Libros de José Fernando Rey Ballesteros

Adviento – Página 2 – Espiritualidad digital

Dímelo a solas

Aquél a quien esperamos es el Verbo de Dios, esto es, su Palabra. No resonará como en el Desierto, cuando tronó el Altísimo con tanta fuerza que los judíos suplicaron que no siguiera hablando. Esta vez, Dios hablará en voz bajita, tan bajita como un niño recién nacido en la aldea más pequeña de Judá. Será el susurro de un Dios que quiere revelarte su secreto.

Si tú me vas a revelar un secreto en voz muy baja, yo debo callar para escuchar tus palabras. Zacarías, aunque a la fuerza, aprendió esta sencilla lección: Te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda. Si quieres tú recibir el secreto de Dios, su Navidad, procura, en estos días, buscar tiempos de silencio que te permitan escuchar a tu Creador.

Dímelo a solas. Los secretos importantes no se comparten en la vía pública, sino en la intimidad. Vamos tú y yo a un lugar escondido, y allí me contarás la confidencia de tu corazón. Bien lo supo Isabel, y estuvo sin salir de casa cinco meses.

El silencio y la soledad son tus grandes aliados, si quieres celebrar, en lo profundo de tu alma, la Navidad de Dios.

(1912)

“Evangelio

Los que verán a Dios

Es admirable, y providencial, que los hijos reparen los pecados de los padres.

Si David fue lujurioso, en José, su hijo, la semilla del rey quedó purificada. Porque José fue casto y limpio de corazón. Por esa limpieza, y en adelanto de la bienaventuranza que Jesús proclamaría, mereció, no sólo ver a Dios, sino también abrazarlo, vestirlo y cuidarlo.

José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.

Creo firmemente que José amaba a María como ama un hombre a una mujer. Mejor aún: como ama un hombre santo a una mujer inmaculada. Y creo que ese amor, humano y viril, lo llevó a sacrificar sus instintos naturales para preservar la vocación y la santidad de su Esposa. José vivió, bajo el mismo techo, con la mujer más hermosa de la Historia, y no la tocó. La miró con amor y ternura, y protegió la virginidad de ese templo sagrado que era el cuerpo de María.

Extrema el cuidado en la santa pureza durante estos días. Dios quiso, junto a su Hijo, a criaturas limpias. Ojalá puedas contarte entre ellas. ¿No quieres ver a Dios en Navidad?

(1812)

“Evangelio

Pre-Navidad

Ha comenzado la pre-Navidad. Hoy, 17 de diciembre, la Iglesia, con todos sus hijos, toma el camino de Belén. Dentro de ocho días, merced al admirable misterio de la liturgia, presenciaremos el nacimiento del Hijo de Dios. «Presenciaremos» significa que estaremos presentes; de una forma tan misteriosa como cierta, estaremos en Belén.

La aparición del Verbo entre los hijos de los hombres hunde sus raíces en una historia muy antigua; historia de pecado y misericordia. Es la historia de la Alianza de Dios con los hombres.

Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob… Mateo se remonta a Abrahán, pero Lucas se remonta hasta Adán. Tú, en oración, remóntate también a tu infancia, a tu historia de pecado y misericordia, a la historia de esa alianza de Dios contigo, hasta hoy.

David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón. Hay un terrible pecado tras esa unión adulterina. Pero, sin ese pecado, Salomón no habría nacido, ni tampoco san José. ¡Qué misterio! Cuando repases tu historia, y recuerdes tus pecados, detéstalos. Pero da gracias a Dios, que se sirvió incluso de ellos para llevarte a donde estás hoy, y para que puedas alegrarte esta Navidad ante el misterio de Belén.

(1712)

“Evangelio

El que se obliga, se ata

En ocasiones, acuden al sacerdote personas que se sienten culpables porque les cuesta esfuerzo rezar o acudir a los sacramentos. «Lo hago por obligación», dicen. Y el sacerdote responde: «¡Bendita obligación!».

Yo os bautizo con agua; Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Primero tiene que venir el bautismo de Juan. El agua purifica sólo por fuera. Así, el que, con esfuerzo, se obliga a rezar y a acudir a los sacramentos, se comporta por fuera como quien lleva una vida santa, aunque se queje de que, en su interior, no experimenta el impulso amoroso que haga dulce esa vida. Todos hemos empezado a rezar por obligación, por una bendita obligación de amor, aunque por dentro tuviéramos que violentar un corazón aún no purificado. Todos hemos comenzado por el bautismo en agua del Bautista.

Un día, y otro día, y otro día rezando sin ganas, hasta que, al final, llega el bautismo de fuego, el del Espíritu. El fuego quema, y el Espíritu abrasa en amor nuestra alma. Cuando, una mañana, te despiertas con deseos ardientes de rezar, te alegras de haberte obligado durante tanto tiempo. No habrías llegado al bautismo de Cristo sin pasar por el de Juan.

(TAC03)

“Evangelio

Renovarse y morir

Cuando el Hijo de Dios vino a la tierra, se encarnó en las entrañas virginales de la Inmaculada, y habitó allí como en un huerto sellado y nuevo. También, después de morir, fue enterrado en un sepulcro nuevo.

En estos días, se nos anuncia que el Señor viene. Pero no serás digna morada del Salvador si tu alma no es nueva y virgen. ¿Qué harás? Esa alma tuya ha sido transitada por pecados e impurezas que la han expoliado y avejentado. ¿Acaso podrá recuperar la limpieza y la juventud del santuario que estuvo llamada a ser?

Elías vendrá y lo renovará todo. Escucha a Elías, atiende al Bautista. Él te dirá que es posible renovarse, recuperar la virginidad del alma, y que, para ello, es preciso adentrarse en la purificación del desierto y morir allí al pecado por la penitencia y la sobriedad de vida.

Sé que el anuncio del Bautista no es bien aceptado en estas fechas de compras y comidas de empresa; han hecho con él lo que han querido. Pero tú quieres recibir a Dios, y Juan Bautista te da una buena noticia: puedes recuperar un alma virgen, puedes renovarte por completo. Hazle caso, no temas morir.

(TA02S)

“Evangelio