Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Fiestas de la Virgen – Página 2 – Espiritualidad digital

Llevada al Cielo por ángeles

Las obras de arte que representan la Asunción de la Virgen suelen mostrarla llevada al Cielo por una corte de ángeles. Esos ángeles no son parte del dogma, pero son fruto del sentido común y del sentido sobrenatural.

En primer lugar, porque, a diferencia de Cristo, quien «ascendió», la Virgen fue «asunta», es decir, fue llevada al Paraíso. Y ¿quién mejor podría llevarla que los espíritus angélicos, mediadores entre Cielo y Tierra? Ellos trajeron la Ley desde lo alto para los hijos de Eva, y ellos llevan a lo alto a la nueva Eva.

Pero, sobre todo, esa presencia de los ángeles era necesaria como desagravio. Los ángeles son todo dulzura, y el corazón inmaculado de la Virgen había sido herido en la Tierra por una espada cruel. También un ángel consoló el corazón herido del Salvador en Getsemaní. Si los corazones limpios, en este mundo, resultan siempre tan heridos, era de justicia que aquel corazón inmaculado y llagado fuera conducido entre ternuras ante la presencia de su Hijo. Los ángeles quieren mucho a la Virgen María.

Por eso, venera hoy con tierna devoción a la Inmaculada, asunta al Cielo. Pero no te olvides de los ángeles. Únete a ellos.

(1508)

Gracias, san Lucas

Inmaculado corazón de MaríaPor dos veces –después de la adoración de los pastores, en Belén, y tras encontrar a su Hijo, perdido en Jerusalén– nos dice san Lucas que María conservaba todo esto en su corazón. Habría mucho que decir de «todo esto», pero quisiera centrarme en el resto de la frase, en ese «conservar en el corazón». ¿Qué quieres decirnos, Lucas? ¿A qué te refieres?

Te refieres, como Juan, a un corazón abierto. Juan nos muestra el de Jesús, herido por la lanza y aún rasgado tras su resurrección. Tú nos muestras el de la Virgen santísima. El de Jesús entrega, el de su Madre recibe. El de Jesús es cavidad que mana sangre y agua para la Redención del género humano. El de la Virgen es puerta de un santuario donde es acogido el plan de Dios.

Te refieres a un corazón silencioso, que no se precipita en extraer conclusiones de cuanto ocurre, sino que acoge la verdad, la abraza, la contempla y la medita como acariciándola con la mirada del alma.

Y te refieres, desde luego, a un corazón rendido y entregado, en el que no reina otro deseo sino el de hacer la voluntad de Dios.

¡Gracias, san Lucas!

(ICM)

Fecundidad

Celebrábamos ayer la solemnidad de Pentecostés, y amanece este lunes con la memoria de Santa María, Madre de la Iglesia. Ya no es Pascua, pero la Pascua deja, a su paso, una estela de fiestas que irán alumbrando luz pascual el Tiempo Ordinario durante semanas.

Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Madre fecundada por el Espíritu, y Madre fecunda de multitud de hijos es María. ¿Cómo no pedirle a ella, en este día, fecundidad para la Iglesia?

Fecundidad para la Iglesia será la sensatez de los jóvenes, abiertos a la voz de Dios y a las llamadas divinas. Fecundidad para la Iglesia será el florecimiento de vocaciones; mejor aun, de respuestas generosas a la vocación. Fecundidad para la Iglesia será la pasión enamorada de los cristianos. Fecundidad para la Iglesia será la multitud de almas que, habiendo escuchado a los hijos de Dios proclamar el nombre de Cristo, se acerquen a los sacramentos para nacer de nuevo.

Mucha sensatez, muchas vocaciones, mucha pasión, muchas almas, mucha vibración apostólica… ¡Cuánto necesitamos esa fecundidad!

Te pedimos, Madre, que sigas siendo Madre, que seas más Madre aun, que des a luz más hijos, hijos de la Iglesia e hijos tuyos.

(MMI)

No estamos solos

ángelesNo es bueno que el hombre esté solo (Gén 2 18).

Tener a alguien al lado ayuda, pero, si estás solo por dentro, el consuelo es como una caricia en la piel, que no alcanza al corazón. Por eso, cuando aquel primer hombre y su compañera se apartaron de Dios, se condenaron a una «soledad acompañada». Así se mantuvo la Humanidad durante siglos.

El Espí­ritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. Redimir al hombre suponía paliar su soledad radical. No le bastaba a Dios con situarse a nuestro lado; quería estar dentro de nosotros. Y, así, se infiltró en la Humanidad llenando el vientre de la Virgen: ¡Alégrate, llena de gracia!

El Hijo de Dios se ha encarnado, para que mi carne sea suya, y la suya mía. Él es parte de mí, y yo soy parte de Él. Se palpaba María las entrañas, y sentía palpitar el cielo dentro de ella. Me palpo yo el pecho, y Cristo está en mí.

Te has hecho carne, Verbo Divino, para infiltrarte, a través de nuestra carne, en nuestras almas. Y, así, nos haces compañía desde dentro. Ya no estamos solos. Hemos sido redimidos.

(2503)

(HOMILÍA DE 30 MINS. PARA REZAR EN CASA) (Pulsar en el enlace con el botón derecho para descargarla)

 

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