Dos luces tiene el día
«¡Chsssst! No habléis alto, que vais a despertar al niño». Es domingo, son las doce de la mañana, el «niño» tiene diecisiete años y ha llegado a casa a las seis, borracho como una cuba después de pasar la noche de fiesta. Mamá es boba.
El día tiene dos luces. La luz del sol, que es fuego ardiente; y la claridad con que se cuela en el hogar a través de las ventanas, llenando de vida la casa. Mamá debería irrumpir en la habitación del «niño», levantar las persianas y anunciarle que es de día. Si el niño se tapa con la manta, peor para él.
Dos luces tiene la resurrección de Cristo: su cuerpo resucitado, que alegra cielos y tierra, y la claridad con que ilumina el alma. Esa claridad, llamada Divina Misericordia, limpia los pecados y llena de Dios el interior del hombre.
Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados. Y así la Iglesia, como una buena madre, a través de las manos del sacerdote levanta las persianas del alma en tinieblas y la llena con luces de cielo. No te quedes durmiendo, que ya es mediodía. Acude al sacramento del Perdón.
(TPA02)











