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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Quedemos mal

Vamos a quedar mal. Digamos verdades que duelen.

Queda mal, en tiempos tan sentimentales como los que vivimos, decir que el corazón humano está enfermo. Y que llama «amor» a vínculos profundamente egoístas, que realmente son de posesión o idolatría. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.

Queda mal, en tiempos de una espiritualidad edulcorada, decir que no se alcanza la santidad sin la espada. Y que nadie se santifica a base de caricias y sonrisas, si no es capaz de luchar, con todas sus fuerzas, contra el egoísmo de la carne. No he venido a sembrar paz, sino espada.

Queda mal decir que hay amores que, por no ser amores sino pecados, llevan al hombre al Infierno. Y que es preciso romper esos vínculos para pasarlos por la Cruz y transfigurarlos en lazos de vida. Los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.

Todo esto, hoy, queda mal. Pero no seré yo quien corra un tupido velo sobre el Evangelio con tal de quedar bien.

(TOP15L)

El cura no mata

Nos cuenta san Marcos que los apóstoles ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. La santa Unción es un sacramento muy poderoso, con el cual pedimos a Dios la sanación de cuerpo y alma, unimos los sufrimientos del enfermo a la Pasión de Cristo, y queda el cristiano preparado para encontrarse con Dios, si acaso ha llegado su última hora. A través de este sacramento, yo he presenciado varias curaciones milagrosas, y muchas conversiones al estilo del «buen ladrón». La santa Unción ha sanado muchos cuerpos, y ha salvado muchas almas.

Pero, por desgracia, son también muchísimos los cristianos que temen más a este sacramento que a la misma muerte. El haberla conocido como «extremaunción» no nos ha hecho bien. Y, cuando enferma gravemente un familiar, al sacerdote que se ofrece para acudir al lecho del enfermo, le responden: «¡No venga, Padre, que se va a asustar!».

Sed compasivos con vuestros enfermos: llamad al sacerdote para que los unja. Veréis milagros, como los he visto yo. Y veréis a la paz de Dios entrar en vuestra casa. Lo que no veréis –os lo aseguro– es a la muerte con su guadaña enfundada en una sotana. No tengáis miedo.

(TOB15)

Un vuelo apasionado

Sitúate ante un crucifijo, y pronuncia, despacito, estas palabras:

Un discípulo no es más que su maestro; ya le basta al discípulo con ser como su maestro.

Ante esa divina pizarra de la Cruz, donde Dios dibujó la salvación del hombre, podrás entender. Y aprenderás que, para subir allí, es preciso perder el miedo al sufrimiento, y ascender movido por el amor.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.

Sé que perder el miedo al sufrimiento no está en tu mano. Tampoco en la mía. Lo que tú y yo podemos hacer es ser muy fieles a la oración, y así encender el corazón cada día, hasta que el amor a Cristo sea mayor que el miedo al dolor. Un miedo mata a otro miedo, como un clavo saca a otro clavo. Cuando te enamores apasionadamente del Señor, más temerás perderlo a Él que sufrir la Cruz.

Temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la «Gehenna».

Ahí lo tienes: el amor a Jesús y el temor de ofenderlo te elevarán en un vuelo apasionado hasta lo alto del Madero.

Créeme: no existe otra forma de subir allí.

(TOP14S)

La santidad, el mejor plan

«Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes».

Hay quienes piensan que la Iglesia crecerá por obra de sesudos planes, pergeñados en interminables reuniones pobladas por personas ociosas. Buscan la fórmula perfecta del perfecto marketing apostólico, el método infalible, obtenido tras un concienzudo análisis sociológico… Pero se equivocan. No serán expertos, ni soñadores de laboratorio, quienes extiendan el reinado de Cristo. Esos planes no salvan a nadie, porque no tenemos nosotros el control.

Os envío como ovejas entre lobos… ¿Qué planes hará una oveja cuando van a devorarla los lobos? Se encuentra desasistida, su vida no está en sus manos, sino en las manos de sus verdugos… y en las de Dios. Se deja comer, ofrece su vida, a los lobos les estalla la comida en el vientre, y, por el sacrificio del santo, se salvan las almas.

Se os sugerirá lo que tenéis que decir… El santo no controla sus palabras; lo mueve Dios. El Espíritu toma el control de su lengua, y el profeta grita palabras de vida.

El Reino de los cielos no lo extienden quienes planifican y ejecutan. Lo extienden quienes se dejan comer por los hombres y se dejan instruir por Dios: los santos.

(TOP14V)

Imperativos

El imperativo es una forma verbal terrible. Si un amigo te dice: «¿Podrías llevarme al trabajo mañana?», siempre puedes ceñirte a la pregunta, y responder: «No podría, porque estoy de vacaciones y mañana voy a quedarme en la cama». Pero si alguien te dice: «Llévame mañana al trabajo», o respondes: «¡A sus órdenes!», o respondes: «No me da la gana». Cualquier otra respuesta es una evasiva.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos… Gratis habéis recibido, dad gratis.

Id… Proclamad… Dad… Son imperativos, no preguntas. Para un cristiano, el apostolado no es una posibilidad, sino un mandato del mismo Cristo.

¿Lo cumples?

Mira que, antes de mandarte Id, quiso Él venir a la tierra a redimirte; antes de mandarte Proclamad, quiso Él proclamar en tus oídos la buena noticia; y, antes de mandarte Dad, Él mismo se te dio.

Vino, para que tú fueras. Te anunció, para que tú proclamaras. Te dio, para que tú des. No retengas su Amor. Deja que te llene, y que fluya, a través de ti, hacia quienes te rodean. Estás llamado a ser canal de gracia para muchos, no un tapón que cierre el paso a esa corriente de Vida.

(TOP14J)