Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de los santos – Espiritualidad digital

Lo que vio Tomás

Pensaba Jesús en nosotros, en ti y en mí, cuando dijo a Tomás: ¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto. En nosotros pensaba Pedro, cuando escribió: Sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis (1Pe 1, 8).

Ahí te dejo un trabalenguas: Bienaventurados los que crean sin haber visto significa «Bienaventurados los que vean lo que vio Tomás, sin ver lo que vio Tomás».

Te lo descifro: Tomás vio, con sus ojos de carne, el cuerpo de carne, resucitado, del Salvador. Vio sus llagas, vio sus manos, contempló, abierto, su costado… Nada de eso lo vemos nosotros cuando miramos a la sagrada Hostia.

Y, viendo con sus ojos de carne el cuerpo del Salvador, Tomás vio, por la fe, al Hijo de Dios vivo. Por eso exclamó, sobrecogido: ¡Señor mío y Dios mío!

Lo mismo exclamamos, tú y yo, cada vez que el sacerdote alza la sagrada Hostia. Dichosos nosotros, si, en ese momento, aun cuando nuestros ojos de carne no vean sino apariencia de pan, vemos tras esa humilde apariencia, por la fe, al Hijo de Dios vivo con su cuerpo, sangre, alma y divinidad.

(0307)

Almas, corazones, y entrevistas de trabajo

Pedro y PabloAhora se llama a los trabajadores «recursos humanos». Es denigrante. El directivo evalúa sus dotes, calcula su productividad, y los asigna al puesto en que puedan rendir más beneficios. El alma y el corazón quedan aparte. Esas áreas pertenecen a la vida privada.

Afortunadamente, Cristo no es un CEO. Construye su iglesia con almas y corazones, y desprecia las capacidades humanas, porque es Él quien actúa a través de aquéllos que lo aman.

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Se lo dice a un pescador impulsivo y cobarde, a quien sólo le hace una pregunta en la entrevista de trabajo: ¿Me amas más que éstos? (Jn 21, 15). No te preocupes de más. Sigue amándome más cada día, aunque sigas tropezando en cada bordillo. El poder del infierno no la derrotará.

La entrevista de trabajo de Pablo tuvo, también una sola pregunta: ¿Por qué me persigues? (Hch 9, 4). Y, por respuesta, el arrepentimiento, las lágrimas, el amor, la pasión por Cristo crucificado. Entre tanto, un ángel de Satanás abofeteaba al Apóstol para que no se creciera.

Almas y corazones. Almas rendidas y corazones amantes. Así edifica el Señor su Iglesia. No quiere recursos, sino enamorados.

(2906)

Fiel

¡Menuda rabieta, la de los parientes, con el nombre de la criatura! Fieles a la costumbre, estaban empeñados en llamarlo Zacarías, como su padre. Hasta que la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan».

No es malo ser fieles a las buenas costumbres. Pero, en ocasiones, Dios rompe las buenas costumbres para instaurar fidelidades mejores. El nombre de Juan, precisamente, lleva unidas dos palabras: «Dios» y «fiel». Y se puede leer de dos maneras: «Fiel a Dios» y «Dios es fiel».

Fiel es quien responde hasta el final de sus promesas, y responde hasta el final ante aquéllos con quienes se compromete. En Juan, Dios mostró que era fiel a su promesa de redimir al hombre, y que seguía siendo fiel al hombre, a pesar de las infidelidades de su pueblo.

Juan fue fiel. Desde el seno materno, respondió a la vocación divina de ser el mensajero del Mesías con un «sí» pronunciado en forma de salto infantil. Y llevó aquel «sí» hasta el sello heroico del martirio.

No sé si te llamas Juan, ni si debo felicitarte hoy. Pero sé que Dios es fiel a ti, y le pido que seas tú, como Juan, fiel a Dios.

(2406)

Luck, be a lady tonight

Quien no haya visto «Guys an Dolls» tiene un serio problema cultural. Le aconsejo buscar la película, disfrutarla, y conocer a Sky Masterson.

Sky Masterson es el mejor lanzador de dados de todos los tiempos. «Luck, be a lady tonight», canta… y la suerte, que nunca le abandona, se comporta como una dama y guía sus dados hasta la gloria, encarnada en fajos de billetes. Inolvidable.

«Luck, be a lady tonight». Antes que Sky Masterson, los apóstoles ya pedían a la suerte que se comportara como una dama. Y una dama, una auténtica dama, se inclina ante su Señor, como se inclinó la Dama más dama de la Historia, que fue la Virgen. La suerte es, también, esclava del Señor. Y los dados señalaron a Matías.

A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. «¡Qué suerte, ser tu amigo!», diría Matías. Yo también lo digo. Qué suerte de padres, que me bautizaron; qué suerte de amigos, que me hablaron de Ti; qué suerte de sacerdotes, que me instruyeron. Somos tipos con suerte, con más suerte que Sky Masterson. Su gloria eran fajos de billetes; la nuestra es Cristo.

(1405)

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Un carpintero en el Cielo

Aquellos nazarenos lo decían en tono despectivo, mirando al Señor por encima del hombro: ¿No es el hijo del carpintero?

Habría que responderles: ¡Sí! ¡Exactamente! Es el hijo del carpintero. Y es el mismo que ha resucitado de entre los muertos, y que, recibido ya en la gloria de su Padre, no se avergüenza, sino que se enorgullece de seguir siendo el «Hijo del carpintero». Las llagas de sus manos son, también, los callos que se formaron mientras trabajaba en el taller de José. Conserva las marcas de los clavos en aquellas manos encallecidas por el desgaste del trabajo diario. Todo ello lo ha llevado al Cielo, y todo ello lo ha convertido en gloria.

Junto a lo dolores de su Pasión, ha glorificado sus treinta años de trabajo manual. Y, con ellos, presenta al Padre el trabajo de cada cristiano, realizado por amor a Él.

¡Qué alegría, poder decir que el Hijo de Dios, resucitado y glorificado, sigue siendo el «Hijo del carpintero»! Y qué alegría comenzar a trabajar cada mañana, sabiendo que nos unimos, en la tierra, a quien, en el Cielo, presenta al Padre nuestro trabajo.

Teníais razón, nazarenos. Hoy somos, todos los cristianos, hijos del carpintero.

(0105)

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¿Qué es un santo?

Y, al final, ¿qué es un santo?

Si me pones delante a los mártires, que se dejaron comer por las fieras mientras cantaban himnos, me llenaré de admiración, y me alegraré de su victoria… Pero me siento incapaz de imitarlos.

Si me muestras a los grandes fundadores, que convocaron multitudes, y emprendieron obras que se expandieron por toda la tierra, daré gracias a Dios por sus vidas, y por el fruto de sus trabajos… Pero ojalá pudiese yo influir en quienes tengo a mi alrededor.

Si me hablas de los ayunadores y penitentes, que apenas comían dos días por semana y castigaban su cuerpo con flagelos, purificando pecados propios y ajenos, me reconoceré hijo de sus penitencias y les guardaré gratitud perpetua… Pero me cuesta muchísimo privarme los viernes de la tostada en el desayuno.

Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Pero si un santo es un pobre pecador a quien Dios manifiesta sus secretos mientras él escucha y recibe Amor… Si sólo hace falta ser un niño con los oídos abiertos y el cuerpo dócil para dejarse alzar por su Padre, entonces, ¡Señor, aquí estoy, hazme santo, quiéreme!

(2904)

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Tu vida: mensaje y reparto

Para este día de san Marcos tengo una pregunta: ¿Qué está anunciando tu vida a los demás? No respondas deprisa, porque me dirás que tu vida no es un anuncio; es tu vida, la vives, y punto. Pero no es cierto. Quienes te rodean ven tu vida, y captan el mensaje. ¿Qué mensaje estás enviando? Mírate desde el exterior, como si fueras espectador de tu vida, y responde: ¿de qué trata?

Te sorprenderás. Si eres sincero, quizá te percates de que tu vida trata sobre ti y tus problemas, tus planes, tus deseos y tus caprichos. En los títulos de crédito, el papel principal en el reparto es el tuyo: tú, haciendo de ti mismo. Y, como coprotagonistas, quienes te rodean, pero con mucho cuidado de no hacerte sombra.

Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. Ellos se fueron a predicar por todas partes. ¿Qué sabes de la vida de san Marcos? Más bien poquito. Y, sin embargo, gracias a él conoces la vida de Cristo. Protagonista: Cristo. Estrella invitada: Marcos.

¡Qué gran cartel! Aún estás a tiempo de rehacer tu película. Pero date prisa, que cuando aparezca el «The End» ya no tendrá remedio.

(2504)

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