Me comenta un estudiante universitario cómo fue la presentación de un profesor recién llegado a la Facultad. Movido por una «humildad» digna de mejor causa, dijo a los alumnos: «Vengo a aprender de vosotros». Y el joven me dice: «Que nos lo cambien por otro. Nosotros queremos a alguien que venga a enseñarnos».
Cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto. Se ha puesto de moda esa impostación de humildad entre quienes son llamados a hacer cabeza. La misma frase que dijo ese profesor se la he escuchado a obispos cuando llegan a una diócesis, y a párrocos cuando llegan a su nueva parroquia. Queda bonito, pero con poesía no se lidera.
Para un padre, un sacerdote, un obispo, un catequista, o un maestro ocupar el último puesto no significa renunciar a enseñar o a ejercer autoridad. Tampoco Cristo lo hizo. Y fue Él quien nos mostró dónde se encuentra ese último asiento: en la Cruz.
Ocupar el último puesto significa ejercer la autoridad desde la Cruz, como un servicio, y no como una forma de poder. Y estar dispuesto a aceptar el fracaso. Y a entregar la vida por quienes el Señor ha puesto en sus manos.
(TOP30S)











