Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de los santos – Espiritualidad digital

Mártir de la verdad

En Occidente, la verdad ha dejado de interesar. Por mucho que se denuncien las «fake news», esas denuncias son también «fake», porque llaman «fake» al relato que no coincida con su relato. Hemos perdido pie con la verdad. Vivimos en una nube ideológica donde lo que salga de los parámetros de las consignas oficiales queda automáticamente fuera de juego como «fascista» o «retrógrado». Si un periódico español (y eso no va a pasar) abriera la edición de mañana titulando: «Trescientos niños han sido aniquilados ayer en el vientre de sus madres», el dueño del diario sería procesado por delito de odio, y la noticia catalogada como manipulación o «fake news».

Pero es la verdad.

¿A quién le importa?

Queda mejor poner en portada un crimen (¡uno!) machista. Aplausos al editor. Y un minuto de silencio por la víctima en todos los escenarios oficiales.

Por eso venero a Juan Bautista. Porque fue mártir de la verdad.

Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.

Y murió por fascista.

Tenemos que recoger ese testigo. Y perder el miedo a la verdad, aunque nos cueste la vida. Porque Cristo es la Verdad. Y lo demás… «fake».

(2908)

La flauta de Bartolo

Bartolo tenía una flauta que sólo tenía un agujero. Así me lo enseñaron de pequeño. Y una flauta con un agujero supongo que sólo puede dar una nota, porque si tapas el agujero no sale al aire.

¿De Nazaret puede salir algo bueno? El único agujero en la flauta era un prejuicio. Y de ahí no lo sacabas. De Nazaret no sale nada bueno. Ese Jesús del que me hablas es de Nazaret. Luego ese Jesús no es bueno. Un silogismo en FERIO. Con la flauta de Bartolo como premisa mayor.

Ven y verás.

La única forma de perforar otro agujero en la flauta de Bartolo es la experiencia. Ven, míralo, conócelo y comprueba que ese hombre es bueno.

Menuda sorpresa. Cuando fue Bartolo con su flauta a ver a Jesús, descubrió que Jesús lo había visto primero.

Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. El mirador mirado. Y se sintió mirado con cariño, se sintió comprendido hasta la médula, se sintió amado por Aquél a quien no conocía.

A mí, Jesús, me sucedió lo mismo. Antes de que te encontrase, me encontraste Tú. Y me cautivaste. Y no sé tocar la flauta.

(2408)

¿Qué pinto yo recordando al Correcaminos?

Muchos pasan la vida huyendo de la muerte, como huía, cuando yo era niño, el Correcaminos del Coyote en los dibujos animados, pero con menos suerte. La muerte es un perseguidor más listo que el Coyote, y no usa artilugios marca ACME. Puedes pasar la vida huyendo, y la muerte siempre te atrapará. Habrás fracasado sin remedio.

O puedes darte la vuelta, encarar la muerte, y decidir entregar la vida voluntariamente. Nadie me quita la vida, yo la entrego libremente (Jn 10, 18). En lugar de convertir tu vida en una huida abocada al fracaso, la conviertes en un regalo que entregas a Dios y a los demás. Y lo haces con alegría, sin la angustia de quien siente que le arrebatan la existencia. Y mueres sonriendo, y esa sonrisa es el corolario de tu entrega generosa.

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

Existe una tercera opción: Dejar que otros te quiten la vida. Cuando la entregas tú, aún eres su dueño y decides a quién se la das. Cuando otros te la arrebatan y tú te dejas comer mansamente por Amor, eres hermano de los mártires.

(1008)

Los amigos de Jesús

He pedido cita con mi médico de cabecera, y me la dan dentro de tres semanas, cuando los achaques propios de la edad ya hayan resuelto definitivamente el problema de la edad. Ay de mí.

Es una doctora. Cuando la veo, le cuento mis achaques y me receta medicinas. No sé nada de su vida, y ella sabe lo justo de la mía, lo relativo a mis achaques.

Seguramente, a mucha gente le pasaba (¿le pasa?) lo mismo con el Señor. Le contaban sus problemas, Jesús oraba sobre ellos y aliviaba sus sufrimientos. Pero poco sabían de Jesús, de su intimidad. Y poco le contaban de sí mismos, salvo sus dolores.

Una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María. Marta, María y Lázaro, sin embargo, conocieron a Jesús como amigo. Comían y cenaban con Él, hablaban de Él y de ellos, disfrutaban juntos el tiempo que compartían.

Yo quiero ser como ellos. Si le hablo de mis dolores, que me hable de los suyos. Si río con Él, que ría conmigo. Sano o enfermo, quiero ser, sobre todo, su amigo.

Y no tendré que esperar tres semanas. Que no tenga que esperarme Él.

(2907)

El apostolado urgente

En esta solemnidad del apóstol Santiago, patrono de España, lo mejor que podemos hacer es retomar su tarea.

El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor. Y buen servicio realizó, porque llegó a nuestra tierra, abrió los labios, y pronunció el nombre de Cristo. Sellando sus palabras con la entrega de su vida, quiso Dios que ese nombre se extendiera por toda la tierra que es hoy España.

Hasta hoy. Hoy son muchos quienes no lo conocen.

Muchas veces les hago a mis feligreses esta pregunta: ¿A cuántos que no lo conocen les has hablado de Cristo en los último quince días? Hoy os la hago a cada uno de vosotros. No quiero conocer la respuesta, quiero que os hagáis la pregunta.

Porque el apostolado cristiano hoy, en Occidente, no consiste en invitar a los hombres a misa ni a confesarse. No van a venir, porque ya no saben lo que es la Eucaristía ni la Penitencia. El apostolado urgente en nuestros días es hablar abiertamente de Cristo, darlo a conocer, para que de nuevo cautive los corazones y enamore a hombres y mujeres. Después de conocerlo, ya enamorados, se bautizarán, vendrán a misa y se confesarán.

(2507)

Un huevo frito en la Última Cena

Esa falsa dicotomía entre Marta y María, trabajo y oración, lleva a muchos a un desdoblamiento que les hace sufrir inútilmente. Quisieran estar todo el día ante el sagrario, porque, en cuanto salen de allí, pierden la presencia de Dios. O les cuesta encontrar tiempo para rezar, porque andan afanados en sus mil urgencias.

No nos salvaremos sin rezar, pero rezar tampoco basta: hay que entregar la vida. Y es preciso estar tan unidos a Cristo cuando nos postramos ante la custodia como cuando freímos un huevo o cerramos un acuerdo comercial.

El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Sin Mí no podéis rezar. Y sin Mí no podéis freír un huevo porque, si lo hacéis sin Mí, sólo os servirá para muerte. Un huevo frito en unión conmigo, no sólo sabe mejor, sino que es parte de la Última Cena, porque es prolongación de la Eucaristía.

¿No lo entiendes? Pasa todos los días media hora ante un sagrario, comulga y enamórate. Y así, enamorado, trabaja con Cristo en el taller de José, haz deporte con Cristo, y fríe un huevo en la sartén de la Virgen.

(2307)

Donde no sabes

MagdalenaHay todo un tratado de vida espiritual en ese encuentro entre Jesús resucitado y María Magdalena. Basta con darle la vuelta a una frase y, como quien ha acertado con la clave de una cámara secreta, se abre una puerta que lleva al cielo a través de un camino de tinieblas.

No sé dónde lo han puesto.

Gira la frase como el bombín de una cerradura: «Lo han puesto donde no sé».

Primero vives de lo que sientes. Emoción, lágrimas, milagros, cantos, desmayos, asambleas y retiros que más parecen atracciones de una feria espiritual. Pero, si te quedas ahí, jamás conocerás al Señor.

Luego, como en el amor humano, desaparece el sentimiento, y entonces vives de lo que sabes. Estás ante el sagrario, y te parece una caja vacía. No sientes nada, incluso llegas a sentir tedio. Pero sabes que Cristo está allí.

Hasta que se hace de noche. Y entonces vives de lo que no sabes. Nada de cuanto sabías te sirve. El misterio es mucho más que eso. Te adentras en las tinieblas, escuchas los silencios, y abrazas a Cristo en lo profundo de un abismo. Ahí está la Verdad. Pero no la puedes contar. Es inefable. Descansas.

(2207)

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