El Mar de Jesús de Nazaret

Cuaresma – Página 2 – Espiritualidad digital

No mientes

¡Qué lenguaje tan misterioso y profético! ¿Quién pudo alcanzar el fondo de aquellas palabras de vida, que parecían contradecir cuanto veían los ojos?

Ahora va a ser juzgado el mundo… «¡Mientes! –pensaban los hombres–. Eres tú quien vas a ser juzgado. Juzgado, condenado, y crucificado. Sufrirás la maldición del madero, y serás tenido por blasfemo e impostor». Pero han pasado ya dos mil años desde entonces, y Cristo sigue siendo juez desde la Cruz. En esto consiste el juicio: en que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas (Jn 3, 19).

Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí… «¡Mientes! –pensaban los hombres–. Cuando te levantemos, todos huirán de ti. Y los mismos que te aclamaron en Jerusalén pedirán tu muerte. Incluso tus apóstoles, avergonzados, te abandonarán». Pero han pasado ya dos mil años desde entonces, y el Crucifijo sigue llamando a todo hombre que sufre, a todo pecador arrepentido, y a todo amante apasionado de Dios. Ese crucificado sigue rompiendo corazones por millares.

¿Y tú? ¿Piensas como los hombres, o como Dios? ¿Huyes del Crucificado, o lo amas desesperadamente? ¡Anda, díselo!

(TCB05)

Calla, y ora

Durante esta semana, hemos asistido a largos discursos del Señor, dirigidos a los judíos. Con palabras llenas de celo y de sentido, Jesús ha desplegado ante los hombres todos los motivos por los que debían creer en Él.

Hoy, Jesús no habla. Ya lo ha dicho todo. Ahora calla, y reza, mientras son los demás quienes hablan de Él sin cesar: Algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían… Otros decían… Pero otros decían… Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.

Ya lo tenemos: Jesús, convertido en asunto principal de las tertulias de la mañana, del mediodía y de la noche en radio y televisión; Jesús, convertido en comidilla de café y de taberna; Jesús, convertido en «trending topic». Son los prolegómenos de la Pasión. Primero te despedazan con la lengua, y después con látigos y clavos.

¿De qué lado estás? ¿Eres tertuliano, o discípulo? ¿Estás «a favor», o entregarás tu vida con Él?

Si estás con Jesús, calla con Él. Mañana comienza la semana de Pasión. Que sea, para ti, como para el Señor, semana de silencio y oración. Mira al crucifijo, sumérgete en esa noche, y expía tus pecados.

(TC04S)

Con tus ojos abriste un camino

Cuando te atacan, sólo puedes mirar en dos direcciones: o miras a quien te ataca, y te enfrentas con él, o miras en dirección contraria, y sales corriendo. Y esta norma es válida también en caso de ataque «moral». Si fulano habla mal de ti, puedes ocuparte de él y difamarlo, o puedes prescindir de él, y hacer como que no has oído nada.

Los judíos trataban de matarlo. La grandeza de Jesús consiste en haber abierto un camino nuevo ante las insidias de los hombres. Por ese camino han transitado santos y mártires. Ante quienes lo crucificaron, Jesús no miró a un lado ni a otro. Ni se defendió de ellos, como hubiera querido Simón Pedro, ni huyó de ellos, como le sugirió el mal ladrón.

El Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado. Mientras lo crucificaban, Jesús miraba al cielo, hacia su Padre. Y, con su mirada, imploraba el perdón para sus verdugos.

Haz tú lo mismo. Ni te defiendas de los hombres, ni huyas de ellos. Ofrece por ellos, unido a Cristo, tu vida a Dios. Y así los redimirás.

(TC04V)

¡Qué Amor, el de Dios!

La escena es sobrecogedora. Buscad en la historia de las religiones, y decidme si podéis encontrar a un dios humillado y arrodillado ante sus criaturas. No lo encontraréis, porque, en cualquier religión, es el hombre religioso quien debe postrarse ante Dios. Nunca al contrario.

Y, sin embargo… Si digo esto, es para que vosotros os salvéis. Lee despacio el discurso de Jesús, y míralo casi de rodillas ante sus acusadores, buscando salvar sus almas. Desplegará ante ellos todos los motivos por los que deberían creer sus palabras y acoger su salvación: El testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan… Las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo dan testimonio de mí… El Padre que me envió, Él mismo ha dado testimonio de mí...

Nadie imaginaría a un catedrático arrodillado, mostrando sus títulos ante sus alumnos para lograr que le crean y aprendan. Nos parece ridículo. Pero hasta ese ridículo, por Amor, se ha humillado el Hijo de Dios.

Sólo una imagen se le puede comparar: He visto a madres arrodilladas ante sus hijos, pidiéndoles que las escuchen y no arruinen sus vidas. El amor lleva a esas humillaciones.

¡Pero qué Amor, el de Dios!

(TC04J)

Perder para ganar

Para ellos, Jesús blasfemaba: llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Esta forma de hablar del Señor encolerizaba a los judíos, pero su propia cólera les impidió percibir que aquella paternidad estaba envuelta en tinieblas y rodeada de misterio.

En Getsemaní: ¡Abba!, Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz (Mc 14, 36) … Pero el Padre, aparentemente, guardará silencio, y Jesús tendrá que beber el cáliz.

Subido a la Cruz: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 44). Pero las tinieblas cubrirán la tierra, y el cuerpo de Cristo yacerá en un sepulcro.

¡Qué misteriosa paternidad! El Padre ve sufrir y morir al Hijo, pero permite y calla. ¡Para que tú te quejes cuando Dios permite el sufrimiento en tu vida!

Y, sin embargo… Viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz. ¿Cómo la oirían, si el Hijo no hubiera reposado en un sepulcro?

El Padre ha confiado al Hijo todo el juicio. El juzgado, finalmente, será juez. Cuando parece que Dios pierde partidas, es que está preparando su victoria.

También es Padre tuyo. Llénate de esperanza. Y aprende a perder, cuando Dios lo permita, para ganar.

(TC04X)