Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de los santos – Espiritualidad digital

El odio al justo

Igual que el nacimiento de Juan fue anuncio del nacimiento del Mesías, también la muerte del Bautista fue profecía de la muerte de Cristo.

Lo fue, porque Juan resultó asesinado por odio. Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo. Las imprecaciones de Miqueas, que la Iglesia recita junto a la Cruz el Viernes Santo, podrían haber sido proferidas por Juan ante Herodías: ¿Qué te he hecho? ¿En qué te he ofendido? Respóndeme (Miq 6, 3).

Esta reacción de rabia feroz y asesina ante el justo se despierta en el soberbio. Por eso, el origen del martirio del Bautista no está en Herodes, sino en Herodías. Herodes fue el ejecutor, pero el pecado de Herodes era la sensualidad. Si predicas a un borracho, a lo sumo te tirará una botella a la cabeza para que te calles. Pero si predicas a un soberbio, se encenderá por dentro con una rabia terrible, y es posible que te mate. Herodías era así. También lo eran Caifás y los fariseos. Su rabia fue terrible y asesina.

Si sois de Dios, si no tenéis miedo de proclamar la verdad, deberíais estar preparados para reacciones como esas. La verdad, para el soberbio, puede ser muy exasperante.

(2908)

Sólo hace falta mirar

En aquel momento, el bueno de Bartolomé, que había visto su intimidad descubierta ante la mirada del Hijo de Dios, y que se había postrado ante aquel hombre a cuyos ojos nada se ocultaba, no tenía la menor idea de a qué se refería Jesús cuando le dijo:

Has de ver cosas mayores. En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

Nosotros, si tenemos fe, vemos cosas mayores. También, como Bartolomé, nos sabemos mirados por Cristo en lo más profundo de nuestras almas. Pero, además de eso, nosotros tenemos el Crucifijo.

A través del costado del Señor, traspasado por la lanza, vemos el cielo abierto de par en par; sólo hace falta mirar. Y, si seguimos mirando a través de esa sagrada ventana, vemos a la Virgen santísima, como trono de innumerables ángeles. Y, si no dejamos de mirar, vemos a esos mismos ángeles subir y bajar sobre el Crucifijo, como lo hacían sobre la escalera que Jacob soñó mientras dormía con su cabeza apoyada en una piedra.

Ya lo ves… Bueno, ojalá lo veas, porque, realmente, son cosas mayores. Sólo hace falta mirar.

(2408)

No estaba loco, sino enamorado

Llegas a misa un 10 de agosto, con 38ºC de temperatura en el ambiente, y te presentan a un tal san Lorenzo, que murió abrasado en una parrilla mientras hacía chistes e invitaba a los verdugos a darle la vuelta, porque la carne ya estaba hecha por un lado. Entonces te preguntas de qué va todo esto, qué sentido tiene tanto sufrimiento, y cómo es posible que uno pueda reírse mientras lo fríen sin estar loco perdido.

El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor. Seamos serios, aunque san Lorenzo se ría. Nadie puede estar a gusto mientras lo tuestan en una parrilla. Pero todos, listos y tontos, santos y pecadores, estamos a gusto con el ser amado. Si san Lorenzo se dejó quemar, es porque descubrió que Cristo estaba tumbado en la parrilla, esperándole, crucificado; y que, por tanto, él no estaría solo en el tormento.

Ojalá tú, que tanto amas al Señor, también lo vieras: Cristo está en tu dolor, está en tus soledades, está en tus fracasos, está en tus contrariedades. Antes de que tú llegaras allí, ya te esperaba Él. Y convirtió tu dolor en lance de Amor.

(1008)

La pantera arrodillada

Profeso a santa Marta una devoción sin límites. Es un espíritu indómito, capaz de enfrentarse al Hijo de Dios y forcejear con Él cuando sus vísceras se resisten a aceptar los designios divinos. Pero, bajo ese temperamento volcánico, hay un corazón rendido a Cristo. Y cuando ese corazón, como el de Tomás, se abre paso entre las vísceras, es capaz de actos de fe maravillosos.

Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Ved a la pantera arrodillada y convertida en mística. Y a la que zarandeaba al Señor, increpándole: «¡A buenas horas llegas!», confesando la unción del Mesías.

El que tenía que venir al mundo… «El mundo estaba incompleto sin Ti; la vida, sin Ti, no tiene sentido, le falta el centro. Tenías que venir para tomar sobre Ti el pecado del mundo, para abrir el camino hacia el cielo. Ahora has venido, y Tú haces el mundo habitable, Tú das sentido a la vida, Tú conviertes al mundo en morada de Dios»…

Y, apenas unos minutos después: «¡Señor, que mi hermano lleva cuatro días muerto, y ya apesta!». No lo puedo evitar: ¡Me encanta esta mujer!

(2907)

Patriotismo

Celebramos hoy a Santiago, patrono de España, y es un buen día para que nos examinemos de patriotismo.

El patriotismo es virtud, porque es amor; amor a la patria. Pero el amor, para que sea virtud, debe estar purificado.

«España está fatal. Nuestros políticos la están paganizando. Son corruptos y egoístas, van a lo suyo. Quieren eliminar cualquier atisbo de religión, y promueven doctrinas perversas que corrompen a los ciudadanos». Este discurso lo proclaman muchos cristianos. Se sitúan a sí mismos por encima de los demás, se erigen en jueces, y, finalmente, acaban llenos de ira. España está un poco peor después de oírlos.

El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Te propongo otro patriotismo, y otro discurso: «España está peor por mis pecados. Si yo fuera santo, y hablase de Cristo, el ambiente a mi alrededor se transformaría, y más personas amarían al Señor. Ellas, a su vez, lo anunciarían a otros, y, pasado un tiempo, tendríamos una España cristiana, con líderes cristianos. España estará mejor si yo me hago el último y le doy a España lo que España necesita: un santo».

(2507)

Un sarmiento de la Cruz

Podríamos preguntarnos qué ve el santo cuando mira un crucifijo, para que de esa forma le enamore. Todo el misterio de la vida de santa Brígida se resuelve en la contemplación de la Cruz. De esa contemplación amorosa proceden el descubrimiento de su vocación, su amor a la Iglesia y al Papa, sus lágrimas, y sus encuentros íntimos con el Señor.

El necio mira un crucifijo y ve dolor. Tanto decir: «¡Qué cruz! ¡Qué cruz!»… En ocasiones, he querido predicar sobre la Pasión del Señor, y recibí, como respuesta: «¡Padre, deje eso para la Semana Santa!». Es decir: «Si hay que sufrir dos o tres días al año, suframos. Pero, el resto del año, háblenos de cosas bonitas».

El santo, sin embargo, cuando mira a la Cruz, ve un beso. No lo ve, lo recibe, porque Cristo crucificado es el beso de Dios para él. Ve un amor inmenso, una vida entregada, una mirada limpia llena de misericordia, un caudal de sangre y agua que llena de vida la tierra. El santo mira a un crucifijo y se enamora.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El santo, a fuerza de mirar, termina convertido en un sarmiento de la Cruz.

(2307)

Guía para corazones insatisfechos

Si los corazones insatisfechos se dejaran enseñar, María Magdalena les marcaría el camino al cumplimiento de todas sus ansias.

Dice la esposa del Cantar: Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad. —«¿Habéis visto al amor de mi alma?» (Cant 3, 3). Y, recogiendo ese testigo, María Magdalena pregunta a quien creía jardinero: Dime dónde lo has puesto, y yo lo recogeré. Nada como preguntar a la persona adecuada: – María… – ¡Rabbuní!

Los corazones insatisfechos buscan redención en las criaturas, pero en ninguna encuentran descanso. Pensaste que te haría feliz aquel trabajo, y ahora lo aborreces. Creíste que tu pareja colmaría tu vida, y hace tres años que os separasteis. Buscaste redención en el dinero, y encontraste esclavitud. Vas de criatura en criatura, las tomas y las dejas. Parece que les preguntaras: «¿Has visto al amor de mi alma?». Y, como no responden, te marchas en busca de otro sueño…

No sigas buscando, que se te va la vida. Mira a María, ella te señalará el camino a Cristo. Y, cuando lo hayas encontrado, todas las demás criaturas te hablarán de Él. No sólo aprenderás a gozar de Dios; gozarás, también, de una Creación que grita su nombre.

(2207)