Evangelio 2022

Fiestas de los santos – Página 2 – Espiritualidad digital

La fuerza que cambia el mundo

Si un día te presentas ante el Señor, y Jesús te pregunta, como a la madre de los Zebedeos: ¿Qué deseas?, no te aseguro que vayas a ver tus deseos cumplidos. En ocasiones, Jesús te pregunta por ellos, no para cumplirlos, sino para elevarlos.

Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Hablan de política, quieren arreglar el mundo desde la poltrona. Y si, de paso, mejoran sus vidas, tanto mejor.

No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? Y ellos se ven sentados junto al gran jefe en una cena, bebiendo de su copa. Y dicen:

Podemos.

Acabáramos.

Todavía quedan cristianos así. Creen que el mal de este mundo está en la política, y que una nueva política los salvará. Pero Cristo nunca descendió a cuestiones políticas, y gritó que el mal de este mundo es el pecado, que afecta a todo hombre.

El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor. Convertido en siervo de todos sobre la Cruz, Cristo cambió el mundo. No son los políticos, sino los santos, quienes tienen la llave de la Historia.

(2507)

La unión del santo con Cristo

Podría parecer, durante las turbulencias de la vida, que la unión del alma con Cristo es como la de dos personas que se agarran fuertemente de la mano en medio de una avalancha de gente, procurando que la multitud desbocada no los separe. Así, mientras el alma es zarandeada por las urgencias y las contrariedades del día a día, lucha por no olvidarse de Dios.

Podría parecer, durante los momentos de oración más recogida, que la unión del alma con Cristo es como la de dos amantes que se abrazan y gozan cada uno, mientras dura el abrazo, de la cercanía del otro.

Pero ninguna de esas dos imágenes explica la unión de los santos con Cristo. Ni las manos ni los brazos pueden atrapar eternamente al ser querido.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El santo está unido a Cristo como el sarmiento a la vid. Sin dejar de ser dos, son uno solo. Esa unión no la obran manos ni brazos, sino la gracia y la palabra. La gracia es la savia que une interiormente el sarmiento a la vid. La palabra, que permanece en el alma del santo, la fecunda y alumbra en ella sus frutos.

(2307)

Almas que moran en el silencio

María MagdalenaUn hombre sin ilusión es un hombre muerto. El ser humano necesita volcar su vida en un propósito. Y, así, hay quienes se vuelcan en su familia, quienes se entregan por completo a su trabajo, quienes se desviven por una afición o un deporte… Nada más triste que el hombre aburrido.

Lo grande de María Magdalena no es que vuelque su vida en Cristo. Eso es grande, enorme, descomunal. Pero lo hemos visto en san Pablo, en san Juan, en san Pedro y en todos los santos. Lo que convierte en excepcional a esta bendita mujer es que vuelca su vida en Cristo cuando lo cree muerto, es decir, cuando Cristo, aparentemente, no está allí. Y eso hace que María Magdalena vuelque su vida en las tinieblas. De ahí su llanto.

Mujer, ¿por qué lloras? Ella responde: Porque se han llevado a mi Señor. ¡Benditas lágrimas! No llora, como tantos, por algo presente: una enfermedad, una humillación o una contrariedad. Llora por el Ausente, y eso la sumerge en la vida mística.

La grandeza de María Magdalena es la de quienes deciden habitar en el silencio, y no aceptar consuelo alguno hasta que no sean despertados por una palabra: ¡María!

 (2207)

Una fuerza descomunal

san benitoPensad en las fuerzas más descomunales que puedan desatarse sobre la tierra: un terremoto, el choque de un asteroide contra un continente, una bomba atómica… Todas generan destrucción y muerte a su paso.

Sin embargo, existe una fuerza muy superior a todas ellas, capaz de propagar su onda expansiva, no sólo en la tierra, sino en la Historia, sacudiendo los siglos en una ola de vida y amor. No hay fuerza como ésa. Y es la fuerza desencadenada por un hombre que se decide a ser santo sin reservas.

Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Hace quince siglos que Benito de Nursia se decidió a ser san Benito. Y la Orden Benedictina cambió por completo el alma y la faz de Europa. Durante siglos, sus monasterios fueron los pulmones espirituales y culturales del Viejo Continente. Y, aún hoy, esos monasterios, salpicados por toda Europa, son reservorios silenciosos de piedad y vida espiritual.

¿Imaginas lo que podría suceder si tú, que tienes la misma gracia que Benito, te decidieras, sin reservas a ser santo? No, no lo imaginas. Pero ojalá lo descubras.

(1107)

Columnas de barro

Pablo es humilde con humildad recia, sin amaneramientos. Leed el capítulo 11 de la segunda carta a los Corintios, donde relata tanto sus méritos como su debilidad. Es cierto que habla mucho de sí mismo, pero lo hace como el turista que se retrata junto a una pirámide, para que se vea su pequeñez frente a la grandeza de Dios. Tras el fracaso de Atenas, donde, por agradar al público, calló sobre la Cruz, se enamoró perdidamente de esa Cruz y centró en ella toda su predicación en adelante. Ya no quiso saber cosa alguna sino a Cristo, y éste crucificado.

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Pedro es el amigo que ama y falla. Jesús le da el primer puesto, pero está claro que a él le gusta. Siempre se adelanta a los demás. Quizá por eso el Señor lo dejó caer tres veces, para que fuese humilde. Y quizá, también por eso, el Resucitado le preguntó, de nuevo por tres veces, si lo amaba más que el resto de apóstoles. Así lo invitaba a no pretender ser el primero más que en amor.

Benditos sean ambos. Frágiles, escogidas y enamoradas columnas de la Iglesia.

(2906)

De flechas y peonzas

Los niños ya no juegan con peonzas. Qué pena. Pero las peonzas no han desaparecido. Hay vidas que son como peonzas. Todo su misterio consiste en dar vueltas y vueltas sobre sí mismos: «Me duele aquí, me tratan mal, quiero esto, me molesta aquello…». Incluso, cuando rezan, siguen girando y girando hasta casi marear al buen Dios: «Concédeme esto, perdóname aquello, gracias por escucharme…». No es que esté mal esa oración; es muy necesaria. Pero si esa es toda su oración, la peonza no para de girar.

También hay vidas, como la de Juan Bautista, que son flechas; flechas disparadas por Dios hacia un blanco, que cortan el aire y no tienen más anhelo que alcanzar su meta.

Se va a llamar Juan. Demasiado tarde para ponerle nombre; la flecha ya había salido, y el propio Dios, al dispararla, la había nombrado. El mismo vientre materno se le volvía cárcel cuando, presintiendo al Cordero en el seno de María, saltaba en su interior deseando alcanzarlo. Juan es el modelo de quienes comienzan a existir con una misión asignada, y no se detienen hasta que la cumplen.

Realmente, Dios no creó peonzas, sino flechas. Pero hay flechas que se creen peonzas.

(2406)

Apóstol significa amigo

Cada vez que entro en la web de mi operador telefónico, me agreden con anuncios para que contrate las nuevas y maravillosas tarifas. Cuando entro en la web de mi seguro del automóvil, soy de nuevo agredido con banners para que contrate un suplemento increíble… No voy a quejarme más que lo justo. Si una empresa quiere vender un producto, necesita hacer campañas para que todo el mundo lo conozca.

La Iglesia no es una empresa, y tampoco vende nada. Pero también hace campañas cuando quiere transmitir un mensaje. ¿Por qué no aprovechar las nuevas formas de comunicación para anunciar a Jesucristo? No servirse de esos nuevos areópagos sería un pecado de omisión. Sin embargo, no vayamos a confundir esa labor de difusión con el apostolado.

A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. Normal. Los amigos comparten su intimidad. De no ser así, ¿qué amistad sería ésa? Para un cristiano, el apostolado no es distinto de la amistad verdadera. Tus amigos te cuentan su vida, y tú les cuentas la tuya, y la tuya es Cristo. Y Cristo es luz que ilumina el alma de tu amigo.

(1405)

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