Libros de José Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de los santos – Página 2 – Espiritualidad digital

La personalidad de los santos

«Si te entregas del todo a Jesucristo» –le decía un demonio a un alma–, «dejarás de ser tú mismo, perderás tu personalidad, y, en lugar de ser el hombre original que hoy eres, pasarás a ser un cristiano más, como todos, cortado por el mismo patrón».

Por algo llaman a Satanás padre de la mentira. Basta leer las vidas de los santos para comprobar lo distintos que ha sido unos de otros. ¿De verdad piensas que Dios quiere acabar con tu personalidad?

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.

¿No son los sarmientos distintos unos de otros? No les une el ser iguales; les une el llevar la misma savia.

Si te entregas a Jesucristo, lo que perderás (si te dejas) es tu pecado, la mentira que ensucia tu personalidad. Y, al llenarte de Dios, esa personalidad tuya se iluminará con la paz de Cristo y será luz para muchas almas.

¿Sabes quién era santa Brígida, a quien hoy celebramos? Era Brígida, la misma que nació del vientre de su madre, pero después de haber meditado muchas veces, y con mucho amor, la Pasión de Cristo.

(2307)

Donde no sé

María MagdalenaCuando María Magdalena le dice al ángel: Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo ha puesto, ella misma desconoce el alcance real de sus palabras. Para llegar a entender la verdadera profundidad de su queja, tendríamos que dar la vuelta a su discurso: «Lo han puesto donde no sé». Jesús resucitado estaba entonces, y está hoy, allí: «donde no sé». Y, aunque aparece fugazmente, y la saluda, glorioso, en el huerto (donde ella sí sabía), cuando María lo quiere atrapar entre sus brazos, Jesús le responde: No me retengas, que todavía no he subido al Padre… Subo a mi Padre… Y ese «subo» le oculta a sus ojos, y también a los nuestros. ¿Dónde sube? ¿Dónde está el Padre? «Donde no sé».

¿Por dónde se llega? San Juan de la Cruz responde: «Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes». Si quieres, María, abrazar al Señor y no dejarlo escapar, debes adentrarte en la noche de la fe, donde no tocas, ni ves, ni sabes. Sólo crees. Y, al creer, conoces. Y, al conocer, amas. Y, al amar, posees.

(Siento el galimatías. No lo sé expresar mejor. Pero es verdad).

(2207)

Tan pobre como san Benito

san benitoLa oración Colecta de la misa de san Benito dice: «Concédenos que, prefiriendo tu amor a todas las cosas, avancemos por la senda de tus mandamientos». Ese preferir «tu amor a todas las cosas» supuso, para el santo, la pobreza material. Como los apóstoles, él podía decir:

Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.

¿Pensáis que los seglares estáis llamados a un seguimiento menos radical? También vosotros debéis vivir esa pobreza en su raíz: nada debe importaros, salvo el Amor de Dios. Ese olvido de todo cuanto no sea Dios se traducirá después, en la vida corriente, según la vocación de cada uno.

Me preguntaréis: «¿No deben importarme mi trabajo, la manutención de mi familia, mi salud, o la salud de los míos?». Sólo si te importa desde Dios. Por no tener, no deberías tener ni «problemas personales». Eso que llamamos «problemas personales» son, muchas veces, la peor forma de egoísmo.

Quien trabaja de cajero en un Banco maneja miles de euros; y, quizá, él mismo es pobre, porque ese dinero no es suyo. Tú eres el cajero de Dios: no te pertenecen ni tu trabajo, ni tu familia, ni tu salud, ni tus problemas. Te pertenece Dios.

(1107)

Sensual y, por tanto, ignorante

Una ola de sensualidad y sentimentalismo cubre de ignorancia a Occidente. La sensualidad convierte a los hombres en esclavos del placer; y el sentimentalismo los reduce a siervos de las emociones que otros les provocan. El hombre de hoy siente mucho, y apenas sabe nada. Porque lo que conocemos por los sentidos es mínimo e irrelevante: sabes que algo es suave o áspero, grande o pequeño, agradable o desagradable, te hace reír o llorar… Pero ni siquiera sabes si es verdad, si durará o pasará, ni tampoco conoces su esencia. Apenas sabes, sólo sientes.

Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

Tomás no quiere creer: quiere tocar, sentir… como tantos. Incluso, cuando rezan, buscan más la sensación que la contemplación. Por eso no obedecen.

Bienaventurados los que crean sin haber visto. El creyente sabe mucho, y siente poco, porque la fe es oscuridad luminosa. Por la fe, sabemos y conocemos lo eterno. Y, sin apenas sentir nada, experimentamos, en lo profundo del alma, el gozo inefable de la bienaventuranza.

No seas incrédulo, sino creyente.

(0307)

Habiendo serafines, escogió a pecadores

Cuando nuestros primeros padres fueron expulsados del Edén, Dios encomendó la guarda del Paraíso a un serafín. Allí no quedaban hombres, pero el jardín de Dios no debía ser profanado.

Te daré las llaves del reino de los cielos.

Ningún esfuerzo le había costado a Dios crear el Edén. Pero la Iglesia le costó a Dios la sangre de su Unigénito. Y, cuando ese Hijo único, tras morir en la Cruz para alumbrar el nuevo Paraíso, resucitó y volvió a la derecha del Padre, encomendó la custodia de la Iglesia, no a serafines, sino a pecadores arrepentidos que lo amaban: a quien le había negado tres veces, y a quien había perseguido a muerte a sus discípulos.

Lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.

¡Misterioso designio de Dios! Pedro y Pablo han quedado como columnas sobre las que se asienta una Iglesia de dos mil años, llena de pecadores arrepentidos que amamos a Cristo. Pienso en mi parroquia; piensa tú en tu familia. Basta con que tú y yo seamos pecadores arrepentidos que amamos al Señor para que ambas se sostengan. Pero ¿lo somos?

(2906)