Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo par) – Página 3 – Espiritualidad digital

Cuando os arrebataron al Esposo

Sé que me he referido a ello más veces. Pero la experiencia ha dejado una huella imborrable en mí. No puedo olvidarlo. Y cada vez que leo estas palabras del Evangelio, vuelvo de nuevo a 2020, a aquellos días del maldito confinamiento causado por el Covid19:

¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.

Mi sacerdocio me convirtió en un auténtico privilegiado. Pude celebrar misa todos los días. Pero fueron muchísimos quienes sufrieron lo indecible por no poder comulgar, dado que las iglesias estaban cerradas. Les arrebataron al Esposo, aquello fue un error terrible que espero no se repita jamás. Y aquellas personas padecieron el peor de los ayunos: el de la Eucaristía.

Claro que a muchos aquello les daba igual. Hacían pasteles, jugaban a videojuegos, salían a la ventana para aplaudir a las ocho de la tarde, y ni se les pasaba por la cabeza que no habían comulgado. Tampoco comulgaban en tiempos de normalidad.

Sólo quien comulga todos los días sabe lo que es un día sin comulgar. Pero también sólo él conoce la inefable dulzura del Pan de Vida.

(TOP13S)

Para animarte

Tú estás hecho migas, llorando tus penas en un banco del parque, porque te ha dejado la novia, se te ha roto la lavadora y te has manchado la camisa nueva con el café del desayuno. Y se te acerca un amigo, te da una palmadita en la espalda y te dice: «¡Ánimo!». Entonces levantas la cabeza y lo miras con la cara con que debió mirar Otelo a Desdémona antes de asfixiarla.

¿En serio sirve para algo, cuando estás hecho polvo, que alguien te diga: «¡Ánimo!»?

Para nada.

Salvo que te lo diga el Señor. El mismo Señor que llamó a la luz y la luz se hizo.

¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados.

Y, a la vez que te dice «¡Ánimo!» y te anima, te dice «tus pecados están perdonados» y limpia tu alma de toda culpa.

Tu novia no va a volver; menos aún después de eso que le hiciste. La lavadora tendrás que cambiarla por una nueva, cosas de la obsolescencia programada. Y lo de la camisa se arreglará cuando tengas la lavadora nueva.

Pero ve al sacerdote, confiesa tus pecados, pasa un rato delante del sagrario y verás cómo afrontas todo con buen ánimo.

(TOP13J)

Políticamente incorrecto

He aquí un pasaje evangélico que podría irritar a toda la progresía contemporánea.

A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo. Para empezar, esto es antivegano. Aquellos gadarenos deberían dedicarse a cultivar nabos, no a curar jamones. ¡Qué vergüenza!

Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y murieron en las aguas. Esto es antiecológico. ¿Cómo se le ocurre al Señor permitir que los cerdos contaminen las aguas del Mar de Galilea? Y, peor aún: imaginad a los pobres peces comiendo chorizo. ¡Qué espanto!

Pero, por si fuera poco, es antianimalista. Menuda forma de tratar a los animalitos. Va contra la ley de protección animal.

En resumen, el pasaje es antitodo menos antialma. Porque lo que entendemos gracias a este milagro es que vale la pena perderlo todo por salvar un alma. Que si hay que quedarse sin cerdos, sin jamones o sin ingresos por salvar un alma, bien perdido está todo. Antes morir que pecar.

Le rogaron que se marchara de su país. Seguro que quienes, disgustados por la pérdida de la charcutería, pedían a Jesús que se marchase, también le hubieran agradecido que expulsara los demonios. Pero conservando los jamones. No habían entendido nada.

(TOP13M)

Jesús habla cuando duerme

Aún no podían entenderlo. Lo entendieron, lo entendimos después. Aunque muchos siguen sin enterarse.

Se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.

Se alborotaron. La muerte ruge y la vida duerme. ¿Quién podrá salvarse? Vamos a morir todos. Lo despertaron gritándole: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!».

Fue porque no entendían. No entendían que Jesús habla cuando duerme, grita cuando calla. Vale más mirar y atender a Jesús dormido que alterarse por las tormentas. Sé que es fácil decirlo y difícil mantener la calma. Hace falta mucha vida espiritual. También es un don. He estado debajo de las bombas y he experimentado una paz muy serena en el alma mientras las manos temblaban. Jesús dormía. Pero hablaba en silencio. ¡Qué palabra tan poderosa!

¿Qué dice ese Jesús dormido? Dice: «Tranquilos. Tenéis miedo de la muerte. Y del sufrimiento. Pero, si estáis a mi lado, la muerte os lleva al cielo y el sufrimiento a mi Cruz. No temáis».

Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Míralo en pie sobre la Cruz, calmando la verdadera tormenta: la del infierno. Y sin despertar.

Ten miedo sólo del pecado.

(TOP13M)

Más grande que todos los milagros

Hoy nos narra el Evangelio dos curaciones milagrosas. Nada tiene de extraño, si tenemos en cuenta que Jesús es Dios hecho hombre. Yo he visto unas cuantas curaciones milagrosas; casi he visto resucitar a un muerto, pero me llevaría tiempo contártelo. En todo caso, todas las curaciones milagrosas que he visto han sido obra del sacramento de la santa unción. Mucha gente desconoce el poder de ese sacramento a la hora de sanar enfermedades corporales.

Pero, con todo, las curaciones milagrosas no son lo habitual. Cristo no curó a todos los enfermos, ni a la mayoría. Lo normal, si pides que un enfermo terminal se cure, es que muera y, si está confesado, vaya al cielo, donde se está mucho mejor que aquí. Pídele a Dios, sobre todo, que los enfermos se confiesen y reciban la unción.

Pero hay algo más grande que todas las curaciones milagrosas juntas:

Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.

Eso es lo más grande: que, cuando llega la enfermedad, encuentras en ella a Cristo esperándote, con sus manos llagadas y amorosas tendidas hacia ti. Y la enfermedad se convierte en Amor, y la muerte en Vida.

Eso es mejor que ningún milagro.

(TOP12S)

Si quieres

leprosoCuando un centurión fue a pedir a Jesús que curase a su criado, los ancianos intercedieron por él diciendo: Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la sinagoga (Lc 7, 4-5). Jesús realizó el milagro, pero no lo hizo por las recomendaciones, sino por la fe de aquel hombre.

Señor, si quieres, puedes limpiarme. ¿Quién recomendará a un leproso? ¿Qué sinagoga habrá podido construir? ¿Qué limosnas habrá podido dar? ¿Qué méritos puede poner ante el Señor para convencerlo de que lo limpie de la lepra? Ninguno. Sólo expone un motivo para el milagro: Si quieres.

Es la oración del pobre. Y me gusta. Porque tú y yo hemos recibido mucho más que aquel leproso. Él fue limpiado de la lepra; tú yo hemos sido limpiados del pecado por la sangre de Cristo y hemos sido hechos hijos de Dios. Y ¿por qué? ¿Porque éramos buenos? ¿Porque dimos limosnas? ¿Porque elevamos muchas oraciones?

Porque Jesús ha querido. Porque te ha querido y me ha querido. Y nos ha querido porque le ha dado la gana.

Es una de las poquísimas certezas que tengo: Cristo me ama. Y, teniendo esa certeza, no necesito más.

(TOP12V)

Esperando tiempos mejores

Me hace gracia la gente que dice: «Padre, pensaré en eso cuando tenga un momento de tranquilidad. Ahora estoy lleno de problemas». Pobrecitos. Jamás podrán pensar tranquilamente en «eso». Me hago gracia hasta yo a mí mismo cuando se me ocurre esperar tiempos tranquilos.

Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa. Seamos realistas: en esta vida, cuando no cae la lluvia se desbordan los ríos. Y cuando no se desbordan los ríos soplan los vientos. Y, en bastantes ocasiones, sucede todo a la vez. Si no buscamos lucidez en medio de las luchas, pospondremos todas las decisiones y reflexiones hasta el cielo, cuando ya no nos harán falta. ¿Imaginas que el soldado inmerso en un combate pospusiera la decisión de lanzar un ataque hasta que acabara la guerra?

No se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. En medio de las tormentas, es preciso buscar la Roca (que es Cristo) en lo profundo. En lo profundo del alma. Y en medio del ruido es preciso buscar el silencio en ese santuario interior.

Mira: Pase lo que pase, no dejes la oración. Y tendrás paz en la guerra.

O puedes quedarte esperando… a Godot.

(TOP12J)

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