Vida contemplativa
Cuando nos hablan de vida contemplativa, rápidamente viene al pensamiento la imagen de una religiosa de clausura postrada ante un sagrario y meditando las Escrituras. Y no vamos errados, eso es vida contemplativa. Ojalá todos, y no solo las religiosas de clausura, contempláramos la palabra de Dios ante el sagrario.
Pero no sólo eso es vida contemplativa.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.
¿Qué es «todo esto»? Todo esto es la vida de la Virgen, los acontecimientos que la desbordaban: Un ángel de rodillas ante ella, un Dios recostado en un pesebre, un anciano que le anuncia una espada, un niño que se queda en «las cosas de su Padre» sabiendo que la angustia devoraría el corazón de su madre…
No puede entenderlo. Tampoco lo intenta. Sólo lo guarda, lo contempla, y el Espíritu, poco a poco, lo ilumina. Ella calla y ora.
Y es que no es preciso recluirse en un convento para tener vida contemplativa. Algunas almas están llamadas a la clausura, pero a la contemplación estamos llamados todos. Ante el sagrario… ¡y en la calle! Ante una enfermedad, ante el nacimiento de un hijo, ante la muerte de un ser querido… Contempla, calla y ora.
(ICM)











