Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

18 abril, 2026 – Espiritualidad digital

Cenizos

¿Tú has conocido a algún cenizo? Seguro que sí. Son los amigos de la botella medio vacía; los mismos a quienes temes preguntarles: «¿cómo estás?», porque igual van y te lo cuentan. Si no has conocido a ningún cenizo, eso quiere decir que el cenizo eres tú. Háztelo mirar.

Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Todo mal. Todo fatal. Les han anunciado las mujeres que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo, y no creen. Tienen a su lado a un resucitado, y siguen lamiéndose las heridas. ¡Cenizos!

A los cenizos hay que aconsejarles que vayan a Misa, pero no para contarle a Jesús lo mal que les va todo, sino para escucharlo y para abrir los ojos en la consagración.

Tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escri­turas?»

Sólo una misa bien vivida puede convertir a un cenizo en apóstol.

(TPA03)

Ese Jesús que camina sobre el agua

Ese Jesús que camina sobre el agua es el anuncio más claro del Jesús resucitado que sale al encuentro de los suyos.

Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando.

Yo he sido alcanzado por Cristo (Flp 3, 12), dirá san Pablo. Es Él quien te quiere alcanzar. Y, si no corrieras tanto, ya lo habría hecho. Si te detuvieras cada día unos minutos y en silencio te recogieras en oración, no tendrías al pobre Jesús con la lengua fuera intentando darte alcance. Pero esa noche cerrada en la que vives y ese viento de muerte que te azota te asustan. ¿Te tendrá que poner el Señor la zancadilla, como al Apóstol, y tirarte del caballo? Pero eso duele. Mejor que te detengas tú.

«Soy yo, no temáis». «Soy yo, no es preciso que te diga mi nombre, deberías conocer mi voz. Sobran las presentaciones».

Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra enseguida. Ahora eres tú quien quieres alcanzarlo. Y se te irá la vida en un vuelo al perseguirlo. Cuando, al final, lo alcances, estarás en la orilla. Entonces comerás y beberás con Él.

(TP02S)

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