Libros de José Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de los santos – Espiritualidad digital

Confusiones en el día de la claridad

Nadie debería confundir, en noviembre, el día 1 con el 2. Mañana rezaremos por quienes, cruzado el umbral de la muerte, se purifican de sus pecados. Pero hoy exultamos con quienes han alcanzado las cumbres de los cielos.

Tampoco debería confundirse una solemnidad tan alegre con el esperpento de las tinieblas del Halloween. Esa fantochada que lleva a los padres a permitir que sus hijos vayan vestidos de mamarrachos es un culto demoniaco a la fealdad. Nosotros, hoy, celebramos la luz.

BienaventuradosBienaventuradosBienaventurados… Y, así, hasta nueve veces. ¡Qué delicia, qué gozo, qué alegría la que disfrutan los santos ante el rostro de Dios! Es la misma alegría que nos espera a nosotros, cuando hayamos alcanzado el Hogar al que nos dirigimos.

Hoy el cielo está tan cerca, que lo tocamos con el alma. Escuchamos los cantos de júbilo de los santos, y, en la Eucaristía, compartimos con ellos el banquete eterno. Hoy el camino parece más corto. Hoy pregustamos el gozo celeste.

Decídselo a quienes lloran, y a los padres de esa niña que anda por las calles vestida de bruja con una calavera en la mano. ¡Salid de las tinieblas! ¡Ha amanecido un día lleno de luz!

(0111)

Por tu nombre

Los evangelistas consignan el nombre de los doce apóstoles (¡incluso el de Judas Iscariote!) con la misma reverencia con que, en las páginas de Antiguo Testamento, se enumeraban los nombres de las doce tribus de Israel: Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el del Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el De Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.

El nombre se asocia siempre a la vocación, porque Dios llama a cada persona por su nombre de pila. Aunque muchos no lo sepan, cada uno de nosotros somos fruto de esa llamada divina. Antes de que mis padres decidieran darme el nombre, por ese nombre ya me había llamado Dios, y me había convocado a una misión. Mi vida sólo tendrá sentido en la medida en que yo conozca esa misión y en ella emplee mis días.

No estamos en este mundo por casualidad. Ni somos el mero fruto de una conjunción de células sucedida en un momento azaroso. Cada uno de nosotros hemos sido llamados. Y tenemos, cada uno, una labor que desempeñar. Reza, déjate ayudar en la dirección espiritual, y descubrirás, como descubrieron Simón y Judas, qué quería el Señor de ti cuando pronunció tu nombre.

(2810)

Blancas juegan y ganan

La batalla entre el cordero y el lobo es desigual, y está perdida de antemano. El lobo es depredador, y el cordero está indefenso. Por eso, lo normal es que el lobo devore al corderillo. Nada de eso se le oculta al Señor cuando envía a los suyos:

Mirad que os envío como corderos en medio de lobos.

Pero el lobo es negro, y el cordero blanco. Y, al ser devorado, con su sangre compra el cordero al lobo y lo limpia con su blancura. Al final, resulta que se trataba del cordero de Norit (siento si los más jóvenes no saben a qué me refiero).

Recordad que no estamos llamados a sobrevivir, sino a redimir almas, y en el Calvario hemos aprendido que redimir almas supone, muchas veces, dejarse comer.

Sé que lo difícil, para el apóstol, es sobreponerse al instinto natural de supervivencia que lo llevaría a alejarse del lobo. Somos quienes, por miedo a la muerte, pasan la vida como esclavos (Heb 2, 15). Pero el cordero, para ser eficaz, debe recordar dos verdades: que su misión consiste en entregar la vida, y que hay algo, después de la muerte, que salva al cordero y al lobo.

(1810)

Disfruta

Siempre me ha fascinado este versículo: Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón (Sal 37, 4). Es toda una invitación al ocio y a la despreocupación. ¿Quieres que el Señor te conceda todo lo que pides? Pues deja de preocuparte; limítate a disfrutar de Dios, y Él se ocupará de lo tuyo. Lo único malo es que nunca nos atrevemos a vivir así.

Nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Esa intimidad de Amor entre el Padre y el Hijo es compartida con los santos. Luego, ellos nos la transmitieron a nosotros, como hizo santa Teresa de Jesús, y, por medio de sus escritos, conocemos a Dios por dentro.

Ella entró en la intimidad de Dios porque era pequeña. No tenía el pensamiento ocupadísimo en arreglar el mundo, sino que tenía la mente santamente ociosa y descansada en Dios, igual que una niña. En almas así, Dios imprime su sabiduría como el sello en la cera.

Repite hoy, en tu oración, las palabras de la santa: «Vuestra soy, para Vos nací. ¿Qué mandáis hacer de mí?». Y abandona toda preocupación. Disfruta de Dios.

(1510)

Al Capone rezando el rosario

No sé si san Mateo tendrá que ver con Eliot Ness, pero me he acordado de él. En aquellos tiempos, en que buena parte de la policía americana había sido comprada por Al Capone, se buscó a un equipo de agentes insobornables para que desmantelasen esa red de corrupción. A nadie se le hubiese ocurrido llamar a los más corruptos para eliminar el delito.

A nadie, menos al Señor. Y esta es una de las notas más sorprendentes y maravillosas del Evangelio. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Quiere redimir el mundo del pecado, y no viene acompañado de un batallón de querubines, sino que se rodea de publicanos y meretrices a quienes llama por su nombre.

Así llamó a Mateo, y a Saulo, y a ti, y a mí. ¿O acaso pensabas que Jesús te había elegido porque fueses bueno? Nos llamó, siendo nosotros pecadores, y nos limpió con su divina sangre, para que nosotros continuásemos su obra.

Y esa obra debe llevarte a buscar la compañía de quienes viven en pecado, a manifestarles el Amor de Cristo, y a atraerles a su Iglesia. No eres Eliot Ness: eres Al Capone rezando el rosario. ¡Impresionante!

(2109)