Evangelio 2018

Fiestas de la Virgen – Espiritualidad digital

Los pastores, la Virgen y la fuente

fervorSi llevas días sin beber agua, y alguien te dice dónde hay una fuente, no te diriges a ella arrastrando los pies. Corres, y agotas las pocas fuerzas que te quedan, hasta llegar allí. Cuando llegas, sacias tu sed con inmensa alegría.

Los pastores representan a la humanidad sencilla, a tantas buenas gentes que, sabiéndolo, o sin saberlo, andan sedientas de Dios. Cuando los ángeles les anunciaron la buena nueva, fueron corriendo hacia Belén. Así, con esa misma sed, deberías acudir tú a la santa Misa. ¿Por qué llegas siempre tarde? ¿Acaso no estás sediento? ¿O, más bien, será que estás saciado de cosas y tareas que te impiden sentir la sed de Dios?

Y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Frente a las carreras de los pastores, el niño reposa. Él es la fuente, Él es la quietud, Él es la paz que tú y yo necesitamos.

María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Ella es la que bebe sin cesar de la fuente de agua viva, y guarda en su corazón el agua como guardó al Niño en sus entrañas. Por eso es Madre de Dios.

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De Nazaret a Lourdes

guapísimaCuando, ante la embajada de Gabriel, María se llama a sí misma la esclava del Señor, no está improvisando una fórmula de cortesía, sino que está manifestando en palabras el modo en que ella se veía a sí misma. Poco después, ante Isabel, volverá a emplear la misma expresión: Dios –dirá– ha mirado la humildad de su esclava (Lc 1, 48).

En 1858, cuando María se aparezca, en Lourdes, a Bernadette Soubirous, se presentará a sí misma con estas palabras: «Yo soy la Inmaculada concepción».

¿Sabía María, cuando, en Nazaret, se vio ante Gabriel, lo que sabía de sí misma en 1858, cuando se apareció en Lourdes y ya tenía su morada permanente en los cielos?

Desde muy niña, la Virgen experimentó una sensibilidad especial para todo lo divino. Sabía que su alma era un cristal limpísimo, que se dejaba herir por los rayos de un Sol amante. Entre aquel momento y su Asunción a los cielos, ella fue entendiendo el misterio de su limpieza interior. Y supo que Dios le había dado un corazón totalmente puro, ajeno por completo al pecado. Pero conservarlo así fue mérito suyo.

¡Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros, que recurrimos a ti!

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«Virgen» es la Virgen

Aún usábamos cintas de casete. Y le escuchaba a mi padre: «Tengo que comprar una cinta virgen». Me sonaba rarísimo, porque, para mí, virgen era la Virgen María. Y asociar una palabra tan sagrada con una cinta metida en una caja que siempre se atascaba y te obligaba a usar un boli «bic» me parecía una blasfemia.

Si de mí dependiera, yo no usaría la palabra «virgen» más que para la Virgen. Y para las monjas, que se miran en ella. Porque la virginidad de María, evocada hoy en esa consagración realizada en el Templo cuando era niña, es virginidad enamorada. Nada tiene que ver con la soltería, ni con la frialdad, ni con la represión patológica de las pulsiones naturales.

El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y mi hermana y mi madre. La virginidad de María, en lugar de hacerla estéril, la convierte en Madre de Dios. Al entregar al Espíritu su cuerpo, entrega también alma, voluntad, y vida. Así, el Espíritu puede llenarla de Dios, y es a Dios mismo a quien da a luz.

Por eso, si de mí dependiera, quien dijera «virgen» debería decir «María».

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El pilar de la humanidad

Lo que se llamó «movimiento de liberación de la mujer» vino a ser el comienzo de un mundo sin mujeres. Porque, más que liberar a Eva del yugo de Adán, se trataba de «adanizar » a Eva, y matarla como mujer. A la que había sido el alma del hogar y la madre de familia numerosa se la dotó del derecho a matar a sus hijos en su vientre y se la animó a buscar su realización fuera de casa, haciendo lo que hacía el hombre. Pero el mundo sin mujeres acaba siendo un mundo sin familia, sin hogar, sin niños, sin calor. Ahora, este mundo frío se encuentra a merced de los manipuladores de nieve.

He visto caer a padres de familia. Si la madre se mantenía en pie, la familia permanecía unida. He visto a mujeres levantar a sus maridos con inmensos sacrificios. Pero también he visto caer por tierra a madres, y venirse abajo la familia entera.

Dichoso el vientre que te llevó… Si la Virgen quiso aparecer sobre un pilar, no fue casualidad. ¿Acaso no estaba diciendo, entre otras cosas, que la mujer es el pilar que sostiene a la humanidad? Pero, si el pilar cae…

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Bendita repetición de palabras

rosarioHay quien dice que el santo rosario no es sino una repetición de palabras. Benditas palabras, y bendita repetición. Yo me paso la vida repitiendo palabras a los hombres, diciéndoles siempre lo mismo, sin que apenas nadie haga caso. Sin embargo, cada palabra que digo a Dios alcanza el corazón amoroso de la Trinidad y vuelve a mí destilada en gracia divina. También, también a Dios tengo que repetirle muchas veces las mismas palabras. Él lo quiere así, y por eso nos pide tantas veces que insistamos en la oración.

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Tras estas palabras de María, el Verbo divino se hizo carne. También las palabras del sacerdote, durante la misa, hacen descender a Jesús desde el cielo para hacerse presente en el altar.

Cierto; el santo rosario es una repetición de palabras. Pero cuidadlas mucho. No hay palabras mejor dichas, ni mejor repetidas. Mientras pasáis las cuentas, no os conforméis con una recitación mental; abrid los labios, pronunciad y saboread esas palabras, aunque sea en voz baja. Os sabrán dulces, y harán que vuestro amor por Cristo y su santísima Madre se encienda más y más en cada avemaría.

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