Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Viernes después de ceniza – Espiritualidad digital

Huelga de hambre

No hay Cuaresma sin ayunos. Pero los ayunos no son el centro de la Cuaresma. Si así fuera, estaríamos viviendo un tiempo de dieta, no un tiempo de penitencia.

Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán. El centro de la Cuaresma es Cristo, el esposo, y el ayuno es una huelga de hambre, porque estamos descentrados. Nuestros pecados han expulsado al Señor del centro de nuestras vidas, y no queremos comer si Él no está.

Cuando Samuel, tras haber conocido a los hijos mayores de Jesé, pidió que trajeran al pequeño David, se declaró en huelga de hambre: Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa, mientras no venga (1Sam 16, 11). Exactamente eso es lo que hacemos nosotros en Cuaresma: «Señor, sabemos que han sido nuestros pecados los que nos han apartado de ti. Pero nos sentimos incapaces de traerte de vuelta, porque estamos esclavizados. Por tanto, nos negaremos a comer hasta que vuelvas».

En «comer» no incluyas sólo el escalope: incluye tabaco, alcohol, palabrería, WhatsApp inútil, ruido, murmuración… Pero ten claro que si, detrás de tus ayunos, no hay un corazón quebrantado que echa de menos al Señor, de poco te servirán.

(TC0V)