Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo par) – Página 2 – Espiritualidad digital

Visitadores de Dios

Jerusalén era llamada «ciudad de Dios». Se la consideraba la «niña de los ojos» de Yahweh. Pero cuando el Señor quiso visitar a su ciudad más amada, sus habitantes dijeron del Hijo de Dios que tenía un demonio y lo crucificaron.

No reconociste el tiempo de tu visita.

A ti y a mí nos visita Dios frecuentemente en la Eucaristía (¿comulgas a diario?), y a Él le pido que no dejemos de reconocerlo, en cada encuentro, como el único Señor de nuestros corazones.

Y a muchos otros, que no conocen el nombre de Cristo, también quiere Dios visitarlos, y para ello nos envía. Somos «visitadores» de Dios. Por eso debes procurar, con tu vida, que los hombres vean en ti a un enviado del Cielo. La forma en que tratas a quienes están lejos de Dios debería llevarles el mensaje de que Dios los ama.

Tendrás, también, que llorar las lágrimas de Cristo, porque muchos no querrán reconocer el tiempo de esa visita. Y esas lágrimas serán tan redentoras como lo fueron las del Salvador. Al menos, jamás podrán decir que Dios no los visitó.

Salvo que te quedes en casa, claro. Pero ¿qué pinta un apóstol metido en casa?

(TOP33J)

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En tierra hostil

La parábola de las minas, relatada por san Lucas, aunque es semejante a la parábola de los talentos que leemos en san Mateo, añade datos que la hacen singular.

Sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: «No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros». El rey, cuando recibe la embajada, calla; espera al momento de su vuelta para sofocar el motín.

Entre tanto, los rebeldes irían ganando terreno, y los encargados de negociar tuvieron que hacerlo en un ambiente hostil, puesto que eran siervos de un señor muy odiado. No tuvo que ser fácil hacer producir el dinero entre una población de enemigos. Seguramente, estarían deseando que su señor volviese para hacer justicia. Y, cuando volvió, todo quedó compensado, excepto para aquel siervo malo que escondió su mina en el pañuelo.

Debemos ser santos en un ambiente hostil, y buscamos ganar almas para Cristo entre quienes no quieren que reine sobre ellos. En semejante escenario, la santidad pasa, necesariamente, por la cruz. Malo sería que nos conformásemos con encerrarnos a rezar y nos defendiésemos del mundo. Eso supondría guardar la mina en el pañuelo. Nos convertiría en «siervos malos» que rezan. Dios nos libre.

(TOP33X)

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En casa de este pecador

¿Cómo no conmoverse ante el reproche con que aquellos judíos murmuraban contra Jesús: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador? Me conmueve, y mucho, porque, cada vez que comulgo, Jesús entra a hospedarse en casa de un pecador.

No confundas la casa de un pecador con una «casa de pecado». Jamás comulgues si te encuentras en pecado mortal, porque afrentarías gravemente al Señor. Él acogió a las prostitutas, pero no entró en los burdeles. La casa de Zaqueo, cuando Jesús entró, estaba perfumada por sus deseos sinceros de conversión; pero seguía siendo la casa de un pecador. Los judíos tenían razón. Y mi alma en gracia, cada vez que recibo al Señor, sigue siendo la casa de un pecador.

¡Oh, Jesús! Si los hombres conocieran mis pecados como los conoces Tú, quizá jamás se acercasen a mí. Pero cada vez que Tú, oculto bajo las apariencias del pan y del vino, entras en mi casa, con la dulzura de tu Amor me dices: «Eres un desastre, pero Yo te amo. Eres mi desastre favorito». ¿Cómo, entonces, no voy a conmoverme ante ese reproche que es mi salvación? En casa de este pecador, Jesús, se te quiere mucho.

(TOP33M)

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Pasa Jesús Nazareno

BartimeoAquel pobre ciego estaba clavado a la piedra sobre la que se sentaba. ¿Adónde iba a ir? Por eso, cuando le anunciaron: Pasa Jesús el Nazareno, le dieron la mejor noticia. Sin haberse tenido que mover, el propio Señor se acercaba. Era la oportunidad de su vida. Si lograba aprovecharla, quedaría sano; si la perdía, quizá Jesús no volviera a pasar por allí.

¿Sabes lo que son las «gracias actuales»? Son intervenciones de Dios, en momentos concretos, que mueven tu alma hacia un bien. Si las «cazas al vuelo», tu alma se llenará de luz; pero si las dejas pasar, quizá no vuelvan.

Caminas junto a una iglesia, y piensas: «Podría entrar y hacer una visita al Santísimo». Pasa Jesús Nazareno. Aprovecha ese momento de gracia, entra en la iglesia, y recoge los dones celestes que te están esperando allí.

Tienes en la mano el teléfono, y piensas: «Podría llamar a este amigo a quien ofendí y pedirle perdón». ¡Pasa Jesús Nazareno! No lo pienses, llama, recoge el fruto de esa gracia actual. Porque, si te lo piensas, quizá tu amigo y tú no volváis a hablar.

Si estás atento durante el día, verás que, muchas veces, pasa Jesús Nazareno.

(TOP33L)

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La oración de la viuda y tu vecino del 5º

La súplica de la viuda de la parábola merece una explicación; no vaya a ser que algunos la interpreten como no deben.

¡Hazme justicia frente a mi adversario!

Te diré lo que no quiere decir: «Pínchale una rueda del coche al vecino del 5º, porque se mete conmigo en las reuniones de la Comunidad y no me deja cerrar la terraza». Si esperas eso… Ni siquiera puedo asegurarte que no sea el vecino quien te pinche la rueda a ti.

Para que nos entendamos: «Justicia», en la Escritura, significa «santidad». Cuando se nos dice de san José que era un hombre justo, se nos quiere indicar que era santo perdido. Por tanto, «hazme justicia» significa «santifícame», o, por emplear otra palabra de la Escritura, «justifícame».

Respecto al adversario, el adversario de tu santificación es el Maligno. De él le pedimos a Dios que nos defienda, porque está empeñado en estorbar nuestra santificación con tentaciones e insidias.

Por tanto, si tu vecino se mete contigo en las reuniones de Comunidad, y está empeñado en que no cierres la terraza, ten en cuenta lo que pides cuando empleas las palabras de la viuda: «¡Concédeme amar a este vecino tan molesto!». ¿Lo deseas?

(TOP32S)

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Un sueño vuelto del revés

Anoche tuve el mal gusto de soñar que me llamaban por teléfono. Cuando me estaba incorporando para responder la supuesta llamada, puse pie en la realidad y me tranquilicé: era un sueño, no me llamaban. Es decir: era mentira. ¡A dormir de nuevo, que aún quedan tres horitas!

Ante estos sobresaltos nocturnos, me da por pensar que la fe es un sueño vuelto del revés.

Por la fe, te duermes al mundo y sueñas con Dios. Te duermes al mundo porque la fe te apaga la luz; ya no te importa caerle bien a todos, recopilar éxitos, o triunfar. Sueñas con Dios, porque esas tinieblas te abren a su grandeza; no puedes tocarlo, ni abrazarlo, pero lo percibes con una claridad preciosa. Y cuando despiertes, al contrario de lo que sucede en el sueño natural, no despertarás en el mundo y se deshará Dios como se deshace un sueño, sino que despertarás en Dios, que es la Verdad, y será el mundo el que se desvanezca, porque era mentira.

Comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. «Una mala noche en una mala posada».

(TOP32V)

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El ruido y el bien

hijo del hombreDicen que «el bien no hace ruido, y el ruido no hace bien». Es cierto. Hace más ruido un energúmeno gritando blasfemias que cien monjes orando en silencio. Si el energúmeno, además, empuña un arma, aparecerá en grandes titulares en la prensa. Si los cien monjes se santifican, nadie se enterará.

No sé por qué, hay quienes parecen empeñados en que el bien haga ruido. Quieren grandes montajes, costosas campañas publicitarias, sofisticadas estrategias de marketing. Dicen que no es justo que los «buenos» permanezcan escondidos, y quisieran ganarle al mal la batalla del ruido. Pero, cuando la hayan ganado –si la ganan–, ¿seguirán siendo tan «buenos», alejados ya del silencio? El ruido está tan lleno de mentiras como está el silencio lleno de verdad.

Yo les aconsejaría esperar. Cuando Jesús vuelva, el bien hará ruido: Como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo el hombre en su día.

Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación. Déjale, por ahora, el ruido a los malos, y refúgiate tú en la Cruz. Desde allí, en silencio, se redime la tierra. Las almas no se salvan con pirotecnia.

(TOP32J)

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