Libros de José Fernando Rey Ballesteros

Martes de la 31ª semana del Tiempo Ordinario (Ciclo impar) – Espiritualidad digital

Un triste castigo, y un apostolado urgente

banqueteA menudo, tenemos un concepto equivocado del castigo divino. Pensamos que Dios castiga como el juzgado de primera instancia: te atiza cuatro años de cárcel, envía a la policía a tu casa, y te llevan esposado a la mazmorra. Pero Dios no castiga así. Dios castiga con lágrimas.

Cuando, en la parábola del banquete de bodas, los invitados rehúyen asistir, el dueño dice: Ninguno de aquellos convidados probará mi banquete. No es la sentencia que un juez proclama dando un martillazo en el estrado, mientras tiembla la sala. Es el lamento de un hombre bueno, cuya generosidad no ha sido correspondida. Aquellos convidados no serán privados del banquete porque el dueño les prohíba la entrada, sino –obviamente– porque no quieren venir. El dueño llora. Los echa de menos.

Si Dios te invita al banquete celeste en la Eucaristía, y te niegas a ir a misa, no irás al cielo. Y eso supone el infierno. Pero no será Dios quien te arroje allí. Tú mismo te condenas al ausentarte del banquete. Dios llora.

Aunque sólo fuera para evitarle esas lágrimas, deberíamos obedecer ese insísteles hasta que entren y se llene mi casa. El apostolado de la Eucaristía es un apostolado urgente.

(TOI31M)