La Resurrección del Señor

Fiestas de los santos – Página 2 – Espiritualidad digital

La fe de los sencillos

Quienes se exprimen las meninges intentando desentrañar los misterios de la Fe no consiguen más que un dolor de cabeza. Pensar es bueno, razonar es saludable; nada de cuanto nos anuncia la Fe contradice a la razón. Pero a las verdades más sublimes de Dios no se llega escalando los arduos escalones del razonamiento, sino descendiendo por esos dulces peldaños de la sencillez que conducen a la contemplación.

Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Un niño que ve el mar por primera vez y se queda boquiabierto ante su grandeza ¿ha llegado a la playa mediante silogismos, o ha sido llevado por su padre mientras él dormía en el asiento trasero del coche? Su asombro ¿es fruto de una cansina actividad mental, o es, simplemente, el éxtasis de quien se siente pequeño ante una belleza inabarcable?

Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Creo haberlo escrito hace poco. Si quieres conocer al Padre, déjate abrazar por el Hijo y, desde ese palco, deja escapar un balbuceo: «Abbá».

(2904)

Transversal rima con sal

¡Qué bien traído está el pasaje evangélico que ilustra la fiesta de san Isidoro! Imposible escoger uno mejor:

Vosotros sois la sal de la tierra.

Porque, en aquellos siglos VI-VII de la España visigoda, san Isidoro sazonó con la sal del cristianismo todos los saberes humanos. No hubo ciencia que no tratase en sus escritos y, en ellos, hizo del cristianismo, usando una palabra tan de moda hoy, algo «transversal». Rima con sal.

¡Benditos tiempos! Hoy, en Occidente, la transversalidad del cristianismo ha dejado de captarse. La sal apenas sale del salero. En saleros –poco salerosos– se han convertido parroquias y familias. Allí se alaba a Dios, pero de allí no sale al mundo el nombre de Cristo.

Y es que son muchos los católicos que viven en guetos construidos por ellos mismos para protegerse del mundo. Y buscan ambientes católicos, webs católicas, políticos católicos, cine católico, medios de comunicación católicos… Todo tiene que llevar la marca. Que no se me ofendan los celíacos, pero parece que hubiéramos contraído una especie de celiaquía que nos llevara a buscar productos «sin mundo», especiales para católicos. Los celíacos saben lo caro que sale eso. Caro para nosotros, y carísimo para el mundo.

(2604)

No callemos a Cristo

Si nuestra pretensión, como cristianos, consistiera en salvar el alma, tendrían razón quienes nos dicen que la religión pertenece a la esfera íntima y privada de cada persona. Yo rezo, procuro salvar mi alma, y los demás que se apañen como puedan o, si lo prefieren, que se vayan al infierno; allá ellos.

Pero nuestra pretensión, como cristianos, no queda reducida a la salvación del alma. Nuestro propósito es inmenso, inconmensurable, tan amplio como el horizonte. Pretendemos que todos los hombres crean en Cristo, que todas las almas se salven, que Jesús sea amado y adorado en los confines de la tierra. ¡Ahí es nada!

Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. Por eso nadie puede callarnos, aunque se burlen, aunque nos persigan, aunque nos maten. Y si, por respetos humanos, por vergüenza, o por ese aburguesamiento que nos lleva a no querer salir de nuestra «zona de confort» callamos, privamos al mundo de la luz y pecamos contra Cristo.

Permite que te lo repita: tu fe no es asunto tuyo, no es materia privada. Nuestra fe es expansiva como los rayos del sol. Y, si no eres fiel a ese espíritu, no eres cristiano.

(2504)

El secreto de José

¡Qué sencillo es el secreto de José! Se puede resumir en una frase: Conocer la misión que Dios te ha encomendado, y entregar la vida a esa misión. Punto.

Ayer me comentaba un feligrés que, en América Latina, no se usa el verbo «desvivirse». Qué lástima, es un verbo precioso. Y define a la perfección lo que hizo José. Su vida fue un desvivirse para que María y Jesús vivieran.

José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dios puso en sus jóvenes manos sus tesoros más preciosos: a su Hijo único y a su esposa. Y José los custodió, pero no como quien custodia un collar en un joyero, sino dando la vida, desviviéndose día a día por María y Jesús. Y todo ello lo hizo en silencio, como quien se encoge de hombros y se quita importancia. ¡Es tan fácil querer a san José!

Recuerda el secreto de José, es sencillo: No tienes que inventar nada, ni cargarte de iniciativas, sino desvivirte por lo que el Señor te ha encargado custodiar: tu fe, la limpieza de tu cuerpo, tu familia, tus amigos… ¡tu alma!

(1903)

Nihil sine Petro

Cuando san León Magno intervino en el Concilio de Calcedonia, todos los participantes en aquella asamblea gritaron a una: «Pedro ha hablado por boca de León».

Si Cristo se ha perpetuado en la Historia a través de su cuerpo místico, que es la Iglesia, también Pedro, a su manera, se ha perpetuado a través de la institución divina del papado. El Papa, sea quien sea, es Pedro. No del modo en que el cristiano es Cristo, desde luego, pero sí porque ha heredado aquel carisma con que Cristo bendijo a Simón. Se puede decir que, a través del Papa, Pedro sigue hablando en el siglo XXI.

En Pedro –en el Papa–, la Iglesia mira a Cristo y le dice: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. En Pedro la Iglesia recibe la gracia del Padre, que está por encima de la carne y de la sangre. Desde Pedro, esa gracia se derrama, a través de los ministros, hasta el último bautizado.

Rezar por Pedro –por el Papa– es rezar por nosotros, porque todos recibimos la gracia santificante a través del cuerpo místico. Y, en ese cuerpo, Pedro es el primer eslabón, el «dulce Cristo en la tierra».

(2202)

Reza, y déjate comer

Cuando envió a aquellos setenta y dos discípulos a predicar, Jesús podría haberles dicho: «Os envío como conquistadores de almas, como soldados del ejército de Dios». Todo ello hubiera sido cierto. Pero la imagen que empleó el Señor es, a primera vista, desconcertante: Os envío como corderos en medio de lobos.

Es preciso mirar a la Cruz para entenderlo. La figura del cordero en medio de lobos expresa a la perfección el sacrificio de Cristo, prolongado en el apóstol. Porque el cordero, que era sacrificado por Israel en la noche de Pascua, estaba totalmente entregado a Dios y era totalmente consumido por el pueblo.

El envío de aquellos setenta y dos es, también, el vuestro. Estáis llamados a ser conquistadores de almas, pescadores de hombres. Pero no realizaréis esta misión con la fuerza, ni tampoco con vuestras dotes de persuasión. La llevaréis a cabo, como Cristo, desde la Cruz: entregando vuestras vidas a Dios en sacrificio de obediencia, y dejándoos comer por los hombres con la mansedumbre del cordero.

Es sencillo, aunque sea difícil: ama a Dios, y déjate comer. Reza hasta que se te derrita el corazón en el pecho. Después, deja que los demás se vivan tu vida.

(2601)

“Evangelio

Caerse del caballo y subir a la Cruz

Vivimos tiempos extraños. La búsqueda de la verdad ha sido reemplazada por la afición a lo impactante. Lo que no conmueve no existe, y lo ordinario aburre. Vamos mal, porque, como sucede con las adicciones, cada vez necesitamos un impacto mayor para conmovernos. En ambientes «piadosos» sucede lo mismo. Gustan las conversiones escalofriantes: Trabajaba en un prostíbulo, y ahora es religiosa de clausura. Practicaba abortos, y ahora reza tres rosarios al día. Traficaba con droga, y ahora es monje camaldulense. Quienes hemos ido a misa desde pequeñitos y no hemos descendido nunca a las alcantarillas de la perversión somos un aburrimiento.

Pero, tras el impacto, está todo por hacer. La santificación es obra de toda una vida. Convertirse es como enamorarse: no tiene mérito, te viene como una ola y te tumba. Pero después hay que entregar la vida al ser amado, y eso conlleva esfuerzo y sacrificio. He visto conversiones frustradas. Les gustaba llorar en la oración, pero no quisieron subir a la Cruz.

Id al mundo entero y proclamad el evangelio. La grandeza de Pablo está en que, tras caer del caballo, entregó su vida al apostolado. Por eso celebramos su conversión: porque fue sellada con el martirio.

(2501)

“Evangelio

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