Libros de José Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de los santos – Página 2 – Espiritualidad digital

La verdadera eficacia

¿Has visto alguna vez un grano de trigo con patas? ¿Verdad que no? ¿Has visto alguna vez un grano de trigo del tamaño de un balón de fútbol? ¿Verdad que no?

El grano de trigo no se mueve, es pequeño, y depende para todo de la mano que lo siembra. Sin embargo, cuando es sembrado y da fruto, proporciona alimento y te permite tener pan en la mesa.

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda infecundo, pero si muere da mucho fruto.

Aprende bien la lección. Porque, a veces, te crees muy grande, y eres ¡tan pequeño! No somos eficaces cuando nos movemos mucho, ni tampoco cuando desplegamos todas nuestras capacidades como despliegan sus alas los pavos reales. Somos eficaces cuando morimos, es decir, cuando entregamos la vida. Cuando rendimos el entendimiento y la voluntad para aceptar lo que nos dice el director espiritual; cuando aceptamos con humildad un imprevisto que trastoca todos nuestros planes; cuando acogemos con mansedumbre un dolor o una enfermedad; cuando decimos que sí a quien nos pide ayuda, aunque tengamos que sacrificar nuestro tiempo libre… Cuando así unimos nuestra vida a la Cruz de Cristo, entonces damos fruto en abundancia.

(1008)

En el Cielo no hay cobertura 5G

Hace veinticinco años, vivíamos tan contentos con el gprs. Luego vino el 3G; después, el 4G; y, ahora, nos anuncian el 5G. Las velocidades de la conexión a Internet se vuelven estratosféricas. Hace cien años, la mayor parte de la población no tenía teléfono. Y, hace quinientos años, las cartas tardaban semanas en llegar.

Está visto que cada vez vivimos más deprisa. Pero Dios no se acomoda a nuestros vértigos, se ríe de ellos, y se goza en hacernos esperar, como a las vírgenes de la parábola:

El esposo tardaba

La gente querría una oración 5G: rezas un padrenuestro, y, antes de que termines, tienes el milagro servido. Pero lo cierto es que no hay 5G para la oración. Dios, normalmente, se retrasa, y nos hace esperar.

Nos sienta bien. La espera nos vuelve humildes y fieles; la velocidad nos atonta. Pero, para que la espera aproveche, es preciso velar.

Velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Mientras Dios te hace esperar, debes seguir rezando y mantener viva la esperanza. Recuerda que mucho te ha esperado Dios a ti (tampoco te has santificado con 5G, precisamente). No hay nada de malo en que aprendas a esperar a Dios.

(0908)

Torpes que queremos ser santos

Marta no es teóloga; su hermana María iba a las clases, pero Marta se las saltaba. Es una mujer de su casa, es precipitada y ansiosa, es impulsiva y respondona. Cuando, ante la muerte de Lázaro, Jesús dice: Tu hermano resucitará, la imagino dándose la vuelta con el brazo en alto:

Sé que resucitará en la resurrección del último día.

Es como decir: «¡Y qué! El último día está muy lejos. Yo quiero a mi hermano hoy».

Y Jesús, que tanto la quiere, respira hondo y le contesta, sereno y paciente:

Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?

Marta cae por tierra. Aunque su esperanza está bajo mínimos, tiene una fe como una catedral, y un amor que no le cabe en el pecho.

Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

¡Bendita Marta! Tan cercana a nosotros en tu debilidad, tan amante de Cristo en tu secreta delicadeza, tan rendida en tu fe. ¡Qué bien puedes entendernos a los torpes que queremos ser santos!

(2907)

Contemplativos

Joaquín y AnaNos quejamos de la sociedad en que nos ha tocado vivir, y decimos que la gente corre mucho, piensa poco, vive sumida en urgencias, etc. Pero lo cierto es que los hombres y mujeres que nos rodean son muy contemplativos. Pasan horas contemplando, en el televisor, su serie favorita. La cantidad de tiempo que dedican a contemplar el teléfono móvil supera a la que muchos cristianos dedican a la oración. Y muchos gastan una devoción digna de mejor causa en contemplar su cuerpo, su peinado y su índice de masa corporal.

No, si contemplativos son. El problema es que contemplan idioteces. Y nadie puede ser feliz contemplando idioteces. Uno se acaba por asemejar a aquello que contempla.

Bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen.

Joaquín y Ana contemplaron los misterios de Dios en los ojos de su hija, la Virgen. Y ¡qué felicidad, mirar aquella limpieza, aquella hermosura, aquella sonrisa más propia del Cielo que de la Tierra!

Ojalá seas, también tú, muy contemplativo. Y dediques un tiempo generoso, cada día, a meditar los santos evangelios, a mirar con amor al sagrario, y a recorrer, con tus ojos, el crucifijo. Por los ojos entra también la santidad.

(2607)

No sabéis lo que pedís

Cuando Jesús preguntó a san Juan de la Cruz: «Juanito, ¿qué quieres?», Juan respondió: «Padecer y ser condenado por tu nombre». Ya lo creo que lo recibió.

Mi cáliz lo beberéis.

Para padecer y ser condenado, no fue necesario que Juan compitiera con nadie, al modo en que compiten los bañistas por extender la toalla en primera línea de playa. Al fin y al cabo, nadie quiere ser perseguido. ¿Con quién iba a pelearse?

Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

Y no hay más sitios, porque delante no se sienta nadie, y detrás tampoco. Los asientos de privilegio junto al Rey sólo son dos, y todos los quieren. De ahí, las peleas: Los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.

No sabéis lo que pedís.

Realmente, no lo sabían. Por eso, el Señor se lo explicó: El que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Las playas están llenas de toallas, lo gobiernos de este mundo están llenos de vicepresidentes, y la Cruz está sola, porque nadie quiere esa suerte para él. Busca los últimos puestos; serás santo, y, además, discutirás menos.

(2507)