El Mar de Jesús de Nazaret

Fiestas de los santos – Espiritualidad digital

Jesús, Tú no eres un tren

El tren no espera. Llega al andén, abre las puertas, cierra las puertas, y se marcha. En cuestión de minutos estás a kilómetros de casa.

Hoy quizá te sorprenda, Jesús, porque esto no te lo he dicho nunca: te agradezco que no seas un tren. Te has portado conmigo como te portaste con Mateo, y me parece maravilloso.

Le dijiste: Sígueme. Quien te confunda con un tren pensará que, a partir de entonces, Leví emprendió un viaje con las puertas cerradas y sin marcha atrás. Y es verdad; lo es en Mateo, y también en mí. Pero no como quien monta en un tren.

Porque, a renglón seguido, en lugar de veros caminando, te veo sentado a la mesa con Leví y sus amigos. Le pides que te siga, pero, primero, Tú te quedas y cenas con él.

Maravilloso.

Has querido, primero, cenar conmigo, compartir mi vida y santificar cuanto soy y cuando hago, menos el pecado. Y, después, me llevas a compartir tu muerte, a redimir mi pecado, y a que yo cene en tu casa por toda la eternidad.

Si los trenes fueran como Tú… sería un desastre. Por eso me alegro de que no seas un tren.

(2109)

“Evangelio

Más que una guerra, una cruzada

En la oración Colecta de la misa de hoy, pedimos a Dios que «luchemos valerosamente por la confesión de tu verdad».

Ya comprenderéis que esa lucha valerosa por la confesión de la fe no consiste en liarse a golpes con quienes no creen para «removerles las ideas» hasta que se les pongan en su sitio. Más bien, es la batalla de Cristo en Getsemaní, la guerra de mansedumbre y de valentía que cada cristiano libra contra sí mismo para devolver bien por mal, para liberarse de los respetos humanos, para exponer la verdad con cariño, aunque esa verdad duela:

Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.

¿Acaso no tuvo Juan que librar una batalla en su interior para denunciarle a Herodes su pecado, aun cuando sabía que esa denuncia podría costarle la vida? ¿No tuvo que luchar contra sí mismo para aceptar con mansedumbre su propio martirio, sin volverse atrás en su denuncia?

¿Qué secretos enemigos te impiden manifestar tu fe a los hombres para atraerlos a Dios? ¿La vergüenza? ¿La pereza? ¿El apego a tu propia imagen? ¿El afán de «no complicarte la vida»? ¿La tibieza?

¡Ahí tienes tu batalla! Líbrala.

(2908)

Sólo quien se agacha bebe de la fuente

Si alguien me pidiera un ejemplo de lo que es una conversión, sin dudarlo le leería el relato del encuentro entre Cristo y Bartolomé.

¿De Nazaret puede salir algo bueno?

Ahí lo tenéis, antes de convertirse: erguido, mirando a su hermano por encima del hombro, escéptico y arrogante. Nadie que haya salido de Nazaret tiene nada que enseñarle. Pero no lo deis por perdido. Nadie, en esta vida, está perdido para Dios.

Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

El que, hasta ese momento, estaba erguido, se sintió, de repente, al desnudo ante la mirada del Señor. Miró esos ojos, y vio tal cariño en ellos, que no se sintió agredido ante el descubrimiento de su intimidad. Se sintió comprendido y amado. Y se postró:

Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

Postrados los quiere Dios. Porque, de pie, somos inasequibles al Amor. Sólo postrados podemos recibir su gracia. Así nos arrodillamos al confesarnos, y arrodillados recibimos los consejos del confesor y la absolución. Sólo quien se agacha ante la fuente puede beber de ella.

¿Qué es convertirse? Pasar, de estar de pie, a postrarse ante Dios.

(2408)

La prensa celeste

prensaSi en el siglo III hubiera existido la prensa, los titulares habrían variado según el grupo mediático que reprodujera la noticia. Los medios de comunicación afines al poder hubiesen dicho que el emperador Valeriano había mandado ejecutar a Lorenzo, un enemigo del Imperio. La prensa internacional, crítica con el Imperio, habría dado la noticia de una masacre, de la quema cruel, en una parrilla, de un opositor cristiano, a manos de un tirano sin entrañas.

Pero todos se hubieran equivocado. Estas noticias sólo pueden apreciarse en su verdadera dimensión desde el Cielo. Llevando el ejemplo al paroxismo, si hubiera prensa en el Cielo, la noticia habría sido: «El diácono Lorenzo entrega su vida, perdona a sus perseguidores, obtiene para él la vida eterna, y siembra en Roma la semilla de la que brotará un pueblo innumerable de cristianos».

No hay prensa en el Cielo. Ni falta que hace. Basta con que tú también sepas que hay noticias que sólo pueden apreciarse desde allí. Si tienes fe, eso se llama «visión sobrenatural».

Una enfermedad, un fracaso, o un sufrimiento pueden engañarte si los miras a ras de tierra. Míralos desde el Cielo, y quizá te alegre lo que te hacía llorar.

(1008)

Iluminados y despiertos

La parábola de las diez vírgenes es todo un tratado de espiritualidad cristiana, aunque también es, por desgracia, la constatación de muchos de nuestros fracasos. Ninguna de aquellas diez que tomaron aceite en sus lámparas y salieron a encuentro del esposo  estuvo a la altura de lo que se esperaba de ellas. Todas se durmieron, y despertaron a última hora, cuando ya poco se podía hacer. Por eso, sólo entraron al banquete aquellas cinco que habían sido previsoras, y habían tomado un suplemento de aceite en sus alcuzas.

Son las dos disposiciones que Dios le pide al alma del cristiano: la lámpara encendida es símbolo del alma en gracia, y el estado de vela señala a la vida de oración. Ambas disposiciones se necesitan entre sí:

¿De qué te sirve estar en gracia si no rezas? Poco durará esa gracia en tu alma si no la alimentas con unos tiempos fijos de oración, y con una presencia de Dios ininterrumpida.

¿De qué te sirve rezar, si esa oración no te lleva a frecuentar los sacramentos y a llenar tu alma con la gracia divina? Sin la unión de amor que consuma la gracia, tu plegaria más parece superstición que oración.

(0908)