Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Domingos del Tiempo Ordinario (Ciclo A) – Página 2 – Espiritualidad digital

Ni corrección, ni fraterna

correcciónUn ser querido te ha hecho daño, y has decidido que vas a decirle «cuatro cosas “bien dichas”». Antes de hablar, ya has multiplicado tus propósitos por diez, y has decidido «cantarle las cuarenta». Ya no son cuatro, sino cuarenta; y no vas a hablar, sino a cantar; por soleares. Estás muy decidido, porque tienes al Evangelio de tu parte: Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Por supuesto que estaréis a solas; mejor que nadie vea la que vas a montar.

Antes de que hables, o cantes, permite que te quite el Evangelio de las manos; anda, no lo profanes atizando a tu prójimo un «evangeliazo». Así no se evangeliza.

¿Para qué lo vas a hacer? ¿Para ayudar a tu hermano, o para defenderte? ¿Para mostrarle el camino de la verdad, o para protegerte –o desquitarte– de él?

¿Por qué lo vas a hacer? ¿Por cariño, o por despecho? ¿Por celo, o por resentimiento?

¿Cómo lo vas a hacer? ¿Con delicadeza, o con brusquedad? ¿Con respeto, o «se va enterar»?

Y, ahora que tengo yo el Evangelio en la mano… ¿No sería mejor que te callases y esperases, al menos… un par de años?

(TOA23)

El pensamiento insustancial

Dice un salmo: Sabe el Señor que los pensamientos del hombre son insustanciales (Sal 94, 11). Cada vez que lo leo, siento unos enormes deseos de aplaudir.

¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios. Más duras son las palabras del Señor que las del salmo.

¿Cómo pensamos los hombres? Los hombres no sabemos sufrir, pensamos que es necesario huir a toda costa del dolor. ¿Te has quedado embarazada, y no lo deseabas? ¡No sufras, aborta! ¿Te causa dolor tu matrimonio? ¡No sufras, divórciate! ¿Te han desahuciado los médicos, y no podrás librarte del padecimiento hasta que mueras? ¡No sufras, pide que te maten ya! Si no queremos que sufran nuestros «seres queridos», muchas veces no es por ellos; es para no sufrir nosotros su dolor. Eso le sucedía a Pedro, cuando, tras anunciar Jesús su Pasión, increpó al Señor: ¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte.

¿Cómo piensa Dios? Mira a la Cruz, y lo sabrás; es todo un discurso silencioso. Al dolor no se lo vence huyendo de él, sino dándose la vuelta, encarándolo, y abrazándolo hasta convertirlo en amor.

¿Cómo piensas tú?

(TOA22)

La pieza que faltaba en el puzle

Las gentes escuchaban a Jesús; contemplaban, atónitos, sus milagros; oían las maravillas que se contaban acerca de él… y no entendían. Les faltaba –digámoslo así– una pieza en el puzle, no lograban explicarse el misterio de su persona. ¿Quién es este hombre?

– ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? – Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jere­mías o uno de los profetas. – Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? – Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.

¡La pieza que faltaba! Dios Padre se la reveló a Simón a través del Espíritu. Ahora todo encajaba: Si es el Mesías, el Hijo de Dios vivo, se entienden sus milagros, sabemos de dónde vienen sus palabras, atisbamos su misterio…

Ojalá tu vida también suscitase interrogantes; ojalá la gente se preguntara quién eres; ojalá no supieran explicarse tu comportamiento con las piezas terrenales del puzle miserable al que jugamos en este mundo. «¿Por qué éste perdona así? ¿Por qué siempre sonríe? ¿Por qué ama incluso cuando, a cambio se lleva palos?» Y, ojalá, un día, al verte salir de misa, exclamaran: «¡Ya está! ¡La pieza que faltaba en el puzle! ¡Es que éste ama a Jesucristo!».

(TOA21)

¡Grande es tu amor!

cananeaLa mujer cananea que obtuvo de Jesús la sanación para su hija endemoniada es conocida por su fe: Mujer, qué grande es tu fe. También por su humildad: También los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Pero apenas nadie se fija en que manifestó un amor maravilloso.

Esta mujer me fascina. Porque, cuando pide por su hija, pide para sí. No dice: «Ten compasión de mi hija», ni «Ayuda a mi hija». Dice: Ten compasión de mí. Y, después: Señor, ayúdame. Hace lo que hizo Moisés: se interpone entre el Señor y su hija, y, con su forma de hablar, viene a decir: «Si no la sanas, me matas a mí». ¡Mujer, grande es tu amor! ¡Eso es oración de intercesión! ¿Quién pide así? ¿Quién se juega la vida en las almas por quienes pide?

La hija no está allí; ella está sola. Quizá la hija no quiso ir, quizá renegaba del vientre que la engendró, quizá respondía con sarcasmos y ofensas a los cariños de su madre. Una hija endemoniada no es, precisamente, el consuelo de mamá. La madre tuvo que ir sola a suplicar al Señor.

¡Mujer, grande es tu amor!

(TOA20)

Conversión y perseverancia

Ante Pedro hundiéndose en el agua, primero me sorprendo. Después, comprendo.

La sorpresa me asalta cuando se asusta y se hunde. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». Y es que el momento de asustarse ya había pasado. Si el Señor, sobre las olas, me dice «Ven», lo que me daría miedo es salir de la barca y echar pie al agua. Pero, una vez que lo he hecho, y he comprobado que puedo pisar el mar… ¿Por qué asustarme del viento?

Luego miro al mundo real… y comprendo. He visto, gracias a Dios, muchas conversiones. He presenciado ese momento en que un hombre abandona su barca y se lanza, sobre el agua, al encuentro del Señor, y sé que esa gracia hace que todo parezca fácil. Convertirse –perdonad– es lo sencillo. Lo difícil es perseverar. Porque a algunos que vi saltar de la barca entusiasmados, lo vi, años después, hundirse miserablemente ante los vientos de la vida. Desgraciadamente, ni siquiera todos pidieron ayuda.

Así somos. ¡Señor, que nos convirtamos! Pero, sobre todo… ¡Que perseveremos!

(TOA19)

Si te lo pide Dios…

que nada se desperdicieJamás pienses que, porque te resulte imposible una tarea, eso significa que Dios no te la pida. Yo que tú, pensaría exactamente lo contrario: si Dios te pide «eso», probablemente «eso» es imposible.

Mira a los apóstoles: apenas tienen cinco panes y dos peces, y Jesús, señalando a una multitud de más de cinco mil hombres, les dice: Dadles vosotros de comer.

¿Qué haces cuando Dios te pide lo imposible; cuando apenas puedes, con esfuerzo, ser bueno, y Dios te pide que seas santo; cuando en nada puedes arreglar la vida del hermano que sufre, y Dios te pide que lo redimas; cuando te tambaleas ante la tentación, y Dios te pide virtud heroica?

Lo primero que haces es sentirte nada. Y, después, tienes tres opciones:

1.– Te das la vuelta y te marchas, como el joven rico. No quieres seguir tratando con un Dios que te pide «eso».

2.– Te engañas a ti mismo, y te creas un ídolo, un Dios «a la carta» que no pida tanto, y que se conforme con pedir «posibles».

3.– Traédmelos. Le das el Señor tu nada, tus cinco panes, y te asombras, extasiado, de cómo Dios, con tu nada, redime la Tierra.

(TOA18)

Lleno de alegría

El evangelio de hoy, en tres palabras: lleno de alegría.

Pongámoslas en su contexto: El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. Mientras el hombre vende sus posesiones, no lo imaginas llorando. Lo imaginas con prisa y con gozo, deseando deshacerse de todo aquello para poder comprar el campo y recoger el tesoro. Aun no lo tiene, pero ya disfruta mientras piensa en la dicha que se avecina. ¿Sabes cómo se llama eso? Esperanza.

Para alcanzar el tesoro del Cielo, hay que renunciar a todo en esta vida. Algunos sueñan con alcanzarlo sin renuncias, aderezando con devociones una vida burguesa; pero ésos no llegarán. Otros renuncian con tristeza; cuando su fe les pide un sacrificio, lo hacen de mala gana, lamentando su suerte. Esos quizá alcancen la vida eterna, pero habrán perdido la felicidad de la vida temporal.

El santo es una fiesta «con patas». Renuncia a todo, y sonríe, porque ya pregusta en la Tierra el tesoro del Cielo. ¿Sabes cómo se llama eso? Esperanza. La luz de la vida.

(TOA17)