Locuras de Amor
Estoy seguro de que muchas madres darían la vida por sus hijos. Y la dan. Pero ¿tú darías tu vida por tu perro? ¿Conoces a alguien que lo haría? Y, si alguien lo hiciera ¿qué pensarías?
El buen pastor da su vida por las ovejas… yo doy mi vida por las ovejas. Jesús lleva la alegoría demasiado lejos. Ningún pastor da su vida por las ovejas.
Salvo que haya enloquecido. Y, loco de amor por sus ovejas, él mismo se haya vuelto oveja y se haya mezclado con ellas. Pero esas ovejas, en lugar de venerar a su pastor y agradecerle semejante humillación, se vuelven contra él, lo apresan, lo cubren de salivazos, le arrancan la piel a tiras y lo matan. Y el pastor convertido en oveja se muestra más bien cordero, se deja matar, y pide perdón para su rebaño.
Es una locura. Cuando los hombres hacemos locuras, somos capaces de llegar hasta el ridículo. Pero cuando es Dios quien enloquece de Amor, sus locuras hacen temblar la tierra y dejan al hombre con la boca abierta. De vergüenza y de asombro.
Permíteme que copie el texto de una canción: «¡Oh, Jesús, Amor mío, cuánto me has amado!»
(TPA04L)











