Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de la Virgen – Espiritualidad digital

Ella misma es un rosario

Es un detalle simpático el que, en la gruta de Masabielle, la Virgen de Lourdes pasara las cuentas del rosario sin abrir los labios. ¡No iba a rezarse el rosario a sí misma! Era Bernardita, y nosotros, quienes le rezamos el rosario a ella. Pero ella misma es un rosario.

La Virgen María es un rosario, y las horas de su vida son las cuentas. Porque ella se llenó de gozo en la Encarnación y el Nacimiento de Jesús. Ella fue iluminada con sus milagros y su predicación. Ella fue traspasada de dolor en la Pasión de su Hijo. Y ella fue igualmente partícipe de su gloria en su resurrección.

Recorrer las cuentas del rosario es recorrer la vida de Cristo. Pero es, también, acompañar a la Virgen en su caminar junto a Él. No hubiéramos encontrado el modo de explicar el misterio de María si ella misma no nos hubiera dado la llave que abre el secreto de su vida: Hágase en mí según tu palabra. Y esa Palabra es Cristo, su Hijo. Conforme a esa Palabra fue moldeada dócilmente su existencia. A ella le pediremos que ese gozo, esa luz, ese dolor y esa gloria moldeen nuestros corazones.

(0710)

La Señora de mis dolores

Vivimos en un mundo de vampiros. Como al conde Drácula, la Cruz nos hace huir despavoridos. Y es que, en nuestra ceguera vampírica, no vemos en ella más que dolor. Y el dolor nos repugna. Llegamos a la fiesta de la Virgen de los Dolores, y el mero nombre nos tira de espaldas. En más de treinta años de sacerdocio, no he bautizado a ninguna María Dolores, aunque me han hecho bautizar a alguna «Lola». Sobre María Angustias ya ni hablo.

Pero, repito, estamos ciegos. Porque hablamos de terreno conquistado. Decir María de los Dolores es como decir Sancho de Navarra. Cristo ha hecho suyo todo el dolor de la Humanidad en la Cruz. Y la Virgen se ha adentrado con Él en esa conquista como consorte.

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Que alguien clave una estaca en el pecho a los vampiros y encienda las luces. Que brille la Cruz en toda su gloria. María de los Dolores es la Virgen María de mis dolores, la señora de mis penas, que, abrazadas por ella, se han convertido en dulzuras.

(1509)

Quien honra a la madre honra al Hijo

Me ha hecho gracia tu pregunta: «Padre, he estado media hora rezando ante el sagrario, y me he dado cuenta de que la pasé hablando con la Virgen. ¿No se habrá ofendido el Señor?».

Podría decirte que, en nuestra parroquia, cuando los jueves exponemos el Santísimo, rezamos el rosario ante la custodia. ¿Crees que se ofende el Señor?

También podría decirte, y esto es más personal, que cada mañana, cuando despierto del sueño, ofrezco el día que comienza rezando el «Bendita sea tu pureza». ¿Crees que se ofende el Señor?

No, no y no. No se ofende el Señor. Al Señor le agrada y le llena de orgullo que honremos a su madre. Y todo el culto que profesamos a la Virgen llega a Cristo, porque ella se lo entrega.

La criatura que hay en ella viene del Espí­ritu Santo. Y así, como está llena de Cristo, cualquier alabanza o ruego dedicados a la Señora alcanzan siempre al Señor.

No temas, por tanto, que un «exceso» en la devoción a la Virgen María pueda ofender al Señor. Teme, más bien, que esa devoción quede en un sentimentalismo hueco y no transforme tu vida a imagen de la vida de Cristo.

(0809)

Santo orgullo

El individualismo que azota Occidente desde la Revolución Francesa nos ha hecho perder la perspectiva. Apenas nos sentimos parte de un pueblo, mucha gente vive en chalets rodeados de muros y su casa es su castillo, su patria y su mundo. El vecino está lejísimos, y sus dolores y alegrías son sólo suyos.

Nos queda el deporte. Si nuestra selección de fútbol gana un Mundial, lo hemos ganado todos (sólo si gana, porque, si pierden, «han perdido») y todos los celebramos, aunque no hayamos tocado el balón sino la cerveza.

Pues al deporte me aferraré, si es lo que queda. Y aunque no imagino a la santísima Virgen jugando al fútbol, me alegraré porque su coronación es la nuestra. Ella ha sido ensalzada como reina de cielos y tierra, y con ella todos sus hijos hemos sido nombrados hijos de reyes, príncipes celestiales y dueños de la Creación.

¡Cómo no enorgullecernos! Tenemos por madre a la mujer más hermosa de la Historia, y en las estrellas que orlan su corona lleva engarzados nuestros nombres. Nos mira desde su trono del cielo con una ternura infinita, y nos cuida como a sus hijos pequeños.

Hemos ganado el Mundial de la Historia.

(2208)

Lo más normal

El gnosticismo fue una de las primeras herejías que azotó al cristianismo. Según esa doctrina, tan actual aún en nuestros días, el hombre se redime superando el lastre del cuerpo y adquiriendo una «gnosis», un conocimiento que lo eleva sobre lo material. El cuerpo, y cualquier placer corporal, es malo y debe dejarse atrás.

Ya comprenderéis que esta doctrina se da de palos con el misterio de la Encarnación: Dios ha asumido un cuerpo porque el cuerpo, aunque enfermo a causa del pecado original, es bueno, es obra suya. Ha comido y bebido porque los placeres corporales son buenos y están llenos de Amor de Dios. Ha resucitado corporalmente para llevar, no sólo el suyo, sino también nuestros cuerpos a la gloria.

¡Bendito el cuerpo de la Virgen, que nunca se desposó con el pecado! ¡Benditos esos miembros carnales de los que se alimentó Dios! ¡Benditos brazos, que cobijaron a Dios niño! ¡Benditos labios, que besaron al Altísimo!

Me atrevería a decir que el cuerpo de Cristo, en el Paraíso, estaba incompleto sin el de su Madre. ¿Qué hijo no desea un beso de mamá? Por eso, el que ella fuera llevada corporalmente al cielo me parece… lo más normal.

(1508)

Vida contemplativa

Cuando nos hablan de vida contemplativa, rápidamente viene al pensamiento la imagen de una religiosa de clausura postrada ante un sagrario y meditando las Escrituras. Y no vamos errados, eso es vida contemplativa. Ojalá todos, y no solo las religiosas de clausura, contempláramos la palabra de Dios ante el sagrario.

Pero no sólo eso es vida contemplativa.

Su madre conservaba todo esto en su corazón.

¿Qué es «todo esto»? Todo esto es la vida de la Virgen, los acontecimientos que la desbordaban: Un ángel de rodillas ante ella, un Dios recostado en un pesebre, un anciano que le anuncia una espada, un niño que se queda en «las cosas de su Padre» sabiendo que la angustia devoraría el corazón de su madre…

No puede entenderlo. Tampoco lo intenta. Sólo lo guarda, lo contempla, y el Espíritu, poco a poco, lo ilumina. Ella calla y ora.

Y es que no es preciso recluirse en un convento para tener vida contemplativa. Algunas almas están llamadas a la clausura, pero a la contemplación estamos llamados todos. Ante el sagrario… ¡y en la calle! Ante una enfermedad, ante el nacimiento de un hijo, ante la muerte de un ser querido… Contempla, calla y ora.

(ICM)

Nacida junto a un árbol y a una fuente

Jamás cometáis el error de comparar a la Iglesia con cualquier institución humana. Si la Iglesia fuera solamente una institución humana, como cualquier ONG o una de las muchas fundaciones benéficas modernas, la Iglesia habría desaparecido hace mucho tiempo. ¿Qué institución humana podría resistir la caída de imperios y la persecución hasta la muerte de sus miembros?

La Iglesia está viva. Las instituciones humanas nacen en los despachos. Los niños nacen de un hombre y una mujer.

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».

Junto a un árbol y a una fuente nació la Iglesia. Y nació de un hombre –Jesús– y una mujer –María–. Allí aprendió a decir «Abbá» y a decir «Mamá». Como cualquier niño, nació llorando y envuelta en sangre. Y, como cualquier niño, fue amamantada en los pechos de su madre, la Virgen, junto a quien se agruparon los apóstoles para recibir al Espíritu en Pentecostés.

Ahora es ella la que amamanta a sus hijos en los sacramentos. Pero no olvida, ni olvidará jamás, quién es su madre.

(MMI)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad