Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo par) – Página 2 – Espiritualidad digital

El descanso perfecto y la pausa del café

El mejor descanso no es la pausa del café, cuando, a mitad de la jornada, te ausentas unos minutos para darte un respiro y seguir trabajando después. El mejor descanso es el del trabajo terminado y bien hecho. Dios, el gran trabajador, descansó el sábado, tras haber creado el cielo y la tierra y contemplar que todo era bueno.

Su Hijo también descansó en sábado en el silencio de lo profundo de la tierra, tras haber entregado su cuerpo en la Cruz.

Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco. Les salió mal. Porque, cuando llegaron al lugar pensado para el reposo, de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Y Jesús, al contemplar aquella multitud, se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas. Era la pausa del café. Y no pudo ser. Quedaba mucho trabajo por hacer.

Ojalá sepas descansar. Lo necesitas tú, y lo necesitan quienes te rodean. Pero no te apegues demasiado a esos tiempos de reposo. Hasta que no hayas entregado la vida, queda trabajo por hacer. En el cielo tendremos el descanso perfecto.

(TOP04S)

Mira bien a quién te entregas

Hay frases que una persona solamente debería pronunciar ante Dios. Una de ellas es la que pronunció Herodes. Y la pronunció, no ante Dios, sino ante una joven que acababa de seducirlo con la sensualidad de un baile:

Pídeme lo que quieras, que te lo daré.

Cuando un hombre entrega al Creador de este modo su voluntad, queda liberado, porque Dios rompe las cadenas que lo ataban al pecado y, adueñándose dulcemente de él, lo hace capaz de acciones divinas. La Virgen le entregó de esta forma su voluntad al Señor, y es inmaculada y madre de Dios. Los santos, que han sido las personas más libres y felices de la Humanidad, nos han enseñado a orar así. En palabras de san Ignacio: «Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad».

Pero cuando el hombre, como Herodes, le dice a una criatura: Pídeme lo que quieras, que te lo daré, queda esclavo de ella, y es Satanás quien, sirviéndose del pecado que supone arrebatarle a Dios la obediencia debida, secuestra la voluntad de la persona y la anula.

En definitiva: O le entregamos nuestra voluntad a Dios y somos santos, o se la entregamos al Enemigo y quedamos muertos y esclavizados.

(TOP04V)

Ten hermanos

Conocí a una mujer que, cuando venía a misa, buscaba el último banco, el último rincón de la iglesia, allí donde no hubiera nadie cerca. No quería tener que estrechar ninguna mano en el rito de la paz. Deseaba asistir a misa sin que nadie la perturbase. No estaba muy bien, la pobre.

Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos. Desde el principio quiso Jesús que ningún cristiano estuviera solo. Que todos tuvieran hermanos cerca. Me dirás que ya tienes a tu familia, vais a misa juntos y oráis juntos en casa. Y te diré que no basta. Es necesario que vivas tu cristianismo en una familia espiritual, entre hermanos que lo sean por la fe.

Ellos te harán experimentar que no caminas solo. Y también te importunarán y te harán sufrir, porque esa intimidad, entre pecadores, genera roces propios de la vida familiar. ¿Acaso crees que ningún apóstol se peleó con su compañero de camino? Así aprenderían a amar al hermano tal como es, también con sus defectos.

Busca esa familia. En tu parroquia, o en algún grupo cristiano donde te sientas en casa. No quieras vivir tu cristianismo en solitario. Ten hermanos.

(TOP04J)

El imposible apostolado del pijama

Se dice que donde hay confianza da asco. Y ojalá no fuera verdad. Aunque, desgraciadamente, con frecuencia lo es. Tampoco ayuda el que uno se permita, en su casa, «libertades» que no se permitiría ni siquiera en el bar. Cuando se pierde el decoro, se falta al pudor y se olvidan las buenas formas, el respeto es lo siguiente en caer.

Y así le ocurrió a Jesús. En otras ciudades le presentaron a los enfermos, lo escucharon y se admiraron de su doctrina. Pero en Nazaret le habían perdido el respeto. Eran incapaces de asombro ante nada que procediera de Él.

¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María?

De un carpintero sólo puedes esperar una mesa o una puerta. En el taller no se aprende a hacer milagros.

No te extrañe si te ocurre lo mismo con los tuyos. El apostolado del pijama es misión imposible. Quien te ha visto en pijama no querrá aprender nada de ti. Tendrán que venir otros de fuera a hablarle de Dios. A ésos los escuchará. Tú reza para que vengan.

(TOP04X)

La muerte tiene remedio

¡Qué frase tan repetida, tan terrible y tan falsa! «Todo tiene remedio menos la muerte». A remediar la muerte ha venido Cristo. Lo que no tiene remedio es la condena eterna de quienes, con el corazón endurecido, se niegan a aceptarlo como Salvador.

Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?

Ahí los tienes. Todo tiene remedio menos la muerte. Pero tu hija ha muerto. Resígnate, nadie puede hacer nada ya.

No temas; basta que tengas feLa niña no está muerta; está dormida.

Jesús es el remedio. Él levanta la mirada de Jairo y le muestra, a la luz de la fe, el otro lado de esa puerta que Él abrirá de una vez por todas al resucitar de entre los muertos. No hay que temer. Tras el sueño de la muerte despunta el amanecer de la vida ante la sonrisa de Dios.

Vivo frente a un tanatorio. Recojo lágrimas casi a diario. Y veo cómo esos ojos que lloran se alzan hacia la luz cuando escuchan que su padre, su madre, su hermano han sido llamados a la vida, a la luz y al Amor eterno de Dios. Contigo hablo, niña, levántate. Despierta y vive.

(TOP04M)

No respondas. Pregunta y mira

Los apóstoles no entendieron nada, no podían entender, era demasiado pronto. Pero, sobrecogidos de asombro ante aquel hombre capaz de ponerse en pie y calmar una tormenta con una orden majestuosa, dejaron escapar de sus labios la pregunta clave:

¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!

Es preciso mantener la pregunta abierta, recorrer detrás de ella los tres años de vida pública, y encaramarse sobre los signos de interrogación para contemplar, desde ese asombro, el misterio de la Cruz.

¿Quién es éste? Despreciado, cubierto de ultrajes, escupido, azotado, desobedecido y burlado. ¿Quién es éste? Las olas de la muerte lo cubren mientras Él parece dormir. Los hombres le increpan: «¡Despierta, baja de la Cruz si eres Hijo de Dios!», «¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!», le dice otro crucificado con Él.

Pero es allí, en la Cruz, donde, en pie, está calmando la peor de las tormentas. Desde allí lanza a los demonios y a la muerte su orden terminante:

¡Silencio, enmudece!

Y desde allí, con el agua manada de su costado, trae a la Tierra una gran calma. Tanta, que al alma pacificada por ese Espíritu poco le afectan las tormentas de la vida.

(TOP03S)

El grano de mostaza y la foto de la ministra

Perdón por la incursión en la actualidad política. Pero hace poco he visto cómo una ministra, a codazo limpio, procuraba abrirse paso entre la multitud para que la cámara de televisión la captase junto a los Reyes. Alfonso Guerra dijo, hace años: «El que se mueve no sale en la foto». Ahora, para salir en la foto, hay que moverse. Me troncho. Es la gran comedia humana.

Y Jesús, entre tanto, hablando del grano de mostaza: Al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra.

Mirad la Iglesia, extendida por toda la tierra y llena de vida después de dos mil años. ¡Cómo les gustaría, a muchos políticos, dejar una huella así! Y no comenzó, precisamente, con un hombre abriéndose paso a codazos, sino con un hombre azotado, despreciado, crucificado y arrojado al último puesto, al vertedero de basuras de Jerusalén.

Dichoso quien, con Él, se hace pequeño. No queráis brillar en las fotos. Más bien, alegraos cuando os desprecien y os hagan pequeños. Porque, unidos a Cristo, redimiréis la Tierra.

(TOP03V)

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