Me pregunto muchas veces cómo reaccionaríamos ante el anuncio de que Jesús volverá esta misma tarde sobre los cielos. Me da miedo pensar que se me llenaría la iglesia de gente… ¡pidiendo que no vuelva todavía! Al menos, hasta que finalice la tercera temporada de su serie favorita. O hasta que hayan muerto ellos y no tengan que estar presentes en el fin del mundo. O hasta que hayan visto crecer a sus hijos, me da igual.
Y si yo les dijera que esta tarde, por fin, verán el rostro del Señor con sus propios ojos… ¿cuántos se alegrarían? ¿Cuántos gritan «Marana Tah» cada mañana? ¿Y cuántos me responderían que no es preciso que se muestre, que les basta con que los siga cuidando desde el cielo, con que les siga concediendo salud, dinero y amor en esta vida y ya tendrán tiempo de mirarlo cuando hayan muerto?
Son preguntas aterradoras. Pero la pregunta clave la guardo para el final.
Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días. Ese ayuno no es un ayuno programado por virtud. Es el ayuno de quien no quiere comer porque está triste.
¿Cuántos cristianos echan de menos a Cristo?
(TOP22V)











