Gente cumplidora y hombres felices
Me he acordado del joven rico. Según sus palabras, desde pequeño había cumplido la Ley. Pero hoy, leyendo las palabras de Jesús, vemos que no le basta a Dios con que cumplamos su Ley. Es preciso, también, anunciarla a los hombres.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
¿Quiere eso decir que nos convirtamos todos en maestros y vayamos por el mundo impartiendo catequesis sobre la Ley de Dios? No estaría mal, desde luego, el mundo está muy necesitado de una buena catequesis. Pero no todos los cristianos están llamados a ser catequistas. Sin embargo, todos estamos llamados a ser apóstoles.
Debemos mostrar a los hombres, con nuestras vidas, que el cumplimiento de la voluntad de Dios nos hace realmente felices. Nuestro mundo no necesita ver cumplidores, para eso ya se están fabricando robots.
«Mira, éste va a misa todos los días, se confiesa y reza el rosario»… Eso no es envidiable. Algunos responderían: «¡Pobrecito!»
«Mira, éste es el hombre más feliz que he visto en mi vida». Entonces la respuesta es: «¿Cómo lo consigue?» «Va a misa, se confiesa, reza el rosario. Ama a Dios, y ese Amor le ha hecho feliz».
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