Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Fiestas de la Virgen – Espiritualidad digital

Navidad en plena Cuaresma

llena de graciaTiene gracia esta irrupción premonitoria de la Navidad en plena Cuaresma. Camina el pueblo de Dios hacia el Calvario y, de repente, se planta ante nosotros Gabriel y nos recuerda que faltan nueve meses para Navidad. Abrimos los ojos, cansados del camino, y nos maravillan la Virgen joven, el anuncio gozoso, el Cristo chiquitín encerrado en el vientre de Mamá. Nos restregamos, esperábamos un Jesús crucificado y una Virgen traspasada de dolor. ¿Dónde estamos, realmente?

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. En el mismo lugar, una luz distinta sobre el mismo misterio: el de la Redención. Comprenderás mejor en el Calvario si sabes que la Cruz no fue sino consumación de un sacrificio comenzado en Nazaret.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios; entonces yo digo: «Aquí estoy —como está escrito en mi libro— para hacer tu voluntad (Sal 39, 7-9). El sacrificio del Calvario no es ofrenda de dolor, sino de obediencia. Y esa obediencia comenzó en el vientre de una Virgen que también obedeció. Festeja hoy. Ya sabes cómo unirte al sacrificio. ¿Eres dócil a los consejos del director espiritual?

(2503)

Creo en la Mujer

Dos mujeres, frente a frente: El Génesis nos muestra a Eva y su terrible rendición ante la serpiente; san Lucas, en el evangelio, nos muestra a María, la que pisó la cabeza de la serpiente.

¿A cuál de las dos mujeres reivindica como modelo el feminismo que, en nuestros días, todo lo llena? Ese feminismo amargo y malhumorado, lleno de reproches y agresividad, ¿huele a Eva, o huele a María? María huele a Cielo, como Dios; Eva huele a barro y a inmundicia, como la serpiente.

¿Por qué discutir, por qué reprochar, por qué agredir? Mostremos a la Mujer, presumamos de Madre.

Frente a la mujer que reniega de la virginidad como de una lacra, mostremos a la Virgen que, por serlo, fue templo de Dios. Frente a la mujer que busca su promoción escapando del hogar, mostremos a la que, con su presencia y su sonrisa, fue el alma del hogar de Nazaret. Frente a la mujer que reivindica el derecho a matar a su hijo en su propio vientre, dejemos que resplandezca la que es Madre amorosa de pueblos y Madre del propio Dios.

No creo en el feminismo. Creo en la mujer. Y la mujer es María.

(0812)

“Misterios de Navidad

Rendida

Son palabras escritas por santa Teresa de Jesús: «Pues del todo me rendí, ¿qué mandáis hacer de mí?». Con ellas, la santa mostraba al Señor sus deseos de una entrega sin condiciones a su Amor. Pero bien podría decirse –y bien sabía ella– que estas palabras se cumplieron de modo excelso en la Virgen María.

Todo el misterio de la presentación de la Virgen en el templo se resume en una rendición total ante el Amor.

María consagra su cuerpo por la virginidad; su corazón, por la pureza; su pensamiento, por la oración… y su vida, que, como la nuestra, se compone de tiempo, por el cumplimiento fiel de la voluntad de Dios a cada instante.

El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

La santidad nunca está completa sin un acto total de rendición, que convierta la vida en sacrificio de obediencia. La entrega del cuerpo, el corazón y el pensamiento, al final, se condensan en una entrega de la vida al cumplimiento de la divina voluntad, derramada en sacrificio con espíritu enamorado. Nadie se santifica arrastrando los pies. Los santos aman y sonríen.

(2111)

Quien escucha queda lleno

No es lo mismo tener la música puesta que escuchar música. Puedes, por ejemplo, conducir con la música puesta, pero tu atención está en la carretera. Cuando escuchas música, sin embargo, te sientas, cierras los ojos, y dejas que la música te llene por dentro. Porque escuchar es dejarse llenar.

Así comenzaba el primer precepto del Decálogo: Escucha, Israel (Dt 6, 4). Y así bendice el Señor al corazón santo: Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

La Virgen María, desde niña, dedicó su vida a escuchar a Dios. Y de Dios quedó llena. Escuchó en el corazón, y así se mantuvo inmaculado, libre de toda mancha y fecundado por Dios. Escuchó en el vientre, porque la Encarnación del Verbo no fue sino la acogida de la Palabra en unas entrañas que en silencio la escuchaban. Escuchó en la vida, y así su vida fue el fiat de la Palabra.

En este día de la Virgen del Pilar, no encontrarás mejor forma de honrar a la Virgen que imitándola. Escucha como ella escuchó. Escucha con el oído la palabra de Dios; con el corazón, las insinuaciones del Espíritu; y, con el cuerpo, la Comunión que recibes.

(1210)

Resucitando muertos

Si estás atento, te darás cuenta de que, a lo largo del día, se te mueren minutos. Se trata de eso que llamamos «tiempos muertos», y a los que parecemos no dar importancia. Has quedado con alguien, llega tarde, y tienes que esperar sin hacer nada. Has terminado pronto una actividad y, antes de comenzar la siguiente, estás ocioso. Vas caminando a la tienda, o a cualquier sitio, y llevas la mente distraída.

Esos tiempos muertos, hoy día, los amortajamos y los encerramos en el ataúd del teléfono móvil. ¿Nada que hacer? Saca el teléfono, mira la pantalla, y a terminar de matar los minutos sin apenas dolor.

¡Qué pena! Tú, que eres cristiano, deberías ser buen «resucitador». ¿Por qué no resucitas los tiempos muertos, para convertirlos en ofrenda viva a tu Padre? Yo te diré cómo: deja el teléfono móvil para cuando realmente lo necesites y, si te encuentras unos minutos tirados en el barro del ocio, saca el rosario del bolsillo. Un misterio se reza en tres minutos. Quizá no te dé tiempo a más. Pero, si resucitas cinco tiempos muertos en un día, habrás rezado otra parte del rosario.

Tendrás más vida, y la Virgen… ¡Tan contenta!

(0710)

Ese dolor de amor tan dulce

Éstos son mi madre y mis hermanosLa Virgen de los dolores es la Virgen de los amores. Porque su dolor es dolor de amor. Cualquiera que ame de verdad sabe que, en esta vida, el amor siempre viene bañado en lágrimas. Sólo en el Cielo amaremos sin sufrir.

Es el amor que la Virgen siente por su Hijo el que la lleva a compartir sus padecimientos. No todos aman a Jesús así. Quien sólo se acerca a Jesús buscando su propio provecho sufre más por sí mismo que por el Señor. Le pide: «¡Jesús, sálvame de este dolor!», y es su propio dolor el que sufre.

Pero quienes aman de verdad a Cristo deben prepararse para compartir sus padecimientos, como los compartió la Virgen. Esas almas escogidas no tienen ya dolores propios; sus llagas son las del Señor, sus soledades son las del Madero, su hambre y su sed son las de Cristo.

En ellas se cumplen las palabras de san Pablo: Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia (Col 1, 24). No hay dolor como ése. Es dolor dulce, muy dulce. No se cambia por todos los placeres de la tierra.

(1509)

¡Me alegro de que hayas nacido!

No tengo la menor idea de si, en los tiempos en que vivió la Virgen, los cumpleaños se celebraban en Israel. Sé que hoy los celebramos; hace no muchos días celebré el mío. Y también sé que, aunque todas las felicitaciones se agradecen, las que más llegan al alma son las verdaderas. Una verdadera felicitación de cumpleaños es la de quien te dice «felicidades», como todo el mundo, pero, con el tono de su voz o con su mirada, te suelta un discurso silencioso: «¡Me alegro de que hayas nacido!». Eso emociona.

Por eso la Iglesia, en este día de la Natividad de la Virgen (es decir, su cumpleaños), nos muestra a José: José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer. Repito que no sé si José felicitaba el cumpleaños a la Virgen, ni tan siquiera si conocía el día de su nacimiento. Pero acogió a María lleno de amor y, en cada una de las muchas miradas de amor a su esposa le decía: «¡Me alegro de que hayas nacido!»

¡Me alegro de que hayas nacido, Madre! Te lo diré con los ojos, con el alma y el corazón. No concibo mi vida sin tenerte cerca.

(0809)

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