Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de los santos – Espiritualidad digital

El trabajo más apasionante del mundo

Dice el profeta Isaías: ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz! (Is 52, 7). Qué misión tan maravillosa, anunciar a los hombres la paz que Cristo ha traído al mundo.

Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Qué trabajo tan apasionante, proclamar con la propia vida y con los labios el Amor de Dios, para que los corazones se rindan a su paso.

Mira en torno a ti. ¿No ves lo necesitados de cariño que están quienes te rodean? Quizá no lo ves, porque no te fijas en ellos; estás demasiado ocupado en ti mismo y en tus problemas. Por favor, libera tus ojos, desencadénalos y mira a tu alrededor.

Muchos de ésos que caminan por la calle, consumen en el bar, compran contigo en el supermercado, trabajan junto a ti y viven en tu casa sufren un terrible vacío en sus corazones, porque nadie les ha anunciado que Dios los ama. Si tú no te acercas a ellos, quizá mueran sin haber conocido que son amados.

¡Despierta, pescador de hombres! Sal al encuentro de tus semejantes, goza y hazles gozar a ellos del trabajo más apasionante del mundo.

(3011)

Santos de tu devoción

¿Cuántas vidas de santos has leído? ¿Hay «santos de tu devoción»? Yo tengo más de veinte, y los saludo todas las mañanas. Me encomiendo a ellos, y a cada uno le tengo asignado un encargo distinto.

¿Por qué? Es la pregunta de la gente «práctica». ¿Qué falta hace la mediación de los santos? ¿Acaso no conoce Dios todas nuestras necesidades? ¿Acaso no podemos dirigirnos directamente a Él? ¿O es que está tan ocupado que necesita secretarios? ¿Será que no nos quiere, o está enfadado con nosotros, y necesitamos mover influencias para ponerlo de nuestra parte?

Nada de eso. Pero, antes de responderte, permite que también yo te pregunte: ¿Acaso no podría Dios criar a tus hijos mejor que tú? ¿Qué falta haces? ¿No podría Dios hacer directamente tu trabajo? ¿Por qué deja que te canses? ¿Necesita Dios que le pidas algo, cuando Él ya sabe lo que te hace falta? ¿Por qué quiere que pidas?

Respuesta: porque Dios cuenta con sus criaturas para realizar su obra. Cuenta con tu trabajo, con tu oración, y también con la intercesión de sus elegidos para manifestar su Amor a los hombres. Esa intercesión es muy valiosa, porque Dios ha querido que lo sea.

(0111)

Apóstoles y repartidores de pizzas

Para un repartidor de pizzas, comer pizza debe ser un ejercicio estomagante. La pizza no es su alimento, sino la carga que lleva sobre los hombros durante horas. Y cuando, terminado el trabajo, al fin puede sentarse a cenar, supongo que preferirá cualquier manjar menos la pizza. (Si algún repartidor de pizzas está entre mis lectores y cena pizza cada noche, le pido perdón por el patinazo).

Todo esto viene a cuento de que el apóstol no es un repartidor de pizzas. Ni mucho menos de Evangelio. Proclamar la buena noticia no es un trabajo duro que nos han asignado. No recogemos el Evangelio a las nueve, lo repartimos hasta las seis, y después nos dedicamos a ver series de TV para relajarnos. Somos, en palabras de san Pablo, miembros de la familia de Dios (Ef 2, 19).

Escogió de entre ellos a doce. Nosotros hemos sido escogidos para vivir cerca del Señor, para ser sus íntimos, y eso debería emocionarnos y llenarnos de gratitud. La emoción y la gratitud, precisamente, traen el nombre de Cristo a nuestros labios lleno de amor, porque anunciamos lo que amamos. Y, cuando lo hemos anunciado, llegamos a casa y cenamos Evangelio. Nos encanta.

(2810)

Las más sensatas y felices de la Tierra

La grandeza de Cristo no es comparable a la de ningún personaje histórico. Buscad a uno solo por cuyo amor, dos mil años después de su paso por la tierra, millones de mujeres hayan guardado y sigan guardando vírgenes sus cuerpos. ¿Imagináis a una mujer que guardara virginidad por Napoleón? Quizá deberíais buscarla en el mismo establecimiento sanitario donde reside quien se cree Napoleón. Las religiosas, sin embargo, son las mujeres más sensatas y felices de la tierra, porque saborean en sus corazones un Amor vivo, capaz de llenarlas de gozo hasta el fin de sus días.

Especialmente a santa Teresa pueden aplicarse las palabras del Señor que hoy nos propone la liturgia: Tomad mi yugo sobre vosotros.

Ella fue esposa, «cónyuge» de Cristo, porque tomó, sobre sus hombros, el yugo del Señor. Y unida a Jesús por ese mismo yugo, llevó a plenitud su vocación religiosa.

Padeció la enfermedad, sufrió calores y fríos, gustó el cáliz amargo de la incomprensión y, como su Señor, fue llevada a juicio injustamente.

Lo más grande es que, en medio de todas estas pruebas, Teresa jamás perdió la alegría. Porque, como ella dijo, «quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta».

(1510)

Los que bajan del Cielo

Celebramos hoy a tres arcángeles, y a ninguno de ellos lo imaginamos solo. A Miguel lo contemplamos derrotando a Satanás, espada en mano; a Gabriel lo imaginamos junto a la Virgen, asombrado y dulce; a Rafael lo vemos caminando junto a Tobías, cicerone de Dios. Y alabamos al Señor, que se sirvió de sus ministros para favorecer a los hombres y vencer a los demonios. No es poco, pero, si ahí queda todo…

Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre. Me quedo con lo de «bajar». Porque estos tres arcángeles no se han quedado en el Cielo, a donde subieron tras cumplir su misión. También bajan cuando los llamamos, y Dios los pone «en danza» para que sigan protegiendo y guiando a sus hijos.

¿Tú los llamas? ¡Pues deberías! Porque, por la misericordia de Dios, ellos están a tu servicio.

Llama a Miguel cuando el Maligno te perturbe. Llama a Gabriel cuando te preguntes por el plan de Dios sobre tu vida. Y llama a Rafael cuando te pierdas, y necesites un guía que te devuelva al Camino, a Cristo. Ninguno de los tres te fallará, te lo aseguro.

(2909)

Rezando y recordando

Cuentan que san Mateo, tras la dispersión de los apóstoles a la muerte de Esteban, predicó el Evangelio en Etiopía y murió mártir allí. Poco sabemos de la vida del santo en aquellas tierras, pero, con toda seguridad, muchas veces, en su oración, recordaría ese primer momento en que su vida cambió por completo.

Vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Aquella mirada del Señor, y la voz cariñosa e imperativa a la vez con que lo llamó quedaron, a buen seguro, grabadas a fuego en su alma. Como el primer encuentro de unos enamorados, Mateo lo escudriñaría con lágrimas muchas veces.

¿Y tú? ¿Recuerdas tu primer encuentro? Quizá caminaste lejos de Dios durante años, o, quizá, desde pequeño frecuentaste la iglesia. Pero hubo un momento (un día, una hora, un lugar, un mes o un año) en que percibiste, con claridad, el Amor único de Dios por ti. Aquella llamada cambió tu vida. ¿Vuelves sobre ella? ¿La recuerdas, de cuando en cuando, en oración?

Hazlo. Así darás gracias, te afianzarás en ese Amor, y, también, podrás examinarte y preguntarte si has sido fiel.

(2109)

El odio al justo

Igual que el nacimiento de Juan fue anuncio del nacimiento del Mesías, también la muerte del Bautista fue profecía de la muerte de Cristo.

Lo fue, porque Juan resultó asesinado por odio. Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo. Las imprecaciones de Miqueas, que la Iglesia recita junto a la Cruz el Viernes Santo, podrían haber sido proferidas por Juan ante Herodías: ¿Qué te he hecho? ¿En qué te he ofendido? Respóndeme (Miq 6, 3).

Esta reacción de rabia feroz y asesina ante el justo se despierta en el soberbio. Por eso, el origen del martirio del Bautista no está en Herodes, sino en Herodías. Herodes fue el ejecutor, pero el pecado de Herodes era la sensualidad. Si predicas a un borracho, a lo sumo te tirará una botella a la cabeza para que te calles. Pero si predicas a un soberbio, se encenderá por dentro con una rabia terrible, y es posible que te mate. Herodías era así. También lo eran Caifás y los fariseos. Su rabia fue terrible y asesina.

Si sois de Dios, si no tenéis miedo de proclamar la verdad, deberíais estar preparados para reacciones como esas. La verdad, para el soberbio, puede ser muy exasperante.

(2908)

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