Liber Gomorrhianus

Fiestas de la Virgen – Espiritualidad digital

La Reina Madre

¡Qué sabiduría, la de la Iglesia! El mismo día en que proclama a María Reina de cielos y tierra, nos presenta el pasaje en que ella dice de sí misma: He aquí la esclava del Señor.

Pero, en el cielo, las cosas son así. No hay otro rey fuera del Señor. Sólo Él tiene el imperio, el poder y el señorío sobre todo lo creado. Pero, cuando una criatura se somete amorosamente a sus designios, Él la eleva, la hace suya, y la sienta en el trono de sus rodillas como sientan los padres a sus hijos. Desde allí, esa criatura reina con Dios.

María es esa criatura. Sometida en todo al Amor divino, no sólo reina con el Dios altísimo, sino que, por singular privilegio, reina también sobre Él. ¿Acaso no es la madre reina del Hijo? ¿No se somete el Hijo a la Madre, como se sometió en Caná, cuando, a petición de María, adelantó su hora?

Por eso la llamamos «Omnipotencia suplicante». Porque, en el cielo, Cristo sigue obedeciendo a María en todo. Y cuando Ella intercede por los hombres, el Hijo le concede cuanto pide.

Sin ser Dios, eres reina de Dios. ¡Cómo lo has enamorado!

(2208)

Toda tú eres de Dios

En el salmo 44 estaba escrito, acerca de la esposa del Rey: Quiero hacer memorable tu nombre por generaciones y generaciones, y los pueblos te alabarán por los siglos de los siglos (Sal 44, 18). En esas palabras se vio reflejada María, y así cantó ante Isabel: Desde ahora me felicitarán todas las generaciones.

Son muchas, María, las generaciones que han pasado desde entonces. Y, tal como anunciaste, todas te han felicitado. Hoy lo hacemos nosotros, y, al felicitarte, nos felicitamos también por tenerte como madre.

Felicidades, porque has sido recibida, en cuerpo y alma, en lo más alto del cielo, y allí tienes tu trono junto al de tu Hijo. En todo lo seguiste en esta vida, y era justo que en todo lo siguieran también en la gloria.

Nuestros pobres cuerpos tendrán que pagar sus culpas en el sepulcro antes de ser glorificados. Pero el tuyo, Madre nuestra, jamás se desposó con el pecado ni tuvo nada que ver con él. Todos tus miembros glorificaron a Dios toda tu vida. Si, por tanto, fueron suyos, ¿qué hay de extraño en que Él los tome y los lleve junto a Sí?

¡Oh, María, asunta al cielo, ruega por nosotros!

(1508)

La santa prisa

¡Qué prisas tan serenas! Nada que ver con esas prisas desquiciadas de nuestras ciudades, nuestras carreteras y nuestras taquicardias:

María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Se apresura, porque la mueve un ataque de alegría. Y esa alegría, que en su vientre tiene carne, porque es la carne de que ella comparte con el propio Dios, la quema por dentro y la empuja hacia la casa de Isabel. Las dos mujeres llevan, en sus vientres, el futuro de la Humanidad. Y nadie lo sabe.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, la criatura saltó de alegría en su vientre. Tiene prisa Juan, y salta inquieto, deseoso de nacer y ver con sus ojos a la Madre del Señor.

¡Qué hermosa es, ante los ojos de Dios, la prisa por servirle, por anunciar su nombre, por gozar sus dulzuras! Esa prisa también santifica deprisa a quienes, como María e Isabel están poseídos por ella. Nada que ver –repito– con el estrés de quienes tienen prisa para todo, pero siempre llegan tarde a la oración y a la iglesia. ¡Tienen tanto que hacer!

(3105)

Te pido a Ti por Ti

Decir, simplemente, «Dios», es como mirar de lejos. Un cristiano debería tener el atrevimiento de un niño y acercarse más.

Cuando lo contemplas más de cerca, dices «Padre» («Papá»), dices «Hijo» («Jesús»), y dices «Espíritu Santo» (el que dice «Papá» y dice «Jesús»). Ya no le pides a Dios, sino que eres un niño que, movido por el Amor, pides al Padre a través del Niño.

Lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Esa gloria –ya lo sabes– es el Espíritu, el mismo que te permite pronunciar el nombre.

Pero mucho más asombroso es lo que sigue: Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. No dice «si le pedís algo al Padre en mi nombre», sino si me pedís algo en mi nombre. ¿Te pediré a Ti, Jesús, en tu propio nombre?

¡Asombroso misterio de la Santísima Trinidad! Tanto se identifica el Hijo con el Padre, que pedirle al Padre es pedirle al Hijo, y el propio Hijo recibe, a la vez que el Padre, la oración que en su nombre se eleva.

No escribo esto para que hagas nada. Sólo para que contemples. ¡Qué maravilla!

(TP04S)

¡Se dice pronto!

inmaculada¡Se dice pronto! Llena de gracia. Pero debería haber temblado la tierra cuando estas palabras fueron pronunciadas, porque encierran una noticia sobrecogedora, esperada durante siglos.

Desde Adán, el pecado lo cubría todo. Satanás marcaba con su sello a cualquiera de los hijos de Eva en el mismo momento en que comenzaban a existir. Nuestros primeros padres, con su desobediencia, le habían entregado al tentador todo su linaje.

Así fue durante siglos. Hasta que un día, cuando intentaba Satanás acercarse al vientre de Ana para tomar posesión de lo que creía suyo, lo detuvo la mano de Dios: «¡Ahí no entrarás! La criatura que acaba de ser engendrada la tomo para Mí». Y, alejado el tentador, llenó Dios con su gracia a aquella niña, convertida en paraíso terrenal.

Por vez primera, desde que Adán fuera expulsado de Edén, había un lugar en la tierra libre del dominio de Satanás y reservado sólo a Dios. Ese lugar se llamaba María, y en ese lugar el mismo Dios, revestido de nuestra carne, habitaría como en su tienda.

Llena de gracia. ¡Se dice pronto! Pero han pasado dos mil años, y cientos de millones de cristianos ten veneramos como Madre. ¡Salve, llena de gracia!

(0812)

Evangelio 2017

En la Presentación de María

presentación de MaríaEl alma de la fiesta que hoy celebramos, escondida tras el relato apócrifo de una niña de tres años que sube las gradas del templo y se presenta ante Dios, es la virginidad de María.

No pretende la Iglesia dotar de carácter histórico la narración de Protoevangelio de Santiago. Pero, al celebrarla, la toma en serio, y a través de ella se detiene en una verdad creída por el pueblo fiel desde los comienzos del cristianismo: María experimentó, desde niña, el Amor de Dios de forma arrebatadora. Intuyó, en esa experiencia, los dulces celos de un Dios que la quería solo para Ella. Y su respuesta fue la entrega total, cuerpo y alma.

La verdadera virginidad, como el verdadero celibato, es apasionada y ardiente, expresión de un corazón rendido a un Dios que sólo sabe amar sin mesura.

Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo. La virginidad de María, como la de las vírgenes que se han consagrado a Cristo por entero y el celibato de los sacerdotes que se han entregado al Amor, conforma de tal modo en corazón de la criatura que ya sólo un deseo lo llena: el de hablar con Cristo eternamente.

(2111)

La Santa Misa y el Divino Protocolo

¡Mejor!

dichososLa verdadera dicha no es la del cuerpo. Y no voy a menospreciar la dicha del cuerpo, que no soy discípulo de Jansenio. Hoy es fiesta en España, y quien no tenga gripe –como un servidor– hará bien en disfrutar de un sabroso aperitivo y gozar de una comida como la que la fiesta se merece. Las mujeres que se llamen Pilar tienen, además, derecho a tarta de chocolate y siesta de pijama. Repito: la dicha del cuerpo no es ninguna tontería. Lo que ocurre es que dura poco.

Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. La dicha del alma, sin embargo, es para siempre. Si dice el Señor mejor, es porque sabe que la dicha del cuerpo es buena y santa. Pero la del alma es mejor.

La dicha del alma no entra por la boca, como la comida, salvo cuando comulgamos; entonces sí. Pero, durante el resto del día, la dicha del alma entra por el oído, como la fe. Es la palabra de Dios escuchada con reverencia, acariciada en el espíritu, y convertida en señora de la vida por la obediencia. Hágase en mí según tu palabra; he ahí la verdadera dicha.

(1210)

La Santa Misa y el Divino Protocolo

Hágase también en mí

rosarioCuando el ángel despliega ante María todo el brillo del plan de Dios, la Virgen se arrodilla: Hágase en mí según tu palabra.

Hágase en mí según tu palabra significa muchas cosas; no podemos agotar la hondura de esa respuesta. Desde luego, no significa nada parecido a «¡Trato hecho! Me pondré a trabajar de inmediato para hacer lo que me dices». Más bien, significa: «Que Dios obre; yo me dejaré hacer. Seré como cera en sus manos. Que haga de mí lo que quiera; yo se lo permitiré, y no ofreceré resistencia. Me fío de Él. Por eso, me limitaré a obedecer y a dejarle obrar sus maravillas a través de mí» … ¡Qué delicia! Las almas sencillas no hacen; obedecen. Y, obedeciendo, le dejan hacer a Dios. Son almas dóciles que se ponen en manos de su Creador. Y, a través de almas así, Dios salva a los hombres.

El rezo del santo rosario, repetido todos los días, te hará conocer en profundidad, de la mano de la Virgen, la vida de Jesús. Y, al conocerla, quiera Dios que seas dócil, como la Señora, y te dejes transformar por esa vida hasta que seas, tú también, otro Cristo.

(0710)

La Santa Misa y el Divino Protocolo

Por linda y graciosa te quiero…

virgen de los dolores    Con toda seguridad, en mis años de sacerdocio he bautizado más de mil niños. ¿Me creeréis si os digo que jamás he bautizado a una María Dolores? Lo digo porque, en España, hasta hace relativamente poco tiempo, ese nombre era bastante común. Paradójicamente, he bautizado a varias «Lolas». Lo que antes era un apócope de María Dolores es ahora un atajo que evita el nombre prohibido. Un día me pedirán que bautice a un «Pepe», y ya veré lo que hago…

    (Con perdón) Somos idiotas. Pensamos que, por no nombrarlo, el dolor desaparecerá de nuestras vidas. Pero el dolor sigue ahí, riéndose de nuestra estupidez. Al unir el nombre de María al del dolor, o al de la angustia, no es el sufrimiento el que ensombrece a la Virgen, sino la Virgen la que endulza el sufrimiento. Lola sufre tanto como María Dolores, pero María Dolores sufre acompañada mientras Lola sufre sola.

    Ellas se lo pierden: «Por linda y graciosa te quiero, y, en vez de decirte un piropo, María Dolores, te canto un bolero». No es cita del Evangelio. Es capricho de sacerdote que está de fiesta. En el día de la Virgen de los Dolores me apetece cantar.

(1509)

““La

Le es más fácil a Dios si somos fieles

natividad de María    El árbol genealógico de Cristo es un árbol podrido, lleno de pecado e inmundicia: Tamar, Rajab, David, Betsabé… Con todo, cada una de las personas que lo componen fue misteriosamente imprescindible para que Jesús naciera. Incluso los pecados lo fueron: Si David no hubiera cometido adulterio, no habría nacido José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. ¡Qué misterio, el de la «feliz culpa»!

    Ellos desconocían el verdadero alcance de sus actos. Ni de lejos vieron su participación en el nacimiento del Redentor de los hombres. Pero María, desde que el ángel Gabriel la visitó, conoció la importancia de su papel. Y lo desempeñó a la perfección, procurando ser fiel hasta en los detalles más pequeños.

    Por eso damos gracias en el día de su Natividad. No damos gracias por los pecados de Rajab o de David, que fueron infidelidades vueltas del revés por la misericordia divina. Damos gracias porque María, sabiendo lo que hacía, fue fiel, y, gracias a su fidelidad, nosotros hemos sido salvados por su Hijo.

    Tú no conoces el alcance de tu vida. Pero sabes que, si eres fiel, Dios hará grandes cosas con ella. Encomiéndate a la Virgen, y di «sí».

(0809)