Donde no sabes

MagdalenaHay todo un tratado de vida espiritual en ese encuentro entre Jesús resucitado y María Magdalena. Basta con darle la vuelta a una frase y, como quien ha acertado con la clave de una cámara secreta, se abre una puerta que lleva al cielo a través de un camino de tinieblas.

No sé dónde lo han puesto.

Gira la frase como el bombín de una cerradura: «Lo han puesto donde no sé».

Primero vives de lo que sientes. Emoción, lágrimas, milagros, cantos, desmayos, asambleas y retiros que más parecen atracciones de una feria espiritual. Pero, si te quedas ahí, jamás conocerás al Señor.

Luego, como en el amor humano, desaparece el sentimiento, y entonces vives de lo que sabes. Estás ante el sagrario, y te parece una caja vacía. No sientes nada, incluso llegas a sentir tedio. Pero sabes que Cristo está allí.

Hasta que se hace de noche. Y entonces vives de lo que no sabes. Nada de cuanto sabías te sirve. El misterio es mucho más que eso. Te adentras en las tinieblas, escuchas los silencios, y abrazas a Cristo en lo profundo de un abismo. Ahí está la Verdad. Pero no la puedes contar. Es inefable. Descansas.

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