Libros de José Fernando Rey Ballesteros

Navidad – Página 2 – Espiritualidad digital

El Niño que estaba «de mordisco»

Las madres jóvenes, cuando tienen a su bebé en los brazos, experimentan una especie de transformación antropofágica pasada por la ternura que las vuelve muy simpáticas. Y, mirando al niño, te dicen: «¿Verdad que está para comérselo?». Ante mí, una mamá aseguraba sobre su bebé: «Éste está de mordisco». Acto seguido, lo mordió; lo mordió como si lo besara, pero lo mordió. Y el niño sonrió; debió gustarle que mamá lo mordiera.

En realidad, ¿qué es un abrazo, sino el deseo de tener cerca al ser amado para hacerse, físicamente, uno con él? «¡Abrázame fuerte!», le dice el niño a su madre. «¿Más fuerte aún? Si te abrazo más fuerte, te como».

Locuras del amor.

Mira el pesebre: ¿No es el lugar donde se sirve la comida a los animales? ¿No se encuentra ese pesebre en Belén, que significa «casa del pan»? ¿No ves que el Niño te está pidiendo que te lo comas a besos?

Partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran.

Te propongo un ejercicio navideño: cuando comulgues, piensa que esa madre joven que es la Virgen te entrega al Niño Dios. Está «para comérselo». Devóralo a besos. Sonreirá.

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“Evangelio

A un beso de distancia

Los niños tardan meses en decir sus primeras palabras. Pero este Niño Dios nos crece muy deprisa, y, en apenas dos semanas, ha comenzado a hablar:

Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.

Tengo, en el salón de mi casa, un Niño Jesús echado en su cunita. Y, clavado en el cabecero, como el «INRI» de la cuna, un pequeño cartel: «Todo mi amor para ti».

Dios ha nacido entre los hombres. Está cerca de nosotros y con nosotros vive. Lo tienes en el sagrario más próximo a tu casa; y, más cerca aún, en lo profundo de tu alma en gracia. Quiere todo tu amor, todo tu tiempo, y tu vida entera. Quiere congregar, en su pesebre, todos tus pensamientos y afectos, tus deseos, tus penas y tus alegrías.

Si Dios estuviera lejos, en el «más allá», el hombre podría esperar hasta los últimos diez minutos, hasta la última enfermedad, para reconciliarse con Él y morir en gracia. Pero, si Dios ha nacido entre nosotros, si está cerca el reino de los cielos, la vida eterna se encuentra a un beso de distancia. Aunque no basta con acercar los labios; deberías dejarte la vida en ese beso.

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“Evangelio

Sabios de rodillas

navidadExisten dos clases de personas en este mundo: quienes buscan algo menor que ellos, y quienes buscan algo mayor que ellos. Los primeros buscan objetivos pequeños, manejables, para manipularlos y sentirse dioses. Los segundos buscan, ante todo, la verdad, a pesar de que esa búsqueda, y el encuentro con la misma verdad, los haga sentirse pequeños. A este grupo pertenecían Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Edith Stein… y los magos de Oriente.

¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.

Si «cristiano» es quien ha encontrado a Cristo, aún no eran cristianos cuando salieron de Oriente. Pero si «cristiano» es quien le pertenece a Cristo, estos hombres, que se habían entregado a la búsqueda de la Verdad, eran más cristianos que muchos bautizados que se aburren mientras rezan.

Cayendo de rodillas lo adoraron.

¡Míralos, postrados! Y aprende que los verdaderos sabios son humildes.

¿Y tú? ¿Buscas la Verdad? ¿O ya lo sabes todo? Te diré cuál es tu estrella, y no necesitarás un telescopio: seguro que en tu parroquia, o cerca de tu casa, se imparte algún medio de formación cristiana al que puedas acudir semanalmente. Aprovéchalo.

(0601)

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Deberías estar radiante

Ha bastado una palabra, un Sígueme, y Felipe ha sucumbido al flechazo del Amor. Sin pensarlo dos veces, ha dejado cuanto tiene para caminar en pos de Jesús.

Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús».

Lo que no dice el relato es que Felipe, al pronunciar estas palabras, estaba radiante. El encuentro con Jesús lo había fascinado de tal modo, que su rostro brillaba de ilusión, como brillaba el rostro de Moisés al descender del Monte donde había hablado, cara a cara, con Dios. Fue esa ilusión de su hermano la que atrajo a Natanael a Jesús, a pesar de su desconfianza inicial.

Esos minutos de oración que cada día has pasado ante el Belén de tu hogar, esos besos al Niño Jesús al final de cada misa, esa contemplación tuya del Nacimiento del Salvador, deberían haberte cambiado la cara. Se debería notar, al mirarte, que te has enamorado.

Sonríe. A quien ha encontrado al Niño Dios, nada puede robarle el buen humor en Navidad. Sé ante los demás, por tu alegría, un «Belén viviente». Y anuncia, con tu vida, que has encontrado al Salvador.

(0501)

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Respuestas incómodas a preguntas fáciles

Si alguien me preguntara, a bocajarro, por qué creo en Jesucristo, me quedaría sin palabras. Puedo predicarle un sermón, puedo hablarle de ese Cristo en quien creo hasta quedarme sin aliento. Pero decir, en una frase, por qué creo en Él… eso no puedo hacerlo. Encuentro mil motivos para la duda, y uno solo que mueva todo mi ser, con cuanto tengo y cuanto soy, a la fe. Pero ese único motivo, que en mí tiene una fuerza arrolladora, no sé expresarlo. Antes pensé que sabía; ahora sé que no sé. Me quedo bloqueado.

Por eso comprendo a Juan. Cuando Jesús pregunta: ¿Qué buscáis?, no sabe responder. Sabe lo que busca, pero no lo puede expresar. Por eso responde con otra pregunta:

Maestro, ¿dónde vives?

Jesús sonríe. Le ha comprendido.

Venid y lo veréis.

A quien me preguntase por qué creo en Jesús, sólo podría responderle: «Ven, y lo verás». Le acercaría a un sacerdote que está perdonando los pecados, lo llevaría ante un sagrario, y le invitaría a arrodillarse. Pero lo más triste no sería mi falta de palabras; lo realmente triste es que muy pocos aceptan esa invitación. En el fondo, les da miedo. Sólo preguntaban, nada más.

(0401)

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