El Mar de Jesús de Nazaret

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Espiritualidad de Epulón

epulónLa parábola del pobre Lázaro y rico Epulón (que así le hemos llamado en España) puede volverse perfectamente inútil si nos distanciamos de los dos personajes. Pensamos: «Ni soy tan malvado como Epulón (ni tan rico), ni soy tan pobre como Lázaro». ¡Hala, que me den otra parábola, que ésta no me sirve!

Déjame que te añada algo, a ver si, así, «te sirve»: Epulón tiene una «exquisita» vida espiritual. Puedes tenerlo sentado en tu banco en la iglesia, y no darte cuenta (incluso podría estar sentado en tu sitio).

Espiritualidad de Epulón: «Terminó la misa. Vamos al bar. ¡Mozo, otra cerveza! ¡Y otra de gambas!… ¿Habéis bendecido la mesa? ¡Otra botella de vino, garçon! ¡Y traiga más cordero, que aún tenemos hambre! Luego, después de comer, rezamos el rosario, si queréis, pero mejor, primero una siesta después de la copa, que no quiero dormirme en el segundo misterio. Y la oración, por la tarde, antes del fútbol. ¿Qué hay de cena?»…

La espiritualidad de Epulón es fácil de entender: lo tiene todo en esta vida, y, sin renunciar a nada, quiere también los bienes de la otra. No sé puede ser más rico.

Ni tampoco estar más engañado.

Cuidado.

(TC02J)

La sordera selectiva

¿En qué pensaría aquella buena mujer mientras Jesús hablaba?

Decía el Señor: El Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que burlen de él lo azoten y lo crucifiquen.

Y, en cuanto terminó de hablar, se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Dan ganas de decirle: «¿Pero no te has enterado de nada? ¿No has oído que Jesús va a ser maltratado, ultrajado y crucificado? ¿Qué quieres, que tus hijos sustituyan a los dos ladrones crucificados con Él? ¿Eso quieres para ellos?».

Por supuesto que no quería eso. Pero, después de que el Señor anunciara su Pasión, ella seguía pensando en un reino terreno, adornado con oropeles, ceremonias y riquezas, donde sus hijos fueran vicepresidentes primero y segundo del Gobierno.

Así somos. Lo que no queremos oír, no lo oímos, aunque entre por los oídos. Todo, menos permitir que Dios cambie nuestras expectativas.

Ojalá escuchéis hoy su voz. No endurezcáis vuestro corazón (Sal 94, 7–8).

(TC02X)

José: el silencio acogedor

No sé cómo han sido las personas en otras generaciones. Pero, en la nuestra, los bípedos implumes hablamos muchísimo. Parece que el silencio nos produjese pánico. Necesitamos palabras, una detrás de otra, aunque no digan nada. Incluso en la piedad, si exponemos el Santísimo en el templo, mejor será que vaya acompañado de oraciones en voz alta, o testimonios hablados, o alguna canción… No vaya a ser que nos quedemos callados y nos petrifiquemos.

José es el santo del silencio. No dice ni una palabra en los evangelios. Pero su silencio no es el de las piedras, sino el de los santos: el de quien escucha a un Dios que habla, también, de forma silenciosa.

Por eso soñaba con Dios. Sólo quienes escuchan a Dios durante el día sueñan con él por las noches. Y por eso, también, obedecía; porque la obediencia, como la humildad, son virtudes silenciosas.

José, hijo de David, no temas a acoger a María, tu mujer.

El que habla sin cesar es como cañón que dispara. El que calla y escucha es como hogar que acoge. Y María, la Madre de la Palabra eterna, necesitaba ser escuchada en un silencio protector. Ese silencio se llamó «José».

(1903)

La forma en la que dices «te perdono»

Nada tiene de extraño el que, si estamos pidiendo a Dios perdón de nuestras culpas, nos pida Dios que perdonemos nosotros las culpas de quienes nos ofenden.

Perdonad y seréis perdonados; pues con la medida que midiereis se os medirá a vosotros.

Y ten en cuenta que «perdonar» se dice de muchas formas. ¿Cómo quisieras que lo dijese Dios cuando imploras su perdón?

Lo dirá como lo digas tú.

«A esa persona –y evitas pronunciar su nombre, quizá para no manchar tus labios– la he perdonado. De verdad, no le deseo ningún mal, incluso rezo por él… pero no le hablo».

¿Te gustaría que Dios te perdonase así? ¿que no te deseara ningún mal, pero que se negara a tener relación contigo? Piénsalo bien, porque la pérdida de la amistad con Dios es el Infierno.

Pero tú no quieres eso. Tras haber ofendido a Dios, quieres que Dios te mire con cariño, que te recoja con misericordia, que te escuche y responda a tu oración con generosidad.

En ese caso, perdona tú también así a quien te ofendió. Vuelve a tender puentes hacia él. Y, si te encuentras con él, míralo con amor de misericordia. Entonces Dios te perdonará así.

(TC02L)

Dormilones

Dos veces, que sepamos, tomó Jesús consigo, a solas, a Pedro, Santiago y Juan. Una de ellas fue en la Transfiguración, y la otra fue durante la oración del Señor en el Huerto de los Olivos. Por estas dos muestras de cercanía, los tres apóstoles ha sido llamados «los íntimos del Señor». Pero, a decir verdad, los tres hicieron un papelón espantoso. En ambas ocasiones, se durmieron a pierna suelta. Del sueño de Getsemaní sabremos durante la Semana Santa. Contemplemos ahora a los tres «íntimos» dormidos en el Tabor:

Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria.

Os diré la verdad, si es que no la sabéis: la intimidad con el Señor da mucho sueño. No os extrañe. Nos mantiene despiertos, muchas veces, la preocupación: en el fondo, pensamos que debemos velar para que el mundo no se derrumbe a nuestro alrededor. Y, por eso, estamos en permanente estado de guardia. Pero cuando nos sabemos, de verdad, en manos de Dios, nuestra cabecita se toma un plácido descanso, y caemos como niños en brazos de mamá.

¿Nunca te duermes en la oración? Bueno, no te sientas tan culpable. Aprovecha, y descansa en Dios.

(TCC02)