El Mar de Jesús de Nazaret

Domingos de Tiempo Ordinario (ciclo C) – Página 2 – Espiritualidad digital

El «aconsejón» y el evangelista

La forma «menos buena» del apostolado es la del «aconsejón»: se te acerca, te pone la mano en el hombro, y te endilga una monserga que no le habías pedido: «Esa vida que llevas no es buena, y, acabarás en el Infierno. Haz caso a mis consejos, ve a confesar, ve a misa, y verás cómo te sientes mejor». Ante semejante discurso, el «atacado» puede optar por salir corriendo, o por discutir. Y discutir de religión no suele ser productivo.

Lee a san Lucas:

He resuelto escribirte por su orden (los hechos que se han cumplido entre nosotros).

El evangelista no aconseja; relata. «Eres mi amigo, y te quiero contar lo que me ha sucedido. Desde que comulgo a diario, y confieso con frecuencia, mi vida se ha llenado de luz y de sentido. Cristo vive, y ha iluminado mi existencia. Te lo cuento, porque puede sucederte también a ti». Con palabras como éstas, en lugar de «atacar» con consejos a quien no los quiere, has abierto un camino ante tu amigo. Que quiera recorrerlo, o no, ya es asunto distinto. Pero recuerda que no basta con hablar. El evangelista también reza y se mortifica por aquellos que lo escuchan.

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Seis benditas palabras

Las personas inteligentes escuchan mucho y hablan poco. Pero, cuando hablan, más vale apuntar lo que dicen; sus palabras son tesoros. Con la Virgen sucede, exactamente, eso.

Son sólo seis palabras. Pero pueden iluminar toda tu vida, si quieres ser santo.

Haced lo que él os diga.

¿Atraviesas la noche de la fe, dudas de Dios, no sabes si tu vida y tu oración tienen valor para Él, lo sientes lejos? Haced lo que él os diga. No temas. Limítate a hacer, en cada momento, lo que Dios quiere. Y ten por seguro que estás en el camino.

¿Te ves incapaz de ayudar a los demás, te sientes impotente ante los problemas y dolores de tus seres queridos, sufres porque muchas almas están lejos de Dios? Haced lo que él os diga. Limítate a obedecer tú. Tu vida, ofrecida a Dios en sacrificio de obediencia junto a la de Cristo, salvará a todas las almas.

No hace falta que te hagas muchas preguntas, si quieres agradar a Dios. Tan sólo ésta: «¿Estoy haciendo ahora lo que Dios quiere?». Con ganas, sin ganas, con facilidad, con dificultades, con fervor, sin fervor…

Haced lo que él os diga.

¡Tan sencillo! ¡Tan heroico!

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