Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

30 mayo, 2026 – Espiritualidad digital

El rostro de Dios

En 2020 (¿recordáis?), las mascarillas cubrían todos los rostros, dejando a salvo solamente los ojos. Pero cuando, en la santa Misa, llegaba el momento de la comunión, los fieles tenían que retirarse la mascarilla para consumir la sagrada forma. Y yo me alegraba muchísimo, era una epifanía, volvía a ver el rostro de mis feligreses.

Moisés pidió a Dios que se quitara la mascarilla, y Dios dijo que nones, que le permitiría ver su espalda, pero no su rostro. Moisés vio la espalda de Dios.

Pero, en Cristo, Dios se quitó la mascarilla y nos mostró su rostro. Su triple rostro:

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

El Padre que me ha creado para que viva, y que está dispuesto a entregar a su Hijo para salvarme.

El Hijo, Dios junto a mí, que se entrega a la muerte por mí.

Y el Espíritu… ¿Dónde está el Espíritu? En la segunda palabra: «Amó». Es el Amor de Dios dentro de mí, el consuelo de mi alma.

Contemplad ese rostro de Dios, alegraos en Él y decidle: «Dios mío, qué grande eres».

(SSTRA)

El miedo a la verdad

El peor de los males del Occidente de nuestros días no es el ateísmo. Hay una enfermedad peor, que es la culpable tanto del ateísmo como de la corrupción: la falta de interés por la verdad. La verdad ha dejado de importar. Ahora importa el relato, la narrativa que se adapte a nuestros intereses y caprichos, los verdaderos ídolos de nuestro tiempo. En España tuvimos un presidente del Gobierno que le dio la vuelta al Evangelio diciendo: «La libertad os hará verdaderos». Se quedó tan ancho.

«El bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres? Contestadme». Se pusieron a deliberar: «Si decimos que es del cielo, dirá: “¿Y por qué no le habéis creído?” ¿Pero cómo vamos a decir que es de los hombres?» (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta). Y respondieron a Jesús: «No sabemos».

A aquellos escribas no les importaba la verdad. Buscaban una respuesta basada en su conveniencia, y pensando en su conveniencia decidieron no responder. Agnósticos, claro.

Te copio la frase que san Josemaría escribió en el punto 34 de «Camino»: «No tengas miedo a la verdad, aunque la verdad te acarree la muerte».

(TOP08S)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad