Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo par) – Página 3 – Espiritualidad digital

Llamados a iluminar la tierra

Las palabras de Jesús nunca deben leerse como meras enseñanzas morales. Para entenderlas correctamente, debemos saber que, en primer término, Cristo siempre habló de sí mismo. Él es protagonista de todos sus discursos.

¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero? No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz.

Él es la luz que vino del cielo para iluminar al hombre. Vivirá treinta años escondido en Nazaret, pero no hay nada escondido, sino para que sea descubierto. Se mostrará durante tres años y, después, subirá al candelero de la Cruz para iluminar la Historia con esa luz que su resurrección deja ver del otro lado.

No seremos luz del mundo si no subimos con Él al Madero; si no vivimos, como señaló san Pablo, crucificados con Cristo; si no convertimos nuestras vidas en sacrificio de obediencia ofrecido, con Él, a Dios.

Pero si lo hacemos, la luz que desprenderán nuestras vidas no alumbrará sólo a quienes estén cerca de nosotros. Seremos luz de mundo. Muchas religiosas, desde el secreto de su clausura, iluminan la Tierra.

(TOP03J)

Formas y formas de despertar cada mañana

¿Vosotros sois de los que se despiertan cada mañana con las noticias de la radio a todo meter? ¡Insensatos gálatas! ¿Cómo podéis soportarlo? Eso no es despertarse, es sobresaltarse. Así os va luego el día, claro. Te despierta Federico, o Carlos, o Pepa, y a las 11 de la mañana ya estás echado a perder. Si la primera noticia que escuchas al empezar la jornada son los desastres de nuestros políticos, ¿qué esperas del resto del día?

Salió el sembrador a sembrar… El sembrador siembra la palabra. Deja que te proponga otro inicio para tus mañanas. Despiertas. Saludas a la Virgen y sales de la cama en silencio. Te postras, alabas a Dios, y le ofreces el día con una oración breve. A mí me gusta el Bendita sea tu pureza. Luego te aseas, pensando en estar presentable para el Señor. Y después, antes del café, recibes la siembra; lees despacio el evangelio y lo meditas. Guardas una frase, una imagen para todo el día.

Y luego el café, y Federico, y Carlos, y Pepa y todos los que vengan. Tú permanece agarradito a lo que escuchaste por la mañana, y nada te apartará de Dios. Serás trigal de Cristo.

(TOP03X)

Clientes de Cristo y familiares de Dios

Hay comercios a los que no vuelvo. En unos grandes almacenes cuyo nombre omitiré me engañaron con un supuesto cupón de regalo y llevo años sin pisarlos. Tampoco piso un restaurante cercano a mi casa donde me pusieron los cubiertos como si me los tiraran a la cara. El cliente siempre tiene razón. Si pago, busco quien me trate bien. Si me tratan mal, no vuelvo.

Ésta es una máxima sagrada para el comercio. Pero llevada a la religión es un absoluto desastre. «Padre, ya no voy a misa porque le pedí a Dios que se curase mi madre y mi madre murió». O sea, que eras un cliente de Cristo. Y, como no te dio lo que pedías, ahora le rezas a Buda o, directamente, no rezas. Chico, creo que te equivocaste. Ni Cristo es un camarero, ni la Iglesia es un restaurante.

El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Cuando lo entiendas, dejarás de ser cliente de Cristo. Pero serás hermano, hermana y hasta madre suya. Serás su familia. Cuando aprendas que Él siempre tiene razón y que somos nosotros quienes nos jugamos todo en hacer su voluntad.

(TOP03M)

Fuera de sí

En el fondo, y aunque sus motivaciones y propósitos estaban inspirados por el Diablo, la familia de Jesús tenía razón.

Vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.

Era cierto. Jesús estaba «fuera de sí». Siempre estuvo fuera de sí. Eso es lo que significa «éxtasis», la salida de uno mismo. Y Jesús estaba en permanente éxtasis. No era una enajenación mental, ningún hombre ha estado ni estará jamás tan cuerdo como Él. Era una enajenación existencial. Cristo no pensó nunca en sí mismo, vivió derramado y entregado. ¿Que a algunos eso les parecía locura? Tanto peor para ellos. Los mezquinos suelen tratar de loco a quien se entrega.

Pero sí. Tenían razón. Jesús estaba fuera de sí. Aunque se equivocaron en su decisión. Decidieron llevárselo, apartarlo de la circulación, cuando hubieran debido hacer lo que hicieron los habitantes de Cafarnaún: comérselo; rodearlo hasta estrujarlo y obtener de Él la salud de los enfermos y el consuelo de los tristes. Jesús se dejó comer. Pero a su familia no les permitió apartarlo de la misión encomendada por su Padre.

La pena no es que Jesús estuviera fuera de sí. La pena es que nosotros estemos tan ensimismados.

(TOP02S)

Amar es aventura arriesgada

JudasLa presencia de Judas Iscariote entre los doce elegidos por Jesús para ser apóstoles suscita muchas preguntas y sugiere varias respuestas muy valiosas.

Para empezar, no se nos pasa por alto el sobrenombre con que ese apóstol ha pasado a la Historia. Si Pedro fue llamado Simón y los hermanos Santiago y Juan fueron llamados hijos del trueno, el sobrenombre de Judas es bastante menos agradable:

Judas Iscariote, el que lo entregó.

¿Por qué lo eligió, si Jesús, Dios encarnado, sabía que iba a entregarlo? Lo eligió porque lo amaba, y lo eligió para que reinase con Él en el cielo. Ése era el destino asignado por Dios al Iscariote. Si ese destino se frustró –sólo Dios lo sabe– no fue, desde luego, por culpa de Jesús.

¿Por qué entregó Judas a Jesús? La respuesta es sencilla: porque llegó a odiarlo, y necesitaba quitárselo de encima.

Jesús se arriesgó al elegirlo, como se ha arriesgado al elegirnos a nosotros. Y perdió, como ha perdido tantas veces con nosotros. Es lo que tiene el amor, que te arriesgas a que te destrocen. Pero también el amor abre las puertas a los gozos más grandes.

Respondamos libre y generosamente a ese Amor.

(TOP02V)

La supuesta piedad de los demonios

De los demonios se puede decir que son mendaces, embusteros, malintencionados, envidiosos, malvados… Pero jamás pensé que pudiese haber demonios «piadosos». Y, probablemente, me habré equivocado. Los demonios no pueden ser piadosos. Pero no me negaréis que lo parecen:

Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios».

Se postran en adoración como los Magos, y su profesión de fe es digna de un Juan Bautista o un san Pedro. Cualquiera diría que estos demonios van cada día a misa de siete. Pero…

Pero al corazón del Señor no le agradan sus adoraciones ni sus profesiones de fe. Porque no proceden de un espíritu enamorado, no hay amor en ellas, tan sólo hay temor. No es oro todo lo que reluce, ni piedad todo lo que reza.

Agrada más a Cristo el Amén de un santo que todas las postraciones y jaculatorias de los demonios. Y un santo que se persigna conforta más al Señor que los dos besos que recibió de Judas.

No te conformes con decir: «Ya rezo, ya voy a misa, ya me arrodillo ante la custodia». Dale al Señor lo que el Señor quiere: un amor encendido.

(TOP02J)

Lo que Jesús no pudo hacer

Se cuenta de santa Teresa –aunque no he logrado encontrar ningún escrito suyo que lo avale– que, en cierta ocasión, Jesús le dijo: «Teresa, yo quise, pero los hombres no quisieron». Se lo dijera o no el Señor a la santa, estas palabras encierran una terrible verdad.

«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?» Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida.

Jesús tenía ante sí dos enfermedades, una leve y otra grave. Con su poder de Dios pudo curar la mano paralizada del enfermo, que era la enfermedad más leve, puesto que no afectaba al alma; Él mismo acabaría su vida con las dos manos paralizadas en la Cruz, y así vencería al pecado y a la muerte.

Pero Jesús no pudo purificar el corazón de los fariseos. Perdonó pecados, acogió a publicanos y meretrices, pero no pudo sanar la soberbia de quienes no estaban dispuestos a ser sanados por Él.

¡Qué terrible es la soberbia, que reduce a la impotencia al propio Dios!

(TOP02X)

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