Vas a misa cada día y comulgas. Rezas el rosario y la Liturgia de las Horas… Pero no haces oración mental. Te estás perdiendo lo mejor.
A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
La oración vocal es muy valiosa, nos une a los hermanos y purifica los labios con palabras santas, brotadas del corazón de la Iglesia. No lo dejes. Cada rosario y cada oración litúrgica hacen un enorme bien a tu alma. Y en cada misa te unes fuertemente a Cristo.
Pero la amistad requiere secreto, confidencia e intimidad. Y eso es lo que aporta la oración mental.
Guarda al menos media hora cada día para quedarte a solas con el Señor y hablar con Él como hablan los amigos. Hazlo, si puedes, ante un sagrario. Si no puedes, en tu habitación. Y, durante ese tiempo, desahoga tu alma con Jesús. Háblale, llórale, ríe con Él. Escúchale leyendo el Evangelio y acoge esa palabra silenciosa e interior que deja en lo profundo de tu alma.
Y, día a día, media hora a media hora… Cristo se convertirá en tu confidente, en el Amor de tu vida.
(TP05J)











