Esa llamada que debes atender
Tres de la tarde. Acabas de terminar de comer. Y suena el teléfono. Un número desconocido. Te lo estás temiendo, pero atiendes igualmente la llamada. «Buenas tardes, mi nombre es Filomena y le llamo de xxxx para mejorar su contrato de…». De nada. Cuelgas. Te la han vuelto a pegar. Bloqueas el número. Hasta la siguiente llamada.
Cuelgas porque sabes que a esas personas no les importas. Sólo quieren tu dinero. Y te quieren decir lo que debes hacer o con quién debes contratar, no para ayudarte a ti, sino a ellos. Desde algún lugar desconocido quieren pastorearte para comerse, si no tu carne, al menos tus bolsillos.
El que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. Escucha ahora al buen Pastor, Cristo. ¿Qué gana el Señor con que tú lo sigas? En mi caso, disgustos. ¿Alguien te cobra entrada por ir a misa? Y al sacerdote no le pagan más porque le hagas caso. Pero le importas. Quiere que vayas al cielo.
Creo que del buen Pastor puedes fiarte. No le cuelgues.
(TPA04)











