Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

5 enero, 2026 – Espiritualidad digital

Los que buscan y los que huyen

Dividir el mundo entre buenos y malos es una estupidez. ¿Quién es bueno ¿Quién es malo? ¿Yo soy bueno? ¿Quién puede escudriñar las conciencias, sino sólo Dios?

Pero, ya puestos a dividir el mundo, quizá sea más realista dividirlo en dos: los que buscan y los que huyen, sean buenos o malos.

Los que buscan: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. Estos hombres no están bautizados, no son judíos ni conocen las Escrituras. Pero son buscadores incansables de la verdad, como lo fue san Agustín, y esa búsqueda, tarde o temprano, los acaba llevando a postrarse ante Cristo.

Los que huyen: Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Tienen miedo de la verdad, porque viven en la mentira, y estarán dispuestos a matar a la Verdad con tal de no afrontarla. De éstos dice san Pablo: Andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas; solo aspiran a cosas terrenas (Flp 3, 18-19).

Y, al final, el que busca encuentra y el que huye se despeña. Así de sencillo.

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“Misterios de Navidad

Sólo tres palabras

A Felipe no le gusta discutir de religión. Él simplemente le cuenta su vida a su hermano: Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret. Y cuando Natanael empieza a discutir de religión y le dice que de Nazaret no sale nada bueno, Felipe le corta el rollo: Ven y verás.

Ya está. No hace falta más. Por mucho que yo te explique, no vas a enamorarte. A mí nadie me convenció con palabras. Él me vio, me dijo: Sígueme, y yo lo miré porque esa voz me sonaba familiar. Fue entonces, al mirarlo, cuando me di cuenta de que tenía padre y madre, de que tenía un hogar y lo había perdido hacía mucho tiempo, de que era muy amado y ya no me acordaba, y de que ese padre, esa madre y ese hogar me estaban llamando para que volviera a casa. De repente, me sentí extranjero en este mundo. Y ya no tengo otro deseo que tomar su mano y volver con Él al hogar del que jamás debí salir.

Pero, por más que te lo explique, no lo vas a entender. Ven y verás.

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“Misterios de Navidad

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