“Evangelio

Fiestas de la Virgen – Espiritualidad digital

¡Se dice pronto!

inmaculada¡Se dice pronto! Llena de gracia. Pero debería haber temblado la tierra cuando estas palabras fueron pronunciadas, porque encierran una noticia sobrecogedora, esperada durante siglos.

Desde Adán, el pecado lo cubría todo. Satanás marcaba con su sello a cualquiera de los hijos de Eva en el mismo momento en que comenzaban a existir. Nuestros primeros padres, con su desobediencia, le habían entregado al tentador todo su linaje.

Así fue durante siglos. Hasta que un día, cuando intentaba Satanás acercarse al vientre de Ana para tomar posesión de lo que creía suyo, lo detuvo la mano de Dios: «¡Ahí no entrarás! La criatura que acaba de ser engendrada la tomo para Mí». Y, alejado el tentador, llenó Dios con su gracia a aquella niña, convertida en paraíso terrenal.

Por vez primera, desde que Adán fuera expulsado de Edén, había un lugar en la tierra libre del dominio de Satanás y reservado sólo a Dios. Ese lugar se llamaba María, y en ese lugar el mismo Dios, revestido de nuestra carne, habitaría como en su tienda.

Llena de gracia. ¡Se dice pronto! Pero han pasado dos mil años, y cientos de millones de cristianos ten veneramos como Madre. ¡Salve, llena de gracia!

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Evangelio 2017

En la Presentación de María

presentación de MaríaEl alma de la fiesta que hoy celebramos, escondida tras el relato apócrifo de una niña de tres años que sube las gradas del templo y se presenta ante Dios, es la virginidad de María.

No pretende la Iglesia dotar de carácter histórico la narración de Protoevangelio de Santiago. Pero, al celebrarla, la toma en serio, y a través de ella se detiene en una verdad creída por el pueblo fiel desde los comienzos del cristianismo: María experimentó, desde niña, el Amor de Dios de forma arrebatadora. Intuyó, en esa experiencia, los dulces celos de un Dios que la quería solo para Ella. Y su respuesta fue la entrega total, cuerpo y alma.

La verdadera virginidad, como el verdadero celibato, es apasionada y ardiente, expresión de un corazón rendido a un Dios que sólo sabe amar sin mesura.

Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo. La virginidad de María, como la de las vírgenes que se han consagrado a Cristo por entero y el celibato de los sacerdotes que se han entregado al Amor, conforma de tal modo en corazón de la criatura que ya sólo un deseo lo llena: el de hablar con Cristo eternamente.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo

¡Mejor!

dichososLa verdadera dicha no es la del cuerpo. Y no voy a menospreciar la dicha del cuerpo, que no soy discípulo de Jansenio. Hoy es fiesta en España, y quien no tenga gripe –como un servidor– hará bien en disfrutar de un sabroso aperitivo y gozar de una comida como la que la fiesta se merece. Las mujeres que se llamen Pilar tienen, además, derecho a tarta de chocolate y siesta de pijama. Repito: la dicha del cuerpo no es ninguna tontería. Lo que ocurre es que dura poco.

Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. La dicha del alma, sin embargo, es para siempre. Si dice el Señor mejor, es porque sabe que la dicha del cuerpo es buena y santa. Pero la del alma es mejor.

La dicha del alma no entra por la boca, como la comida, salvo cuando comulgamos; entonces sí. Pero, durante el resto del día, la dicha del alma entra por el oído, como la fe. Es la palabra de Dios escuchada con reverencia, acariciada en el espíritu, y convertida en señora de la vida por la obediencia. Hágase en mí según tu palabra; he ahí la verdadera dicha.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo

Hágase también en mí

rosarioCuando el ángel despliega ante María todo el brillo del plan de Dios, la Virgen se arrodilla: Hágase en mí según tu palabra.

Hágase en mí según tu palabra significa muchas cosas; no podemos agotar la hondura de esa respuesta. Desde luego, no significa nada parecido a «¡Trato hecho! Me pondré a trabajar de inmediato para hacer lo que me dices». Más bien, significa: «Que Dios obre; yo me dejaré hacer. Seré como cera en sus manos. Que haga de mí lo que quiera; yo se lo permitiré, y no ofreceré resistencia. Me fío de Él. Por eso, me limitaré a obedecer y a dejarle obrar sus maravillas a través de mí» … ¡Qué delicia! Las almas sencillas no hacen; obedecen. Y, obedeciendo, le dejan hacer a Dios. Son almas dóciles que se ponen en manos de su Creador. Y, a través de almas así, Dios salva a los hombres.

El rezo del santo rosario, repetido todos los días, te hará conocer en profundidad, de la mano de la Virgen, la vida de Jesús. Y, al conocerla, quiera Dios que seas dócil, como la Señora, y te dejes transformar por esa vida hasta que seas, tú también, otro Cristo.

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La Santa Misa y el Divino Protocolo

Por linda y graciosa te quiero…

virgen de los dolores    Con toda seguridad, en mis años de sacerdocio he bautizado más de mil niños. ¿Me creeréis si os digo que jamás he bautizado a una María Dolores? Lo digo porque, en España, hasta hace relativamente poco tiempo, ese nombre era bastante común. Paradójicamente, he bautizado a varias «Lolas». Lo que antes era un apócope de María Dolores es ahora un atajo que evita el nombre prohibido. Un día me pedirán que bautice a un «Pepe», y ya veré lo que hago…

    (Con perdón) Somos idiotas. Pensamos que, por no nombrarlo, el dolor desaparecerá de nuestras vidas. Pero el dolor sigue ahí, riéndose de nuestra estupidez. Al unir el nombre de María al del dolor, o al de la angustia, no es el sufrimiento el que ensombrece a la Virgen, sino la Virgen la que endulza el sufrimiento. Lola sufre tanto como María Dolores, pero María Dolores sufre acompañada mientras Lola sufre sola.

    Ellas se lo pierden: «Por linda y graciosa te quiero, y, en vez de decirte un piropo, María Dolores, te canto un bolero». No es cita del Evangelio. Es capricho de sacerdote que está de fiesta. En el día de la Virgen de los Dolores me apetece cantar.

(1509)

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Le es más fácil a Dios si somos fieles

natividad de María    El árbol genealógico de Cristo es un árbol podrido, lleno de pecado e inmundicia: Tamar, Rajab, David, Betsabé… Con todo, cada una de las personas que lo componen fue misteriosamente imprescindible para que Jesús naciera. Incluso los pecados lo fueron: Si David no hubiera cometido adulterio, no habría nacido José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. ¡Qué misterio, el de la «feliz culpa»!

    Ellos desconocían el verdadero alcance de sus actos. Ni de lejos vieron su participación en el nacimiento del Redentor de los hombres. Pero María, desde que el ángel Gabriel la visitó, conoció la importancia de su papel. Y lo desempeñó a la perfección, procurando ser fiel hasta en los detalles más pequeños.

    Por eso damos gracias en el día de su Natividad. No damos gracias por los pecados de Rajab o de David, que fueron infidelidades vueltas del revés por la misericordia divina. Damos gracias porque María, sabiendo lo que hacía, fue fiel, y, gracias a su fidelidad, nosotros hemos sido salvados por su Hijo.

    Tú no conoces el alcance de tu vida. Pero sabes que, si eres fiel, Dios hará grandes cosas con ella. Encomiéndate a la Virgen, y di «sí».

(0809)

En buenas manos

virgen de fatima    Cuando el arcángel Gabriel se presenta a María como embajador del cielo, le anuncia que el Hijo que saldrá de sus entrañas será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob por siempre, y su reino no tendrá fin. Suficientes datos para que una mujer versada en la Escritura supiera que estaba refiriéndose al Mesías. Y que, al ser ella la madre de semejante rey, merecería, ante todas las generaciones, el título de Reina Madre.

    Pero el ángel no desveló todo el misterio. Treinta y tres años después, en la cima de un monte, ese Hijo, coronado de espinas, pendería de una cruz bajo la inscripción «Jesús Nazareno, Rey de los judíos». Sobre tan misterioso trono reinaría, no por linaje, sino por conquista. Y, en esa conquista, ella lo acompañaría, recogiendo en su inmaculado corazón el dolor del sacratísimo corazón del Verbo. Allí obtendría el título de Reina Consorte.

    Hace casi cien años, María se apareció en Fátima. Allí dijo: «Al final, mi corazón inmaculado triunfará». Todo un recordatorio para nosotros: aunque parezca que triunfa el mal, estamos en buenas manos. No debemos temer nada.

(2208)

No es bueno que el Hombre esté solo

asunción de la Virgen    De Cristo se dice que «ascendió», mientras que de María proclamamos que «fue asunta». El Hijo de Dios, que había descendido del cielo a la tierra por designio del Padre, subió de nuevo a los cielos por su propio poder. La Virgen María, sin embargo, aun siendo la más perfecta y hermosa entre las criaturas, precisamente por ser criatura, todo se lo debe Dios. Y el mismo Dios que la llenó de gracia y la vistió de hermosura, con su poder la llevó al cielo en cuerpo y alma.

    No podía permitir Dios que experimentara la putrefacción de la muerte el cuerpo que jamás se desposó con el pecado. Ni debían ser pasto de gusanos el vientre que durante nueve meses fue el primer sagrario o los pechos que nutrieron la carne del Salvador. Ni podían corromperse los miembros de la criatura más hermosa jamás salida de las manos del Creador.

    Por eso quiso el Padre concederle a su Hijo la gracia de tener junto a Él, en el cielo, los mismos labios de Madre que de niño lo besaron. No es bueno que el Hombre esté solo.

    ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

(1508)

La transparencia del corazón limpio

corazón inmaculado    Jesús alabó a los limpios de corazón (Mt 5, 8), y les prometió que verían a Dios. Así entendemos que la suciedad del corazón no es sino ceguera para lo sobrenatural.

    Ensucian el corazón el egoísmo y la lujuria, la envidia, el rencor y la soberbia. En resumen, el corazón se ensucia cuando el «yo», en lugar de permanecer detrás, como quien mira a través de un cristal, se sitúa delante y se convierte en objeto de la mirada. Quien tiene el corazón sucio ríe y llora para sí mismo.

    Tu padre y yo, angustiados, te buscábamos. Un corazón inmaculado es transparencia abierta a Dios. La angustia de la Virgen es preludio de la angustia de Cristo en Getsemaní; sufre porque el Amado oculta su rostro. Sus lágrimas son las de Dios.

    Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y no había sitio para más. Sólo para lo que Dios le mostraba en la oración y en los acontecimientos de la vida. Ese corazón es un odre lleno de agua pura.

    Por eso María ve a Dios en Belén, lo ve en la Cruz, y lo contempla para siempre en el cielo. Es la dicha de los corazones limpios.

(ICM)

Tan larga pausa en tan pequeña coma

150px-Comma    Es una de las primeras bienaventuranzas del evangelio: Bienaventurada tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

    Su tesoro, más que en lo que dice, está en lo que no dice; lo guarda en una coma oculta entre dos puertas. Entre has creído y porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá, reposa esa coma que contiene un abismo de tinieblas.

    María cree en el mismo momento de la Anunciación. Allí le promete el Señor que su Hijo será rey, y que su reino no tendrá fin. Pero la promesa no se cumple acto seguido. Hay una coma entre medias, y una coma significa «pausa».

    Han pasado dos mil años, y aún no hemos cruzado la coma (ya parece punto y aparte, que no punto y final). Cristo aún no reina en muchos corazones, y el reino que no tendrá fin no cesa de irse instaurando sin llegar a instaurarse del todo. Un día vendrá sobre nosotros, y nos llenaremos de alegría. Pero, entre tanto, somos parte de una divina pausa. Cuando Dios termine de tomar aliento y vuelva a hablar, sabremos que debemos su Reino a la fe de una Virgen.

(3105)