Mírale a los ojos, respóndele. ¿Quién es?

(TOA21)

Santo orgullo

El individualismo que azota Occidente desde la Revolución Francesa nos ha hecho perder la perspectiva. Apenas nos sentimos parte de un pueblo, mucha gente vive en chalets rodeados de muros y su casa es su castillo, su patria y su mundo. El vecino está lejísimos, y sus dolores y alegrías son sólo suyos.

Nos queda el deporte. Si nuestra selección de fútbol gana un Mundial, lo hemos ganado todos (sólo si gana, porque, si pierden, «han perdido») y todos los celebramos, aunque no hayamos tocado el balón sino la cerveza.

Pues al deporte me aferraré, si es lo que queda. Y aunque no imagino a la santísima Virgen jugando al fútbol, me alegraré porque su coronación es la nuestra. Ella ha sido ensalzada como reina de cielos y tierra, y con ella todos sus hijos hemos sido nombrados hijos de reyes, príncipes celestiales y dueños de la Creación.

¡Cómo no enorgullecernos! Tenemos por madre a la mujer más hermosa de la Historia, y en las estrellas que orlan su corona lleva engarzados nuestros nombres. Nos mira desde su trono del cielo con una ternura infinita, y nos cuida como a sus hijos pequeños.

Hemos ganado el Mundial de la Historia.

(2208)

Amar por decreto

Hice la mili en el siglo pasado. Y recuerdo, porque la hice en Infantería, que cuando llegaba el día de la Inmaculada suspendían todos los permisos porque era obligatorio celebrar la fiesta. Y yo me preguntaba qué maldita gracia tenía celebrar una fiesta por mandato, cuando lo que a uno le apetecía era salir de allí y pasar la fiesta con la familia y los amigos. ¿Puede uno alegrarse por decreto?

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?» Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”».

¿Puede una ley mandarme amar? Una ley me puede mandar hacer o no hacer, pero el amor no obedece a las leyes. La Ley de Dios manda hacer y no hacer, pero toda ella descansa en un «amarás».

Y es que, con Dios, todo cambia. Porque quien te manda amar te envía su Espíritu y enciende tu corazón en amor divino. Y el precepto se convierte en gozo, y el martirio en fiesta. San Agustín decía: «Por el amor de tu Amor hago esto». Y los pastorcitos de Fátima: «¡Oh, Jesús, es por tu Amor!»

¡Bendita Ley, capaz de enamorar!

(TOP20V)

El muy despreciado don de temor

En ocasiones me pregunto si hemos despreciado el don de temor. Que no es miedo, sino sobrecogimiento ante la majestad de Dios.

Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?»

Este episodio tiene dos aplicaciones, y ambas están relacionadas con el don de temor.

Veo en la iglesia a personas del pueblo que vienen a Misa para celebrar la fiesta patronal. O un funeral. O una boda, tanto da. El caso es que, fuera de esa ocasión, no los veo jamás en Misa. Ni, desde luego, en el confesonario. Pero, llegado el momento de la comunión, se acercan a recibirla. ¿Está su alma vestida de boda? ¿Están confesados y en gracia de Dios? ¿Son conscientes de que comulgar sin la debida preparación es cometer un sacrilegio? Siento ganas de llorar.

Misa de doce de un domingo cualquiera de verano. Unos vienen en chanclas. Otros con el bañador. Otras… mejor no lo digo. ¿Son conscientes de que celebramos las bodas del Cordero en el palacio del Rey?

Señor, eres tan bueno… que te hemos perdido el respeto. Perdónanos.

(TOP20J)

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