Misterios de Navidad

Sábado de la 33ª semana del Tiempo Ordinario (Ciclo impar) – Espiritualidad digital

¡Dios mío!

No es lo mismo decir «mi bolígrafo» que decir «mi Dios». Al menos, no debería serlo. Hay quienes dicen «mi Dios» como dicen «mi bolígrafo». Se refieren a ese Dios de usar y guardar, al que recurren cuando necesitan ayuda del cielo. Luego lo devuelven a la capilla hasta que vuelvan a necesitarlo.

Pero, para un cristiano, decir «mi Dios» es como decir «mi amor». «Mi amor» no es mi posesión personal; al revés, cuando digo «mi amor» me entrego al ser amado. Y ese «mi», tan posesivo con el bolígrafo, se convierte en lazo que hace, de dos personas, una.

Que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos.

Es como una renovación de la Alianza: Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios (Jer 11,4). Y, en el Cantar: Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado (Ct 6, 3).

Dile, con emoción: «¡Dios mío!». Y esa preciosa jaculatoria os unirá a Él y a ti en amor eterno. Mientras Él sea tu Dios, vivirás para siempre.

(TOI33S)

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