Evangelio 2022

Fiestas de los santos – Página 2 – Espiritualidad digital

Los obreros que el mundo necesita

Conforme pasan los años, y Occidente se va paganizando a velocidad de vértigo, las palabras del Señor se vuelven cada vez más acuciantes: La mies es abundante, y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

La mies es abundante, cada vez más. Son millones quienes viven sin Dios, entregados al vértigo de la tecnología y de los nuevos dogmas, sin otra referencia que lo que marquen los cánones de lo políticamente correcto.

Los obreros son pocos, muy pocos. Y no se aumenta el número de «obreros» reclutando catequistas para las parroquias ni voluntarios para Cáritas. Todo eso es necesario. Pero los «obreros» que el mundo necesita son Cirilos y Metodios, capaces de adentrarse, como ovejas entre lobos, en un mundo que vive sin Dios para anunciar a Jesucristo en bares, supermercados, plazas, centros de trabajo y comunidades de vecinos.

Claro que en las parroquias tenemos un trabajo que hacer. Pero no es el de llenar los locales de catequistas y voluntarios, sino el de formar apóstoles que salgan, que se santifiquen en la calle, y que se bañen más en cerveza que en agua bendita. ¡Hay tanto que hablar ahí fuera!

(1402)

¡Muerte al ego!

Ayer celebrábamos la conversión de san Pablo, y en aquel cambio radical que convirtió al fariseo en apóstol quedó claro que la vida no cambia porque te digan algo, sino porque te encuentres con alguien. Pablo había oído predicar a los cristianos, pero su vida cambió cuando se encontró con Cristo.

La predicación es necesaria, pero no basta. Quien predica habla para presentarte a alguien, pero ese alguien debe aparecer y entrar en tu vida, haciéndola cambiar desde la médula.

Decidles: «El reino de Dios ha llegado a vosotros». Para que yo pueda anunciar que el reino de Dios ha llegado a los hombres, y los hombres me crean, es necesario que yo desaparezca y muera; que sólo Cristo brille en mí sin que mi ego se interponga. No debo pretender exhibirme sino, al revés, ocultarme. Y debo estar tan lleno de los sentimientos de Cristo que llegue a ser otro Cristo, el mismo Cristo entre los hombres.

Por eso el propio san Pablo le pide a Timoteo: Toma parte en los padecimientos por el evangelio (2Tim 1, 8). En otras palabras: «No te conformes con hablar del Crucificado. Identifícate con Él, para que los hombres lo vean en ti».

(2601)

“Evangelio 2022

Un pipiolo enamorado

Me cuentas que ese amigo tuyo, hasta ayer ateo, asistió, por fin, a un retiro de fin de semana y le ha cambiado la vida. Hoy parece que le brillase la cara. Quieres llevarlo a varios grupos de jóvenes para que dé testimonio, y así atraiga a más almas al Señor. Y yo me alegro contigo de tan buena noticia, y doy gracias a Dios por ese cambio. Pero debo recordarte que tu amigo aún no sabe nada sobre la fe de la Iglesia, y que una cosa es convertirse y otra santificarse. No lo vayas a canonizar antes de tiempo, y no vayas a convertir en maestro a quien aún ni siquiera sabe recitar los mandamientos de la Ley de Dios.

Tu amigo ha visto una luz, como Pablo. Pero ahora, como Pablo, necesita a un Ananías que lo eduque. Después podrá él ayudar a otros.

El que crea y sea bautizado se salvará. ¿Sabes cuánto tiempo transcurría desde que el prosélito creía hasta que era bautizado? Años; años de escondimiento, formación, fidelidad y lucha ascética. Por tanto… paciencia y trabajo. Enamorarse es muy bonito; conocer al Amado y entregarle la vida es distinto: es maravilloso, pero lleva tiempo.

(2501)

“Evangelio 2022

Otra abuela descreída

En la homilía del bautizo del niño, expliqué a los padres: «Mirad que os llevaréis a casa un santo». Y, terminada la ceremonia, la abuela me dijo: «El niño ya era santo cuando lo trajimos a la iglesia». También a esta abuela, como a la de ayer, la sonreí con pena. Seguramente, nunca había rezado el salmo 50: En la culpa nací. Pecador me concibió mi madre (Sal 50, 7). Los niños, al nacer, ni son guapos ni son santos. Son muy queridos por Dios, por los ángeles y por sus abuelas.

Lo santos inocentes fueron concebidos en pecado, y en pecado nacieron. Pero de tal manera se unieron a Jesús, y al sacrificio redentor que había comenzado a ofrecerse en un pesebre, que la Iglesia afirma que, por anticipado, fueron bañados en la sangre de ese Cordero. A esa sangre se refiere san Juan: La sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado (1Jn 1, 7). Los llamamos inocentes, no porque nacieran santos, sino porque fueron santificados.

Llénate de alegría. La misma sangre que hizo de esos niños el cortejo de honor del Cordero te purificará a ti, y te devolverá la inocencia que perdiste en Adán.

(2812)

“Misterios de Navidad

“Evangelio 2022

Luces, belenes y bolas

Era un día como hoy, lleno de Navidad por todas partes, y yo leía en mi asiento del tren. Frente a mí, una mujer viajaba con su nieto. El niño hizo una gracia, yo me reí, cerré el libro, y la abuela y yo comenzamos a hablar. Llevaba a su nieto al centro de Madrid para que contemplase los adornos navideños. Como mi clergyman me delata, la mujer me dijo: «Yo no soy muy… bueno… algo tiene que haber, pero…». Sonreí con lástima. Porque ese «algo» que tiene que haber ha tomado carne, se ha hecho visible, y una abuela que ya no es capaz de reconocerlo se conforma con que su nieto vea luces, belenes y bolas.

Entonces entró también el otro discípulo. Vio y creyó. Las luces, los belenes y las bolas son importantes en Navidad. Como lo es el atuendo de los sacerdotes. Son signos que muestran una gracia que se ha hecho visible. Pero esa gracia está pidiendo a gritos unos ojos que conozcan, que vean y crean.

Recé por los ojos de la abuelita. Y por los del nieto. Y por los tuyos y los míos, para que sepamos reconocer, tras lo visible, lo invisible.

(2712)

“Misterios de Navidad

“Evangelio 2022

La gran pregunta

Juan, un monaguillo de diez años, me miró fijamente cinco minutos antes de la misa y, levantando el dedo índice, me dijo, con toda solemnidad: «Y, ahora, la gran pregunta: ¿Dónde me siento yo?».

Entiendo que, para un niño de diez años, la gran pregunta puede ser el asiento en el que va a pasar los próximos 45 minutos. Para otros, la gran pregunta es: «¿A qué hora comemos?». Para mí, la gran pregunta es: «¿Por qué todavía no ha vuelto el Señor?». La segunda gran pregunta es qué le sucedió a Natanael debajo de la higuera, pero esa respuesta puede esperar.

Supongo que todo tiene que ver con nuestra dureza de corazón. Si el Señor volviese hoy y juzgase a los hombres, ¿cuántos se condenarían? Son muchos quienes huyen de Él, son multitud quienes aún no lo conocen, y son un ejército los cristianos que jamás han anunciado el nombre de Cristo a quienes no creen en Él.

Os haré pescadores de hombres. Si hubiéramos obedecido, si hubiésemos echado las redes, el mundo estaría preparado para recibir al Señor. Es la gran respuesta a la gran pregunta: «Si de verdad queréis que vuelva, cumplid el mandato que os di».

(3011)

Usted no tiene cara de santo

Le dije a una mujer que me escuchaba a través de la rejilla del confesonario: «Tienes que ser santa». Ella se plantó de pie frente a mí, y me dijo: «Míreme bien. ¿Usted me ha visto cara de santa?».

No sé cómo son las caras de los santos. El Cura de Ars era más feo que Picio, y santa Teresa del Niño Jesús era una hermosura. Supongo que las caras de los santos son caras de personas normales. Aunque a los santos les brillan los ojos.

También supongo que aquella mujer entendía la santidad como perfección moral. Puedes ser bueno, muy bueno… y santo. Pero la santidad es otra cosa. Es una aventura de amor, en la cual el alma queda cautivada por la hermosura de Cristo hasta pertenecerle por completo. No hay santos sin oración. Pero tampoco hay santos sin entrega.

Los santos están en el cielo. Canonizar a alguien en vida es tan estúpido como condenarlo. Mientras quede una brizna de aire que respirar sobre la tierra, puede el corazón humano cerrarse o abrirse al Amor. En la tierra vivimos los zoquetes que queremos ser santos. Y ojalá seas uno de ellos. Aunque no tengas «cara de santo».

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