Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Fiestas de la Virgen – Página 2 – Espiritualidad digital

Creo en la Mujer

Dos mujeres, frente a frente: El Génesis nos muestra a Eva y su terrible rendición ante la serpiente; san Lucas, en el evangelio, nos muestra a María, la que pisó la cabeza de la serpiente.

¿A cuál de las dos mujeres reivindica como modelo el feminismo que, en nuestros días, todo lo llena? Ese feminismo amargo y malhumorado, lleno de reproches y agresividad, ¿huele a Eva, o huele a María? María huele a Cielo, como Dios; Eva huele a barro y a inmundicia, como la serpiente.

¿Por qué discutir, por qué reprochar, por qué agredir? Mostremos a la Mujer, presumamos de Madre.

Frente a la mujer que reniega de la virginidad como de una lacra, mostremos a la Virgen que, por serlo, fue templo de Dios. Frente a la mujer que busca su promoción escapando del hogar, mostremos a la que, con su presencia y su sonrisa, fue el alma del hogar de Nazaret. Frente a la mujer que reivindica el derecho a matar a su hijo en su propio vientre, dejemos que resplandezca la que es Madre amorosa de pueblos y Madre del propio Dios.

No creo en el feminismo. Creo en la mujer. Y la mujer es María.

(0812)

“Misterios de Navidad

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Rendida

Son palabras escritas por santa Teresa de Jesús: «Pues del todo me rendí, ¿qué mandáis hacer de mí?». Con ellas, la santa mostraba al Señor sus deseos de una entrega sin condiciones a su Amor. Pero bien podría decirse –y bien sabía ella– que estas palabras se cumplieron de modo excelso en la Virgen María.

Todo el misterio de la presentación de la Virgen en el templo se resume en una rendición total ante el Amor.

María consagra su cuerpo por la virginidad; su corazón, por la pureza; su pensamiento, por la oración… y su vida, que, como la nuestra, se compone de tiempo, por el cumplimiento fiel de la voluntad de Dios a cada instante.

El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

La santidad nunca está completa sin un acto total de rendición, que convierta la vida en sacrificio de obediencia. La entrega del cuerpo, el corazón y el pensamiento, al final, se condensan en una entrega de la vida al cumplimiento de la divina voluntad, derramada en sacrificio con espíritu enamorado. Nadie se santifica arrastrando los pies. Los santos aman y sonríen.

(2111)

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Quien escucha queda lleno

No es lo mismo tener la música puesta que escuchar música. Puedes, por ejemplo, conducir con la música puesta, pero tu atención está en la carretera. Cuando escuchas música, sin embargo, te sientas, cierras los ojos, y dejas que la música te llene por dentro. Porque escuchar es dejarse llenar.

Así comenzaba el primer precepto del Decálogo: Escucha, Israel (Dt 6, 4). Y así bendice el Señor al corazón santo: Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

La Virgen María, desde niña, dedicó su vida a escuchar a Dios. Y de Dios quedó llena. Escuchó en el corazón, y así se mantuvo inmaculado, libre de toda mancha y fecundado por Dios. Escuchó en el vientre, porque la Encarnación del Verbo no fue sino la acogida de la Palabra en unas entrañas que en silencio la escuchaban. Escuchó en la vida, y así su vida fue el fiat de la Palabra.

En este día de la Virgen del Pilar, no encontrarás mejor forma de honrar a la Virgen que imitándola. Escucha como ella escuchó. Escucha con el oído la palabra de Dios; con el corazón, las insinuaciones del Espíritu; y, con el cuerpo, la Comunión que recibes.

(1210)

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Resucitando muertos

Si estás atento, te darás cuenta de que, a lo largo del día, se te mueren minutos. Se trata de eso que llamamos «tiempos muertos», y a los que parecemos no dar importancia. Has quedado con alguien, llega tarde, y tienes que esperar sin hacer nada. Has terminado pronto una actividad y, antes de comenzar la siguiente, estás ocioso. Vas caminando a la tienda, o a cualquier sitio, y llevas la mente distraída.

Esos tiempos muertos, hoy día, los amortajamos y los encerramos en el ataúd del teléfono móvil. ¿Nada que hacer? Saca el teléfono, mira la pantalla, y a terminar de matar los minutos sin apenas dolor.

¡Qué pena! Tú, que eres cristiano, deberías ser buen «resucitador». ¿Por qué no resucitas los tiempos muertos, para convertirlos en ofrenda viva a tu Padre? Yo te diré cómo: deja el teléfono móvil para cuando realmente lo necesites y, si te encuentras unos minutos tirados en el barro del ocio, saca el rosario del bolsillo. Un misterio se reza en tres minutos. Quizá no te dé tiempo a más. Pero, si resucitas cinco tiempos muertos en un día, habrás rezado otra parte del rosario.

Tendrás más vida, y la Virgen… ¡Tan contenta!

(0710)

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