Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de la Virgen – Espiritualidad digital

Nacida junto a un árbol y a una fuente

Jamás cometáis el error de comparar a la Iglesia con cualquier institución humana. Si la Iglesia fuera solamente una institución humana, como cualquier ONG o una de las muchas fundaciones benéficas modernas, la Iglesia habría desaparecido hace mucho tiempo. ¿Qué institución humana podría resistir la caída de imperios y la persecución hasta la muerte de sus miembros?

La Iglesia está viva. Las instituciones humanas nacen en los despachos. Los niños nacen de un hombre y una mujer.

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».

Junto a un árbol y a una fuente nació la Iglesia. Y nació de un hombre –Jesús– y una mujer –María–. Allí aprendió a decir «Abbá» y a decir «Mamá». Como cualquier niño, nació llorando y envuelta en sangre. Y, como cualquier niño, fue amamantada en los pechos de su madre, la Virgen, junto a quien se agruparon los apóstoles para recibir al Espíritu en Pentecostés.

Ahora es ella la que amamanta a sus hijos en los sacramentos. Pero no olvida, ni olvidará jamás, quién es su madre.

(MMI)

La primera comunión de la Historia

Es gracioso (porque es gracia) cómo se solapan los ciclos litúrgicos. Sumergidos, como estamos, en lo más profundo de la Cuaresma, se abre hoy un paréntesis y comienza la cuenta atrás para la Navidad. Nueve meses a partir de hoy. Porque hoy, a través del anuncio del ángel, siembra Dios en las purísimas entrañas de María, la tierra buena, la semilla de su Hijo encarnado.

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. No cabe más docilidad. Dieciséis siglos después, esas palabras virginales encontrarían eco en los versos de santa Teresa de Jesús: «Vuestra soy, para Vos nací. ¿Qué mandáis hacer de mí?»

Es la primera comunión de la Historia. El mismo cuerpo que cada día comulgamos fue recibido en las entrañas de la Virgen. Ella fue el primer sagrario. Podríamos saludar al Hijo de Dios con una reverente genuflexión ante santa María encinta. Hoy quiero yo hacer esa genuflexión.

Pero no olvidemos que también en nosotros siembra Dios su semilla, su palabra pronunciada y escuchada cada día. Acojámosla con la misma devoción con que acogió la Virgen en su seno al Hijo de Dios. Y también nosotros, salvadas todas las distancias, seremos madre de Cristo.

(2503)

Las bodas del Cordero

Llamamos a esta fiesta, también, «la candelaria». Porque los fieles entran en el templo portando candelas encendidas en las manos. Y esa entrada nos recuerda a la parábola de las vírgenes prudentes, que entraron al banquete junto al esposo con las velas encendidas.

Porque esta fiesta de la Presentación del Señor es, también, fiesta de bodas, misterio esponsal.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley

¿Ves cómo entra el Señor en su templo? Igual que el esposo, tras la boda, entra en el santuario de la esposa y lo fecunda, alumbrando en su seno una vida nueva, así entra Cristo en el tabernáculo, fecundándolo con el sacrificio de dos tórtolas que anuncian la próxima efusión de la sangre del Cordero.

Tú eres el templo. Tú eres la esposa. Y Cristo entra en ti, en lo profundo de tu alma, por la efusión de su gracia, anunciada en la sangre y el agua manadas de su costado. Esa sangre y esa agua, esa gracia divina, te fecunda y te santifica, te hace partícipe de la vida divina y te convierte en hijo de Dios.

Es tu boda la que celebramos.

(0202)

El Niño Jesús que yo quiero

No lo venden en las tiendas, ni está en las galerías del arte, pero yo quisiera un Niño Jesús con moquitos. Cuando lo digo no me toman en serio, pero va en serio. Y una Virgen que le limpie los moquitos, y que sería la primera Verónica. Lágrimas ante Jerusalén, sangre en la Cruz, moquitos en el pesebre. No hay tanta diferencia, es un rostro que destila humanidad.

Porque Aristóteles pensó en un Dios omnipotente y creador de todo a quien no le importamos un pimiento. Ese Dios no viene con moquitos, ni necesita quien se los limpie. Ese Dios tampoco llora ni sangra.

Pero la Virgen tuvo en brazos a un Dios con moquitos. Y su inmaculado corazón se estremeció en un vértigo de asombro ante la fragilidad del Altísimo convertido en bebé.

Los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. ¿Qué hacía la Virgen? Lo que hace cualquier madre con su bebé: arroparlo, protegerlo, limpiarlo. Y, a su tiempo, cambiarle los pañales a Dios.

¿No es para morir de gozo y de asombro el modo en que un Dios amante se ha puesto en nuestras manos?

(0101)

“Misterios de Navidad

«Mira a la estrella, invoca a María»

guapísimaEn 1927, Stefan Zweig escribió «Momentos estelares de la Historia de la Humanidad». Allí recogió varios acontecimientos que, según el autor, cambiaron el curso de la Historia: la derrota de Napoleón, la caída del Imperio Romano, la llegada de Lenin a Rusia, etc.

Pero quien tiene fe sabe que los momentos que realmente han cambiado la Historia han sucedido en secreto. Son intervenciones silenciosas de Dios que convirtieron la Historia, a secas, en Historia de salvación. Nadie presenció el diálogo entre Gabriel y María. Nadie vio cómo el Verbo se hacía carne en las entrañas de la Virgen. Nadie vio resucitar a Cristo. Y nadie vio cómo, tras miles de años marcados por la maldición del pecado, una criatura, María, era liberada de esa maldición y concebida inmaculada. Eso cambió la Historia de la Humanidad.

Se vieron los efectos. Se supo que algo nuevo comenzaba, algo que estaba libre de la decrepitud de lo antiguo. La devoción mariana comienza cuando Joaquín y Ana ven resplandores de cielo en los ojos de su hija. Nunca habían visto nada igual.

Es un verdadero momento estelar, porque, según nos dice san Bernardo, ella es la estrella: «Mira a la estrella, invoca a María».

(0812)

“Misterios de Navidad

La dulce entrega

Te has propuesto levantarte a tu hora cada mañana, sin concederle al sueño ni un segundo de prórroga, y quieres ofrecer al Señor ese sacrificio… Bueno, la verdad es que te lo has propuesto hace seis meses, y apenas lo has cumplido un par de días. Pero te lo sigues proponiendo, aunque aún cuentes las batallas por fracasos.

Quizá deberías rezar más, rezar mejor, enamorarte. Hoy celebramos la presentación de María en el templo. No es un propósito para vencer a la pereza, es mucho más. Es un acto de entrega total, por el que se consagra en cuerpo y alma a Dios de por vida. Tampoco es la ocurrencia de una persona bienintencionada. Es la respuesta enamorada de quien ha conocido el Amor de Dios por ella y, sintiéndose dulcemente cautiva de ese Amor, ha entendido que no puede entregarle menos. Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado (Ct 6, 3).

Tu entrega debe comenzar, no en un frío propósito que nunca acabas de cumplir, sino en un conocimiento profundo del Amor de Cristo por ti. En otras palabras: No te empeñes en darle a Dios tu vida; deja que Él te la robe. Enamórate.

(2111)

Feministas del Pilar

Ahora lo llaman feminismo. Y lo venden como una conquista de la modernidad. Pero la Biblia, desde siempre, ha exaltado la dignidad de la mujer como nadie lo ha hecho. Admito que los cristianos, a lo largo de la Historia, no hemos estado a la altura. A la mujer se la ha postergado y despreciado, se la ha considerado como inferior al hombre en muchas épocas y culturas a las que se llamó «cristianas». Pero aquello fue una traición, culpable o inconsciente, a las verdades reveladas.

Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.

Miradla sobre el pilar. Está sobre el pilar y es pilar. Porque la mujer ha sido siempre el pilar de la Humanidad. Por eso el Demonio, desde Eva hasta la mujer perseguida por el dragón del Apocalipsis, pasando por nuestros días, ha acechado siempre a la mujer. Él sabe que, si cae el hombre, la mujer lo levantará. Pero, si cae la mujer, el hombre caerá tras ella. Si en una familia cae el padre, la madre lo pone en pie. Pero si la madre cae, la familia entera cae con ella. Así nos va.

¿Somos feministas? ¡Claro! De los del Pilar.

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