Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

5 septiembre, 2026 – Espiritualidad digital

Los acomodadores

Recuerdo cuando había acomodadores en el cine. Ahora en el cine no los hay, pero esperamos que quien nos quiera nos acomode. Amor y confort se han identificado peligrosamente.

Muchos piensan que los sacerdotes debemos hacer que la feligresía se sienta cómoda en la iglesia. La predicación, aparte de no aburrir, debe ser consoladora, relajante y reconfortante. Que el fiel se sienta bien.

¿Qué haremos, entonces, con las verdades incómodas? ¿Callamos, para no incomodar? ¿Sacrificamos la verdad en el altar de la comodidad?

Si tu hermano peca contra ti, repréndelo.

Pero reprender no es cómodo, ni para quien reprende, ni para el reprendido. La Iglesia debe acoger a todos, sin excepción. Pero eso no significa que todos deban sentirse cómodos. Además de acoger, hay que amar. Y no negar a nadie el don de la verdad, por incómoda que pueda resultar. Si digo que Dios es bueno, los feligreses sonríen. Si digo que no se debe comulgar en pecado mortal, se encrespan. Si hablo del amor, sonríen. Si digo que el adulterio es pecado, se levantan y se van.

Pero Dios no me pide que les dé la razón. Me pide que los ame. Y eso supone decirles la verdad.

(TOA23)

La libertad y las ganas

Jesús trató por todos los medios de ganarse el corazón de los fariseos. Por eso no escatimó palabras y ejemplos a la hora de explicarles el reino de Dios. No lo logró, porque aquellos corazones estaban endurecidos como piedras, pero nadie podría negar que lo intentó hasta la extenuación.

– ¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?

Jesús les habló del rey David, cuya autoridad los fariseos no podían negar, para intentar abrir sus mentes cerradas. Pero si simplemente hubiese querido zanjar la cuestión, le hubieran bastado dos palabras:

– Porque queremos.

Punto. Los fariseos no lo hubieran entendido, habría sido una provocación para ellos. Pero es la verdad. La verdad sobre la libertad de los hijos de Dios. La verdad proclamada por san Agustín con aquel: «Ama y haz lo que quieras».

El hijo de Dios, el cristiano en gracia que ama a Cristo, hace siempre lo que quiere. Come porque quiere, ayuna porque quiere, trabaja porque quiere, descansa porque quiere, entrega su vida porque quiere. Lo cual no significa que haga siempre lo que le da la gana. Hace, muchas veces, cosas que no tiene ningunas ganas de hacer… porque quiere. Es libre, también de la gana.

(TOP22S)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad