Evangelio 2022

Fiestas de los santos – Página 2 – Espiritualidad digital

La maravillosa providencia «de poca monta»

Me sorprende que haya tantos cristianos que apenas tengan trato con su ángel. Si el ángel les hiciera el mismo caso que le hacen ellos a él, no quiero ni pensar dónde se hallarían, cómo se hallarían, o si se hallarían.

No seas tú uno de ellos. Sé agradecido con Dios, y con tu ángel. Porque tu ángel es una prueba maravillosa del Amor con que Dios te ama. Para cuidarte, en esa providencia de lo cotidiano, le ha encargado que no te quite ojo, ni de noche ni de día, a fin de que camines seguro por esta vida hasta que llegues al Cielo.

En ocasiones, puede parecerte atrevido pedirle a Dios esas cosas «de poca monta» que surgen a lo largo de la jornada: acordarte de una cita, encontrar aparcamiento, dar con el regalo adecuado para un familiar que cumple años… ¡yo qué sé! Hay mil asuntos, todos ellos tan pequeños, tan aparentemente insignificantes, que te hacen sentir incómodo si piensas en encomendárselos a Dios. Y esos asuntos, precisamente, son los que le gustan a tu ángel.

Hazte amigo suyo. Y no tendrás miedo de pedirle en misa que no estornudes ahora, precisamente, en mitad de la consagración.

(0210)

Abrir y escuchar la entrada

Arcángeles y teléfonos rojos

Aunque suene a compañía de seguros, en la vida espiritual es el nombre de un peligro muy tentador: la línea directa. También puede sonar a película: teléfono rojo.

Es la tentación que, a través de Lutero, desgarró en dos a la Iglesia: una relación con Dios sin intermediarios. Una vez descolgado el teléfono rojo, el mensaje recibido vendría directamente del Cielo, y nadie en la tierra, ni el propio Papa, podrá ponerlo en duda. «¡Lo he visto claramente!», te dicen tras soltarte la mayor majadería. Como para echarse a temblar.

Claro; si a Dios le gustase la línea directa, sobrarían santos, ángeles, papas, sacerdotes… y padres de familia. ¿No podrá Dios educar a vuestros hijos mejor que vosotros?

Pero a Dios le gusta repartir juego. Y se sirve de sus criaturas para instruirnos y protegernos. Por eso, en el día de hoy, te aconsejaré que camines con escolta: invoca a Miguel para librarte de las asechanzas del Diablo; a Gabriel para que te acerque el designio de Dios sobre ti; y a Rafael para que te guarde en tus caminos. No es que Dios no quiera protegerte; es que les ha encargado a ellos que te cuiden. Porque te ama.

(2909)

Abrir y escuchar la entrada

Sueños juveniles y mondas de patatas

«Te ha llamado Dios», le anunciaron a una joven. Y se creció. Pensó en grandes gestas, se vio fundadora de una gran institución a la que se acogieran miles de personas, paño de lágrimas de miles de ojos afligidos, salvadora de miles de almas perdidas… Y cuando, finalmente, se dio cuenta de que llevaba peladas miles de patatas en la cocina del convento, se vino abajo. ¡Pobrecilla! Pensó que Dios la llamaba a misiones fabulosas en las que fuera irreemplazable, sin caer en la cuenta de que Dios no la necesitaba para nada. Sólo la amaba.

No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Fue el Médico quien te llamó. Y, si hubieras acallado el alboroto de tus sueños de grandeza, habrías escuchado: «Estás enferma, y te voy a curar; estás sucia, y te voy a limpiar; estás muerta, y te voy a resucitar. Deja esas cosas en las que pierdes la vida y ven conmigo».

Tras otros tantos miles de patatas peladas, al fin calló y escuchó esa voz que llevaba años en el aire. Sonrió, se vio sana y amada, y dio gracias. Sólo después le reveló Dios a cuántas almas había salvado con cada patata.

(2109)

Abrir y escuchar la entrada

Mi investigación sobre la higuera

Desde hace años, el asunto de la higuera me quita el sueño. ¿Qué sucedió? ¿Qué hacía Bartolomé bajo aquel árbol? Toda mi sesuda investigación cabe aquí:

Bartolomé se sorprende al ser saludado por Jesús: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Esto no es un cumplido; no es como: «¡qué joven y qué guapo, el mozo!». Esto es por algo. ¿De qué me conoces? Entonces viene la bomba: Cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Bartolomé cae fulminado: Rabí, tú eres el Hijo de Dios.

Dos conclusiones. Bartolomé estaba solo bajo el árbol. De ahí el asombro al verse descubierto. Y lo que sucedió allí demostró que Bartolomé era hombre «sin doblez».

Hasta aquí llego. Salvo revelación particular –que no creo que suceda– seguiré sin dormir por culpa de la higuera. Pero tengo alguna conclusión «extra»: Ojalá pudiera complacerse Jesús en algo que nos viera hacer a solas. «Cuando vencías el sueño para rezar, te vi. Cuando besabas el crucifijo a medianoche, te vi. Cuando cambiabas de canal el televisor para evitar mancharte, te vi. Cuando sonreías a aquel cuadro de la Virgen, te vi». No estaría mal ser recibido así en el cielo.

(2408)

Abrir y escuchar la entrada

¿Cómo te quieres a ti mismo?

Quizá te extrañe que Jesús te invite a aborrecerte. Si Él te ama, ¿por qué te pide que te aborrezcas?

El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna.

La respuesta es que «amor» se dice de muchas maneras. El mundo ama según la carne, Dios ama en el Espíritu.

Si te amas según la carne, será la carne lo que ames, con sus pasiones. Buscarás, ante todo, los placeres de este mundo. Aborrecerás el Crucifijo, huirás de la muerte y, al amarte a ti, despreciarás a tu prójimo. Te defenderás de él como de un enemigo, y te atrincherarás en tus falsas seguridades, soñando con eludir la muerte. Pero la muerte, al final, te alcanzará. Si te amas a ti mismo, así, más te valdría aborrecerte.

El santo se ama a sí mismo según Dios. Por eso no teme a la muerte, porque sabe que Dios lo protege. Y, sobre todo, por eso no teme entregar la vida. Sabe que su hogar no está aquí, sino en el cielo; y que, al entregar esta vida, es acogido por Dios en la eterna.

(1008)

Abrir y escuchar la entrada

Sumergida en la Cruz

Las diez vírgenes despertaron tarde. El esposo estaba a punto de llegar. Y, al escuchar el anuncio, se pusieron a preparar sus lámparas.

Edith Stein, judía de nacimiento, se convirtió al catolicismo a los 31 años y murió mártir a los 51. Fue católica durante menos de la mitad de su vida. Despertó tarde al amor, aunque había entregado su juventud a la búsqueda de aquella luz. En ella se cumplió el verso del Cantar: Yo dormía, pero mi corazón velaba (Ct 5, 2). Por eso, cuando, al fin, amaneció, supo que, si recibía el bautismo, sería para entregar su vida por completo.

Entre 1922 y 1942, sus años de católica y carmelita descalza, ya con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz, la mirada de esta santa mujer estuvo clavada en el Crucifijo. Y ella, que tantos años había dedicado a la investigación filosófica, consagró el resto de sus días a un trabajo de investigación sobre Cristo crucificado. Se sumergió en cada llaga, se abrazó a Él, y se dejó absorber por completo, hasta la muerte, en el sagrado misterio de la Cruz.

Ojalá lo aprendamos de ella: somos cristianos para dar la vida, no para vivir mejor.

(0908)

Abrir y escuchar la entrada

Maravillosa Marta

Santa Marta es todo un personaje. Es de esas santas que a uno, además de inspirarles devoción, le caen simpáticas. Por su humanidad, su bendito descaro, su fragilidad no escondida y, sobre todo, el inmenso amor que profesa a Jesucristo. No es refinada en las formas, como su hermana. Las dos veces que aparece en los evangelios resbala estrepitosamente. Y se levanta, se arregla el delantal, se arrodilla y nos sorprende con un espíritu maravilloso. Siempre he imaginado a Jesús sonriendo mientras la corrige.

Una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Toda la hospitalidad de siglos del pueblo judío cabe en el corazón de esta mujer. Ella es la que acoge, como acogió Abrahán a los tres misteriosos viajeros; la que se desvive por ofrecer lo mejor; la que considera un privilegio que el Señor invada su casa y llegue «hasta la cocina». Su forma de hacer fiesta al Invitado es alborotarse, deshacerse en atenciones y procurar que nada falte. Yo conozco a mujeres así; cuando se trata de Dios, nunca les parece haber hecho o haber entregado bastante.

¡Bendita Marta! ¡Si comulgásemos nosotros con el mismo entusiasmo con que acogiste en tu casa al Salvador, seríamos santos!

(2907)

Abrir y escuchar la entrada
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad