Libros del autor

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Las «setenta veces siete» de Dios

Te copio un pensamiento. Cruza mi alma, en ocasiones, cuando, durante la celebración de la santa Misa, rezo el padrenuestro: «Sé que, por mis pecados, merecería estar en el infierno para no salir de allí jamás. Y, sin embargo, aquí estoy, llamando “Padre” a Dios, y a punto de ser alimentado con el cuerpo y la sangre de su Hijo. Por si fuera poco, he sido asociado al sacerdocio de Cristo de tal modo que Él ha consagrado el pan y el vino desde mis propios labios»… Es como para volverse loco, ¿verdad?

– Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces? – No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Si te he copiado ese pensamiento tan personal es porque, al menos en su primera parte, podría también ser tuyo. Recuérdalo en tu próxima misa. Y medita en las setenta veces siete  de Dios contigo. Considera lo que por tus pecados mereces, y lo que, por la misericordia de Dios, has recibido. Y vuélvete un poco loco tú también.

Dime: después de haberlo considerado, ¿seremos tú y yo capaces de guardar rencor a alguien? ¿Nos atreveremos a negar a alguien el perdón?

(TOP19J)

La mujer que vivió vuelta hacia los cielos

Todo hombre vive en el centro de una cruz, donde confluyen la línea horizontal y la vertical. Junto a él se encuentran sus semejantes, y los brazos son puentes tendidos hacia el prójimo, o barreras que se levantan previo pago de un peaje.

La línea vertical la conforman dos llamadas: la del cielo, que invita al hombre a ascender hacia Dios, y la de la carne, que tira del hombre hacia abajo, hacia la ciénaga de las pasiones desbocadas. El cristiano vive en ese drama: quiere seguir la llamada de Dios, pero sufre el lastre de la concupiscencia.

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador… ¡Qué delicia! Desde su concepción inmaculada, María vivió vuelta del todo hacia los cielos. Cuerpo, alma, corazón, pensamientos, todo en ella se orientaba dulcemente hacia lo alto, hacia un Amor que la atraía como a los árboles altos los atrae el cielo.

Nada tiene de extraño que ese cuerpo virginal, terminada la travesía de esta vida, fuera irresistiblemente poseído por el Amor celeste y transportado al Paraíso. Allí, el Hijo besó a la Madre, con beso de carne glorificada, y se sobrecogieron los querubines.

¡Qué gran día!

(1508)

De niños y abuelos

¡Cuántos abuelos y abuelas nos lloran a los sacerdotes, al ver que sus hijos no bautizan a los nietos! Quienes, llenos de ilusión, llevaron a la pila bautismal a sus pequeños, sufren al ver como esos «pequeños», ya crecidos, no quieren presentarle sus hijos a Dios. «¡Que se bautice cuando sea mayor!», le dicen a la abuela. Y la abuela, que es teóloga, porque ama mucho a Dios, llora por dentro, porque sabe que Dios los quiere niños, no mayores.

El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí.

Cuando los sacerdotes, en nombre de Cristo y de la Iglesia, acogemos a los niños que traéis al Bautismo, sabemos que acogemos al mismo Cristo. En ningún espejo se ve con tanta claridad el rostro limpio de Jesús como en los ojos de un pequeño recién bautizado. Lo tomas en brazos para ofrecerlo ante el altar de la Virgen, y la Virgen sonríe, porque reconoce al Niño Jesús.

Pero si los padres, en vez de presentar a su niño a Dios, lo presentan a la tablet, a la tele, a la tata y a la «guarde»… ¿qué reflejarán esos ojitos?

¡Benditos abuelos! Ojalá os escuchasen.

(TOP19M)

El milagro económico

Simón era pescador profesional, y sabía que los peces dan dinero. Pero ningún pez le rindió tan deprisa las ganancias como el que pescó aquel día:

Ve al mar, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela, y págales por ti y por mí.

Puede parecer un milagro estrafalario. Es el único milagro que Jesús hizo con dinero. Pero aquel signo no hablaba de dinero, sino de redención. El dinero no era más que lo que debe ser: un medio para fines buenos.

Los hijos están exentos… El Hijo de Dios no tenía obligación de pagar rescate por el pecado. Éramos nosotros, quienes nos hicimos extraños a Dios por nuestras culpas, quienes debíamos pagar ese rescate inasequible a nuestras fuerzas. Por Amor, el Hijo de Dios pagó junto a nosotros con una misma moneda.

Desde los comienzos de la Iglesia, el pez fue un símbolo eucarístico. Mira la Hostia que presenta el sacerdote sobre el altar. Cristo es el pan, y es el pez. Esa Hostia, que es su cuerpo, ofrecida por Él, paga el rescate de tus culpas. No hay moneda de mayor valor en toda la tierra.

(TOP19L)

¿Es deseable vivir para siempre?

EucaristíaVivir para siempre ha sido, a lo largo de la Historia, el sueño de todas las generaciones. Hoy aseguran que, una vez vencido el cáncer y el envejecimiento, la vida podría prolongarse durante cientos de años. Supongo que, en ese caso, la gente irá por la calle muerta de miedo a que los mate el vecino. Lo de vencer al mal no es tan sencillo.

Pero, al final, si vivir para siempre supone prolongar la línea de la vida como quien estira un chicle, el sueño puede volverse contra nosotros. ¿De verdad nos gustaría pasar quinientos años en este mundo?

Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Ahí está el tesoro que los científicos jamás encontrarán con su ciencia. Cuando Jesús promete a quien comulga su cuerpo vivir para siempre, no promete una prórroga indefinida del partido de la vida. El que cree, tiene vida eterna. Y así, el que comulga, vive otra vida, no atrapada en la línea del tiempo, sino liberada en el gozo de la eternidad. Es la vida de Dios la que vivimos en esta tierra, y la que gozaremos, eternamente, en el cielo.

¡Así, sí!

(TOB19)