Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

16 mayo, 2026 – Espiritualidad digital

Lo que hacemos mirando al cielo

No sé si hago bien encarándome con un ángel. Pero me atreveré.

Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? (Hch 1, 11).

Tendría yo unos diez años cuando cayó en mis manos un cómic mudo, sin palabras, de una sola página. Un hombre se plantaba en la acera mirando al cielo. Y, viñeta tras viñeta, cada persona que pasaba, movida por la curiosidad, levantaba también su cabeza para saber qué estaba mirando aquel hombre. En la penúltima viñeta era una multitud la que miraba hacia arriba. La última viñeta me la reservo para no hacer spoiler.

Eso hacían mirando al cielo. Eso hacemos mirando al cielo. Provocar a los hombres, para que ellos miren también. El santo, como vive mirando al cielo, hace a los hombres levantar la vista. Algunos encuentran lo que no quieren, y se vuelven contra el santo hasta matarlo. Pero otros, muchos otros, descubren el cielo abierto y ya no pueden retirar la mirada de lo alto.

Por eso, aunque nuestros pies estén bien asentados en la tierra, nuestros ojos no se apartan del cielo. Y es que lo que vemos allí nos enamora. Se llama, querido ángel, «esperanza». Y se llama, también, «vida espiritual».

(ASCA)

Por Jesucristo, nuestro Señor

Es arriesgado preguntar en qué pensaba el Señor cuando dijo esto:

Si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa.

Como digo, es arriesgado. Pero ¿no dice san Pablo que tenemos la mente de Cristo? ¿No puede el Espíritu Santo, a través del don de entendimiento, iluminarnos sobre la intención del Hijo al pronunciar estas palabras?

Y, confiando en esa luz del Paráclito, yo diría que Jesús, al decir aquello, se refería de manera muy especial a la santa Misa. Porque es allí, en la santa Misa, donde la Iglesia presenta al Padre su oración suprema, y lo hace «por Jesucristo, nuestro Señor». Y, en ese santo Sacrificio, el Padre nos lo da todo. Nos abre el cielo, nos envía al Espíritu, nos alimenta con el cuerpo y la sangre del Hijo y nos santifica. ¿Se puede pedir más?

Por eso la frase concluye diciendo: para que vuestra alegría sea completa. Porque las alegrías de la santa Misa no son comparables a ningún gozo que pueda el hombre experimentar en la tierra. La pena es que muchos no las conozcan.

(TP06S)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad