Capitanes nada intrépidos

Imaginemos un final alternativo. Echémosle imaginación.

Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca, dice Jesús a Simón. Y Simón responde: Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada (a partir de aquí entramos en la distopía). «Además, ya he lavado las redes. No voy a ensuciarlas otra vez. Me vuelvo a casa».

Enseñanza: De nada te sirve que el Señor te traiga los peces si tú no echas las redes. Es un final triste para el pescador. Y un final feliz para los peces.

Pero, cuando se trata de hombres… de hombres que se ahogan en la muerte… Entonces este final es una tragedia para todos.

El Señor te ha puesto los peces. Vives rodeado de personas que no creen, que sufren sin Cristo, que caminan hacia la muerte con el móvil en las manos. Y a ti te ha dado un corazón para amarlos y unos labios para proclamar su nombre ante quienes no lo conocen.

¿Y tú te quedas en la barca tan tranquilo? ¿Y te conformas con decirme que ya rezas por ellos? ¡Como si Simón hubiera obtenido la pesca diciendo jaculatorias! ¡Echa las redes, por el Amor de Dios!

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