Evangelio 2020

Fiestas de los santos – Espiritualidad digital

Si lo hicieron ellos, ¿a qué esperas tú?

Te copio unas palabras que santa Teresa de Jesús dedica a san José: «No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios que no la vea más aprovechada en la virtud»… «No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer»… «Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma».

Tómalas en serio, que vienen de una santa muy sabia. Si el propio Hijo de Dios se puso en las manos de este varón santo, y le encomendó también el cuidado de su Madre santísima, ¿cómo no vas a confiarle tu vida, sabiendo que no quedarás defraudado?

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor. Silencioso y obediente, estuvo atento a las más pequeñas necesidades de Jesús y María, para que nada les faltase. Así estará pendiente también de ti, si te pones en sus manos. ¿Tienes alguna imagen de san José en tu casa? ¿Te encomiendas diariamente al santo patriarca?

Lo hizo Jesús, lo hizo María, lo hizo Teresa… ¡A qué esperas!

(1903)

(MEDITACIÓN DE 30 MINS. SOBRE SAN JOSÉ PARA REZAR EN CASA) (Pulsar en el enlace con el botón derecho para descargarla)

 

Por qué nos fiamos de Pedro

Si guardaras en tu habitación un tesoro de valor incalculable, ¿le darías a cualquiera las llaves de tu casa para que te regase las plantas antes de irte de viaje? Si, además, supieras que hay todo un batallón de enemigos esperando a que te marches para robar tu tesoro, ¿depositarías esas llaves en manos de una persona débil, fácil de intimidar, o capaz de traicionarte, por muy amigo tuyo que fuese?

Sin embargo, Jesús lo hizo. Entregó las llaves de su Iglesia a una persona frágil y pecadora. Aún no se había marchado el Señor al Cielo, y Simón ya lo había negado tres veces con juramento ante sus enemigos. ¿Por qué se fio Jesús de él?

No se fio. Jesús conocía perfectamente la debilidad de Pedro. Sus palabras, más que una encomienda, son una promesa: Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos. Es decir: «Yo estaré contigo en tu ministerio. Lo que tú ates, lo ataré. No temas».

Por eso nosotros sí nos fiamos de Pedro. Porque fiarnos de Pedro es fiarnos de Cristo.

(2202)

No puedes no anunciar

Le pido a Dios, en la fiesta de estos santos que entregaron la vida al anuncio del Evangelio, las mismas entrañas de compasión que ellos tuvieron. Sabiendo que en los pueblos eslavos no había un alma que conociera a Jesucristo, y no pudiéndolo sufrir, acudieron allí a evangelizar a aquellos pobres hombres.

Mira a tu alrededor. Enciende el televisor, escucha la radio, navega por Internet y por las redes sociales… ¿No te da lástima? Son millones quienes viven sin Dios, esclavos de dogmas de diseño e indefensos ante el dolor y la muerte. Mientras tanto, tú tienes, en tu pecho, todo el Amor divino y la vida eterna que podría salvarlos… ¿No vas a hacer nada?

Decid primero: «Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Ya sé que muchos, al oírte, te despreciarán y humillarán, porque somos enviados como corderos en medio de lobos. Pero, aun en ese caso, la paz que les diste volverá a ti en forma de Cruz, y esa cruz los redimirá. La oveja, devorada por el lobo, transforma al lobo desde dentro.

Ten compasión… ¿No ves que no puedes no anunciar?

(1402)

La verdadera conversión

Cuando una persona que lleva veinte años sin pisar una iglesia vuelve a rezar y a frecuentar los sacramentos, solemos decir que se ha convertido. El que haya pasado de no rezar a rezar, de no confesar a confesarse, de no ir a misa a frecuentar la Eucaristía (incluso diariamente) nos parece suficiente motivo para darle un certificado de conversión. ¿Lo es?

Me alegra decir que he presenciado muchas conversiones, y me apena constatar que no todas han sido verdaderas. Pasar de no rezar a rezar no es suficiente para afirmar que haya habido un encuentro con Cristo.

Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. Saulo pasó, de querer extinguir la llama del cristianismo, a propagarla por los pueblos gentiles. El encuentro con Jesús lo convirtió en un hombre de fuego, cuya única obsesión era hablar del Señor a quienes no lo conocían.

He ahí el marchamo de autenticidad de una conversión. Cuando alguien se encuentra realmente con Cristo, se enciende en celo de almas, y siente la urgente necesidad de anunciar el nombre del Salvador a quienes no lo conocen. Pero descubrir que se vive mejor rezando que sin rezar no significa, necesariamente, convertirse.

(2501)

“Evangelio

Los dos bandos, ya enfrentados

Hay una asociación misteriosa entre Belén y el Calvario. Sin duda, toda la Pasión de Cristo se encuentra presente en su mismo nacimiento, como en germen, hasta que el árbol de la Cruz entregue el divino fruto que colgará de sus ramas.

Desde Belén, el encuentro de la pureza de Dios con el pecado de los hombres es traumático. Y en ese conflicto todos estamos implicados. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso (1Jn 1, 10).

La sangre y el agua que brotarán de la Cruz se derraman ya, por adelantado, en la matanza de los inocentes. Son la sangre de los niños, masacrados por la crueldad del tirano, y las lágrimas de Raquel, que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven.

Desde ahora mismo, es necesario que escojamos bando. El de Herodes, por desgracia, lo hemos engrosado muchas veces con nuestras infidelidades. Escojamos ahora, mientras contemplamos el nacimiento del Mesías, el bando de quien, desde niño, sufre los pecados de los hombres. Y digámosle al hijo de María: «Soy tuyo, te pertenezco. Tú has llegado a mi vida, y yo te pido que jamás permitas que, en adelante, me separe de ti».

(2812)

“Evangelio