Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de la Virgen – Espiritualidad digital

Santo orgullo

El individualismo que azota Occidente desde la Revolución Francesa nos ha hecho perder la perspectiva. Apenas nos sentimos parte de un pueblo, mucha gente vive en chalets rodeados de muros y su casa es su castillo, su patria y su mundo. El vecino está lejísimos, y sus dolores y alegrías son sólo suyos.

Nos queda el deporte. Si nuestra selección de fútbol gana un Mundial, lo hemos ganado todos (sólo si gana, porque, si pierden, «han perdido») y todos los celebramos, aunque no hayamos tocado el balón sino la cerveza.

Pues al deporte me aferraré, si es lo que queda. Y aunque no imagino a la santísima Virgen jugando al fútbol, me alegraré porque su coronación es la nuestra. Ella ha sido ensalzada como reina de cielos y tierra, y con ella todos sus hijos hemos sido nombrados hijos de reyes, príncipes celestiales y dueños de la Creación.

¡Cómo no enorgullecernos! Tenemos por madre a la mujer más hermosa de la Historia, y en las estrellas que orlan su corona lleva engarzados nuestros nombres. Nos mira desde su trono del cielo con una ternura infinita, y nos cuida como a sus hijos pequeños.

Hemos ganado el Mundial de la Historia.

(2208)

Lo más normal

El gnosticismo fue una de las primeras herejías que azotó al cristianismo. Según esa doctrina, tan actual aún en nuestros días, el hombre se redime superando el lastre del cuerpo y adquiriendo una «gnosis», un conocimiento que lo eleva sobre lo material. El cuerpo, y cualquier placer corporal, es malo y debe dejarse atrás.

Ya comprenderéis que esta doctrina se da de palos con el misterio de la Encarnación: Dios ha asumido un cuerpo porque el cuerpo, aunque enfermo a causa del pecado original, es bueno, es obra suya. Ha comido y bebido porque los placeres corporales son buenos y están llenos de Amor de Dios. Ha resucitado corporalmente para llevar, no sólo el suyo, sino también nuestros cuerpos a la gloria.

¡Bendito el cuerpo de la Virgen, que nunca se desposó con el pecado! ¡Benditos esos miembros carnales de los que se alimentó Dios! ¡Benditos brazos, que cobijaron a Dios niño! ¡Benditos labios, que besaron al Altísimo!

Me atrevería a decir que el cuerpo de Cristo, en el Paraíso, estaba incompleto sin el de su Madre. ¿Qué hijo no desea un beso de mamá? Por eso, el que ella fuera llevada corporalmente al cielo me parece… lo más normal.

(1508)

Vida contemplativa

Cuando nos hablan de vida contemplativa, rápidamente viene al pensamiento la imagen de una religiosa de clausura postrada ante un sagrario y meditando las Escrituras. Y no vamos errados, eso es vida contemplativa. Ojalá todos, y no solo las religiosas de clausura, contempláramos la palabra de Dios ante el sagrario.

Pero no sólo eso es vida contemplativa.

Su madre conservaba todo esto en su corazón.

¿Qué es «todo esto»? Todo esto es la vida de la Virgen, los acontecimientos que la desbordaban: Un ángel de rodillas ante ella, un Dios recostado en un pesebre, un anciano que le anuncia una espada, un niño que se queda en «las cosas de su Padre» sabiendo que la angustia devoraría el corazón de su madre…

No puede entenderlo. Tampoco lo intenta. Sólo lo guarda, lo contempla, y el Espíritu, poco a poco, lo ilumina. Ella calla y ora.

Y es que no es preciso recluirse en un convento para tener vida contemplativa. Algunas almas están llamadas a la clausura, pero a la contemplación estamos llamados todos. Ante el sagrario… ¡y en la calle! Ante una enfermedad, ante el nacimiento de un hijo, ante la muerte de un ser querido… Contempla, calla y ora.

(ICM)

Nacida junto a un árbol y a una fuente

Jamás cometáis el error de comparar a la Iglesia con cualquier institución humana. Si la Iglesia fuera solamente una institución humana, como cualquier ONG o una de las muchas fundaciones benéficas modernas, la Iglesia habría desaparecido hace mucho tiempo. ¿Qué institución humana podría resistir la caída de imperios y la persecución hasta la muerte de sus miembros?

La Iglesia está viva. Las instituciones humanas nacen en los despachos. Los niños nacen de un hombre y una mujer.

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».

Junto a un árbol y a una fuente nació la Iglesia. Y nació de un hombre –Jesús– y una mujer –María–. Allí aprendió a decir «Abbá» y a decir «Mamá». Como cualquier niño, nació llorando y envuelta en sangre. Y, como cualquier niño, fue amamantada en los pechos de su madre, la Virgen, junto a quien se agruparon los apóstoles para recibir al Espíritu en Pentecostés.

Ahora es ella la que amamanta a sus hijos en los sacramentos. Pero no olvida, ni olvidará jamás, quién es su madre.

(MMI)

La primera comunión de la Historia

Es gracioso (porque es gracia) cómo se solapan los ciclos litúrgicos. Sumergidos, como estamos, en lo más profundo de la Cuaresma, se abre hoy un paréntesis y comienza la cuenta atrás para la Navidad. Nueve meses a partir de hoy. Porque hoy, a través del anuncio del ángel, siembra Dios en las purísimas entrañas de María, la tierra buena, la semilla de su Hijo encarnado.

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. No cabe más docilidad. Dieciséis siglos después, esas palabras virginales encontrarían eco en los versos de santa Teresa de Jesús: «Vuestra soy, para Vos nací. ¿Qué mandáis hacer de mí?»

Es la primera comunión de la Historia. El mismo cuerpo que cada día comulgamos fue recibido en las entrañas de la Virgen. Ella fue el primer sagrario. Podríamos saludar al Hijo de Dios con una reverente genuflexión ante santa María encinta. Hoy quiero yo hacer esa genuflexión.

Pero no olvidemos que también en nosotros siembra Dios su semilla, su palabra pronunciada y escuchada cada día. Acojámosla con la misma devoción con que acogió la Virgen en su seno al Hijo de Dios. Y también nosotros, salvadas todas las distancias, seremos madre de Cristo.

(2503)

Las bodas del Cordero

Llamamos a esta fiesta, también, «la candelaria». Porque los fieles entran en el templo portando candelas encendidas en las manos. Y esa entrada nos recuerda a la parábola de las vírgenes prudentes, que entraron al banquete junto al esposo con las velas encendidas.

Porque esta fiesta de la Presentación del Señor es, también, fiesta de bodas, misterio esponsal.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley

¿Ves cómo entra el Señor en su templo? Igual que el esposo, tras la boda, entra en el santuario de la esposa y lo fecunda, alumbrando en su seno una vida nueva, así entra Cristo en el tabernáculo, fecundándolo con el sacrificio de dos tórtolas que anuncian la próxima efusión de la sangre del Cordero.

Tú eres el templo. Tú eres la esposa. Y Cristo entra en ti, en lo profundo de tu alma, por la efusión de su gracia, anunciada en la sangre y el agua manadas de su costado. Esa sangre y esa agua, esa gracia divina, te fecunda y te santifica, te hace partícipe de la vida divina y te convierte en hijo de Dios.

Es tu boda la que celebramos.

(0202)

El Niño Jesús que yo quiero

No lo venden en las tiendas, ni está en las galerías del arte, pero yo quisiera un Niño Jesús con moquitos. Cuando lo digo no me toman en serio, pero va en serio. Y una Virgen que le limpie los moquitos, y que sería la primera Verónica. Lágrimas ante Jerusalén, sangre en la Cruz, moquitos en el pesebre. No hay tanta diferencia, es un rostro que destila humanidad.

Porque Aristóteles pensó en un Dios omnipotente y creador de todo a quien no le importamos un pimiento. Ese Dios no viene con moquitos, ni necesita quien se los limpie. Ese Dios tampoco llora ni sangra.

Pero la Virgen tuvo en brazos a un Dios con moquitos. Y su inmaculado corazón se estremeció en un vértigo de asombro ante la fragilidad del Altísimo convertido en bebé.

Los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. ¿Qué hacía la Virgen? Lo que hace cualquier madre con su bebé: arroparlo, protegerlo, limpiarlo. Y, a su tiempo, cambiarle los pañales a Dios.

¿No es para morir de gozo y de asombro el modo en que un Dios amante se ha puesto en nuestras manos?

(0101)

“Misterios de Navidad

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad