Después de la Misa Crismal comí junto a un diácono gallego que muy pronto será sacerdote. Su párroco nos hacía reír: «Le pregunté: “¿hay muchas formas en el copón?” Fue a mirar y me respondió: “Muchísimas no hay”». ¡Viva Orense! Creo que fue José María García quien definió a los gallegos diciendo que, cuando los encuentras en medio de una escalera, no sabes si suben o bajan.
El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu. Gallegos todos.
Pero es verdad. El santo, haya nacido en Orense o en Calatayud, tiene un aire de misterio. Está en este mundo, pero no es de este mundo. Hay tragedias que considera anécdotas, y está dispuesto a morir por tesoros que los hombres desprecian. Habla tu mismo lenguaje, pero sus palabras, en muchas ocasiones, parecen venir de lejos y dejan en tu alma un poso que rasga el horizonte y te abre al misterio.
Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo. Porque el santo viene del cielo y va al cielo. Y te alumbrará el camino al cielo si lo escuchas.
(TP02M)











