Tú, pecador

Lunes santo – Espiritualidad digital

La que amó mucho

Las fiestas de sociedad suelen ser un mosaico de vanidades. Todo el mundo quiere dar su mejor cara, todo el mundo quiere ser bien visto… Todos miran y son mirados. Pero, en aquella fiesta, la anfitriona enloqueció y olvidó el ejército de ojos escrutadores que la rodeaban para fijar su atención en unos pies.

María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Sorprende la falta de respetos humanos de María a la hora de mostrar su amor al Señor. Le da igual lo que piensen y lo que digan, las acusaciones de Judas no le afectan, lo políticamente correcto le resbala. Sólo tiene ojos para Cristo.

Ojalá también nosotros seamos muy libres a la hora de mostrar que amamos al Señor. Quizá no podamos ser ejemplo de virtudes, quizá lo hagamos todo mal, pero que nadie pueda negar que estamos enamorados. Cuando los invitados vieron a María no pensaron «qué buena es», sino «cuánto ama a Jesús». No estaría mal que dijeran de ti: «Éste es bobo, pero ama al Señor». Con perdón, claro.

(LSTO)

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