Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Navidad – Página 2 – Espiritualidad digital

¡Gracias!

Al Niño Dios hay que mirarlo, en el pesebre, como se mira al mayor regalo del Cielo. Mientras lo contemplas, escucha, por detrás, la voz del Padre: «Tómalo, cógelo en brazos, bésalo; es para ti». Con la misma gratitud debemos acogerlo, en cada comunión, de las manos de María. Es ella quien ha depositado en la mesa del mundo al Pan de vida, y es ella quien, a través del sacerdote, lo deja en tus labios cuando comulgas. Comulga como quien besa.

Y pregúntate, en estos días, qué habría sido de tu vida si Cristo no hubiese nacido. Te confieso que me horroriza la respuesta. Pero, tras ese horror, como por contraste, me doy cuenta de lo mucho que ha supuesto Jesús para mí.

De la misma manera recuerda Juan aquel primer encuentro con el Señor que cambió del todo su existencia: Era como la hora décima… ¿Qué buscáis?… Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?… Y se quedaron con él.

Mientras miras al Niño, haz lo mismo que Juan. Recuerda cómo lo conociste, considera lo que Él ha significado en tu vida… ¿No te dan ganas de llorar de gratitud?

Es una palabra hermosa para musitarla ante el Belén: ¡Gracias!

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“Evangelio

Jesús… Jesús…

Hace ya diez días que llegamos a Belén, y no nos hemos cansado de mirar al Niño Dios. Pero ha sido tanta la alegría, tan dulce su silencio, tan preciosa la mirada de sus ojos, que sólo ahora caemos en la cuenta de que no nos lo han presentado. Sé que es una formalidad, porque «parece» que nos conociéramos de toda la vida, pero las formas son importantes.

Se llama Jesús. En este 3 de enero, despierta la Iglesia de su embeleso, y hace las presentaciones con la fiesta del santísimo nombre de Jesús.

Jesús… Jesús… Es buena oración pronunciar con cariño su nombre, y paladearlo como se saborea la miel en los labios, porque, al hacerlo, se llena de dulzura y amor el corazón. Te sugiero una forma de guardar, durante el día, la presencia de Dios: lleva un crucifijo en el bolsillo, y, discretamente, tómalo en la mano y apriétalo mientras pronuncias, en voz bajita: Jesús… Jesús… Encontrarás gran consuelo, y crecerás en amor.

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Porque «Jesús» significa «Dios salva». Y de tus pecados ha venido a salvarte. Otro motivo para que te alegres cuando pronuncies «Jesús».

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“Evangelio

Segundo, y último, propósito del año

Copio, tal cual, el mensaje que me has enviado: «Me he apuntado a ese propósito de año nuevo que usted sugirió ayer. Pero el año es largo, padre, y quizá dé para dos propósitos. Sugiéranos otro, sólo uno más».

De acuerdo. Sólo uno más, y de ahí no pasamos, que con dos hay suficiente, si los cumplimos.

En medio de vosotros hay uno que no conocéis, nos dice Juan. Y dice la verdad, porque siempre es más lo que nos queda por conocer del Señor que lo que ya sabemos.

Propósito segundo, y último: que Jesús y yo nos conozcamos. Voy a conocer mejor al Señor; voy a conocerlo como se conocen los que se aman. Voy a tratarlo más y mejor, voy a mirarlo mucho, y con mucho amor. Voy a leer con sosiego y atención los evangelios cada día. Voy a formarme, y procuraré asistir a un medio de formación que me ayude a saber más de Cristo y de la Iglesia. Voy a posar mis ojos durante mucho tiempo, durante este año, en sagrarios y crucifijos. Voy a explorar los sentimientos del sagrado corazón de Jesús.

Voy a procurar conocerte, Jesús, como te conoció tu madre: tratándote.

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“Evangelio

La primera palabra del calendario

Un año nuevo es un folio en blanco. Y comenzar a escribir en la página 1 del calendario con un borrón es mal augurio. A muchos, las primeras horas de 2020 los encontrarán borrachos, dormidos, o resacosos… Lo siento por ellos. No son formas de estrenar el calendario.

Nosotros comenzamos bien, porque queremos seguir bien y terminar bien. Por eso, la primera palabra que escribimos en este folio en blanco es «María», la blancura misma.

Los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María. En sus brazos está el Niño. Junto a ella, José. Y, en torno a ella, postrados, musitamos nuestras primeras oraciones, nuestros primeros deseos, nuestras primeras jaculatorias.

Lo sé: antes de que el día termine, habremos perpetrado el primer borrón. Y, al llegar la noche, en nuestro examen de conciencia, procuraremos cubrirlo con otro acto de contrición. Pero esa primera palabra del calendario, María, no habrá ya quien la borre.

¿Tú también haces propósitos para el nuevo año? Pues aquí te dejo uno, y, aunque fuera el único, si lo cumples, éste será el año de tu vida: no sueltes la mano de la Virgen ni por un día. 366 rosarios, que este año es bisiesto.

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“Evangelio

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