El Mar de Jesús de Nazaret

Adviento – Página 2 – Espiritualidad digital

Ponle la alfombra al Señor

Las palabras del profeta Isaías deberían sorprendernos: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados. Estamos acostumbrados a escucharlas, apenas nos dicen nada. Y, sin embargo, encierran un misterio fascinante. Si Dios es Dios, y, por tanto, nada iguala su poder, ¿qué necesidad tiene de que el hombre le tienda una alfombra para entrar? ¿No puede Él, con su fuerza, bajar y subir del valle? ¿No puede Él pisar los montes y allanarlos?

Pero, cuando vino a la tierra, y las puertas de Belén se le cerraron, se dio la vuelta y nació en un establo. No es que no tenga poder para rellenar los valles, allanar los montes y echar las puertas abajo; es que, como busca amor, quiere una alfombra con la que el hombre le diga: «Entra; mi casa es la tuya». Si no encuentra esa alfombra, no pasa.

Tu soberbia, tu egoísmo y tu autosuficiencia son montes que impiden al Señor entrar en tu casa. Date prisa, allánalos.

Tu pereza, tu cobardía y tu tibieza son valles que entorpecen el camino del Señor hacia ti. Date prisa, rellénalos.

Ponle la alfombra al Señor. Allánale el camino.

(TAC02)

“Evangelio

Cuando veamos

Al tío Críspulo le devolvieron la vista los médicos. Tras seis años sin ver ni torta a causa de un disgusto que le dio la tía Benita, lo sometieron a una operación. Después, le vendaron, y así estuvo seis meses. Al cabo de ese tiempo, el doctor le quitó las vendas y le dijo: «¿Ve usted algo?». El pobre tío Críspulo respondió: «Veo que es usted feísimo».

Eso no es ningún milagro. Es una faena.

Sin embargo, los dos ciegos del evangelio, después de haber suplicado al Señor que tuviera compasión de ellos, escucharon:

Que os suceda conforme a vuestra fe.

Se abrieron sus ojos, y vieron a Jesús.

Eso es un milagro. Y una gracia.

Hoy lo llaman «fin del mundo», y nadie quiere estar allí cuando suceda, salvo, quizá, algún bobo con su teléfono para hacerse un selfie. Pero los primeros cristianos hablaban de «la segunda venida de Jesús», y anhelaban vivir para ver al Señor volver sobre las nubes. Si sucediera hoy, quizá, al mirarlo, entendiéramos que este mundo no ha sido sino una venda en nuestros ojos; que hemos estado ciegos, y que sólo ve quien contempla la luz de esa santa faz.

¡Ven, Señor Jesús!

(TOA01V)

Los ejercicios espirituales de mamá

Llega mamá radiante, un domingo por la tarde, después de realizar unos ejercicios espirituales de fin de semana. Parece Moisés, cuando bajaba del Monte: le brilla el rostro, y cualquiera diría que camina a dos palmos sobre el suelo… Hasta que entra en el salón. Papá yace en sofá, delante del televisor, mientras los niños pelean a gritos en la habitación. Hay ropa por los suelos, nadie ha recogido la basura, los platos sucios se amontonan en el fregadero… Y el rostro mirífico de mamá se muda, se enrojece, se encoleriza y arde. Un grito llena la casa:

«¡Ya me habéis estropeado los ejercicios! ¡Tan contenta como venía!»

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

Buscar la Roca es trabajo silencioso; no bastan dos días de ejercicios. Se requiere constancia en la oración, un día, otro día, otro día… Como hinca, una y otra vez, la pala en tierra el que construye.

Cuando la encuentres, nada podrá arrebatarte la paz.

(TA01J)

La importancia de un buen aperitivo

¿Qué es la esperanza? Un aperitivo.

Te invitan a una boda, y, después de la ceremonia (que es lo esencial), acudes al restaurante. Como estas cenas siempre empiezan tarde, el hambre te corroe por dentro. Y, cuando ya estás a punto de darle un mordisco a una de las columnas del salón, comienzan a aparecer las bandejas con canapés, gambas con gabardina, croquetas, jamón de bellota… Junto a ellas, otras bandejas con cerveza, vino, refrescos… Eres feliz. Y más feliz aún porque sabes que un aperitivo en el que hay gambas con gabardina y croquetas es anuncio de una comida de primera. Conforme degustas las gambas, deseas más llegar a la mesa. No te sacian, te dan más hambre. ¡Qué gran comida será!

Eso, exactamente eso, es la Eucaristía. Por poco espiritual que parezca, es un ejemplo tan adecuado, que el mismo Dios lo emplea.

Comieron todos hasta saciarse.

La Eucaristía es el gran aperitivo del mejor de los banquetes. Cuando comulgas, degustas tales delicias espirituales, que no puedes evitar soñar: «Si tal es el aperitivo, ¡cómo será el banquete!».

Y es que la comunión, a la vez que sacia, provoca más hambre. Enciende en el alma deseos de cielo.

(TA01X)

Se te anuncia una gran alegría

«Alegría» quiere decir muchas cosas. Hasta del borracho se dice que está «alegre». Pero la alegría verdadera, la que colma el corazón del hombre, sólo la da Dios, el mismo Dios que creó el corazón humano. Ese gozo viene al alma traído por el Espíritu Santo.

Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo.

El mismo Espíritu que llenó de júbilo el corazón humano del Hijo de Dios vendrá a tu espíritu, si lo esperas en vela. Mira cómo se funden, en un abrazo, los cuerpos de quienes se aman, cuando se encuentran después de un tiempo de separación. Del mismo modo, la noticia del Adviento, la venida de Dios a tu alma, es el anuncio de tu espíritu y su Espíritu camino de unirse en uno solo, cuando, al llegar a ti y encontrar abiertas las puertas, Él te llene por completo y tú te encuentres «ebrio» de Dios.

Por eso, agáchate, póstrate, sé humilde. El Paráclito vuela bajo, casi a ras del suelo, a la altura (la «bajura») del niño que nace pobre. Abrazará a los pequeños, no a los grandes.

Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.

(TA01M)