Evangelio 2020

Adviento – Página 2 – Espiritualidad digital

No devuelvas el plato al camarero

Invité a una joven a convertirse en carmelita descalza. Ella jamás había contemplado semejante posibilidad; pero tomó en serio aquel consejo del confesor, lo habló con Dios, y hace muchos años que es una carmelita feliz que aspira a la santidad.

No me ha vuelto a ocurrir. Nunca he logrado que nadie cambie de opinión. Normalmente, cuando el sacerdote sorprende a alguien, y le dice lo que no espera, o no desea oír, el interesado busca una entre las mil formas de hacer lo que le da la gana y seguir pensando que hace la voluntad de Dios.

Tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan.

Gabriel fue el «camarero» de la Redención. Sirvió en bandeja el plan divino a Zacarías y a la Virgen. Y, en ambos casos, los sorprendió completamente. Ni Zacarías contaba con tener un hijo, ni esperaba la Virgen ser madre del Mesías. Pero, a pesar de la inicial resistencia de Zacarías, ambos cambiaron sus planes, obedecieron, y así el Verbo se hizo carne.

Me pregunto si estamos nosotros dispuestos a obedecer cuando alguien, en nombre de Dios, nos rompe los planes y nos indica el camino. Hay mucho en juego.

(1912)

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La que trae la bendición de Dios

Moría Jesús. Y, mientras derramaba su sangre sobre Juan, le decía, señalando a la Virgen: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio (Jn 19, 27).

Os preguntaréis qué tiene que ver esta escena con la Navidad. Pero, si la confrontáis con el evangelio de hoy, descubriréis un patrón común, una pauta obedecida en el cielo y la tierra. Porque aquel Viernes, entre sangre y lágrimas, nacía la Iglesia del costado de Cristo. Y quiso Jesús, antes de morir, que el primer cristiano acogiese a María en su vida.

José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. También en los comienzos de la redención fue preciso que José acogiera a María en su vida antes del nacimiento del Mesías.

Ya lo ves… Ella trae a los hombres la bendición de Dios. Si realmente quieres celebrar la Navidad, acógela en tu vida durante estos días. Reza el Ángelus, y el Rosario, con fervor. Invócala al despertar, y también antes de dormir. Habla con ella durante la jornada, trátala en tu oración… y ella traerá al Mesías a tu alma.

(1812)

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Un trono para el Rey

Cuando estudié hebreo me explicaron que la grafía con que se escribe el nombre de David es la misma con que se escribe el número catorce. Y, así, la genealogía de Jesucristo, en san Mateo, supone todo un juego de palabras:

Las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo, catorce.

Ese catorce… catorce… catorce también se lee David… David… David.

Gabriel dijo a María: El Señor Dios le dará el trono de David, su padre (Lc 1, 32). Con cábalas o sin ellas, Cristo viene a reinar, a recoger el testigo de David y a ser rey, no sólo en Israel, sino en cada uno de los corazones de los hombres.

No reinará de forma despótica, ni traerá consigo un ejército que someta a los hombres por la fuerza. Será rey como se convierte el recién nacido en rey de la casa. Querrá toda nuestra atención, nuestro cariño, y nuestra ternura. A falta de ocho días, podrías ir poniendo todo tu amor en el belén de tu casa, para que así, cuando nazca el Niño Dios, encuentre preparado un buen trono.

(1712)

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Importancia de la denominación de origen

No todo lo que hay sobre la tierra viene del cielo. Del cielo vienen la sonrisa de los santos, la paciencia de los mártires, la castidad de las vírgenes, la belleza de los campos, la Eucaristía, el perdón que nos administra el sacerdote… Pero en la tierra también encontramos injusticia, mentira, manipulación, afán de poder, lujuria, envidias, egoísmos… Y eso no viene del cielo, sino de los hombres. Conviene distinguir muy bien la denominación de origen de cada producto, porque incluso, dentro de nosotros, se dan cita lo mejor y lo peor.

El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres? Los hombres desprecian una Navidad alumbrada por el Niño Dios, y preparada con ayuno, sobriedad, penitencia y conversión. Hay otra navidad: la de las vacaciones de invierno, la lotería, y los gastos sin fin, que se prepara con comidas y cenas de empresa, compras sin cuento, alboroto y mucho ruido. Es lo que han hecho los hombres con la Navidad que vino del cielo.

¿Y tu Adviento? ¿Viene del cielo, o de los hombres? ¿Sucede en comercios y restaurantes, o en un alma que se está vaciando de tierra para hacer sitio al Niño Dios?

(TA03L)

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El Bautista, y tú

Cuando la semilla se siembra, es preciso que, primero, la tierra haya sido arada. A la semilla hay que prepararle el camino, si queremos que dé fruto.

Cuando Dios quiso sembrar en tierra su semilla, su Hijo, también eligió prepararle el camino. Y envió a Juan Bautista con esa tarea: Este es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti». Para que la salvación que el Hijo de Dios traía al mundo diese fruto, era preciso que los hombres estuviesen arrepentidos y dispuestos a convertirse. Por eso Juan proclamó un bautismo de conversión.

Dios te ha encargado a ti la misma tarea. Prepárale el camino. En tu hogar, en tu lugar de trabajo, en tu grupo de amigos… Vive de tal manera que quienes te rodean quieran ser mejores, y estar más cerca de Dios. Seguro que puedes animar a unos cuantos a que se confiesen; a otros, a que recen más; a otros, a que se reconcilien, si están enfrentados… Y, con otros, quizá no puedas hacer más que rezar por ellos y transmitirles cariño y alegría. Pero por ahí se empieza.

Prepara, tú también, el camino al Señor.

(TAA03)

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