La Resurrección del Señor

30 diciembre, 2023 – Espiritualidad digital

Zumo de hipocresía

Un filósofo diría que Dios, suma de todas las perfecciones, no puede crecer. Pero un filósofo no tiene por qué saber que Dios se ha encarnado por Amor. San Lucas, que no es filósofo, pero sabe que Dios se ha hecho niño, afirma de Dios: El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría.

Ahí lo tienes: Dios niño, creciendo como un niño. Protegido por una madre y un padre llamados María y José. Sí, sí, protegido, porque es tan niño como Dios. Y, como todo niño, necesita el abrigo de una familia que lo proteja del frío del mundo para crecer afectiva y psicológicamente sano.

Nos llevamos las manos a la cabeza cuando oímos que mueren niños en las guerras. Pero nuestra sociedad «pacífica y civilizada» mata fríamente, en el seno materno, más niños que todas las bombas. Y a gran parte de los que nacen los vomita al frío y a la soledad con el divorcio de unos padres que no supieron quererse cuando quererse suponía sufrirse.

Hasta que Occidente no se abra a la familia, a la vida y al amor verdadero, sus lágrimas ante las guerras televisadas serán tan sólo zumo de hipocresía.

(SDAFAMB)

“Evangelio

El doble apostolado de Ana

Me comenta un anciano: «Padre, usted nos insiste mucho en que anunciemos el nombre de Cristo a quienes no lo conocen. Pero ¿a quién voy a anunciarlo yo, si apenas puedo salir de casa?»

Y, entonces, pienso en Ana, ya muy avanzada en años. Pienso en ella, y en su doble apostolado.

Nos cuenta san Lucas que esta santa mujer vivía sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. He ahí su primer apostolado, el de la oración. Cuánto bien podéis hacer los ancianos con vuestro rosario, si aplicáis esas avemarías por tantas almas que están lejos de Dios. Comenzáis por vuestros familiares: la hija que se apartó de la Iglesia y no ha querido bautizar a vuestro nieto, el hijo que dejó de rezar tras divorciarse de la mujer… Con un rosario en las manos, sois grandes apóstoles.

Y, después, la alegría. Ana alababa también a Dios y hablaba del niño. También vosotros, con una sonrisa, habláis de Cristo a quienes vienen a visitaros. Y ellos, al veros contentos, saben que es Dios quien os alegra la vida. Y toman nota, aunque parezca que no hacen caso.

Sí, sí, los ancianos podéis ser grandes apóstoles, si queréis.

(3012)

“Evangelio

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