La cara que se le quedó a la Virgen
«¡Menuda cara se le quedaría a la Virgen!». Es la frase con que una persona me comentó el evangelio de hoy. Me troncho.
Jesús está enseñando al pueblo. Le avisan de que han llegado mamá y los primos a visitarlo. Y el Señor responde: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.
Ahora te diré qué cara se le quedó a la Virgen: una expresión muy serena de paz y alegría. Entre otras cosas, porque los primitos la llevaban de rehén para sacar a Jesús de la circulación. Pero, más que por eso, porque ella, como nadie, había dedicado la vida a hacer la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Y lo sabía. Por eso se dio directamente por aludida ante las palabras de su Hijo.
Ella entendía lo que quería decir Jesús: los vínculos de la carne se descomponen. Pero los vínculos que crea el Espíritu entre los santos son eternos. Jesús le estaba diciendo: «Lo que hay entre tú y Yo es para siempre».
Imagina ahora la cara de la Virgen.
(TOP16M)











